viernes, febrero 29, 2008

La diferencia con Phuket

Hoy se anunciaron grandes tormentas para el fin de semana. Y aquí el pronóstico del clima se toma muy en serio.

Se canceló el show más popular de Alemania y, en general, de los países de habla alemana, el "Wetten dass...?", y hasta un partido de la Bundesliga ( justamente el del Stutgart con sus dos mexicanitos jugadores ¡me cacho!).

El clima es cosa seria.

La última vez que anunciaron tormentas así, asi un medio año si no mal recuerdo, la mayor parte de la gente hizo caso y no salió a las calles porque tenían miedo de los vientos de más de 150 kilómetros por hora. Con justa razón, pues esa tarde hubo un par de lesionados por ramas de árbol que se cayeron y hasta un árbol que aplastó un auto, si no mal recuerdo. Se me ocurrió salir y uno casi podía sentir que volaba con el viento.

Esta vez se anuncian vientos con la misma velocidad para sábado y domingo y los bomberos recomiendan quedarse encerrado en casita. Lo peor es que me encerraré pero ahora ni futbol por la tele podré ver.

Comunicaré con mi libro de Pancho Villa y veré si en el México revolucionario encuentro más disturbios que en las calles alemanas afectadas por el clima.

Y.

lunes, febrero 25, 2008

El Cristo de la U2

La imagen hablaba por si misma:

Un hombre hincado detenía las puertas de uno de los vagones del metro. Sus brazos extendidos temblaban, y con la cabeza gacha parecía que cumplía con alguna penitencia.

La gente comenzó a desesperarse y le gritaban que se levantara, pero él, como poseído por el demonio, sólo balbuceaba algunos sonidos. El chofer del metro intentó gritarle algo desde su cabina, nunca buscó a la policía ni intentó quitarlo personalmente.

Así de fácil es parar este armatoste amarillo que cruza las entrañas de Berlín.

Pasaron un par de esos minutos eternos y alguien, desde dentro del vagón que el cristiano mantenía abierto, trató de convertirse en héroe de la noche: se le acercó y con un leve empujoncito lo botó hacia el andén. Bravooo. El chofer dio un paso hacia su cabina y tocó de nuevo la campana para el cierre de puertas, pero el pie y una mano del cristiano reaccionaron como imanes y se pegaron a las puertas ipso facto para detenerlas de nuevo. Él seguía en el piso y pronto se incorporó para asumir de nuevo su posición de Cristo. De repente en esa posición intentó bajar un brazo hacia el hueco entre el andén y el metro. Nada. Intentó con el otro brazo. Nada. Ya no se sabía lo que intentaba. Los gritos del vagón se escuchaban cada vez más desesperados. El cristiano me volteó a ver con unos ojos muy abiertos y llenos de furia. Yo sabía que si él dejaba de detener esas puertas lo primero que hubiera vuelto a agarrar entre sus brazos habría sido yo. Me balbuceó algo. Parecía que estaba poseído por el alcohol. Sus movimientos eran torpes pero decididos.

El héroe trata de separarlo de nuevo pero sus brazos están imantados a las puertas. De repente ya no mete ningún brazo al hueco, sino toda una pierna. ¿Se quiere bajar a las vías con el metro ahí parado? ¿quiere atorarse entre el metro y el andén para impedir el paso del metro? ¿busca tocar la línea de corriente para electrocutar a todos los pasajeros del tren?

No.

Nada de eso.

Con la punta de su pie sacó una gorra que inmediatamente se puso en la cabeza. Tomó su mochila tirada en el andén y se metió al metro. Sonó la campana y, antes del cierre de puertas, sacó su brazo con el puño cerrado para todos los que estábamos mirando. Las puertas se cerraron.

Y.

sábado, febrero 16, 2008

Berlinale 4 --> De la corrupción al arte

El mexicano Fernando Eimbcke es un director de cine. No uno cualquiera, uno que sorprendió este año en el Festival Internacional de Cine de Berlín.

Ayer se ganó el premio de la crítica y quizás, dicen las malas lenguas, hoy se ganará uno más. ¿El Oso de Oro? quién sabe, sería mucho decir. En boca del productor de Lake Tahoe, la película de Eimbcke en la Berlinale, él dice que el oro es para una producción grande.

Yo no veo porqué Lake Tahoe no sea grande, quizás no tiene a un director famoso ni actores famosos, o quizás no fue hecha en Estados Unidos, o quizás no hay acción cada 10 minutos como en el cine de Hollywood, y quizás eso es lo grande a lo que se refería el productor.

Yo sólo sé que esa producción es una muy artística y que se desprende por completo de todo lo que hemos visto en México de mexicanos y de estadounidenses.

Mientras sabemos si gana o no, aquí dejo uno de los primeros trabajos de Eimbcke, un corto sobre la corrupción en México.

Y.

miércoles, febrero 13, 2008

Berlinale 3 --> ¿Se puede dañar la imagen de México (más de lo que está)?

Terminó la función de Sleep Dealer. Es como una versión futurista de los problemas mexicanos de migración y de las privatizaciones. En la sala apareció el director, Alex Rivera, a responder preguntas que la audiencia pudiera tener.

¿Por qué le interesa el tema de la migración? ¿por qué ciencia ficción en México? ¿por qué pueden existir lugares divididos cuando la tecnología nos une? ¿sufrió él, Alex Rivera, como migrante? ¿cómo consiguió fondos para fianciar un proyecto que parece un tema delicado entre Estados Unidos y México?

Interesante. Sus respuestas también.

Pero después alguien preguntó, justo al final de la sesión de preguntas y respuestas, ¿si nunca pensó que esta película dañaría la imagen de México? Era una voz mexicana la que hacía la pregunta.

Creo que en México nos interesa mucho como se ven las cosas, antes que saber qué hay dentro de ellas, de saber si las podemos traer a la discusión y levantar consciencia. Todo empieza desde que nuestras mamás nos fajan las camisas, nos aplacan los cabellos con goma y nos piden mejorar la postura. Todo para "vernos bien". Salir desarreglado de casa es casi un pecado.

Y sí, no está mal que uno se arregle, pero parece que de eso se vuelve nuestro objetivo único y principal. De eso se queda impregnada la sociedad mexicana. Yo incluido, por supuesto. La imagen se vuelve más importante que el contenido.

¿Cuándo y cómo se puede acabar la migración? ¿hasta qué punto podemos hacer nosotros algo? ¿debemos de sentirnos involucrados aunque estamos, al menos los mexicanos de Berlín, a 10 mil kilómetros de distancia?

Al menos la imagen de México no se podrá mejorar con una retocadita.

No creo.

Y.

martes, febrero 12, 2008

Berlinale 2 --> Pop beat Film

Estamos pasando la mitad del festival, aunque por la atmósfera que hay parece que ya se acabó. Las calles de Potsdamer Platz están vacías y ya no se respira ese estrés periodístico por conseguir la noticia. Las grandes estrellas ya se fueron y el interés baja un poco.

Ayer la alfombra roja se veía desolada.

Hoy estoy aquí en la sala de prensa, buscando información que reportar para hoy. Las películas de este día no han resultado tan emocionantes, salvo por una actuación en la vietnamita Bam Gua Nat. Mañana viene Madonna y quizás eso será lo fuerte de mi reporte de hoy.

La sala en la que estoy es una especie de cárcel. Es blanca toda como el color de algunos centros de readaptación y además está en el sótano del Berlinale Palast, a donde no entran llamadas a los celulares. Por si fuera poco, este año hay muy pocos periodistas porque esta vez el internet no es gratis y tampoco hay teléfonos ni fax. El patrocinador se retiró porque las cuentas le salían muy caras. Y es cierto, los años pasados había periodistas y gente que traía acreditaciones de periodistas haciendo fila para tomar uno de los teléfonos y hablar a Italia, Sudáfrica, Australia, México, qué sé yo. Y no precisamente hablaban cosas de trabajo. Ni tampoco por espacio de dos o tres minutos.

Hoy está vacía, uno, dos periodistas asiáticos, y dos más europeos (hablan italiano y español), y nada más. Alguien se encargó de ponernos un termo con agua caliente y unos sobrecitos de café y té. Parece oficina gubernamental.

A ver qué me inspira para redactar algo.

Y.

domingo, febrero 10, 2008

Berlinale 1 --> Penélope, un comercial de película

Su cabellera era como la de un comercial, así se veía Penélope Cruz al momento de presentar en conferencia de prensa la película Elegy, que co-protagoniza con Ben Kingsley.

Sentada al centro de la mesa con un vestido negro brillante, su larga y esponjada cabellera era como parte de él.

“¿Cómo se puede uno resistir a una mujer tan preciosa como ella?”, le preguntan a Ben Kinglsey, quien se sentaba a su flanco izquierdo.

Penélope voltea a ver a su lado derecho, hace una mueca después de escuchar la pregunta, y después regresa la mirada al lado izquierdo pintando el aire con una ola de petróleo negro.
“Nuestros personajes son caracteres ficticios, yo no puedo ver a una persona real en ella”, dijo Kingsley evitando hacer otro comentario.

Pero poco importó si alguien le lanzaba un piropo a la actriz española, ella ya había logrado levantar la expectativa del público berlinés con su aparición para presentar la película en este festival de cine.

La promoción de la película no fue su único objetivo, pues detrás de Cruz está la fuerza de uno de los principales patrocinadores de la Berlinale, uno que tiene que ver con productos de belleza para el cabello.

“Evidentemente viene porque es la imagen de nuestro principal patrocinador”, había reconocido unos días atrás ante la prensa internacional el director de la Berlinale Dieter Kosslick.

Kosslick siempre ha sufrido porque el festival de Berlín no tiene tantas estrellas como Venecia o Cannes, y con una actriz cuya imagen maneja uno de sus principales patrocinadores pudo regocijarse.

Cruz llegó a presentar Elegy, la nueva producción de la catalana Isabel Coixet, en donde comparte crédito con el actor la Lista de Schindler, Ben Kinglsey.

Ambos estelarizan un drama sobre un profesor que se enamora perdidamente de su alumna, visiblemente más joven, una relación que por los miedos de cada uno queda oprimida en la anonimidad hasta que fracasa. Una mala jugarreta del destino les hará repensar sobre su edad, madurez y el hecho de regresar.

La trama está basada en el libro de Philip Roth, The Dying Animal, una historia que fascinó a directora, actores y productores por igual, quienes habían leído en cuando salió a las librerías.

Si la película hizo pensar a Cruz sobre la vejez, fue una respuesta que prefirió dejar de lado. "Quiero envejecer", dijo, pero matizó inmediatamente: "Lo que quiero es buscar experiencias y usarlas en mi trabajo”.

La concurrida conferencia de prensa se desarrolló en un caos, el cual se hizo más grande cuando el ejército de prensa y radio española hacía preguntas a directora y actriz en español y pidiéndoles respuestas en español.

“Noooooooooo”, era el coro del resto de la prensa extranjera.

Pero entonces Penélope Cruz tomó la palabra y trató de complacer a unos y a otros.

“¿A ver, qué hacemos? ¿unas frases en español y lo demás en inglés?”, dijo, y todos quedaron contentos.

La actriz permanecía estática poniendo atención a cada pregunta y respuesta de sus compañeros de película, y entonces cada movimiento que llegaba hacer, cada giro de cabeza, se convertía en un huracán de petróleo.

“No me resistí a la mirada de Kingsley”, contestó a una pregunta, se acerca a la mesa y agita un poco la cabeza, “la utilicé porque es la que me llevaba a trabajar”.

Y.

martes, febrero 05, 2008

El gigante de la U1

Tiene que agachar su cabeza cuando se levanta. Por eso está jorobado. Por eso tiene que agarrarse de dos tubos al mismo tiempo y no caerse. Cuando hace eso, yo veo a un ser que quiere salir de una prisión. Tan fácil que le sería extender sus brazos por completo y botar el techo del vagón de metro en que viajamos.

Pero no, es un ser pacífico. Cuando coincidimos en un viaje está sentado leyendo su periódico, un manojo de hojas que en sus manos parece un simple libro de bolsillo. Al leer se le abren más los ojos, y sus labios gruesos dejan ver el oscuro hueco de su boca. Todo mundo lo ve pero él no ve a nadie.

En los largos asientos que están entre puerta y puerta, él tiene que echar encima sus piernas. Son tan largas que si se sentara como nosotros bloquearía el paso para ir de un lado al otro del vagón. Él ya lo sabe y lo hace de una forma automática. Se encoge como cochinilla. Pero no puede desaparecer. Cuando se levanta su joroba casi toca el techo. Termina un viaje más.

Nosotros lo hemos deformado. No lo dejamos de ver como gigante. Incluso él ya no se interesa por este mundo de pequeñeces. Está más allá que acá.

sábado, febrero 02, 2008

¿Se puede estar en metro y sin audífonos en Berlín?

Según yo, no.

Ayer amaneció Berlín sin metro y es un caos. El S-Bahn, el tren suburbano, es el único que sirve. En un principio era difícil imaginar que la huelga afectaría. Ya ha habido huelga de trenes y de S-Bahn y la ciudad se salvó.

Pero esta vez las cosas son diferentes. El sindicato que maneja los trenes del metro es el que maneja también los autobuses y los tranvías.

Un caos por completo.

La gente se dio cuenta el viernes por la noche que depende mucho sistema de transporte colectivo porque no pudo ir a fiestas. O pagabas taxi o ibas a una fiesta a la vuelta de la esquina, no había de otra. ¡Cuántos no se quedaron en cama el viernes ya desde las 10 de la noche! Yo mismo he de decir que después de la cena que tuve, y a donde pude llegar en S-Bahn, no consideré ya irme a otra fiesta.

Berlín no es como México y la gente normalmente no anda en auto, así que no es fácil conseguir un aventón a un lugar. Un taxi por cinco minutos cuesta lo mismo que tres cervezas de a medio litro, unos 9 euros, y quizás me quedo corto en el precio.

Estos dos días, porque la huelga se levantó hoy por la tarde, los berlineses agarraron su bicicleta y le dieron al pedal. No importó el frío ni el viento, había que llegar a algún lado. En una ciudad como Berlín uno no se puede quedar así nomás en casa.

El metro tiene una fascinación. Ahí estaba ese cliente del Salon Schmück en la Skalitzer Straße, sentado a la ventana que da a las vías del metro. Tenía unos 50 años de edad. Mientras desayunaba volteaba a ver la mole de hierro que sostiene las vías y después de un momento le preguntó al mesero: "¿qué no pasa el metro?" Su pregunta lo hacía sentir como alguien de provincia que había viajado a Berlín sólo para ver ese gusano amarillo que atraviesa ruidosamente la ciudad. El mesero le contestó: "es que están o estaban de huelga y quizás por eso no pasan tan seguido". En eso pasó uno. La huelga se acababa de levantar. El señor sonrió como niño y dejó de preguntar más.

En eso pasó por la calle alguien escuchando música en audífonos y me recordó que además del transporte colectivo, los berlineses no pueden estar sin audífonos.

Esto yo no lo había visto en México y quizás corro el riesgo de equivocarme. Es posible que pase en otras ciudades de Europa y yo no lo he visto, pero también es posible que los berlineses, o los alemanes sean adictos a escuchar música en las calles. Que sean adictos a aislarse.

En el metro, cuando funciona, si uno no tiene audífonos se puede escuchar el ts-ts-ts-ts que sale de las orejas de las personas. Es normal. Pero también es una forma de aislarse de la ciudad. Para mí es una forma de desentenderse de lo que pasa en la calle, como si ya no importara más. Es una forma de poner una barrera para que no cualquiera le hable a cualquier otro. ¿Por qué lees ese libro?, ¿por qué no le diste una moneda?, disculpe se le cayó esto, ¿dónde está la calle tal?

Aunque, bueno, no todo está acabado, esas son mis impresiones. La realidad es que la sociedad está evolucionando y ya aprendemos a escuchar la ciudad con todo y audífonos. he visto a jóvenes hablarse con los audífonos puestos, a veces con un solo oído tapado, a veces con los dos.

Al principio yo no me atrevía a usar audífonos y ahora ya los traigo. Estoy cambiando. Todavía no hablo con los demás con los audífonos puestos. Sí hablo por teléfono con ellos aunque se ve raro. Estas inseguridades las traigo de mi país en donde ni teníamos el dinero para estarnos comprando walkman o discman (ahora iPods o celulares con mp3) y que, si lo teníamos, nos atrevíamos en pocas ocasiones a usarlos porque teníamos miedo de quedar en la mira de un asaltante.

Seguro que México también está cambiando. Eso sí, con el gran sistema de peseros y de taxis baratos del DF ahí nunca afectará una huelga del metro.

Y.
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