domingo, noviembre 05, 2006

Fríos pero divertidos

Es inevitable. Cuando uno llega a un nuevo lugar, una de las primeras cosas que se intentan hacer es comprobar o romper estereotipos. En dos años y algunos meses a mí me ha pasado con los alemanes... ¡y vaya que hay tarea con todos los estereotipos que se cargan!

Este caso es aleccionador. Las guías de divertimento de la ciudad, como Tip o Zitty, se publican cada 15 días. Funciones de teatro, cine, ópera, etc, pero también un gran apartado de anuncios. "Wanted", "Hombre a mujer", "Mujer a hombre", "Viceversas" y "Varios". Están desde los corazones solitarios que siempre me despiertan una ternura y una tristeza increíbles. En su mayoría son mujeres de unos 50 años que buscan, necesitan a una pareja. Se sienten solas, quieren cariño, amor, o quieren tan sólo un poco de compañía con, claro, un poco de sexo. Los hombres de esa eda están ocupados buscando chicas flacas, inteligentes, guapas, bien buenas, buenotas de ser posible, más guapas, y de verdad, por favor, nada tontas. "Si eres estudiante, te financio la escuela". PUAAAJ.
Esto, hasta ahora, parece "normal". Quiero decir, natural de todas las sociedades en todo el mundo.

Pero la otra, y donde encuentro uno de los estereotipos de los alemanes, es la de los anuncios titulados "Wanted", "buscados". Ahí una chica o un chico busca a la persona a la que no se atrevió a decirle algo. "Si ayer estabas en el Café Burger a eso de las 21:30 horas, eres pelirrojo, llevabas pantalón blanco y tenías una sonrisa que conquista al mundo, llámame, ayer no tuve la fuerza decirtte lo que podría hacer tomando un café contigo". Mujeres, hombres, grandes, chicos, chistosos, románticos, sexuales, de todo. ¿Por qué no se dicen las cosas en el momento? Caray, si te gusta alguien, basta con apretarte los pantalones y establecer contacto. En ltinolandia estos anuncios serían de risa. Por favor, si recuerdo mis viajes a Colombia, Bolivia, Centroamérica o mis salidas en México, lo único que me viene a la mente es ver cómo los hombres se peleaban por ir a decirle algo a alguien. ¿Y las mujeres? si no era con su lenguaje corporal, había también las que se lanzaban al ruedo para conquistar. Pero nada de anuncios al día siguiente.

Pero en al menos en Berlín parece ser una verdadera forma de contacto. La otra vez me encontré con dos anuncios en particular. "Playa del Weißensee, domingo 12:30 horas, bikini rosa, ¿te acuerdas de mí? eras un padre soltero muy coqueto, quizás podemos hablar después. Llámame". Y el otro anuncio, en la misma página decía"Playa del Weißensee, domingo 12:30 horas, llevabas un bikini rosa, soy el papa soltero que te veía, quizás podemos encontrarnos..." Bien, pues todavía más absurdo. Si los dos habían establecido contacto, ¿por qué no se hablan en el momento? ¿cuál es el miedo? Parece que hay que escribir o hablar acobijándose por la calidez del anonimato e sla única forma de establecer el contacto. La lógica aquí sería el miedo al rechazo o, peor, el miedo al rechazo en público. Este anonimato mediático permite por un lado confirmar que le gustas al otro (no va a ponerse en contacto si no le gustaste) y luego adoptar una pose de valentía por la lejanía y frialdad con que cuentan el teléfono y/o el correo electrónico. Por cierto, creo que hay que redefinir esto de medios cálidos y fríos que alguna vez describió Marshall McLuhan.

Pero aquí viene algo todavía más pior, como dicen en mi pueblo: también podría pasar que la otra persona no leerá nunca ni el Zitty ni el Tip y la o el que podría haber sido el amor de su vida se desvanecerá a lo largo de 15 días hasta desaparecer en el bote de reciclaje de papel.

¿Qué le pasa a los alemanes? ¿por qué no se dejan llevar por sus sentimientos? ¿cuál es el miedo de hablarle a la gente en un lugar público sin tener una justificación evidente?

Recuerdo que, una vez recién llegado a Berlín, me paseaba por las calles con un amigoc cubano. Él llevaba ya unos buenos cuatro años. Eran los tiempos de la exitosa exposición del MoMA en la Nueva Galería Nacional y a las afueras se había instalado un vendedor de salchichas asadas. Después de comprar una se me ocurrió preguntarle cuántas salchichas vende al día (la espera en la fila para entrar a ver el MoMA era de ¡¡¡hasta 11 horas!!!) y el tipo me contestó de muy buen humor, pero a mi amigo cubano, también periodista (esto se me hizo raro), en cuanto nos alejamos del puesto me dijo "Yaotzin, eso no se hace, a los alemanes en la calle no se les habla". Ajá.

Desde entonces trato de hablarle a cuanto alemán me encuentro para ver cómo reacciona. Las reacciones han sido variadísimas.

Esto no es lo único chistoso de los alemanes. Ayer en el programa "Wetten dass..." pasó algo que no sólo nos hizo reír a mí y a la Wika, sino a toda Alemania. Un alemán salido de quiénsabedónde concursó en este programa. Pero apareció acompañado de dos fisicoculturistas. Estos dos hombres en playera azul pegada no eran sus guardias de seguridad, sino parte de su apuesta. El programa se trata de apostar, de hacer hazañas y tratar de lograrlas por medio de una apuesta. Es como un "Siempre en Domingo" latinoamericano, pero en versión alemán. Entonces el alemán de repente dice "yo puedo adivinar canciones por medio del movimiento de los pechos de estos hombres".

¡¡¡Guat!!!

Creo que nadie entendió a la primera, pero después estábamos bailando de la risa en nuestros divanes. El resultado fue que la apuesta de este hombre fue la más popular del programa y, de seguro, de todos los tiempos. El pobre nerd que podía adivinar cuáles zapatos aparecieron en cuál pelicula de James Bond, quedó en último lugar. Pero es que era mucho más divertido ver como este mini Blue Man Group se ponía los audífonos, escuchaban una canción y así como yo me pongo a tocar la batería en el aire o a mover la cabellera, ellos dos mueven las chichis. Un bajo, chichi derecha; dos triángulos, chichi izquierda; guitarrazo, la chichi del compañero. Afuera no se podía escuchar, obvio, nada de música, y ese era el reto del alemán: adivinar por el chicheo de cuál canción se trataba.


Joder, nunca antes había sido más importante la chichi del hombre.

Yaotzin.

viernes, noviembre 03, 2006

Hitler y el absurdo

Aunque la caricaturización de Hitler empezó con Chaplin y Disney (con el Pato Donald) hace mucho tiempo, ahora siguen siendo una forma de sobreponerse a una figura que no se acepta en Alemania.

Este video “Adolf: acurrucado en mi bónker” dura menos de tres minutos y es una obra de animación por computadora del caricaturista alemán Walter Moers.

Primero fue mostrado en la televisión pública con poca audiencia y después se montó en el sitio de videos YouTube, donde ya fue elegido como uno de los más visitados de “todos los tiempos” después de haber acumulado más de 600 mil visitas.

"Berlín, 30 de abril de 1945. El mundo arde y Alemania ha quedado reducida a escombros. A Japón tampoco le va demasiado bien. Pero hay alguien que no se deja doblegar. En el búnker del Führer aún hay luz...", dice una voz al principio del video.

Y entonces aparece a cuadro Hitler, sentado desnudo en su taza de baño del búnker y diciendo a ritmo de reggae que nunca va a capitular: “No me preocupa mucho // tengo tres metros de hormigón armado sobre mi cabeza”.



Yaotzin.

miércoles, noviembre 01, 2006

Las computadoras nos esclavizan

O, bueno, los ordenadores.

Un amigo mexicano, colega periodista, mentor, me regañó la otra vez porque escribo con lenguaje de mexicano. "Si escribieras un buen español podrías llegarle (bueno, emocionar, en un español más correcto) a más gente", me dijo. Yo creo que no quiero perder mi personalidad y, además, soy rebelde y no me dejaré subyugar por un "alto" español que podría tender a no evolucionar.

Pero, bueno, este no es el objetivo de esta entrega.

Yo quería decir que las computadoras nos están poseyendo. Nos esclavizan. No, corrijo, perdón, nosotros nos estamos dejando poseer por las computadoras, nos estamos autoesclavizando, puesto que estas máquinas del infierno no tienen autoconsciencia pero sí nos subyugan a una serie de actividades que se van volviendo necesarias en la vida diaria.

Y también quería decir, oficialmente, que yo padezco de este síndrome.

Primero. La otra vez estaba platicando (la forma mexicanizada de conversar, que la otra vez un "alto" hispanohablante entendió como practicar) con un historiador del arte mexicano. Colega y amigo en Berlín. Él particularmente no tiene nada que ver en este tema, ya hablaré después de nuestras pláticas. Pero fue con él que me di cuenta que nuestra forma de hablar no sería reconocida por viejas generaciones. Me refiero a personas que nacieron a principios del siglo 20. Y es que, ¿cómo un testigo del enésimo gobierno del dictador Porfirio Díaz podría entender esto? "Los programas actuales de computadora te permiten generar secuencias de datos presentándote gráficas o uniendo el sonido pregrabado de algunos instrumentos y haciéndote creer que todo está animado, que tiene un alma". O algo así. Pero, veamos, ¿cuándo alguien un siglo atrás iba a entender las palabras 'programa', 'computadora' (o cualquier armatoste similar), 'generar' (una palabra que, si bien existía ya, no era aplicada hace un siglo o más porque el ser humano en México no tenía esa capacidad de crear algo); 'datos', 'gráficas', 'instrumentos grabados', etc. Casi toda la frase sería incomprensible para alguien hace un siglo, aunque haya hablado español como lengua materna. Se trata de un lenguaje computacional, definido o basado a partir de lo que hacemos con nuestra computadora.

Segundo. Quiero estar en contacto con mi gente en México. ¿Qué hago? Messenger o Skype, ala (una interjección que dicen los españoles que me gusta mucho pero que no sé si utilizo bien), entonces tengo que estar en mi computadora pegado mucho tiempo.

Tercero. Quiero trabajar con mi periódico en México con mayor rapidez. Uso el teléfono para contactarlos y, después de hablar, me dicen, sí, pero envíanos un correo con lo mismo que acabas de decir para que lo analicemos. ¿Entonces ya no podemos analizar lo que escuchamos? ¿lo que está en el aire es de verdad efímero?

Cuarto. Quiero decirle algo a la gente en el ciberespacio y tengo que conectarme a internet para abrir mi blog y teclear estas cosas.

Quinto. Quiero leer las noticias. Internet.

Sexto. Quiero escuchar radio de México, o incluso de Alemania. Internet.

Séptimo. Caigo en una publicidad de mi proveedor de internet. Cambio a un paquete con mayor velocidá de transmisión (¿¿qué demonios quiso decir este canijo?? se hubiera preguntado Pancho Villa), y ahora resulta que con esta nueva velocidá de transmisión no sólo me llegan más rápido los mensajes de correo electrónico de mis jefes del periódico, sino que hasta puedo ver ya películas por internet con un proveedor que sólo se ocupa de eso. Claro que en el paquete al que escalé sólo me ofrecen puras mierdas anticuadas hollywoodenses, y para ver los estrenos o cosas nuevas debo de comprar, comprar, comprar.

Octavo. Me agrada que alguien trata de no ajustarse a los términos del lenguaje, no sólo moderno, sino imperialista inglés. El presidente del partido ultraderechista de Alemania, el NPD, Udo Voigt, me dijo en una entrevista: "le mando mi foto en un (literal) e-Post". En Alemania, como en México, Francia, Japón y seguro Tumbuctú, se dice e-Mail (pronunciando la "e" como "i"), pero en su afán nacionalista, el Voigt usó la palabra Post, que significa correo, aunque olvidó quitarle la "e" que lo delata inmediatamente. Y claro, si todos ustedes, como yo, hubieran visto que se sentó a su computadora para seleccionarme un par de fotos con algunos clicks de mouse y luego añadirlas a los documentos adjuntos para mandarlas ipso facto por un e-Post, se habrían quedado con la duda de porqué utilizó esa palabra. También el más nacionalista de Alemania es un esclavo de esto. Como yo.

Novemo. Digo, noveno, ya ni tecleo bien. Esa idea de hacer las cosas inalámbricas y a distancia es cada vez más popular que algún día, de verdad, algún día vamos a hacer el amor con dos cascos que generen autoconsciencia electrónica, así como Silvester Stallone y Sandra Bullock en la película... ay, ya se me olvidó como se llama. Momento, checo la Wikipedia y regreso... ... ... ...


...sí, ya, Demolition Man. Ayayayay, las películas de Stallone: Liga que lleva a la lista de las películas de Stallone

Sigo con el noveno. Un amigo me quiere ayudar a instalar un programa en mi compucita desde otra ciudad. ¿Cómo chingaos le meterá manos a mi compu? me asusta, de seguro él, como muchos otros, podrían tener acceso a la privacidad de mi casita. Esto me recuerda que ya no debo de llevar la compu a la cama que ya hace las veces de un libro, sólo que de este armatoste sale música, animaciones, la biografía actualizada de Pancho Villa y hasta las películas de Silvester Stallone. Y todo bajo las cobijas.

Décimo. ¿Ya para qué menciono la agenda? ¿Y qué decir del manejo de las fotos digitales? tenemos ya todos una cámara digital y entonces hay que 'bajar' las fotos a la compu, editarlas, almacenarlas, hacerlas 'quemar' en un DVD, 'montarlas' a una página güeb o mandarlas por e-correo (¿o correo-i?). Un claro ejemplo de esto es que un gran amigo de México me mandó la otra vez un correo normal ¡¡¡pero sin nada!!! Comprobé que todavía tengo esa emoción anticuada de abrir el buzón tradicional en la planta baja del edificio. Meto la llavecita, doy vuelta, y listo. Saco un sobre con timbres de México. Ahhhhhh, qué chido. Un amigo, ahhhhh, más chido (chido es algo como excelente)...

...ay no mames, también viene en la Wikipedia: Chido.

Bueno, pues abro el mentado sobre y ¿qué hay ahí? dos fotos. Nada más. Dos míseras pero muy chidas fotos en papel tradicional. Me trajeron muchos recuerdos y ahora pienso enmarcar una de ellas, pero yo hubiera preferido tener una decena de ellas o una carta. Mi amigo aprovechó la superficie trasera de una de las fotos para escribirme atrás algo como un saludo. Ya ni lo recuerdo bien. Por correo-y, mi hermana por ejemplo me habría mandado una decena de fotos en alta resolución, sin editar, y con un mensaje kilométrico que se acabría la tinta de mi impresora, si lo imprimo. Pero, bueno, no quiero lastimar los sentimientos ni de mi amigo ni de mi hermana. En todo caso, detallazo, ése de ir a la oficina de correos y ponerle salivita a los timbres. Claro, habiéndolos pagado antes.

Undécimo. Trabajar afuera de la oficina ya no sólo es llevar un libro, hacer una entrevista o escribir notas, sino llevar la computadora a un lugar donde haya conexión a internet, abrirla y conectarla. Pronto voy a montar una foto aquí de cómo se ven, ejem, ejem, de cómo nos vemos todos los ciber- y compuadictos en el café St. Oberholtz de la Rosenthaler Platz en Berlín. No sé si esa sea la verdadera visión del futuro o si somos personas cuya realidad está definida por una pantalla de plasma de 15 por 23 pulgadas.

Enfin, creo que estamos pagando un precio caro por globalizarnos. Entre más vemos al mundo, más nos alejamos de él. Algunos, insisto. La Wika me hace tener los pies en la tierra. El verdadero problema ocurrirá cuando las computadoras, así como los elefantes, según pude constatar en una actual noticia, adquieran autoconsciencia. Ellas entonces se reconocerán en nosotros y nos esclavizarán. El verbo 'nos dejamos' pasará a la historia como un "alto" español del Siglo 21.

Eso si es que el cambio climático no nos chinga antes. Y para el verbo chingar, por favor hay que referirnos a El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz.

Yaotzin.

PS. Al respecto, encuentro aleccionadora la comparación de un blog amigo entre el costo de un megabit hace 30 años y ahora: Ver gráfica
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