miércoles, diciembre 27, 2006

Cena en siete tiempos, de desempleado a chef.

También es posible en Berlín, no sólo en los mejores restaurantes de México o de Francia.

La versión corta de la historia es así: el tío de la Wika vivía en el desempleo, como muchos alemanes. Su día a día estaba financiado por la ayuda social del gobierno, que paga incluso la renta de un departamento. En su tiempo libre hacía trabajos de fotografía y empezó a hornear pasteles. Hasta que se le presentó la oportunidad de desarrollar sus habilidades de chef en un café con un trabajo más o menos formal. Ahora ya tiene empleo, cocina nueva y hace unas bacanales en su casa para experimentar sus nuevos platillos con nosotros.

Ayer, uno de los días post-navideños, nos invitó a disfrutar de una comida en siete tiempos. ¿Siete tiempos? vaya, no lo podíamos creer.

Debo decir que en los dos años y medio que llevo aquí, nunca he comido nada repetido en esa casa. Y esta no fue la excepción.

Traducido, el menú es un pequeño plato de tapas con tortilla de papa, ajo hervido, camarones asados y ciruelas envueltas en tocino, todo sobre una salsa de whiskey; 2.- ensalada de lechuga con queso de cabra flameado y un toque de miel; 3.- sopa de tres diferentes sabores, elote, pimiento y cilantro; 4.- hígado de liebre sobre una cama de rugola, manzana al horno como guarnición y cubitos de balsámico; 5.- rollos de pasta de salmón bañados de salsa de azafrán; 6.- filete de ternero acompañado de polenta y verduras hervidas y servidas a la mantequilla; y 7.- helado con salsa de moca, pedazos de chocolate amargo y granos rostizados de café.

Adentro de esos viejos edificios de la RDA en Prenzlauer Berg hay personas que tienen potencial para hacer muchas cosas, pero desgraciadamente todavía hay varias personas que prefieren vivir de la ayuda social del gobierno.

Por eso la tasa de desempleo en Berlín ha llegado hasta el 20 por ciento.

Yaotzin.

lunes, diciembre 25, 2006

American Football in Berlin - Futbol Americano en Berlín

Los mexicanos heredamos algo de los gringos, la pasión por el futbol americano. No todos, pero sí algunos, y yo he sufrido para encontrar bares que transmitan los partidos. Es difícil porque son canales de cable y porque la diferencia de horario es de seis horas.

La última vez éramos tres personas en el partido de las 17:00 horas, tiempo del Este, 23:00 de Berlín. El bar ya estaba solitito y nosotros gritando a favor de las Águilas de Filadelfia. Quizás soy raro por ver este deporte, pero entonces también son raros los alemanes son más por dedicar tantas horas de transmisión a las competencias de caballos, los canadienses al hockey y otros tantos al rugby.

Aquí están las coordenadas para quien se quiera sumar.

Salama's, cerca de Frankfurter Tor. Niederbarnimstraße 24, en el barrio Friedrichshain:


Este ya no existe: Y el pub irlandés The Old Emerald Isle, in Kreuzberg, Erkelenzdamm 49. Aquí normalmente hay que llamar para preguntar si transmiten los partidos. Este lugar es más grande y está mejor ambientado que Salama's, sólo hay que pedir la Guiness con acento irlandés: A'll hae a troch 'o roch, un a puck 'o richy peg (I would like a pint of export ale and a packet of smokey bacon crisps please).


Actualización (19/11/2010). Un hostal frente a la Volksbühne tiene como ocho pantallas donde hay transmisión de deportes todo el tiempo. Los odmingos por la noche no sólo pasan la Bundesliga, la Serie A, sino que, en temporada, el cricket, el béisbol y, claro, el futbol americano. Hamburguesas, alitas asadas y papas son parte del menú.

Belushi's, frente al teatro Volksbühne. Rosa Luxemburg Str. 41, metro Rosa Luxemburg Platz (U2), en el barrio de Mitte.


martes, diciembre 19, 2006

¿Hacia dónde van los periódicos? La vista de los corresponsales.

Ayer estuve platicando con el colega corresponsal de Le Monde. Nos perdimos en los tradicionales patios que hay en los edificios de Berlín, por los que están en el Hackescher Markt. Tomamos el cafecito de la mañana y tocamos el tema del trabajo del corresponsal.

Él está en uno de los periódicos más conocidos del mundo. Quizás de los más admirados, citados y respetados. Yo estoy en el periódico más conocido de México, y en su tierra el más admirado, citado y respetado. Muy diferentes nuestros medios, pero con una situación similar: ¿dónde están los espacios de los periódicos para contar historias? ¿por qué los periódicos quieren reaccionar con textos poco interesantes, tratando de hacer la competencia a la radio, la televisión e internet?

Los periódicos deberían de estar para explicar a los lectores las noticias que fugazmente nos invaden nuestro entorno, pero parecen enfocarse en querer ganar una noticia que también será fugaz.

Prestigio. Mi querido corresponsal francés me dice que le insistieron mucho para una entrevista con Angela Merkel, la canciller alemana. La logró. Claro, es Le Monde. A mí no me la han dado y seguro no me la darán. Comment je vous explique? Ach, tschuldigung, wie soll ich das erklären? Pero sobre la entrevista me dice, y le creo, la canciller no me va a decir nada que no se sepa. No va a querer comprometerse con otras declaraciones tampoco. No explicará situaciones políticas porque tampoco tenemos mucho tiempo para la entrevista. Sólo dirá cosas que los franceses querrán escuchar y que seguramente serán olvidadas luego. "Haremos más esfuerzos para mantener la cooperación entre el eje francoalemán", oui, oui. Dos meses después no habrá nada. ¿Para qué es la entrevista entonces? ¿a quién le sirve? ¿sólo son una cuestión de prestigio y de estatus de que algunas personalidades hablan con un reportero, con un periódico? qué tontos son los lectores si sólo por esa razón mantienen una suscripción.

Rapidez. ¿Por qué un periódico quiere ser más rápido que nada? el otro día estábamos cubriendo la nota de la ópera de Mozart, Idomeneo. Famosa porque en una escena se ve la cabeza del profeta Mahoma degollada, una posible agresión a los musulmanes. En su reestreno estaban todos los medios posibles. Todos. Unos encima de otros, parecía pornografía pura. A la corresponsal de El País le llamaban constantemente a su celular para pedirle datos, información, impresiones. Parecía no concentrarse en el ambiente, en lo que de verdad debía de escribir. La llamaron en la fila de entrada. La llamaron durant la ópera. ¿De qué se trata? Y al final nunca se notó que ella hubiera estado ahí. Fue como cualquier texto de cualquier agencia de noticias. Y con un ángulo amarillista que no me lo creo, que nadie se lo debería de creer. Los pobres lectores pagan por ello.

Espacio. Más publicidad, menos espacio. La razón de cortar las historias en los periódicos tiene su raíz en la publicidad, y se entiende siempre y cuando sea el medio para financiar el periodismo. Pero hay momentos en que se exagera. En mi periódico dejan unas columnas de cinco centímetros de ancho por un metro de largo. ¿Quién quiere leer sobre la escalada de la ultraderecha en ese espacio? Pobres lectores. El colega de Le Monde me decía que no le piden más de 3,500 caracteres, una cuartilla de Word. ¿Qué se puede comentar en ese espacio? apenas caben los detalles esenciales que debe de llevar toda nota periodística.

El colega de Le Monde ya renunció. Esas son las razones principales. Y es oficial. Él tuvo las agallas de salir al mundo sin correa y ganarse la vida de otra forma, con otros medios. Muchos estamos en una relación simbiótica con nuestros medios. Muchos también los necesitamos como los grandes bastiones del poder para poder hacer públicas muchas otras cosas que de otra forma no se dan a conocer. Pero tenemos que partirnos el lomo para encontrar los espacios en nuestros periódicos.

Si nuestros editores tuvieran más comunicación con nosotros podríamos desarrollar mejores productos.

Y si no es cosa de los editores, los dueños de los periódicos deberían de tener respeto por los materiales y los colaboradores que les hacen ganar dinero.

miércoles, diciembre 13, 2006

Mexicano --> alemán; mujer ---> hombre (Metamorfosis 3)

Durante mi estancia aquí, me doy cuenta que me hago alemán.

Eso no es lo peor, mi mujer se hace hombre.

Cuando llegué a Berlín he sufrido constantemente de la caída del cabello. Mi mujer, la Wika, me dice que tiene que ver con mi edad. Y sí, cada vez que yo recuerdo a alguien que se ha quedado sin pelo, normalmente es entre los 28 y los 35 años. Yo tengo 32. No estoy calvo ni me parece que vaya yo a quedar así, pero de que se me cae el cabello, se me cae.

En realidad ya me hice a la idea de que pudiera quedar calvo. Mis dos cejas gruesas podrían ser el único territorio peludo que quede en mi cara. Podrían ser mi único atractivo en mi cara, si no es que el hazmerreír. No sé cómo se verán solas. Junto con mi cabello negro, negro, son dos pincelazos al óleo que me dan un rasgo distintivo físico. "Es el cejón", me identificaba alguien cuando no hallaba cómo describirme. Y sin pelo seré más cejón todavía. Pero, como dije, ya no me asusta. A estas alturas hay otras cosas que me vuelven loco, como la informalidad de una editorial mexicana que no paga a sus colaboradores. Después la menciono por su nombre porque es justo acusar a algunos pecadores.

La idea de quedarme calvo o con un gran aeropuerto en la frente me hace pensar más bien en que cada vez parezco más alemán. Prácticamente no hay periodista teutón entre la edad descrita que tenga mucho pelo en la cabeza. Por atrás o por delante. Y esto me preocupa. ¿Será una forma de pagar la intelectualidad? ¿será demasiado estrés? ¿será algún químico en las aguas alemanas? ¿europeas? Hace poco salió un estudio de que las aguas del Spree también tenían muchos residuos de cocaína, quizás es eso lo que nos está dejando pelones.

Mi mujer, por ejemplo, al contrario de todas las mujeres, también se está quedando pelona. Esto también me preocupa porque aquí sólo los hombres son los calvos. Quizás es hombre y no me lo ha dicho. La forma de mirar el futbol, de gritar por un gol, e incluso de hacer un escupitajo beisbolero en la calle me dejan con los ojos abiertos.

Yo me convierto en una especie de xoloitzcuintle y ella en un hombre muy sexy. Ah, porque la Wika no deja de ser sexy. A mí en cambio se me muda todo el pelo de la cabeza a la joroba y la espalda.

Algo tienen estas aguas berlinesas.

Y.

Una hora con Merkel, una orgía de prensa extranjera.

Este es el único día en que todos los periodistas de mi asociación nos reunimos. Fuera de ello nunca nos vemos. Y nunca lo haremos.

Somos corresponsales de diversos medios extranjeros, desde boletines de información hasta periódicos míticos, desde mexicanos hasta alemanes. Todo, hay de todo, pero si no es por trabajo, nunca nos llevamos. Es un desacierto. Cuántas cosas podría contar la corresponsal de Palestina, o la de Chile, o los de China, historias de muerte, de censura, de arte, de libertad. Pero no, estamos en una dinámica alemana de trabajar incansablemente. Al menos así parece cada vez que nos encontramos en una conferencia de prensa. Tenemos una cada semana, por lo menos, pero siempre llegamos, nos sentamos, escuchamos, preguntamos, nos levantamos y nos vamos. Pocos, muy pocos nos quedamos a veces a hacer más contactos. Los mexicanos, o quizás los latinos, decimos "uno nunca sabe para qué lo vamos a necesitar algún día".

Y luego los necesitamos o nos necesitan. En el mundo no estamos solos.

Pero, bueno, nos vimos con Merkel. Llegaron más de 200, de los 400 que somos en la Asociación. Y de repente ahí estábamos, platicando. Por supuesto que nos conocemos y tenemos cosas que decir, pero muchos nunca encuentran el tiempo. La verdad es que yo creo que muchos nos encontramos arrogantes los unos a los otros. Nunca falta el que dice que ya entrevistó a Merkel personalmente, o el que hizo la pregunta que abrió el Muro, o el que está tras la mejor historia de Alemania. Esas cosas que nos hacen darnos la vuelta inmediatamente. Pero siempre hay buenas sorpresas, cada vez más. Yo creo que nunca voy a terminar de conocer a los más de 400 miembros.

Esta vez fue gracias a Merkel que pudimos saludarnos más en calma nosotros. Tuvimos que llegar media hora antes para pasar un control de seguridad, además de que Merkel llegó 15 minutos más tarde. Quizás no podía terminar de esponjarse su cabellera. El poco tiempo que nos dan para hablar con Merkel nos fuerza a los corresponsales a unirnos en nuestras preguntas. Y tenemos que platicar. Ahí estaban los franceses afuera de la sala de prensa acordando quipen preguntaría qué. Los españoles no se quedaron atrás, con un poco más de cotilleo. Algunos asiáticos hicieron lo mismo. Esto es necesario porque en 45 minutos apenas se permiten unas 20 preguntas, 25 cuando mucho. Desgraciadamente mis colegas latinoamericanos son muy pocos como para hacer un frente de ataque. Así podría Merkel y el gobierno alemán repensar su política exterior. Mexicanos somos apenas dos, así que la fuerza azteca no podría hacer nada sola. Necesitaría a la de El Clarín de Argentina, El Tiempo de Colombia y a los brasileños. Más allá no existe en la cartografía alemana.

A Merkel le gusta estar con la prensa extranjera. Es la segunda vez que lo hace. Es una forma de mantenerse popular y de seguir delineando su papel como la mujer más poderosa del mundo. Explica política europea, no se queda sin contestar ninguna pregunta, habla de las relaciones con Estados Unidos y rusia. Eso nos gusta. Querríamos quizás una pequeña visión hacia América Latina, pero en los temas previstos para la discusión nunca los han considerado, así como tampoco ha sido elegida una mano latinoamericana para plantear una pregunta. Y si a esto añadimos que hay muy poco tiempo para desahogar a todos los que quieren preguntar... Aquí es donde se encuentran a esos periodistas que muestran el medallero. Son esos que preguntan en forma de discurso, que saben más que todos, que se tutean casi con la canciller, o que preguntan cualquier cosa con tal de hacerse presentes. Son esos que antes de esta conferencia de prensa o después sólo quieren platicar para mostrar lo que han hecho o para hacernos ver que nosotros estamos verdes. Nada maduros, pues.

Al final a muy pocos les interesa lo que dijo Merkel. Parece que nadie va a escribir sobre esto. Están esperando más bien al presidente de Israel que viene unas horas más tarde y que, en cuanto hable, quitará toda la actualidad a lo que dijo Merkel. Así que yo acuerdo unos temas de trabajo con el corresponsal de El País de Colombia, me pongo de acuerdo para un desayuno con el humilde colega de Le Monde y para una comida con la corresponsal del Népszabadság.

Yaotzin.

viernes, diciembre 01, 2006

Corresponsal víctima de la paranoia

Por un momento me sentí víctima de un atentado, pero más bien creo que es pura paranoia, causa de los desajustes tecnológicos de la modernidad.

Ya expliqué que soy un adicto a mi computadora, así que el siguiente ejemplo se podrá entender más fácil: Me despierto un martes, voy al baño, hago el desayuno y reviso mi correo. Bueno, y quería revisar mi correo. No pude. Nunca se estableció una conexión con Yahoo! mi servidor de correo. Lo intenté siete horas más tarde, y nada. Y si como yo mucha gente en todo el mundo no podía entrar a Yahoo!, debía ser una catástrofe mundial. El correo es una necesidad, ya sea para fines privados o profesionales.

Al día siguiente fue lo mismo. Corrí a un café internet. Ahí sí funcionó. Pero era muy raro, en casa podía ver todas las páginas de internet menos la de Yahoo! Lo intenté incluso con otra computadora que tengo y pasó lo mismo. No es un asunto de 'galletitas' ni de restricciones. Además la otra computadora es Mac, por lo que tampoco podía ser un virus. Hablé con gente de otros lados y sí podían ver Yahoo! El problema parecía ser sólo mío cuando yo vaticinaba ya una catástrofe mundial. Me imaginé a gente esperando el correo que cambiaría su vida, pero que nunca llegaría. Yo esperaba algunos muy importantes y por eso estaba más desesperado de lo normal.

Dos días después del problema, ¡zas!, no puedo ver la página de mi periódico. Para mí era claro que se trataba de un ataque, pero ¿con cuáles razones? Yo no soy periodista ruso ni vivo en Rusia, para empezar. No hago temas de terrorismo ni narcotráfico. No he entrevistado ni siquiera a los servicios de seguridad alemanes. Mi trabajo se basa en reflejar la vida de los alemanes, en hablar de otra cultura. Los asuntos delicados que se los dejen a la policía o a otros reporteros especializados. Pero, entonces, ¿quiénm querría bloquear la página de un periódico de México y mi servidor de correo, dos fuentes diarias de trabajo pero también de placer. Prácticamente me habían fracturado una pierna. Sin esas páginas yo no podría hacer mucho. Bueno, no, exagero, tendría que salirme de casa para trabajar desde otro lugar, pero el cometido de impedirme el trabajo o el placer se habría logrado.

Pronto la Wika con su pensamiento razonado y tranquilo me calmó. Mi paranoia estaba en un nivel máximo. Estaba pensando en acudir ya a las autoridades alemanas, a las organizaciones que protegen los derechos humanos en general y a los periodistas en particular. Quería denunciar el hecho en las agencias de noticias.

Después hablé con una amiga y me dijo que también había tenido el mismo problema con páginas de correo o de información.

La pregunta es, ¿se trata de verdad de bloqueos a propósito? ¿hay ciertas direcciones IP que no pueden acceder a esas páginas? ¿o el acceso a esas páginas depende del nivel de tráfico que haya en una zona?

No entiendo, la tecnología me tiene con muchas preguntas.

Yaotzin.

domingo, noviembre 05, 2006

Fríos pero divertidos

Es inevitable. Cuando uno llega a un nuevo lugar, una de las primeras cosas que se intentan hacer es comprobar o romper estereotipos. En dos años y algunos meses a mí me ha pasado con los alemanes... ¡y vaya que hay tarea con todos los estereotipos que se cargan!

Este caso es aleccionador. Las guías de divertimento de la ciudad, como Tip o Zitty, se publican cada 15 días. Funciones de teatro, cine, ópera, etc, pero también un gran apartado de anuncios. "Wanted", "Hombre a mujer", "Mujer a hombre", "Viceversas" y "Varios". Están desde los corazones solitarios que siempre me despiertan una ternura y una tristeza increíbles. En su mayoría son mujeres de unos 50 años que buscan, necesitan a una pareja. Se sienten solas, quieren cariño, amor, o quieren tan sólo un poco de compañía con, claro, un poco de sexo. Los hombres de esa eda están ocupados buscando chicas flacas, inteligentes, guapas, bien buenas, buenotas de ser posible, más guapas, y de verdad, por favor, nada tontas. "Si eres estudiante, te financio la escuela". PUAAAJ.
Esto, hasta ahora, parece "normal". Quiero decir, natural de todas las sociedades en todo el mundo.

Pero la otra, y donde encuentro uno de los estereotipos de los alemanes, es la de los anuncios titulados "Wanted", "buscados". Ahí una chica o un chico busca a la persona a la que no se atrevió a decirle algo. "Si ayer estabas en el Café Burger a eso de las 21:30 horas, eres pelirrojo, llevabas pantalón blanco y tenías una sonrisa que conquista al mundo, llámame, ayer no tuve la fuerza decirtte lo que podría hacer tomando un café contigo". Mujeres, hombres, grandes, chicos, chistosos, románticos, sexuales, de todo. ¿Por qué no se dicen las cosas en el momento? Caray, si te gusta alguien, basta con apretarte los pantalones y establecer contacto. En ltinolandia estos anuncios serían de risa. Por favor, si recuerdo mis viajes a Colombia, Bolivia, Centroamérica o mis salidas en México, lo único que me viene a la mente es ver cómo los hombres se peleaban por ir a decirle algo a alguien. ¿Y las mujeres? si no era con su lenguaje corporal, había también las que se lanzaban al ruedo para conquistar. Pero nada de anuncios al día siguiente.

Pero en al menos en Berlín parece ser una verdadera forma de contacto. La otra vez me encontré con dos anuncios en particular. "Playa del Weißensee, domingo 12:30 horas, bikini rosa, ¿te acuerdas de mí? eras un padre soltero muy coqueto, quizás podemos hablar después. Llámame". Y el otro anuncio, en la misma página decía"Playa del Weißensee, domingo 12:30 horas, llevabas un bikini rosa, soy el papa soltero que te veía, quizás podemos encontrarnos..." Bien, pues todavía más absurdo. Si los dos habían establecido contacto, ¿por qué no se hablan en el momento? ¿cuál es el miedo? Parece que hay que escribir o hablar acobijándose por la calidez del anonimato e sla única forma de establecer el contacto. La lógica aquí sería el miedo al rechazo o, peor, el miedo al rechazo en público. Este anonimato mediático permite por un lado confirmar que le gustas al otro (no va a ponerse en contacto si no le gustaste) y luego adoptar una pose de valentía por la lejanía y frialdad con que cuentan el teléfono y/o el correo electrónico. Por cierto, creo que hay que redefinir esto de medios cálidos y fríos que alguna vez describió Marshall McLuhan.

Pero aquí viene algo todavía más pior, como dicen en mi pueblo: también podría pasar que la otra persona no leerá nunca ni el Zitty ni el Tip y la o el que podría haber sido el amor de su vida se desvanecerá a lo largo de 15 días hasta desaparecer en el bote de reciclaje de papel.

¿Qué le pasa a los alemanes? ¿por qué no se dejan llevar por sus sentimientos? ¿cuál es el miedo de hablarle a la gente en un lugar público sin tener una justificación evidente?

Recuerdo que, una vez recién llegado a Berlín, me paseaba por las calles con un amigoc cubano. Él llevaba ya unos buenos cuatro años. Eran los tiempos de la exitosa exposición del MoMA en la Nueva Galería Nacional y a las afueras se había instalado un vendedor de salchichas asadas. Después de comprar una se me ocurrió preguntarle cuántas salchichas vende al día (la espera en la fila para entrar a ver el MoMA era de ¡¡¡hasta 11 horas!!!) y el tipo me contestó de muy buen humor, pero a mi amigo cubano, también periodista (esto se me hizo raro), en cuanto nos alejamos del puesto me dijo "Yaotzin, eso no se hace, a los alemanes en la calle no se les habla". Ajá.

Desde entonces trato de hablarle a cuanto alemán me encuentro para ver cómo reacciona. Las reacciones han sido variadísimas.

Esto no es lo único chistoso de los alemanes. Ayer en el programa "Wetten dass..." pasó algo que no sólo nos hizo reír a mí y a la Wika, sino a toda Alemania. Un alemán salido de quiénsabedónde concursó en este programa. Pero apareció acompañado de dos fisicoculturistas. Estos dos hombres en playera azul pegada no eran sus guardias de seguridad, sino parte de su apuesta. El programa se trata de apostar, de hacer hazañas y tratar de lograrlas por medio de una apuesta. Es como un "Siempre en Domingo" latinoamericano, pero en versión alemán. Entonces el alemán de repente dice "yo puedo adivinar canciones por medio del movimiento de los pechos de estos hombres".

¡¡¡Guat!!!

Creo que nadie entendió a la primera, pero después estábamos bailando de la risa en nuestros divanes. El resultado fue que la apuesta de este hombre fue la más popular del programa y, de seguro, de todos los tiempos. El pobre nerd que podía adivinar cuáles zapatos aparecieron en cuál pelicula de James Bond, quedó en último lugar. Pero es que era mucho más divertido ver como este mini Blue Man Group se ponía los audífonos, escuchaban una canción y así como yo me pongo a tocar la batería en el aire o a mover la cabellera, ellos dos mueven las chichis. Un bajo, chichi derecha; dos triángulos, chichi izquierda; guitarrazo, la chichi del compañero. Afuera no se podía escuchar, obvio, nada de música, y ese era el reto del alemán: adivinar por el chicheo de cuál canción se trataba.


Joder, nunca antes había sido más importante la chichi del hombre.

Yaotzin.

viernes, noviembre 03, 2006

Hitler y el absurdo

Aunque la caricaturización de Hitler empezó con Chaplin y Disney (con el Pato Donald) hace mucho tiempo, ahora siguen siendo una forma de sobreponerse a una figura que no se acepta en Alemania.

Este video “Adolf: acurrucado en mi bónker” dura menos de tres minutos y es una obra de animación por computadora del caricaturista alemán Walter Moers.

Primero fue mostrado en la televisión pública con poca audiencia y después se montó en el sitio de videos YouTube, donde ya fue elegido como uno de los más visitados de “todos los tiempos” después de haber acumulado más de 600 mil visitas.

"Berlín, 30 de abril de 1945. El mundo arde y Alemania ha quedado reducida a escombros. A Japón tampoco le va demasiado bien. Pero hay alguien que no se deja doblegar. En el búnker del Führer aún hay luz...", dice una voz al principio del video.

Y entonces aparece a cuadro Hitler, sentado desnudo en su taza de baño del búnker y diciendo a ritmo de reggae que nunca va a capitular: “No me preocupa mucho // tengo tres metros de hormigón armado sobre mi cabeza”.



Yaotzin.

miércoles, noviembre 01, 2006

Las computadoras nos esclavizan

O, bueno, los ordenadores.

Un amigo mexicano, colega periodista, mentor, me regañó la otra vez porque escribo con lenguaje de mexicano. "Si escribieras un buen español podrías llegarle (bueno, emocionar, en un español más correcto) a más gente", me dijo. Yo creo que no quiero perder mi personalidad y, además, soy rebelde y no me dejaré subyugar por un "alto" español que podría tender a no evolucionar.

Pero, bueno, este no es el objetivo de esta entrega.

Yo quería decir que las computadoras nos están poseyendo. Nos esclavizan. No, corrijo, perdón, nosotros nos estamos dejando poseer por las computadoras, nos estamos autoesclavizando, puesto que estas máquinas del infierno no tienen autoconsciencia pero sí nos subyugan a una serie de actividades que se van volviendo necesarias en la vida diaria.

Y también quería decir, oficialmente, que yo padezco de este síndrome.

Primero. La otra vez estaba platicando (la forma mexicanizada de conversar, que la otra vez un "alto" hispanohablante entendió como practicar) con un historiador del arte mexicano. Colega y amigo en Berlín. Él particularmente no tiene nada que ver en este tema, ya hablaré después de nuestras pláticas. Pero fue con él que me di cuenta que nuestra forma de hablar no sería reconocida por viejas generaciones. Me refiero a personas que nacieron a principios del siglo 20. Y es que, ¿cómo un testigo del enésimo gobierno del dictador Porfirio Díaz podría entender esto? "Los programas actuales de computadora te permiten generar secuencias de datos presentándote gráficas o uniendo el sonido pregrabado de algunos instrumentos y haciéndote creer que todo está animado, que tiene un alma". O algo así. Pero, veamos, ¿cuándo alguien un siglo atrás iba a entender las palabras 'programa', 'computadora' (o cualquier armatoste similar), 'generar' (una palabra que, si bien existía ya, no era aplicada hace un siglo o más porque el ser humano en México no tenía esa capacidad de crear algo); 'datos', 'gráficas', 'instrumentos grabados', etc. Casi toda la frase sería incomprensible para alguien hace un siglo, aunque haya hablado español como lengua materna. Se trata de un lenguaje computacional, definido o basado a partir de lo que hacemos con nuestra computadora.

Segundo. Quiero estar en contacto con mi gente en México. ¿Qué hago? Messenger o Skype, ala (una interjección que dicen los españoles que me gusta mucho pero que no sé si utilizo bien), entonces tengo que estar en mi computadora pegado mucho tiempo.

Tercero. Quiero trabajar con mi periódico en México con mayor rapidez. Uso el teléfono para contactarlos y, después de hablar, me dicen, sí, pero envíanos un correo con lo mismo que acabas de decir para que lo analicemos. ¿Entonces ya no podemos analizar lo que escuchamos? ¿lo que está en el aire es de verdad efímero?

Cuarto. Quiero decirle algo a la gente en el ciberespacio y tengo que conectarme a internet para abrir mi blog y teclear estas cosas.

Quinto. Quiero leer las noticias. Internet.

Sexto. Quiero escuchar radio de México, o incluso de Alemania. Internet.

Séptimo. Caigo en una publicidad de mi proveedor de internet. Cambio a un paquete con mayor velocidá de transmisión (¿¿qué demonios quiso decir este canijo?? se hubiera preguntado Pancho Villa), y ahora resulta que con esta nueva velocidá de transmisión no sólo me llegan más rápido los mensajes de correo electrónico de mis jefes del periódico, sino que hasta puedo ver ya películas por internet con un proveedor que sólo se ocupa de eso. Claro que en el paquete al que escalé sólo me ofrecen puras mierdas anticuadas hollywoodenses, y para ver los estrenos o cosas nuevas debo de comprar, comprar, comprar.

Octavo. Me agrada que alguien trata de no ajustarse a los términos del lenguaje, no sólo moderno, sino imperialista inglés. El presidente del partido ultraderechista de Alemania, el NPD, Udo Voigt, me dijo en una entrevista: "le mando mi foto en un (literal) e-Post". En Alemania, como en México, Francia, Japón y seguro Tumbuctú, se dice e-Mail (pronunciando la "e" como "i"), pero en su afán nacionalista, el Voigt usó la palabra Post, que significa correo, aunque olvidó quitarle la "e" que lo delata inmediatamente. Y claro, si todos ustedes, como yo, hubieran visto que se sentó a su computadora para seleccionarme un par de fotos con algunos clicks de mouse y luego añadirlas a los documentos adjuntos para mandarlas ipso facto por un e-Post, se habrían quedado con la duda de porqué utilizó esa palabra. También el más nacionalista de Alemania es un esclavo de esto. Como yo.

Novemo. Digo, noveno, ya ni tecleo bien. Esa idea de hacer las cosas inalámbricas y a distancia es cada vez más popular que algún día, de verdad, algún día vamos a hacer el amor con dos cascos que generen autoconsciencia electrónica, así como Silvester Stallone y Sandra Bullock en la película... ay, ya se me olvidó como se llama. Momento, checo la Wikipedia y regreso... ... ... ...


...sí, ya, Demolition Man. Ayayayay, las películas de Stallone: Liga que lleva a la lista de las películas de Stallone

Sigo con el noveno. Un amigo me quiere ayudar a instalar un programa en mi compucita desde otra ciudad. ¿Cómo chingaos le meterá manos a mi compu? me asusta, de seguro él, como muchos otros, podrían tener acceso a la privacidad de mi casita. Esto me recuerda que ya no debo de llevar la compu a la cama que ya hace las veces de un libro, sólo que de este armatoste sale música, animaciones, la biografía actualizada de Pancho Villa y hasta las películas de Silvester Stallone. Y todo bajo las cobijas.

Décimo. ¿Ya para qué menciono la agenda? ¿Y qué decir del manejo de las fotos digitales? tenemos ya todos una cámara digital y entonces hay que 'bajar' las fotos a la compu, editarlas, almacenarlas, hacerlas 'quemar' en un DVD, 'montarlas' a una página güeb o mandarlas por e-correo (¿o correo-i?). Un claro ejemplo de esto es que un gran amigo de México me mandó la otra vez un correo normal ¡¡¡pero sin nada!!! Comprobé que todavía tengo esa emoción anticuada de abrir el buzón tradicional en la planta baja del edificio. Meto la llavecita, doy vuelta, y listo. Saco un sobre con timbres de México. Ahhhhhh, qué chido. Un amigo, ahhhhh, más chido (chido es algo como excelente)...

...ay no mames, también viene en la Wikipedia: Chido.

Bueno, pues abro el mentado sobre y ¿qué hay ahí? dos fotos. Nada más. Dos míseras pero muy chidas fotos en papel tradicional. Me trajeron muchos recuerdos y ahora pienso enmarcar una de ellas, pero yo hubiera preferido tener una decena de ellas o una carta. Mi amigo aprovechó la superficie trasera de una de las fotos para escribirme atrás algo como un saludo. Ya ni lo recuerdo bien. Por correo-y, mi hermana por ejemplo me habría mandado una decena de fotos en alta resolución, sin editar, y con un mensaje kilométrico que se acabría la tinta de mi impresora, si lo imprimo. Pero, bueno, no quiero lastimar los sentimientos ni de mi amigo ni de mi hermana. En todo caso, detallazo, ése de ir a la oficina de correos y ponerle salivita a los timbres. Claro, habiéndolos pagado antes.

Undécimo. Trabajar afuera de la oficina ya no sólo es llevar un libro, hacer una entrevista o escribir notas, sino llevar la computadora a un lugar donde haya conexión a internet, abrirla y conectarla. Pronto voy a montar una foto aquí de cómo se ven, ejem, ejem, de cómo nos vemos todos los ciber- y compuadictos en el café St. Oberholtz de la Rosenthaler Platz en Berlín. No sé si esa sea la verdadera visión del futuro o si somos personas cuya realidad está definida por una pantalla de plasma de 15 por 23 pulgadas.

Enfin, creo que estamos pagando un precio caro por globalizarnos. Entre más vemos al mundo, más nos alejamos de él. Algunos, insisto. La Wika me hace tener los pies en la tierra. El verdadero problema ocurrirá cuando las computadoras, así como los elefantes, según pude constatar en una actual noticia, adquieran autoconsciencia. Ellas entonces se reconocerán en nosotros y nos esclavizarán. El verbo 'nos dejamos' pasará a la historia como un "alto" español del Siglo 21.

Eso si es que el cambio climático no nos chinga antes. Y para el verbo chingar, por favor hay que referirnos a El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz.

Yaotzin.

PS. Al respecto, encuentro aleccionadora la comparación de un blog amigo entre el costo de un megabit hace 30 años y ahora: Ver gráfica

martes, octubre 31, 2006

Directo y de golpe a los días de muertos

El domingo fue un día terrible: regresamos al viejo horario.

Quien lo haya vivido en Berlín o sus cercanías podrá estar de acuerdo conmigo. El atraso del reloj comenzó con lluvias, vientos y temperaturas bajas. Este jueves y viernes rondaremos los menos uno o menos dos grados centígrados. Pero, esto no es lo peor, pues a mí me fascinan los fríos polares. Lo peor es que la oscuridad de la noche nos cubre mucho más rápido. Aquel domingo 29 de octubre el sol ya se había ido a las 17:20. En unas semanas más se irá a las 16:30.

Yo soy de la idea de que en lugar de horario de verano, haya un horario de invierno. Así los días de depresión podrían convertirse en días de tardes más aprovechadas. Tardes que sirven para el trabajo y para la vida privada. Ojalá haya alguien que me lea y haga una propuesta de ley.

Con este domingo las cosas cambiaron terrible. De por sí ya era el preámbulo de que nuestras vacaciones, las de la Wika y las de este servidor, terminarían pronto, como para ahora añadir que habría un cambio terrible en clima y luz. De una semana de otoño veraniego a la otra vivimos en Berlín y quizás en muchas partes de Europa un verdadero otoño invernal.

Lo único que alivia estos días es tratar de mantener viva la tradición del Día de Muertos.

Asi como mis conciudadanos musulmanes, yo, mexicano de nacimiento, me traje arrastrando desde mi país una tradición. No tiene que ver con velos ni burkas ni nada por el estilo, sino con altares, velas y, sobre todo, calaveras. Sí, como esas con las que estuvieron jugando los soldados alemanes en Afganistán. Para nosotros la muerte es más un juego. La vemos con gracia, jugamos con ella, la alimentamos incluso.

Y una gran parte de esta tradición es la instalación de un altar. Así que la Wika y yo, justo antes de terminar las vacaciones, nos dimos la tarea de preparar nuestro altar. Queríamos picar un poco de papel picado para hacer algo así:


Pero con la falta de práctica (estos años fuera de México) y la falta de una pequeña herramienta poco sofisticada pero necesaria, nos quedó algo así:



Afortunadamente yo no estoy a cargo de la institución que trata de preservar muy bien esta tradición en Berlín desde hace más de 10 años, que un buen trabajo ha hecho. Por favor, nunca me encarguen hacer papel picado. Yo buscaré mejorar en esto pero creo que podría tardar unos años más.

Y para completar mi práctica del Día de Muertos, este 1 y 2 de noviembre, cuando festejamos los días de muertos en México, yo me iré con unos amigos que habrán comprado un pan de muerto que debería de verse así:

Espero no caer en más decepciones.

miércoles, octubre 18, 2006

Vacaciones en Berlín


Los paquetes de último minuto no son de último minuto.

Esto lo descubrí en estos días cuando la Wika y yo estábamos tratando de escaparnos del frío de Berlín. Ella obtuvo unas vacaciones tan merecidas después de haber trabajado 24/7 durante el Mundial de Futbol y yo, mmm, pues yo por haber mantenido este buró de corresponsalía ya por dos años y tres meses.

Pero, claro, esta mini familia más mexicana que alemana olvidó de reservar sus viajes con anticipación y se confió a las numerosas ofertas de último minuto. Y vaya que había de dónde agarrarse para las ofertas, pues Alemania tiene decenas de agencias de viajes especializadas en los paquetes de último minuto y de aerolíneas de bajo costo, con la variedad de los vuelos de último minutos. PERO NO ES CIERTO. Checamos todos los paquetes y ninguno dio positivo. Tuvimos que ir a una agencia de viajes para que nos informaran, y sólo había uno disponible para salir dentro de dos días, pero teníamos que ir a Hannover y costear además el boleto del tren y organizar las conexiones. Fue muy complicado que ahora estoy a la media noche de entre el miércoles y el jueves escribiendo esto en la cama.

Ahora pasaremos las vacaciones en la Ópera de Berlín, con unos amigos viendo cine experimental neoyorquino, como hoy viendo el futbol (la Champions League), yendo al cine u organizando salidas a probar los nuevos restaurantes de Berlín.

Yo, en lo particular, he aceptado más trabajo y de reportar la reinauguración del Museo Bode, una joya prusiana dañada durante la Segunda Guerra Mundial, he tenido que organizarme citas para aprovechar el tiempo como la entrevista de hoy con el líder del partido de derecha de Alemania, mañana con unos politólogos franceses por teléfono y con unos líderes islamistas de Alemania para investigar sobre el enfrentamiento entre Europa y el Mundo Árabe, y con algunos políticos alemanes para que me hablen de la derecha y del Islam.

Ya después nos daremos un tiempo para ir al sauna, ya que empezaron los tiempos de fríos.

En fin, veremos qué pasa.

lunes, octubre 09, 2006

Una buena mirada a la RDA

Una pequeña distracción para ver las fotos de Manfred Beier, un trabajo difundido hoy por el Tagesspiegel.

Yaotzin.

Las ferias como un atractivo cultural

Ya desde Berlín pero todavía sobre la Feria del Libro de Francfort.

El último día que estuve en Francfurt fue el sábado. La Feria del Libro se inundó de estudiantes y familias. Y no llegaron porque no tenían nada que hacer, al contrario, fueron impulsados por el mágico interés de la literatura.

Yo no recuerdo que, como niño, mis padres me hayan llevado a una feria así. Vaya, por un lado, puede ser porque en México, cuando yo era niño, no había esas ferias. Las únicas ferías que yo conocí fueron las de los tíovivos y ruedas de la fortuna. Pero llego aquí a Alemania y veo que estos eventos llevan más de 20 años de ser realizados. Bueno, no voy más lejos, la feria de los camiones que mencioné aquí en algún momento, ya va en su edición 55. Y hasta la gente de la RDA tuvo su feria internacional en Leipzig, por eso es una de las ciudades del Este alemán más "integradas" al mundo capitalista de ahora. Perdón por esta simplificación, pero ahora no tengo tiempo de hablar más sobre esto. Es un tema interesante y algún día lo tocaré de nuevo.

En resumen, si yo como chamaco (documento PDF sobre el término) hubiera leído El Tambor de Hojalata, me habría gustado mucho que mis padres me llevaran a la Feria del Libro de Francfort no sólo para tomar muy buenas ofertas de compra de libros, hasta 50 por ciento más baratos (¡y de todos los países, sin tener que pagar precios de importación!), sino para ver a Günter Grass, en el caso del libro que puse como ejemplo, o a otros autores haciendo lecturas o interactuando con el público.

Por cierto, recomiendo mucho un libro que, aunque no descubrí en la Feria, sí me reencontré ahí con él y con su editora, una mujer que tiene tanta pasión por Berlín como yo y muchos otros lectores de este blog: Crónicas Berlinesas, de Joseph Roth.

Yaotzin.

viernes, octubre 06, 2006

Grass: fueron mis padres.

FRANCFORT.- Fue terrible: invitan a Günter Grass a la Feria del Libro de Francfort y le dan el lugar más chico, donde casi nadie lo puede ver.

Es el personaje más controvertido de Alemania por el momento y es, además, el ídolo de muchos alemanes, y para ver una plática de una hora con él nos ponen en el stand del periódico Die Zeit que no tiene espacio más que para 20 personas sentadas y unos 50 parados. Pero además el stand estaba lleno de libreros y pancartas que imposibilitaban más verlo y escucharlo. Para este tipo de cosas hay salones y stands que acogen a más de 100 personas, pero, vaya, todo sea en nombre de la comercialización y de decir que Die Zeit lo tuvo ahí.

La plática fue con el director de ese semanario alemán, Giovanni di Lorenzo, quien le hizo una pregunta que hasta el momento no se había tocado: ¿por qué hay otros contemporáneos y críticos de Grass que no estuvieron en los ejércitos de Hitler o que lo tratan como un secreto? Y fue ahí donde el escritor se lanzó a decir que su familia era clasemediera y sus papás muy poco educados como para orientarlo y decirle 'no vayas a esos ejércitos paramilitares m'ijito, son peligrosos'.

Grass admitió que nunca hizo preguntas sobre por qué desaparecían personas ni sobre la realidad política y que sus críticos Joachim Fest y Hellmuth Karasek, por ejemplo, sí tuvieron familias más metidas en la política que pudieron ayudarlos.

A mí particularmente me gusta más la justificación que dio alguna vez sobre su pertenencia a la Waffen SS, de que en esa época todo mundo quería ser un héroe y que cuando uno era llamado a luchar al frente para defender la capital alemana de la invasión de las tropas rusas y estadounidenses, tenía la oportunidad de ser el 'salvador' de su edificio o de su colonia. No estoy a favor de que esto haya pasado, no, pero creo que con el contexto de su realidad belicosa era más que suficiente. Grass ya no debería de justificarse más veces y echar más culpas a quien ya no las merece. uno era joven y vivía en época de guerra, ¿qué más?

Pero, bueno, Grass fue lo que trabajé hoy.

Yaotzin.

Un cachivache digital en lugar de una tonelada de libros cargando

FRANCFORT.- Eso de que uno deba de estar cargando una especie de Palm gigantesca en la que se puedan hojear centenas, no, miles de páginas de libros escaneados, todavía no me convence, pero es lo que plantean los chicos de Google y de algunas empresas de digitalización de libros aquí en la Feria del Libro de Francfort.

Por cierto, "digitalización" no debería de ser la palabra y ahora busco algunos sinónimos, pero parece que, como la palabra Internet, ésta ya se expandió como un virus y ya se usa para el registro informático o computacional de los anticuarios. Digitalizar querría decir, en un estricto sentido, hacer viable de ser tocado con el dedo ¿o me equivoco? ¿o soy purista?

Estoy sentado en la sala de prensa de la Feria del Libro, aquí donde internet es gratis y se pueden hacer estas cosas, como publicar digitalmente en línea. En las salas de la feria el acceso a internet cuesta como 60 euros el día, pero eso es el presupuesto que me dio mi periódico para comer estos dos días de feria, así que no me puedo sobrepasar.

Estuve buscando varios eventos que tuvieran que ver con la digitalización de los libros y no me encontré con uno, me encontré con muchos, al grado que estuvo saltando de uno a otro para ver si cada uno decía cosas diferentes. Palabras como eBooks, librerías virtuales, libros libres de derechos, PDF portátiles y hasta mapas de piratas digitalizados son muy comunes. Hay salones completos de locales que venden o promueven todas las formas de electrónicas de un libro, pero éstos todavía no puede ser comercializados tan fácilmente.

No es como la industria de la música, porque los librerios y anticuarios todavía luchan contra algo que las disqueras no pudieron justificar: el romanticismo de coger, hojear y oler un libro. Un tipo de una empresa de catálogos electrónicos me dijo que en Alemania la lucha todavía puede durar más porque la discusión abarca niveles políticos y socioeconómicos. Las pequeñas librerías y editoriales no quieren soltar los derechos de sus libros para la publicación de sus ediciones en forma electrónica porque se quedarían sin clientes.

Es una cuestión de percepción y movilidad, ¿bajar un libro en sábado por la mañana por medio de la computadora del estudio de la casa o salir a pasear, visitar una librería y tomar un café?

Un tipo de Google me dijo algo todavía más práctico: ¿quieres cargar cuatro mamotretos de química, biología o de Paco Ignacio Taibo, o prefieres tener una especie de Palm grandota donde puedes almacenar no sólo libros, sino periódicos en su formato original pero digital?

Yaotzin.

Necesito tu llamada

FRANCFORT.- Bien, ya estoy en Francfort y en lugar de libros estoy viendo un par de tetas.

En mi hotel de tres estrellas, que parece más bien de menos tres estrellas, estoy viendo la televisión al terminar mi primer texto. Quiero ver si hay algo más sobre la Feria del Libro de Francfort que se me haya escapado. Pero paré en un canal donde hay una chica con el torso descubierto. Los primeros segundos no me queda claro lo que anuncia, pero la estrategia de estar desnuda de arriba funciona bien. Pide que la llamemos, que la cantidad de dinero ya se elevó mil euros más, y mil más, y mil más. Que le hace falta una letra para resolver el acertijo que nos llevará a ganar ese dinero.

"Necesito tu llamada, ¿qué esperas?", dice. Y lo repite una y otra vez. No hace nada más. Y por si fuera poco, nos lee el número telefónico que aparece en la pantalla (debería de decir mejor lo que nos cuesta marcar ese número, que está en unas letras más chicas que sus pezones encogidos por el frío estudio de televisión). Yo pensaría que leer los teléfonos sería para aquellos que estén ciegos y quieran participar en un sorteo de televisión, pero, qué bah, ¿cómo un ciego estaría viendo este programa si no puede ver las tetas de esta mujer?

Ver la televisión es absurdo, pero ver, participar y hacer estas emisiones es patético. Fueron unos 20 minutos que escuché/vi el canal mientras terminaba mi texto, y en esos 20 minutos la mujer dijo siempre lo mismo. Se toca las tetas mientras menciona de nuevo el número de teléfono y dice como cuatro veces "faltan 90 segundos para que hagan su llamada", "hooooola, ¿nadie va a llamar? no tengo ninguna llamadaaaa". ¿Qué es lo que quiere? que llamemos para decir la letra que falta en una marca de autos alemana, como si ningún alemán, hombre sobre todo, lo pudiera hacer. Cuando dice el último "faltan 90 segundos", se acaba de verdad el tiempo y, voilà, hay una llamada (yo creo que es el telefonista de la empresa al que le pidieron fingir la llamada). Se gana mil euros con la última letra de la marca de autos pero por mala suerte no se gana los 50 mil que se promocionaron durante más de 20 minutos. Lás-ti-ma Mar-ga-ri-tooooo.

Caí en una pequeña trampa y por poco dejo de hacer un buen final para mi texto sobre la Feria del Libro. Que Google amenaza a todos los libreros, que los anticuarios venden el primer libro de cocina del mundo por 40 mil euros, que Günter Grass estará mañana Peland0 la Cebolla en la Feria, que India es el país invitado y que se dieron cuenta que es un país analfabeta, por lo cual hay que hacer una gran campaña comercial y mundial de alfabetismo, que, que, que.

Mi cama truena y siento que podría terminar en el suelo en cualquier momento. El baño hace un ruido infernal con el extractor de aire cuando enciendo la luz. La puerta del cuarto se cierra con chapa (yo pensé que ya todos los hoteles tenían cerraduras electrónicas). Y la televisión tiene programas estúpidos. Sólo puedo agradecer esta conexión inalámbrica a internet casera y que la recepcionista me cambió de habitación cuando le hice una cara de tristeza porque mi cuarto no tenía baño. Lo malo es que me dio la habitación de alguien que había hecho una reservación pero que "ya no quería esperarlo más". Y me cambió de una sencilla sin baño a una doble con baño por el mismo precio. "Yo tomo el riesgo", me dijo.

Y aquí ando.

Yaotzin.

jueves, octubre 05, 2006

La dura vida en el extranjero

Ser corresponsal no es fácil.

Después de muchos años me di cuenta que eso es lo que yo quería ser. Y ahora me gusta mucho, pero no es tan fácil como me lo imaginaba.

En aquellos años mozos yo llegaba a la universidad después de no dormir por hacer mis tareas y aún así "fresquecito" para un nuevo día. Viendo el cielo azul de México me imaginaba muy interesante la vida de un colega resumiendo la vida de otro país en diferentes entregas a un periódico.

Ahora, en carne propia, veo cómo ese sueño se cumple a costa de hartos dolores de cabeza. Despertarse en Alemania, primero, no siempre significa tener un cielo azul. Con eso los sueños se van volando muy rápido.

Ayer miércoles por la noche participé en una discusión de periodistas sobre la difícil situación política de México. ¿A dónde llegará mi querido señor López con su movimiento de resistencia y qué pasará en el ingobernable estado de Oaxaca? La discusión fue en alemán y yo creí que después de dos años aquí podría decir algo por lo menos divertido. Nein. Ya desde mi primer comentario me di cuenta que todavía no puedo pensar en alemán. Busqué palabras y más palabras para salir de ese nerviosismo que me asaltó, pero no pude encontrar ninguna. En español habría podido decir cualquier cosa, porque el tema me lo conozco mejor que el baño de mi casa, que no ha tenido un buen aseo desde que leo y leo textos sobre México. Y es que yo estuve invitado ahí porque por ser corresponsal, soy una especie de portavoz de México. Soy, digamos, el embajador no oficial de México porque soy mexicano (y como chiles muy picantes todos los días), estoy al tanto de la realidad mexicana y, mejor, no manejo una posición oficialista como lo hacen todas las embajadas.

Hasta esa parte de ser corresponsal es muy difícil.

Y pues ahora, justo ahorita, tengo que salir de viaje hacia Fráncfort para cubrir la Feria del Libro, dejando atrás la tranquilidad que había empezado a tomar con mi mujer y mi casita después de estar dedicado a algunas visitas que nos cayeron en nuestra casa por seis semanas.

Pero así es el trabajo. Así que la redacción de este buró se mueve por estos días físicamente (la versión online se queda en su lugar).

Yaotzin.

jueves, septiembre 28, 2006

El proceso del periodismo de corresponsalía: ¿cuándo tienen importancia los sucesos?

Esto seguramente consta de muchas partes. ahora sólo hablo de mi experiencia de estos últimos días en que he estado tratando de reactivar la oficina de Berlín.

La semana pasada estaba ocupado con la traducción-interpretación del lenguaje camionero en la Feria de camiones de Hannover, pero aún así me dio tiempo de mandar una agenda a mis editores para que consideraran las previsiones de esta semana y podamos retomar el trabajo.

Y la cosa está así:

El periodista corresponsal hace una lista de eventos, ya sea conferencias de prensa, entrevistas u otros hechos que ya se sabe que pasarán. Se podrían llamar previsiones, para que los editores en México los tomen en cuenta y noten lo que está pasando o podría pasar en Alemania. Uno de mis eventos fue la Primera Conferencia sobre el Islam, ocurrida ayer miércoles 27.

Yo pensé que era importante. No recibí respuesta. Pensé que tendría que buscarme otra feria comercial para ir a hacer traducción.

Llegó esta semana. Yo sentadito a mi escritorio, donde tengo una linda computadorcita con decenas de programas que a menudo me distraen. El más nuevo es uno de ajedrez que me dieron cuando me metí a un curso casi casi por error. Ahora mato mi tiempo libre con ajedrez y a veces quedo en jaque. Eso lo tocaré en otra entrega. Ahora estaba preparando la Conferencia sobre el Islam, aunque mi periódico ni sus luces, como decimos en México. No me habían respondido, no les interesaba nada, no había retroalimentación, no sé. Me fui a una plática con el presidente de los musulmanes en Alemania y volví a ofrecer algo. Pero nada. Cancelaron una ópera de Mozart en la que hay una escena donde aparece Mohamed degollado. Sí, Mohamed el profeta de los musulmanes. Los alemanes pensaron que con esta obra artística los musulmanes sacarían su radicalismo islámico y empezarían a bombardear Berlín. Y como ya no quieren más bombas por acá, pues decidieron cancelarla. "Muchos periódicos también decidieron no publicar la caricatura de Mohamed por temor a represalias, ¿cómo no puede haber una ópera que decida hacer lo mismo?", dijo uno de los líderes musulmanes respecto al debate de si se debió o no quitar esta ópera de la programación mensual.

Bien, pues volví a ofrecer algo sobre el caso de la ópera, que parecía tener un poco de explosividad. Fuera de la importancia que tiene por la relación de todo el mundo con los musulmanes, era lo que estaba saliendo en todos los medios de Alemania. Había que reportar algo, eso es lo que se dice aquí, es de lo que se habla. La respuesta a mi propuesta del martes por la noche fue más silenciosa que yo tratando de ir al refrigerador a la medianoche.

Llegó el miércoles, día de la Conferencia sobre el Islam y volví a ofrecer mi texto. Esta vez llamé por teléfono porque los correos no habían sido contestados. La relación con mis editores es por correo electrónico. Aunque el teléfono funciona mejor y hay respuestas más rápidas, siempre que llamo me dicen "OK, parece interesante, ¿nos puedes mandar una propuesta por correo y te la contestamos?". Entonces llegamos a lo mismo. Y esta vez fue así. Llamé y ofrecí el texto de la Primera Conferencia sobre el Islam y después terminé mandando un correo que me contestaron con el siguiente mensaje, uno de los asuntos principales del tema que trato hoy:

"Yaotzin, muchas gracias, pero no nos lo llevaremos porque ayer el periódico XXX (la gran competencia del mío) sacó un texto muy interesante sobre la cancelación de la ópera".

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Guat de jel?

1.- Ahora cualquier tema que tenga que ver con Mahoma (más si es el Mahoma decapitado de la ópera), Islam, musulmanes o algo parecido, tiene un grado de importancia máximo. Y más si es la forma en cómo se los piensa integrar en Occidente, que es justo lo que hace Alemania en este momento.

2.- Ofrecí este tema varias veces y con anticipación, y nunca me hicieron caso.

El mayor problema ahora era que mi periódico no quería tomar más la información porque la competencia ya la traía. "La dirección nos preguntará porqué l o llevamos si la competencia ya lo manejó", me dijeron. Pues sí, pero ¿Y LOS LECTORES? yo conozco a pocos mexicanos que leen periódicos, conozco a uno o dos mexicanos que por motivos de trabajo leen dos periódicos a la vez. Pero no conozco a nadie que tome los dos periódicos que son competencia entre sí y que se dirigen al mismo tipo de público (yo tomaría dos periódicos muy diferentes entre sí si quiero estar mejor enterado) para ver lo fue publicado o no de Alemania.

Si hay alguien por ahí en el ciberespacio que lee lo que mi competencia publica, que levante la mano.

Creo que es un atentado contra los lectores no ofrecerles información de primera mano, máxime si ésta es renovada y más investigada.

Conclusión: insistí en vender este texto porque traía cosas muy diferentes y porque, prácticamente, implicó el trabajo de una semana de preparación y al final lo consideraron importante y me lo compraron de última hora. Me dio mucho gusto saber que hay espacio a la recapacitación y que al final logramos una especie de entendimiento.

Pero, bueno, al final, ¿para qué son los blogs si no para publicar estas demandas, quejas y, claro, los textos que no me publican en mi diario?

Yaotzin.

miércoles, septiembre 27, 2006

La traducción como método de ¿supervivencia?

Oh, lamento la ausencia.

Este buró de corresponsalía en Berlín tuvo que moverse unos días a Hannover para labores de traducción. Tuve que cerrar mi endemoniada computadora, como la llama cariñosamente mi mujer por las horas que me mantiene hipnotizado, para cambiar de ciudad temporalmente.

La situación está así: los corresponsales extranjeros cada vez trabajan más en la modalidad de "periodistas libres". Y no es un título noble, aclaro. Así somos dueños de nuestro tiempo y trabajamos para quien queremos y cuando queremos. Pero también hay épocas de vacas flacas. Y como después del Mundial Alemania volvió a ser nada en mi periódico, tuve que elegir ocupar mi tiempo de otra forma.

Cerré la tapa de mi laptop, limpié mi escritorio y salí de mi querido y soleado barrio de Kreuzberg hacia Hannover, a la feria de Autóviles, la IAA, a hacer servicios de interpretación del alemán, inglés y francés al español. Alguien se acordó de que hablo estos idiomas y se le hizo fácil ofrecerme el empleo temporal. Y yo, con el poco dinero en la bolsa que tengo, no dudé en dar el sí. Tampoco soy muy difícil de convencer.

El problema fue que subestimé el lenguaje técnico y que para hacer las traducciones a dos españoles que vinieron a Alemania a esa feria, tuve que ocupar un lenguaje de niños: "el metal que cruza por debajo de la carrocería no está soldado en dos diferentes partes", que en español correcto sólo sería "lateral platinado".

Sufrí. Sufrí mucho. La cabeza terminó dándome vueltas. De muy poco me sirvió utilizar las herramientas que a diario uso para mi labor periodística en Berlín. Hasta el español era otro. Yo sólo quería que esos días terminaran.

Dos cosas: en Europa uno es muy poco con un solo idioma y, dos, tengo que encontrar cómo vendo mejor mis textos. Este periodismo libre es una cuestión de mercadotecnia y no puede ser que la reforma de salud que divide al gobierno alemán, la conferencia islámica o la cancelación de la obra de Mozart no le interese a México.

Manos a la obra.

Yaotzin.

viernes, septiembre 01, 2006

Los desempleados contra al-Qaeda.

En Alemania existen tantos desempleados que al gobierno Federal se le ocurrió que podría ocuparlos para seguir los pasos de Al-Qaeda, ¿una idea desesperada o una propuesta con algún sentido útil?

Bueno, si yo fuera un desempleado alemán sólo tendría dos opciones, sentirme emocionado por ser considerado para la lucha contra el terrorismo y para liberar a mi país del mal haciendo labores de agente secreto; o sentirme una basura porque me daría cuenta que mi gobierno no sabe hacer nada con gente desempleada como yo, sólo enviarme a la guerra sin fusil. Pero, bueno, no soy ni alemán ni desempleado.

La fabulosa idea de esto vino del ministro de Transportes alemán, Wolfgang Tiefensee, quien dijo que algunos de los 4 millones 300 mil desempleados podrían convertirse en patrullas desarmadas para vigilar los trenes y autobuses del país. Tendrían que buscar equipajes y personas sospechosos, a la manera de los ‘marshalls’ estadounidenses, vestidos de civiles pero sin armas. Pero, la verdad, yo prefiriría trabajar para la BVG (la empresa administradora del transporte público), que contrata a controladores de boletos que se mueven como agentes secretos. Son personas vestidas de civil que se suben al metro, tranvía o autobús y que, en cuanto se cierran las puertas para iniciar el trayecto a una parada, saltan de sus asientos o de donde estén y gritan "sus boletos por favor". Esos tipos dan mucho miedo y, además, terminan muy felices cuando salen de un vagón con una persona sin boleto. La diferencia con los marshalls es que los de la BVG no corren peligro.

Dig0 lo anterior porque lo mismo pasa con el gobierno. No se les ocurre qué más hacer con los desempleados. Se piensa que podrían ocupar su tiempo para dar lecturas en voz alta a pacientes en coma hospitalizados o que podrían vigilar las escuelas de las zonas problemáticas de Berlín. Pero no, eso no bastaba, ahora podrían convertirse en el terror de Al-Qaeda. Y como la cifra de desempleados es muy alta en Alemania, entonces el país estaría más seguro que cualquiera del mundo.

Toda esta discusión comenzó porque el 19 y 24 de agosto pasados fueron capturados los dos presuntos terroristas que habían puesto bombas caseras en trenes alemanes, lo que desató una alarma en el país por las medidas de seguridad que se han seguido y que se deben de seguir. Poner cámaras como se hace en Londres o poner marshalls como en Estados Unidos no es la opción, ocupar a los desempleados para vigilar el transporte público, sí.

Y.

  • “Siempre estamos buscando posibilidades provechosas para que los que reciben ayuda social del Estado”, dijo Wolgang Tiefensee (del SPD).

  • “Los que reciben ayuda social como omnipotentes, desde recogeespárragos hasta cazaterroristas. Es una idea que toma en cuenta de una forma infantil la amenaza terrorista en Alemania”, señaló el presidente de la Asociación Federal del Crimen, Klaus Jansen.

viernes, agosto 18, 2006

De visita por la redacción de Berlín ---> o de cómo aprendí a odiar a Günter Grass.

Mis papás lo quisieron: se aventuraron a visitar la redacción de su hijo en Berlín y, heme aquí, haciéndolos sufrir con mi trabajo.

Cuando recibo visitas, normalmente dejo espacios para pasear a la gente, para presentarles mi ciudad, para enseñarles cómo vive un mexicano en Berlín. Siempre he tenido tiempo para todos, pero esta vez, con mis padres, todo ha sido diferente.

Los pbres llegaron al aeropuerto de Berlín el martes por la noche, la misma noche que recibí una llamada urgente de mi periódico en México. Todavía no les había dado un abrazo cuando ya tenía que estar saludando a mi editora de Cultura: los demonios de Günter Grass andan sueltos y necesito que lo reportes. Bueno, pero como de verdad era inhumano hacer algo en el aeropuerto y justo al recibir a mis papás de un gran viaje desde México, ese día no hice nada. No hubiera podido hacerlo aunque hubiera querido. La redación de Berlín quedó cerrada en ese momento.

Por si fuera poco, mis padres querían llegar a Berlín para festejar mi cumpleaños con una gran piñata. Esa tradición mexicana de colgar una olla de barro disfrazada de estrella para hacerla añicos con un par de palazos. Pero la piñata no llegó. Fue el único de cinco grandes maletas cargadas de productos mexicanos que no llegó. Asi que tuvimos que empezar a rastrearla. El estrés estaba al máximo.

Después resultó que en el aeropuerto de Londres se la quedaron para empezar a romperla ahí. Seguro que los trabajadores de Britisch Airways eran unos ilegales mexicanos que quisieron aprovechar la oportunidad. Y esto lo sé porque la piñata llegó al día siguiente hecha pedazos. Mi madre rompió en llanto, era la única esperanza que mantenía viva de Berlín después de que su hijo estaba ausente investigando sobre Grass, quien calló su secreto de pertenecer a los ejércitos paramilitares de Hitler por 61 años.

Los días han sido complicados. El buró de Berlín abre de cuando en cuando, los padres tienen también a un guía de turistas de cuando en cuando, y mi mujer también me puede disfrutar de cuando en cuando. La redacción se vuelve loca.

Yo he tenido que hacer muchas cosas a la vez y mi mamá descubrió que podría ser restauradora de arte (porque rearmó increíblemente la piñata, que sí podremos partir mañana sábado). Mi mujer tiene toda´via reservas de paciencia para mí y yo todavía tengo energías para seguir traduciendo esta sacrílega autobiografía de Günter Grass.

Pero seguro que el sábado, después de estar muy borracho, la quemaré con aceite al chipotle y después la tiraré junto con los desechos de la piñata por el WC.

Y.

miércoles, agosto 09, 2006

* Mi computadora será hombre

Anoche me llegaron unos correos. Creo que son correos para ser abiertos en el futuro. Uno tenía el año 2009 y otro, peor, el 2038. Estoy seguro de que eran algo malo porque mi correo Yahoo los acomodó inmediatamente en la "Bandeja de correo no deseado". Y, claro, ¿quién diantres va a querer recibir un correo que está fechado en el futuro? Eso sí, quien me los mandó algo habrá sabido de mí porque uno decía en la cabeza que me daban un préstamo de dinero con muy buenos intereses y otro que tenía que hacer algo con mi pene. No recuerdo exactamente qué, pero si yo vivo para esa fecha, ya será un milagro que me pueda levantar por mí mismo de la cama.

Nosé, quizás eran un virus que se activaría para esas fechas. Pero, mmmm ¿el virus del préstamo monetario? ¿o el virus del pene? Me quedo pensando. Para entonces las computadoras personales deberán de tener vida propia.

Ya lo decía algún experto informático, cuestionado respecto al aniversario del nacimiento de la computadora, o del pecé u ordenador como dicen en España: "el milagro del negocio de la microinformática no es fabricar productos de acuerdo a las necesidades del mercado o de la tecnología misma, sino alimentarse de lo que los usuarios apreciarán".

Así que alguien predijo, según la lógica billgatesiana, que mi computadora se convertirá en un macho independiente con posibilidades de padecer disfunción eréctil.

Bien, después de este pensamiento profundo sigo trabajando en el texto de la fabulosa ópera-musical Aída en Fuego (Aida on Fire), una nueva creación de un productor alemán de nuestra generación, quien nos demuestra que hasta Alemania tiende a hacer cosas como en Estados Unidos.

Y.

domingo, julio 30, 2006

* Pensando desde la tina: el fut (América ---> Hertha vs. Stuttgart) y, claro, las elecciones.

Desde hace mucho tiempo estoy sin equipo de futbol.

Cuando vivía en México era un gran fan del América, un poco más por cuestiones sociológicas que por fanatismo puro. Cada vez que un compatriota mexicano me preguntaba si le iba al América, me fascinaba decir que sí para ver la reacción de esta persona. Hombre o mujer, fanático o no del futbol. Las reacciones tienen una lista infinita, imposible de documentar pero, eso sí, todas orientadas al odio, al desprecio, a la degradación, al clasismo. El espectro podría resumirse así: desde los ojos que se tuercen para dejar de tener contacto conmigo por mi entusiasta "sí, sí le voy", hasta las interminables discusiones por ser un equipo del imperio televisivo Televisa y su inolvidable caso de compra de árbitros de hace décadas.

Miro al techo de mi baño y no termino por comprender por qué a los mexicanos nos gusta crear estigmas de esa índole. Quizás porque crecimos en una cultura católica, o fanáticamente católica sin ser realmente practicantes. Y así como las cruzadas o las quemas de brujas, nos gusta ver quién es hereje para desacreditarlo. Así hacen los políticos ahora. Bajo la cabeza y me sumerjo. Estoy en la tina de mi baño. Hago burbujas. Decidí que tomar un baño para refrescarme no era suficiente. Para quitarme estos 35 grados de temperatura fue necesario llenar mi tina con agua fría y, además, echarle unos hielos. Sí, tomé los últimos cubitos de mi congelador y los eché al agua. Ahhh, qué rico, cuando salga tardaré más en sentir el cuerpo como un carbón.

Mi lucha contra la sociedad antiamericanista se acabó hace unos meses. Marzo, para ser exactos. Estaba yo en México y quedé molesto por la forma en que Televisa manipuló al gobierno para aprobar la Ley de Radio y Televisión que le beneficiaría. El asunto fue mayor, al grado que los medios y la gente terminó por denominar a esa nueva ley la "Ley Televisa". Pero eso no fue todo, en mi decisión también influyó que Televisa trató de salvar ilegalmente a uno de sus equipos de futbol para que no descendiera la segunda división. El rumor nunca fue comprobado, pero indicaba que ordenó a sus equipos Necaxa y América perder contra su tercer equipo, el San Luis, para que éste pudiera sumar puntos y quedarse en la primera liga.

Eso es una patada entre las dos ingles. Antideportivismo. Es ver que la realidad del país, de mi país, está siendo controlada en todas las áreas y por un consorcio de telecomunicación, un consorcio que con mostrar futbol, telenovelas y con hacer un circo de la política mantiene entretenido al pueblo. Lo demás no importa. Así lo hacían los viejos emperadores romanos, pan y circo.

Así que dejé de irle al América y me quedé sin equipo. Después descubrí que mi corazón sí estaba atrapado en ese sentimiento fanático. Traté de irle a otro equipo y en mi estancia de unas semanas en México nunca lo logré. Regresé de mis vacaciones a Berlín y seguí intentando con el Hertha, el equipo de la primera liga de acá, pero tampoco funcionó. No hay estrellas, no hay buen futbol, no hay gran técnica. Si acaso en el Hertha destaca ahora Marko Pantelic, el croata que empezó deshaciendo a Brasil en el Mundial de futbol. El otro estrella es un brasileño de tercera que se cree Pelé, Marcelinho, que da muy pocos pases para gol, que no hace goles y que llega siempre tarde a los entrenamientos.

Ahora que estoy en la tina, con la cabeza literalmente fría, pienso en que podría retomar una de mis funciones como hombre y escoger ya de una vez un equipo. Y qué mejor que aprovechar que el Stuttgart fue el primer equipo que se atrevió a traer a mexicanos a la Bundesliga alemana, Ricardo Osorio y Pavel Pardo. Me queda un poco lejos la ciudad, pero por tele intentaré seguir a la aburrida liga alemana. Osorio y Pardo lo dicen incluso en una entrevista con el Welt am Sonntag este domingo (en alemán): "para mí el futbol (alemán) no es tan fuerte como en Inglaterra. Es táctico, no rígido como en Italia. Quizás no tiene tan buena técnica como en España. En México sólo estamos enterados de quién hace goles..."

Pienso que compraré mis playeras del Stuttgart para usarlas en la temporada venidera, pero ¿80 euros por la de Pardo? ¿77 por la de Osorio? no sé, me lo pienso todavía.

Y, antes de abandonar la tina, aprovechando que tengo la cabeza fría y que la conexión "sin cables" o wireless no se ha estropeado, y trato de contestar a un comentario que me hicieron sobre la política de México en uno de los anteriores textos: "es conservador creer que el que tiene una opinión diferente a la tuya es un enemigo". Esta frase como muchas otras palabras o ideas de ese comentario no las entiendo muy bien y me gustaría que fueran profundizados para poder discutirlo mejor. No me siento conservador ni veo como enemigo a alguien que tenga una opinión diferente, al contrario, me encantaría aprender de lo que dice la demás gente. Me encantaría saber por qué México votó por el partido conservador. Creo que, al menos en la frase que pegué, se mezclan algunas ideas cuya relación no puedo comprender bien. Ojalá podamos discutrlo más por medio de entradas en cada uno de los blogs, por correo electrónico o por medio de más comentarios.

Por el momento ando sin equipo.

Yaotzin.

miércoles, julio 26, 2006

Recuerdos del Mundial

Después de que acabó el futbol he discutido sobre dos cosas: Patriotismo vs. Nacional(social)ismo, y el cabezazo de Zidane. Opiniones a favor, opiniones en contra, todas con mucha pasión.

Eso y el verano y un poco de trabajo me tienen alejado de este espacio. Pronto retomaré el ritmo. Mientras tanto dejo una serie (ya tardía) de las imágenes que me tocó ver durante este gran evento de futbol. Es una forma de contar, rápido y gráficamente, algo más de lo que viví.






* 37 grados.

Berlín es temperamental. Cuando es invierno, nos da días grises, fríos y noches largas por mucho tiempo. Y cuando es verano nos da días largos y muy calientes. Tanto que yo ahora me encuentro escribiendo estas líneas en calzones.

En la radio acaban de anunciar que si las próximas semanas se mantienen las temperaturas arriba de los 30 grados, éste podría ser el verano más caliente de Berlín. Ya llevamos así desde el Mundial de Futbol, con uno o dos días de lluvia. Y según los pronósticos esto se puede quedar así un buen rato.

Lo raro de esto es que también hay gente que se queja. Los alemanes son buenos para eso. Si es invierno, se quejan porque es muy invierno. Si es muy frío, porque es demasiado frío. Si es de noche, porque es demasiado oscuro. Si es Mundial, porque es demasiado patriotismo. Fuera de Estados Unidos, donde la queja es una prerrogativa para conseguir dinero por medio de una demanda, no he visto a otro pueblo que se queje tanto.

Ahora porque el verano es muy caliente. Un funcionario del gobierno que me atendió la otra vez me dijo, ¿está usted loco? ¿cómo cree que me voy a quedar aquí durante el verano? está muy caliente. Mejor me voy a Mallorca, Ibiza o Grecia donde por lo menos hay agua y mejor ambiente.

Muchos alemanes y extranjeros salen en esta temporada de vacaciones. Yo me las tomaría en Berlín. La ciudad es rica y tiene cosas que se pueden disfrutar.

Ir a nadar a un lago es algo tan local como divertido, aunque también a algún balneario dentro de la ciudad. Incluso basta con ir a una playa al lado del Spree para tomar el sol, sentir la arena y tomarse una o dos cervecitas heladas.

Para mañana anunciaron 37 grados y quizás entonces escribiré ya sin calzones.

Veremos.

Yaotzin.

viernes, julio 07, 2006

* Tiempo Extra

Una chica hace decenas de "dominadas"
frente al Reichstag - ©YB 
En México no necesitamos de la selección mexicana de futbol para ser apasionados de los tiempos extra. Con las votaciones para cambiar de presidente se vivió algo similar. Es más, según me dicen, a la gente dejó de interesarle el futbol (¡cómo no! con partidos tan aburridos como los últimos) y se concentró en la final de fotografía de las votaciones. El candidato conservador, Calderón ganó apenas por un margen del 0.6 por ciento, o sea unos 244 mil votos que, en un país de 110 millones de habitantes, no representan prácticamente nada.

Pero la democracia se respeta y aunque sea por un voto el ganador tiene que levantar la mano.

Pero no por eso la gente no deja de estar preocupada. Algunos colegas periodistas me comentan que México tiene que experimentar, que tiene que seguir buscando un modelo diferente de gobierno y que por eso se debió de haber votado por el candidato de izquierda, el señor López.

La cosa fue así: el norte del país votó por la continuidad, son conservadores. El sur, por la alternancia. Pero también está así: un 54 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 29 años votó por la continuidad, es decir, ya son conservadores, y un 54 por ciento de los votantes que ejercieron desde el extranjero, como yo que estoy en Berlín, lo hizo también por esa continuidad.

¿Por qué los jóvenes y la gente que vive en el extranjero votaron por el conservadurismo? puede ser una pregunta difícil de responder porque tocaríamos muchos ejes, pero lo primero que pienso es que el señor López no ofreció lo que los mexicanos, jóvenes que viven en México o la gente radicada en el exterior, quieren escuchar: que pertenecemos a un mundo, que estamos globalizados, que queremos más inversiones de fuera. En cambio, el señor López se limitó a reevaluar las relaciones con Estados Unidos y a crear más programas para erradicar la pobreza. ¿Por qué no atendimos a ese llamado? ¿por no queremos oír discursos de pobreza en un país donde más de la mitad es pobre? ¿por qué no arreglamos primero los asuntos de casa antes de salir al mundo? ¿por qué da miedo tener a una persona como presidente que parece que puede ser diferente?

El voto por el conservadurismo no fue sólo porque se reeligió al partido conservador, sino porque se eligió una continuidad, "más vale malo por conocido que bueno por conocer". Y así el PRI gobernó 71 años.

¿Tendremos que esperar otro cambio completo de generación para volver a intentar sacar a México de sus verdaderos problemas?

Quizás tendremos que esperar a las series de penaltis.

martes, junio 27, 2006

* Señoras y señores, con ustedes ¡El camaleóooon!

Mesa del vagón comedor. Tren de Leipzig a Berlín. Cruda de la pérdida de México contra Argentina. Llega un tipo pintado de verde y pide permiso para sentarse. Habla conmigo y se entiende con los dos hombres del otro lado de la mesa, uno de Trinidad y Tobago, "tenía que seguir a mi equipo en su primer Mundial", dice, y de un alemán risueño que alaba todas sus bromas. Se trata deeeee El Camaleón.

Habla como cien palabras por minuto. Entona la voz, la engruesa, se ríe, todos lo voltean a ver, a todos les sonríe. Es un conquistador. Cambia de personalidad, cambia de humor y hace que todo su alrededor cambie. Ese día era verde, ayer que lo vi era negro y estoy seguro que hoy saldrá a las calles de Berlín con unos shorts moteados. Pero siempre con su teléfono celular y su libreta: "esto lo cuido como oro".

Él es locutor y tiene su programa de radio en la ciudad de Guadalajara, allá en las bellas tierras del tequila. Está en el Mundial transmitiendo cuatro veces al día. Un momento es El Camaleón y en otro momento se convierte en el Chachachá. Uno presenta a Berlín de una forma decente, mete sonidos de los bares, de la gente que camina en las calles; el otro, el Chachachá es un tipo de arrabal. Es naco. Es cutre. Tiene voz de un ser malviviente que convierte el mismo Berlín que presentó hace cinco minutos en una ciudad diferente, en un Berlín donde sólo otros tipos de arrabal tienen lugar. Le roba palabras a las personas de la calle y las usa para su transmisión.

Estábamos afuera del Pfefferberg en Prenzlauer Berg, sí, parece trabalenguas, pero así es este idioma, qué puedo hacer. La zona es chic, es lo más de moda en Berlín y ahí vimos una parte del partido de Australia contra Italia. Apenas llegamos a encontrar un lugar para sentarnos y ver el comienzo del partido, y El Camaleón ya había hecho de las suyas. Tomó a dos bellas australianas de la mano para besárselas y les dijo, ¿Australia, verdad? ellas asintieron, y les dice entonces ¿saben de dónde viene la palabra canguro? y en cinco minutos las conquista. Las chicas no quisieron creer que la palabra es de origen nativo para decir "no sé qué es (ese animal)", pero ya habían sido marcadas por El Camaleón.

Al medio tiempo se transformó en el Chachachá e hicimos de la zona chic de Berlín un arrabal. Nos salimos del jardín cervecero en el que estábamos para ir a comprar cervezas al súper más cercano y tirarnos en una banqueta en la calle. Teníamos nuestro "six pack" caliente por los 30 grados de temperatura que había y nos colocamos en un lugar donde se podía ver, gratis, la pantalla de otro restaurante. El Chachachá estaba fascinado. Escuchó historias del Muro, de la RDA, de la tasa de mujeres embarazadas en esa zona y desde entonces empezó a ver sólo a mujeres con panzota que pasaban frente a él. Les hablaba, decente, para desearles felicidades por su próximo hijo o hija. Nadie le entendía las palabras, pero apreciaba el gesto.

El Chachachá se cansó de estar conmigo y se levantó para conocer a otra mujer. Logró hacer que nos sentáramos con ella en la terraza del restaurante en la que estaba.

Ayer le comenté de las playas de Berlín y no me quería creer, pero estoy seguro de que hoy anda buscándolas con sus shorts moteados, tratando de conquistarlas como El Camaleón para después poseerlas como el Chachachá.

Así es Berlíiiiinnn señoras y señoreeeees.

Yaotzin.

lunes, junio 26, 2006

* De regreso a la gran capital: dignidad en el vagón.

Ya estoy de nuevo en Berlín, después de estar viajando atrás de mi selección. México se fue del Mundial y yo me quedé agotado. Ahora sólo pienso en irme a una playa al lado del canal Spree a tirarme a un camastro y disfrutar del sol y de los 30 grados que hoy nos regala.

Pienso en la playa pero todavía no estoy ahí. Apenas voy en camino. Primero escribo, luego soy. ¿O al revés? No sé. Primero quiero contar una situación que viví hace unos momentos.

Estaba camino a mi casa, hacia Kreuzberg. El tren suburbano que viene desde el centro hacia el Este berlinés estaba medio vacío. Era hora en que todos deberían de haber estado en sus trabajos, no podía haber otra razón. Yo regresaba de dejar a un amigo que me visitó unos días y venía pensando ya en mi playa cuando, en Alexander Platz, el tren abrió sus puertas. Esta vez sólo se subió una persona. En lugar de buscar un asiento se quedó parada al lado de la puerta. Tan pronto el tren arranca, este hombre empierza a decir en voz alta, "disculpen las molestias, estoy vendiendo la nueva revista de los desamparados...". No terminó de hablar cuando al fondo del vagón alguien lo interrumpió gritándole que se callara el hocico, "Schnauze!" en alemán. El hombre de la puerta siguió hablando. El otro, gritándole. Que se callara, que si tenía un boleto legal para viajar, que dejara de vender esas mierdas, que dejara de hacer ruido.

El hombre de la puerta, un desamparado, siguió hablando sin que le importara aparentemente la situación. Pero ya estaba con la vista perdida. Terminó su discurso y se fue a pedir unos centavos hacia el lado del vagón donde no estaba aquella voz que lo agredía. "¿Me compra una revista? ¿o tiene alguna donación?" se fue diciendo. Algunos continuamos observándolo al tiempo que volteábamos a ver aquella voz agresora. Era un joven de no más de 35 años de edad. Delgado, cabello semi rapado, vestido de una forma deportiva. Podría parecer alguien que al menos tiene un buen trabajo. Estaba sentado hasta un extremo del vagón junto con su bicicleta.

El tren se detuvo en otra estación, Jannowitzbrücke. Abrió y cerró sus puertas, pero el pordiosero seguía adentro. Y no sólo se quedó adentro. Comenzó a avanzar hacia nosotros, la parte del vagón donde no había pedido dinero, ahí donde estaba su verdugo. Valor, coraje, provocación, burla, apoyo, no sé qué nombre darle, pero siguió. Y me ganó. Quería darle unas monedas, pero no tuve ninguna. Me quedé con el corazón apretado. Sólo pude darle una sonrisa. También hubiera querido decirle algo, pero las palabras me abandonaron. Creo que mis sentimientos todavía están configurados en español, me da mucha pena decirlo.

Cuanto más se acercó, su verdugo más le gritó. "¡Deja de malgastar así mis impuestos!", "¡ponte a trabajar!", "¡muéstrame tu boleto de viaje, a ver!". Era un exceso. Yo seguía sin poder decir nada, pero otras personas sí lo hicieron, empezaron a gritar, la chica de ojos verdes en ropa veraniega y con sandalias que estaba a mi lado, la señora fachosa sentada frente a mí y otro joven bien vestido que estaba justo al lado del verdugo. Pero fueron gritos en vano porque este tipo creía tener la razón. Estaba, cual director capitalista de alguna empresa cerrando un contrato, sentado detrás de su escritorio y ejerciendo un poder inmesurable. Él ya tenía una concepción de lo que quería decir y defender, y lo que dijeran otros no contaba, no era objeto de razonamiento. El tren se detuvo en otra estación, Ostbahnhof. Se abren las puertas, y el mismo pordiosero, antes de abandonar el tren, le empezó a gritar que tenía que vender sus revistas para poder comer algo. Y lo defendió hasta que se cerraron las puertas. Alcanzó a entrar en el vagón de atrás y desde la ventana que permite ver entre vagones le enseñó el dedo medio con los ojos completamente abiertos y la nariz recogida.

Yaotzin.

PS 1. En mi vagón, la discusión siguió con la chica veraniega de mi lado. El joven verdugo parecía no entender de pobreza. Este hombre sin techo no existía o no debía de existir para él. "¿Cómo puede ser que haya una escoria así cuando yo pago impuestos, cuando existe un Estado?", este era el nivel de su discusión.

PS 2. En México somos un poco más animales y una discusión así habría terminado, en cuestión de segundos, en empujones o golpes.

PS 3. Estos hombres sin techo son de verdad pobres. Y es impensable de Alemania, donde existe por tradición un Estado de derecho y de igualdad que es extremamente social o paternalista para mi gusto. Aún así hay pobres. Y de acuerdo con una doctora y trabajadora social que una vez entrevisté, Jenny de la Torre, estos pobres tienen tantos problemas sicológicos y sociales que ya les es imposible trabajar en algo. Vender las revistas es una especie de rehabilitación que, de acuerdo con lo que he podido observar, también se puede convertir en tortura con casos como el de hoy. Sin embargo, nuestro pordiosero mostró una dignidad vapuleante que pocas veces se ve.

PS 4. Y casi como esa escena chistosa futbolística de ayer, en la que se vio conversando los últimos momentos del partido a los expulsados Giovanni van Bronckhorst de Holanda y Deco de Portugal, en el tren la chica veraniega y nuestro joven verdugo se sentaron uno al lado del otro, intercambiando sus puntos de vista sobre la pobreza pero ya aligerándolos con unas sonrisas.

domingo, junio 25, 2006

* Hasta los polis acompañan a los mexicanos en sus penas (Siguiendo a México en el Mundial. Punto final).

LEIPZIG.- A los mexicanos que llegaron a Leipzig poco les duró el luto de la derrota contra Argentina porque pronto ya estaban festejando como si nada hubiera pasado.

Los que no entraron al estadio, lo vieron en diferentes plazas. La ciudad fue tomada por los fans, casi unos 60 mil. Se me hace exagerado, pero al menos es la cifra oficial. Y no lo dudo porque muchos laipziguianos me dijeron que en ninguno de los partidos anteriores habían visto tantos fans. Sólo con Holanda la ciudad se veía naranja, pero es que ellos se ponen hasta los calzones de color naranja.

Esta vez sólo fueron argentinos y mexicanos. Todo un ambiente latino. Todo fue fiesta antes del encuentro, a la que se sumaron los alemanes después de su victoria ante Suecia.

La derrota se sufrió, y algunos sí lloraron. Estaban muy dolidos. Otros no dejaron de discutir profesionalmente sobre los cambios que debió de hacer el entrenador de la selección mexicana. Pero este luto se olvidó pronto. Los mexicanos decidieron dedicarse a la fiesta. De alguna forma ya sabían que podrían perder y estaban preparados. Apenas se dio el silbatazo final, en las plazas salieron los DJ alemanes a tratar de mejorar el ambiente. Pronto los mexicanos estaban ya bailando quebraditas en el centro de Leipzig. Los alemanes que seguían gallardos por su triunfo no cesaron de decir “México, aún así los queremos mucho”, aunque creo que lo decían más porque ya sabían qué equipo sería su próxima víctima.

En una esquina salía la música de José Alfredo Jiménez de un auto a todo volumen y en otra estaba la fila de los que querían comprarse una Bratwurst o salchicha asada para disminuir los efectos del alcohol. Unos policías alemanes que estaban muy al pendiente de los porristas argentinos y mexicanos para que no hubiera encontronazos, terminaron aderezados con sombreros con la leyenda de México. “Foto, foto, foto. Pónganle el sombrero, que vea lo que es ser mexicano”, gritaban algunos. Para las fotos de consolación, hubo otros mexicanos que prefirieron agarrar de la cintura a cualquier güera alemana que pasaba por ahí.

Y aunque había argentinos que salían bailando y ondeando banderas, nunca fueron provocadores quizás por la poca cantidad en que estaban.

“No manches, ¿a quién le interesa el futbol ahora? Vamos a emborracharnos, a eso vinimos a Alemania”, dice un grupo de michoacanos que venía de sacar la tercera botella de tequila de su auto rentado.
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