miércoles, septiembre 29, 2010

‘Cuando el dolor llegue a Azcárraga, acabará el narco’

Edgardo Buscaglia.

La fuente de la foto es del periódico El Universal



Este es un texto poco común para las historias de mi blog. Originalmente se iba a publicar en alguno de los medios para los que trabajo, pero no alcanzó a ver la luz. Y merece ser leído.

Se trata de una entrevista con el escritor, analista, jurista y experto en seguridad uruguayo-estadounidense Edgardo Buscaglia. Él participó en un debate sobre narcotráfico en Berlín mientras se desarrollaba el Festival Internacional de Literatura. Incluso esta noticia da para escribirse como una historia, pero por falta de tiempo no lo hago, tampoco por el afán de dejarla como hubiera sido publicada originalmente.


BERLÍN.- El narcotráfico tendrá una solución cuando toque a las élites políticas y económicas del país.

“Cuando vean tocado su patrimonio, sus hijos violados, no casos aislados como el hijo de Martí, o la mitad de la corte suprema masacrada como en Colombia, entonces comenzará el cambio”, señaló el especialista en seguridad Edgardo Buscaglia.

Esa fue una de las respuestas que el analista dio a las preguntas de un público berlinés que asistió a la plática “Plata en lugar de plomo: sobre la economía de las drogas y la cultura de las drogas en México, en el marco del Festival de Literatura de Berlín, que se realiza del 15 al 25 de septiembre.

Buscaglia se sentó a un podio junto con el escritor mexicano Élmer Mendoza, en donde ambos hablaron de la situación del país.

“Si no tuviéramos 28 mil muertos en México, no me habrían invitado a este podio”, señaló en entrevista posterior.

Tanto Buscaglia como Mendoza presentaron dos realidades diferentes del país, la del analista y la del escritor. Lamentablemente Mendoza no estuvo disponible para una entrevista más detallada sobre sus posturas.

“Ambas son dos realidades válidas, son subjetivas y son paralelas, sólo que la mía se mueve en la cuestión probativa”, dijo Buscaglia.

El público alemán no sólo estaba ávido de relatos de muertos, sino de soluciones concretas para México.

“La tragedia en México no son sólo los muertos sino todo el genocidio sociocultural que ocasiona el crimen organizado”, dijo Buscaglia.

Entonces es cuando viene la pregunta de cómo se puede acabar con el problema del narcotráfico.
De acuerdo con los autores la legalización de la mariguana es sólo un placebo; mientras que las capturas de los delincuentes son “señuelos que lanzan las élites” para distraer a la opinión pública.

En la discusión que se abrió en la Fundación Heinrich Böll, donde se realizó la plática de ambos autores, Buscaglia reiteró su tesis de atacar al patrimonio del crimen organizado encontrar soluciones reales.

“Los fiscales de México tienen que trabajar con unidades de inteligencia, así podrían investigar a otras empresas que fungen como transportistas o financieros de campañas y armar el rompecabezas del patrimonio del crimen organizado”, explicó.

Pero como el mismo Buscaglia no cree en que se escuchen sus propuestas, pues lleva ocho años haciéndolas basado en criterios de la ONU, vaticina que en México se tendrán que vivir primero tiempos peores.

“Cuando el dolor de las madres y padres de Ciudad Juárez llegue a los Azcárraga (dueños del monopolio mediático Televisa), a los Salinas Pliego, habrá una exigencia para acabar con el crimen organizado. Ese será el jaque mate.”, dijo.

En su paso por Alemania, Buscaglia encontró que los modelos de prevención, como los que ya hay en Italia, podrían ayudar a legitimar al gobierno mexicano.

“Se podría crear un gabinete de seguridad social que trabaje con algunas ONG y que administre los bienes confiscados, como la casa de narcotraficantes, para ser usados como centros de asociaciones civiles que se ocupen de problemas sociales”, dijo.

A Alemania le interesan los libros de Buscaglia, pues ya está la propuesta de traducir a la lengua de Goethe el más reciente libro “Undermining the Foundations of Organized Crime and Public Sector Corruption” (Cómo socavar los cimientos del crimen organizado y de la corrupción en el sector público), aunque todavía no hay una fecha determinada para su publicación.

sábado, septiembre 04, 2010

Extranjeros forever


Policía durante el mundial del 2006:
aceptando los códigos mexicanos
Estoy en el metro de Berlín. El viaje transcurre normal hasta que frente a mí se sienta una chica extranjera. Este calificativo no sería importante si no fuera por la escena que sigue.
 
La chica se pone sus audífonos y se aísla del mundo. No ve a ningún lado y sólo le importa disfrutar su música. Tampoco parece importarle que se sentó en el lugar reservado a enfermos, discapacitados o impedidos física o mentalmente.
 
En una estación se sube una pareja alemana. Dos ancianos. El hombre se sostenía en pie con bastante trabajo. El arranque del metro casi lo derrumba. Y toda esta escena se estaba realizando frente al asiento donde estaba la chica. Ella como que veía de reojo pero más bien como que parecía no querer ver. Mientras tanto otras personas habían ofrecido sus asientos.
 
Esta situación la he visto bastantes veces y cuando en esos asientos hay alemanes sentados, inmediatamente los ceden. 1.- saben que están ocupando un lugar designado para otras personas y 2.- están al tanto de lo que sucede a su alrededor. Con todos los prejuicios de frialdad que hay de los alemanes, algo que no se puede refutar es que siempre están prestos a ayudar por iniciativa propia o por petición.
 
En este caso la chica no se inmutó. ¿Consecuencia? Tanto la pareja de ancianos como la gente del derredor se la quedó viendo. Se ganó una observación de juicio. Y eso, estoy seguro, sí que lo sintió ella.

Como esta situación hay varias. El extranjero no entiende algo y se siente discriminado. Y me parece que con esto se pueden sacar dos conclusiones, que los problemas de integración en Alemania también provienen de los extranjeros mismos, y que los extranjeros aprovechan situaciones como esta para proyectar un prejuicio basado en un arquetipo (la Alemania racista de hace más de 65 años) para justificar su impotencia para asimilarse o hacerse asimilar.

Está claro que cuando una persona llega a otro país a vivir, por invitación o por voluntad propia, siempre luchará con una nueva cultura: otra gente, otro clima, otras costumbres, otro idioma, etc., pero eso no es razón suficiente para echarle la culpa al país.

Y esto lo digo porque Alemania en especial sufre de eso. "Pinche idioma de mierda", dicen unos. "Malditos alemanes fríos", dicen otros. "Racistas", se sigue escuchando. Y no me parece justo.

Me gustaría abundar que México es más racista que Alemania hoy en día, e incluso más clasista, pero ese no es mi papel ni la razón de esta entrega.

Si un extranjero en Alemania quiere dejar de ser extranjero, deberá de ser por méritos propios, si no es que el placer de serlo ya le invadió antes. Leer los signos culturales deberá ser un menester para que una chica como la del metro encuentre su lugar y le sea respetado.

O como el gringo judío que llega a un bar a tomar lo que todos toman, no ve el precio, y cuando le cobran dice "¡¡¿¿qué??!! ¿4 euros por la copa? sólo porque soy judío, ¿verdad?".

O el chileno que se cae de borracho a las vías del metro, termina en el hospital, y dice que lo golpearon los neonazis (no niego que haya ataques de neonazis, pero tampoco se tiene que abusar de ellos así).

O el mexicano que llegó invitado por una empresa para hacer nuevos diseños en Berlín. Mucho dinero de por medio. Oportunidad sin igual. Área creativa. Trabajo fijo. Pero después de tres meses ya le mienta a madre a los alemanes por no integrarlo.

¿O cómo debería de ser este juego?
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