jueves, marzo 28, 2013

El Muro Bauhaus


 
Este miércoles 27 de marzo el Muro de Berlín se quedó chimuelo. Bueno, ya es como el cuarto diente que pierde. Si sigue las leyes de la naturaleza a las que los seres humanos estamos atados, en unos años más perderá toda su dentadura de concreto.
Se trata de la East Side Gallery, el tramo de Muro de Berlín más largo –1.3 kilómetros-- que se mantuvo en pie desde la caída de éste, en noviembre de 1989. Ahora es una galería al aire libre que con sus pinturas y grafitos habla sobre la paz de los pueblos y la libertad. Es un objeto de terror que se convirtió en símbolo de la libertad.
Y ahora lo están desapareciendo. Los mismos berlineses, hay que decirlo.
Hace 24 años, todo mundo estaba desesperado por derrumbar ese muro. “¡Tire este muro!”, le gritaba Ronald Reagan desde Berlín a Mijaíl Gorbachov en el clímax de la Guerra Fría. El Muro de Berlín representaba la parte física de la Cortina de Hierro que dividía al mundo en blanco y rojo, en bueno y malo, en occidente y oriente.
Hoy en día muchos luchan por erigirlo. Eso sí, como monumento, como pieza de arte.
“Ahora nos llegan peticiones de que lo volvamos a levantar”, me había dicho en una entrevista el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, hace ya unos cinco años.
Pero a Wowereit y a muchos berlineses les da igual. El Muro de Berlín tenía que caerse y quedarse en el piso. Además ya hay por lo menos otros dos amplios museos sobre el Muro de Berlín en lugares históricos. ¿Y la East Side Gallery? Qué más da. Son 1.3 kilómetros de East Side NoSéQué que poco importan y pasan al olvido.
El artista iraní que preside la Asociación de Artistas de la EasT Side Gallery, Kani Alavi, y encargado de cuidar este monumento –hágame el favor, un iraní y no un berlinés, ya desde ahí hay algo mal--, me contó que si no es por los artistas nadie se ocupa de este tramo. También me dijo que antes el descuido era tal que no sólo llegaba gente con cincel y martillo a quitar trozos de Muro y venderlos, sino que una vez llegaron tipos con grúas a llevarse partes del Muro (cada una de 2.6 toneladas). 
Después llegó el inversionista de la sala multiusos O2 World y quitó 50 metros de East Side Gallery. Nadie dijo nada entonces. Era 2006. Siete años después el inversionista berlinés Maik Uwe Hinkel, no tiene reparo en quitar 22 metros de Muro. “El permiso de construir ahí, quitando pedazos de Muro, me los dio el Senado de Berlín”, ha dicho en entrevistas. 
Él le echa la culpa a las autoridades, pero las autoridades duermen a gusto porque los manifestantes se van contra Hinkel como símbolo del capitalismo depredador que está logrando (volver a) derrumbar el Muro. Y Hinkel, quien además vivió del lado socialista de Berlín, tiene que aguantar hasta a un David Hasselhoff que se trepa en un armatoste amarillo con altavoces y cantar “Looking for freedom”, alborotando a toda la fauna izquierdista muy particular del barrio donde está la East Side Gallery. 
Michael Knight y su Auto Increíble, o Fantástico, habrían hecho un mejor papel. 
O incluso Pamela Anderson. 
Total. El punto es que el ex socialista berlinés Hinkel se madrugó a todos este miércoles al mandar quitar ya unos pedazos de Muro bajo un gran resguardo policial. Ni el Twitter fue demasiado rápido para que los grupos de protesta se organizaran. 
Pronto tendremos un edificio llamado “Living Bauhaus” sobre la otrora “Franja de la Muerte” que se extendía entre el Muro de Berlín y el río Spree. 
Ellos tendrán pesadillas.

viernes, marzo 08, 2013

Sauna en Berlín - Capítulo 5: Encuentros del tercer tipo.

©Deutsche Fotothek
El invierno se nos va en Berlín, y con ello la oportunidad de ir a una sauna y disfrutarla. Se puede ir en todo el año, pero en realidad yo la disfruto mucho más cuando el frío está por debajo de cero.
Quizás muchos más la disfrutan también en esa época. En esos días las saunas parecen transporte público de México, con todo y sudor.

Y aunque en una ciudad tan grande como Berlín uno tiene el velo de la anonimidad para protegerse de inesperados encuentros, no siempre pasa así. Uno siempre está expuesto, y completamente desnudo, si en la misma sauna está tu compañero de trabajo. O tu jefe. O tu flirt. O la amiga de tu mamá.

En fin, a mí no me ha pasado tan fuerte pero sí un par de veces y por eso me he puesto a pensar sobre ello.

¿A quién no te gustaría encontrarte en una sauna? ¿hasta dónde y por qué tendrías la tolerancia de estar con alguien cercano en una sauna?

La primera vez que me encontré a alguien en una sauna fue raro. Era un colega colombiano que había conocido hacía tiempo en Berlín. No somos amigos pero nos conocemos lo suficiente para reconocernos. Desnudos. Yo iba saliendo de una de las cabinas, todavía lleno de sudor, todavía con los pensamientos evaporados. Y él creo que se dirigía a esa cabina, venía de frente. Lo vi, me vio, nos reconocimos. Yo iba con la Wika. Haber desviado la mirada en ese momento hubiera sido obvio y con ello habríamos sellado un paquete de vergüenza, con todo y cera. Pero tampoco hubo mucho tiempo para pensar en evitarse, todo fue relámpago.

- Hey, hola, ¿el artista colombiano, no?
- Hey, sí, ¿tú el periodista mexicano, no?
- ¿Cómo estás? Hace mucho que no te veo en eventos.

Esto fue, creo, el punto que ayudó a ver todo normal. En cuestión de segundos estábamos como en una plática de bar. Nuestra desnudez había dejado de ser una desprotección.

- Pues sí, ando trabajando en otros proyectos que me tienen muy alejado de eventos, me dijo.

Bla, bla, bla.

Cada quien siguió sus actividades saunáticas, sauneras, como si nada. Por ahí nos volvimos a ver en una ocasión. Sonrisa. Otra vez nos vimos. Saludo de rock star.

En otra visita a la sauna, saliendo de la regadera, vi a una chica que me pareció conocida. Por la cara, aclaro. Pronto la reconocí y ella a mí. Era la mesera de un restaurante de al lado de mi casa.

Asumo que cada uno de estos encuentros lleva un código de comportamiento. Yo no escaneo, tú no escaneas. De lo contrario comienza lo incómodo. Pero algo similar ocurre en cualquier otro lugar público. Uno se encuentra a alguien casualmente y, al saludar, no se abalanzan los ojos al pecho o al pubis.

Con la mesera nos preguntamos cómo estamos y ya. Brevemente. Cada quien siguió su camino saunático. Ella se dio la media vuelta y se fue. Y sí, a veces pasa también como en cualquier otro lugar público, regresas la mirada para ver si la persona se fue con bien.

Otros capítulos de la serie "Sauna en Berlín":

Preámbulo: ¡Fuera toallas!

Capítulo 1: Un moreno desnudo en Berlín.

Capítulo 2: Miradas centrífugas.

Capítulo 3: El soplido del dragón.

Nota al pie: ¿Por qué se desnudan los alemanes?

Capítulo 4: La toalla, entre más colorida, mejor.
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