lunes, agosto 30, 2004

À Berlin on joue comme ça!

Definitivamente no me pasó lo que a mi amigo Andrés.

Aunque vivo en una zona de grupos neonazistas y creo ya haberme topado con algunos, nadie me ha hecho daño. Nadie excepto el tipo con el que jugué basquetbol por primera vez.

Salí el domingo por la tarde a buscar una cancha de básquet. Ya habían pasado más de dos meses sin hacer nada de deporte más que ping pong, badminton o correr para alcanzar el metro o el autobús. Para mí es nada si recuerdo que antes jugaba futbol rápido cada semana y básquet casi cada día.

El verano estaba terminando y con ello las posibilidades de jugar en el parque, al aire libre. Yo no iba a jugar por miedo a tener que hablar en otro idioma que no conozco, por miedo a jugar con extraños, por miedo quizás a ser rechazado de lo que más me gusta, el básquet. Pero también me invadía una necesidad inmensa con cada día que pasaba. Ya era casi incontenible vestirme con ropa deportiva e ir a cualquier cancha. Había buscado información en internet sobre "básquet en Berlín" y me aparecieron algunas páginas de internet, entre ellas la de unos aficionados que montaron la ubicación de cada una de las canchas de la ciudad con sus indicaciones para llegar y la descripción del ambiente. Una ciudad hecha para ser disfrutada. La información se consigue donde sea (bueno, ahora mejor gracias al tío Google).

Salí en un día lluvioso para ver si había algún loco como yo tratando de luchar contra las inclemencias del clima para divertirse un poco. Fui a un parque, uno muy grande en la ciudad llamado Friedrichshein, y no había nada. Al menos nada que valiera la pena esa gran caza que yo estaba haciendo. Sólo unos niños jugando tras un balón que rebotaba como loco.

El día se compuso. Salió el sol y con ello cambió un poco mi suerte. Fui a otro parque y encontré a una persona jugando. 'Le canté la reta' y me la aceptó. La cancha estaba un poco mojada pero ya no podía hacer nada, ya estaba a punto de jugar. Él es un negro de Angola que me dio una bienvenida inimaginable. ¿Hablas español, inglés, francés, alemán, portugués?, fue lo que me dijo. Tuvo paciencia para explicarme algunos tipos de juego. "Yo quiero jugar como tú juegas aquí", le dije, así que me respondió: OK, à Berlin on joue comme ça! y me explicó algunas reglas y quemamos bola.

Me cansé, me gustó, me desahogué de dos meses de no jugar y por los que no jugaré en invierno.

Ojalá no me muera de soledad basquetbolera.

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