jueves, mayo 17, 2007

No es que un corresponsal huya del cine o del bar, se reporta con sus editores

Así es la vida de un corresponsal de México en Alemania. Siete horas de diferencia, y siete o más razones para que mis amigos me odien.

Cuando yo era joven, siempre dejé a mis amigos enfiestados. A las 3 o 4 de la mañana, cuando todos estaban borrachos. Me escapaba y me iba caminando a mi casa. Después mis amigos estaban como locos porque nadie, absolutamente nadie sale enfiestado a caminar por 40 minutos en la noche por las calles de la Ciudad de México. Es una regla no escrita. Pero estaban todavía más enojados porque siempre los dejaba sin decirles nada y porque no terminaba de divertirme con ellos.

Hoy pasa casi lo mismo: mis amigos se enojan porque los tengo que dejar cuando la fiesta ni siquiera ha comenzado.

Compramos las cervezas y las palomitas para el cine, estamos a punto de entrar y, ups, suena el celular. Regreso el boleto a mis amigos y salgo huyendo. Lo mismo en un restaurante. Lo mismo en un bar. La hora en que todo mundo se divierte en Berlín, alrededor de las 7 de la noche, es exactamente el momento en que muchas veces tengo que trabajar para mi periódico. ¿Así es con todos los corresponsales de América Latina en Europa? ¿Nadie tiene una propia agenda? ¿los editores no buscan respetar estos horarios tratando de tomar decisiones un día antes? ¿cómo sucede con los corresponsales europeos que están en América Latina?

Ahora, debo aclarar, esto no pasa siempre, pero sí justo cuando yo quiero hacer algo. Es lo que se conoce en el pópulo como Ley de Murphy. Yo hago una cita y suena el celular. No hago cita y no suena. Pasa con la Wika y pasa con los amigos y, eso sí, siempre a la hora en que uno pensaría que se puede pasar el tiempo libre a gusto. Y es ahí cuando el mundo ve al corresponsal mexicano respirando oxígeno de alguna computadora en el centro de Berlín y la noche, tal como ahora, se queda completamente entregada a la profesión.

Casi siempre es divertido y aleccionador, pero hay veces en que se necesita el placer del divertimento. Y hay veces en que, cuando la mente ya está completamente relajada o dispuesta a relajarse, es muy difícil --al menos para mí-- entrar en la dinámica del trabajo. Y eso que soy periodista de tiempo completo.

Supongo que en algo nos parecemos a los doctores y si algún día la sociedad nos entenderá, eso no lo sé. Quizás por eso comparto mi vida sentimental también con una periodista.

Na ja...

Yaotzin.

jueves, mayo 10, 2007

Cuando la izquierda se hizo peor que la derecha

Tal parece que la izquierda en Alemania tiene más sospechas que la derecha.

Ayer la policía hizo unas redadas en toda Alemania contra grupos izquierdistas. Estaban buscando información que los llevara a concluir que los izquierdistas tienen ínfulas terroristas. En estos términos, mi sub Marcos sería entonces terrorista. Pero el caso ahora en Alemania fue absurdo: 900 policías en seis ciudades y buscando más de 40 lugares.

¿Ahora nadie tiene derecho de manifestarse?

Resulta que en estos días la izquierda es peor que la derecha. ¿Qué no la derecha es la que amenaza la integridad nacional e, incluso global? Si ahora la policía se puede meter en los departamentos, tiendas y bodegas de las personas que luchan por la justicia social, ¿por qué no lo hacen en las oficinas de los partidos de derecha para encontrar información que los lleve a prohibir esas organizaciones? O antes que prohibirlas, para demostrar que incurren en faltas a la Constitución y a la sociedad, como ser financiadas por el mismo gobierno o fomentar los movimientos de los neonazis en contra de extranjeros o de los mismos alemanes que están a favor de la globalización y de un país de inmigración.

Ayer mi barrio, Kreuzberg, estaba pintado de policía. Creo que vivo en un barrio de terroristas. Y yo que me comunico con ellos, seguro que tendré pronto a alguien de verde tocando mi puerta.

Pero, la otra pregunta es ¿de verdad ya no existe el derecho a manifestarse libremente? Parece que las acciones de los antiglobalistas o globalifóbicos, como quiera que se les denomine, han llevado a clasificarlos en categorías que dan miedo. ¿Qué podrían lograr realmente estas personas si detienen el G8, además de que seguro lo harían lastimando a alguien? ¿por qué no manifestarse a la antigüita, con un sindicato, ante las autoridades verdaderamente responsables, con un motivo de por medio como un alza salarial? Eso daría más. Eso da más, de hecho. El sindicato metalúrgico acaba de obtener un jugoso aumento salarial en Alemania y seguro nadie de ellos ya se va a molestar en ir a manifestarse a las puertas de Heiligendamm.

Que no me digan que los antiglobalistas están en contra de la globalización, perdón por la redundancia, pero ellos mismos se organizan para protestar con todos los instrumentos que la globalización ha creado.

Escribamos y difundamos, que ésta es el arma más eficiente para lograr una justicia.

Yaotzin.

martes, mayo 01, 2007

Ser policía en México

Es uno de los peores trabajos que uno puede tener en la vida. Ganan muy poco dinero, no son una verdadera autoridad y, en el mejor de los casos, se dedican a cuidar autos en la calle y piden una propina por ello. En el peor, se convierten en delincuentes.

Esto no lo hago ni si quiera con mis textos por las cuestiones de derecho de autor, pero ahora creo que merece la pena publicar el texto completo sobre la vida de un policía que salió publicado en el periódico Reforma de la Ciudad de México. El maltrato a los policías por parte de sus mismos conciudadanos es otra de las violaciones a los derechos humanos.

¿Alguna vez pasaría esto con un policía en Alemania?

Yaotzin.



Atropellan carrera de agente de tránsito

Eduardo entró a la SSP-DF por vocación, pero afirma que se siente decepcionado porque los capitalinos no respetan a los policías

Por Henia Prado

Ciudad de México (1 mayo 2007).- Ser agente de Tránsito en el DF no es cosa fácil.Apostado en un crucero de la capital dirigiendo la vialidad, Eduardo, que pidió omitir su apellido, relata que 10 años atrás se alistó en la Secretaría de Seguridad Pública del DF.En su paso por Iztapalapa realizó detenciones importantes que le costaron poner en peligro su vida.

Por ello decidió cambiar la pistola por el silbato de Tránsito.

Entonces, las balaceras, persecuciones y amenazas de muerte se transformaron en insultos de automovilistas y peatones.

"No hay respeto a la autoridad. Me han atropellado nueve veces. Les marcas el alto y te avientan el carro.

"Una vez un señor me atropelló y fui al hospital con fractura y desgarre de ligamentos. El señor no quería reconocer su culpa, hasta me dijo que le pagara los daños", cuenta.

"Aquí el que te puede fregar, te friega, no tienes garantías. A veces es mejor dejar ir a los conductores porque te metes en un problema o si son mujeres te la voltean.

"Lo que me da más coraje es que todos se quejan: 'es que el policía me pidió' (mordida), ¡no es cierto! Lo primero que ellos hacen cuando se bajan es: 'qué onda poli, ¿échanos la mano?

"Yo entré aquí por vocación, porque me gustaba mucho ayudar a la gente, pero aquí ya no sabes si cuidarte del ciudadano, si cuidarte de los mismos mandos o cuidarte de los rateros, te traen fregado".

La decepción es tan grande, que piensa retirarse de la Policía."Ahorita estoy tratando la forma de pedir una licencia y poner un negocio".

Eduardo pasa ocho horas de pie en un crucero de Insurgentes, sorteando a los infractores, pero no cuenta con radio o patrulla, sólo con su celular para pedir auxilio a sus compañeros en caso de emergencia.
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