lunes, septiembre 28, 2009

Querido joven alemán (neoliberal):


Hoy lunes es como un día de cruda en Alemania. Y no necesariamente por fiesta. Las elecciones de ayer me dejaron con dolor de cabeza. El resultado de las elecciones, quiero decir: Angie seguirá gobernando pero ahora con los liberales del FDP.

No sé, parece que el FDP es un buen partido. Estuvo varios años en el poder con el conservador Helmut Kohl. Y supongo que estos 11 años en la oposición también le habrán dejado algún aprendizaje. Mi desconfianza es que en el poder ahora está un partido que quiere privatizar el sistema de salud (que, dependiendo de cómo se haga, podría no ser tan malo), que quiere sortear el resto de esta crisis financiera y económica de una forma liberal y que además es peor de arrogante que aquel ex canciller alemán Gerhard Schröder.

Cuántas veces no rebajó a sus oponentes ayer en un programa de televisión, justo después de los resultados, diciéndoles que los votantes habían ya hecho el cambio. "La Gran Coalición ya se acabó", "Los votantes nos prefirieron a nosotros", "Señor Lafontaine, deje de hacer campaña, nosotros ya ganamos", así como un niño testarudo que consiguió lo que quería y ahora no lo quiere soltar. Y, bueno, no dista mucho de la realidad. Este es el mejor resultado de los liberales de Guido Westerwelle en unas elecciones federales, 14.6 por ciento.

Un resumen de algunos comentarios alemanes: "¡¿qué es esta mierda?! El capitalismo nos come y los alemanes (no incluidos los que gritaron esto) votan por esta coalición entre conservadores y liberales".

Sí, yo repito, ¿por qué?

Los expertos dicen que en los siguientes cuatro años de gobierno esto no cambiará mucho, que Angie, la querida y mujer más poderosa del mundo Angie, seguirá siendo una canciller socialdemócrata.

Veremos.

Lo que me intriga es este sector de jóvenes que votó a los liberales. Al parecer, la mayoría de los electores del FDP son jóvenes. Además varias encuestas entre jóvenes ya revelaban una cifra de intención de voto del FDP similar a la oficial.

El elector del FDP es un joven de clase media alta y de nariz respingada. Me queda claro. Entre sus ataques de arrogancia, Westerwelle rebatía ayer en la televisión que el elector del FDP es del FDP y no del CSU (el partido hermano del CDU, el de Merkel), así que se trata de jóvenes políticamente vírgenes. Jóvenes que heredaron grandes fortunas y están comenzando a administrar sus empresas (no habrá impuestos a herencias ni a ricos), jóvenes que podrán poner sus plantas en el extranjero (liberalización de mercados) y jóvenes que ya se atienden en hospitales privados y han demostrado que el servicio de salud privado es mucho mejor.

Quizás algunos viejos habrán votado al FDP por nostalgia de aquellos gobiernos con el ex canciller Kohl, pero la verdad es que no creo que este grupo de electores represente más de una tercera parte del total de los nuevos liberales.

Eso sí, quien sea el elector es un elector que está por un gobierno moderno y cambiante: ya no sólo tenemos a una mujer como canciller, sino que ahora habrá un ministro de Exteriores gay. Guido Westerwelle se ha hecho reconocer públicamente como gay, así como nuestro alcalde berlinés Klaus Wowereit.

Pero, insisto, ¿quiénes son estos liberales alemanes?

Yo llevo poco más de cinco años en Alemania y no he escuchado a nadie hablar de los liberales, nada, ni a favor ni en contra. Dicen que ignorar es peor que odiar a alguien. No conozco a alguien que alabe al FDP. Puede ser que yo esté en la ciudad equivocada, porque Berlín, una ciudad sin empresas, es una ciudad donde la pobreza y los movimientos sociales reinan. Artistas, periodistas, artistas y más artistas. Berlín es una ciudad símbolo de la lucha social y nunca habría votado por la coalición que ahora gobierna a todo el país.

En un programa de televisión un día antes de las elecciones vi cómo el partido La Izquierda había escalado casi al segundo lugar entre los televidentes. Había habido votos por teléfono y mensajes de texto. Era una sorpresa total, llena de emoción. Parecía que la izquierda era tomada en serio después de ser demonizada de pertenecer al viejo comunismo. Pero no fue así en la realidad.

O los jóvenes alemanes, claros electores decisivos en esta contienda, siguen sin creer en un buen izquierdismo, o creen que el neoliberalismo sacará a este país de sus crisis.

viernes, septiembre 18, 2009

Instrucciones para reconocer a un berlinés (y tratar de platicar con él)

Periodista irlandés: ¿pasa por Hallesches Tor?

Chofer de autobús (sin voltear a ver): (gruñe afirmativamente).

Periodista irlandés: Es que estaba pensando en que algunos periodistas podríamos bajar antes de llegar al destino final.

Chofer (con las manos al volante y medio volteando la cara. Contacto visual): (gruñe de nuevo. Su bigote de morsa se mueve un poco).

Periodista irlandés (ya más bien como con un pensamiento en voz alta): Quizás yo me podría bajar antes, ahí por la sede del SPD.

Chofer (con su mirada de regreso a la nada): Pusí, como quiera.


== 0 == == 0 == == 0 ==

10 minutos de viaje. Hora de salida de muchos trabajos. Mucho tráfico.

== 0 == == 0 == == 0 ==


Yo: oiga, chof, ¿si cree que algunos nos pudiéramos bajar en Hallesches Tor?

Chofer: Mmmmmmmmm, pus de poder, no sé si puede.

(Cruzamos Hallesches Tor).

(Ningún intento de detener el autobús).

(Medio minuto después).

(Ya pasamos Hallesches Tor).

Yo: Oiga, ¿pasa por ahí al lado del SPD?

Chofer: Sí.

Yo: ¿Nos podemos bajar algunos ahí?

Chofer: Pues de verdad no sé si puedan.

Chofer: Yo me puedo detener y ustedes ven si se bajan.

Yo: Uy, perdón, OK, ya entendí, le reformulo mi pregunta, ¿sería posible que bajemos ya? ¿podría detenerse ahí al lado de la sede del SPD, abrir la puerta y dejarnos bajar a algunos?

(Entonces se siente que el autobús empieza a frenar un poco. La calle es de un solo carril. El tráfico sigue pesado).

Chofer: Eso sí puedo hacerlo.

Chofer: ¿Y no se pueden bajar todos de una vez? Así ya no tengo que llegar hasta el destino final y me voy a mi casa. Mi mujer ya me está esperando para la comida.

Yo: ¿Y qué va a comer?

Chofer: No sé, pero mi mujer siempre cocina rico.

Yo: Mmm, como que ya hace hambre. ¿Y cómo ve si de aquí todos nos vamos a comer? ¿cómo ve si vamos directo a su casa?

Chofer: Pues yo los llevo, pero no creo que mi mujer haya cocinado demasiado.

(El autobús hace alto total. Tapa el único carril de circulación).

Yo: Oiga, pero ¿no está prohibido bajar aquí?

Chofer: Bah, no importa. Servidos.

(Abre la puerta. Nos despedimos algunos colegas y nos bajamos).

Yo: Gracias.

Chofer: (gruñe).

Yo: Buen día.

Chofer: Hm.
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