lunes, diciembre 06, 2010

El precio de la impuntualidad


Nunca imaginé que llegar tarde cuesta caro. Contante y sonante. “Herr Botelo, ¿le podemos cobrar de una vez su cambio de cita?”, me dijo la recepcionista. En su mesa le dejé 24 euros, es decir unos 360 pesos.

Un día iba con retraso a mi fisioterapia. Es una clínica al norte de Berlín, a unos 40 minutos de donde vivo. Llegué 10 minutos tarde y Frau Schultz, mi fisioterapeuta, me dijo que no había tiempo para hacer nada más. “Lo siento mucho, pero usted llegó tarde y yo tengo mucho que hacer. Quizás la próxima vez puede llegar incluso unos 10 minutos antes de su cita”, me dijo Frau Schultz.

Cambié la cita y pagué, pero me quedé viendo a Frau Schultz para saber por qué me trató así. Mi cita consta de unos 40 minutos de fisioterapia, 20 de consulta y masaje, y 20 de electroterapia. Frau Schultz no me dio el resto.

“O es bien o no hay nada”, me respondió.

No es la primera vez que me pasa. Llegar con retraso a una cita en Berlín es una catástrofe. El mundo se va abajo, la rueda de la fortuna se queda atorada. Y hablo de 5 o 10 minutos. “El ministro ya se metió a junta”, “no le va a dar tiempo de hacer lo que necesita”, “mejor recalendarice su cita, no hay problema”. Una vez un tren me cerró la puerta en las narices, y eso que venía gritando “suben, suben”, y, ya ni se diga, unos amigos se fueron porque no llegué dentro de los 15 minutos acordados: teníamos planeado llegar a un bar 40 minutos antes para apartar lugares y ver un partido de futbol. ¡Ni el esparcimiento perdona!

Martes 12 del día. Tengo que apagar la computadora para ir a mi cita con la fisioterapeuta. Es a la 1, todavía hay tiempo suficiente. Una última checada al féis, otra al correo y una más a dos sitios de información. Nada nuevo. Apago. Estoy a punto de salir de casa, pero veo el reloj: 12:10 del día. Mmmm, ¿no me falta hacer algo? Podría bajar la basura, pero antes arreglo el cuarto. Cama, cuarto, botes de basura, cambio de bolsas. Algo me dice en la cabeza que la hora se me viene encima. La hora de salir. Siento… percibo… intuyo, que ya debería haber salido. Basura orgánica, basura inorgánica, cristal café, cristal transparente. Ah, el bote del cartón. En la cabeza siento una enorme presión. El reloj marca las 12:20 pasadas, apenas. Estoy en el andén del metro a las 12:30 (cuántas veces me tengo que repetir que la estación del metro no está a tres minutos caminando, wey, no son tres minutos, son 10, wey, son 10, diez, DIEZ).
Salgo de la estación y tomo un taxi. Los taxis siempre van rápido. Al menos esa es mi experiencia en México. Pero pronto descubro que en Berlín no. Aquí el taxi es subirse a un Mercedes Benz y pagar 10 veces más de lo que se paga en un vocho. Mi chofer turco respeta las señales de tránsito por más que le explico mi apuro, 30, 50 kilómetros por hora cuando mucho. “No señor, más rápido es muy peligroso”, me dijo. Tres o cuatro metros nos rebasaron, se podía escuchar por la línea elevada que nos pasaba encima.

Frau Schultz estaba en la recepción. Sin cruzar palabra me dejó el recibo por el cambio de cita. Lo tomé y lo puse en mi cartera. Junto con la factura de 20 euros del taxi.

domingo, noviembre 28, 2010

Sauna en Berlín - Capítulo 3: Aufguss, el soplido del dragón.


"Buenas, soy el Thorsten, y yo soy quien les hará el golpe de vapor. Esta vez les traigo unas hierbas finlandesas. Sería ideal que nadie se saliera en este momento pero, claro, si para alguien es muy caliente, puede salirse en todo momento. Espero que lo disfruten". Y entonces Thorsten, que antes que un maestro del golpe de vapor alemán parece más bien un dios griego, se echa su toallita en el hombro derecho, coloca su cubeta en la orilla del horno y echa la primera cucharada.

 
El aire se calentó más. El olor de las hierbas se esparció. Y Thorsten retoma su toallita y como si fuera un arte marcial, empieza a agitarla en el aire para redistribuir el vapor que se estaba levantando del horno. Con cada toallazo Thorsten nos echaba a cada uno de nosotros su golpe de vapor, eso que en alemán se llama Aufguss y que se siente como si un dragón te soplara en la cara.
 
El termómetro marcaba 95 grados y parecía que subía más. Los cabellos se sentían arder. Y uno de los saunistas encontró todo tan fuerte desde la primera vez que de la banca de más arriba se pasó a la de más abajo, donde no se siente tan fuerte el soplido del dragón. Pero se pasó en el lugar debajo de mí, con lo que rompió un poco el recogimiento de la ceremonia.
 
En ese cuartito de sauna de no más de 25 metros cuadrados habíamos logrado meternos 27 personas. Las conté. Y querían entrar más para la función del golpe de vapor, pero ya no encontraron lugar. El vecinito que se pasó debajo de mí prácticamente se abrió su lugar con sus dos músculos glúteos, lo único que le quedaba en ese espacio nudista. Quité mis dedos gordos para que no sintiera confusión.
 
El golpe de vapor es uno de los momentos más concurridos en la sauna. Es como una función de video en un museo educativo. En la pared dice algo como "próxima función, 13:00 horas". Como todo un mexicano en metamorfosis alemana llegué 15 minutos antes. Pero en lugar de quedarme afuera, me metí al cuarto para apartar mi lugar, quería ser más alemán que la salchicha. Aunque los verdaderos alemanes esperaban afuera, haciendo fila.
 
A los tres minutos para la hora, la gente se empezó a meter. Fuera toallas. A buscar su lugarcito. Arriba para los machines que aguantan los más fuertes soplidos de dragón, abajo para los que no están acostumbrados a ello.
 
Unos minutos pasadita la hora, algunos, entre ellos yo, estábamos viendo por la ventana que da al pasillo para ver si el maestro saunista se acercaba ya. Se hacía tarde. Y yo ya llevaba un rato asándome en la sauna.
 
Cuando Thorsten hizo su aparición, todavía intentó entrar una pareja. Desnudos buscaban un lugar entre todos los que estábamos ya sentados, pero por más que nos apretábamos ya no dábamos un hueco. Otro poco más y le estaría recogiendo su sudor a la vecina.
 
Para el segundo golpe de vapor que hizo Thorsten uno ya no podría sentirse como de este mundo, pensé. Y efectivamente. Eché la mirada hacia el fondo del cuarto y ahí estaba una mujer con los brazos abiertos dirigidos al cielo, ojos cerrados, como si estuviera recibiendo al sol el 21 de marzo en la Pirámide de Teotihuacan. Ella misma presumía sus dos grandes pirámides.
 
Yo seguía sintiendo mi cabellera arder y me dio envidia una chica que parecía bien preparada. En la cabeza llevaba un gorro tejido que le cubría los cabellos. Se veía como un antiguo gorro playero y se veía chistoso porque era la única prenda que tenía.
El golpe de vapor en una sauna es como una sauna extrema. Es elevar de golpe la circulación sanguínea y aumentar de la misma forma la temperatura corporal. Hay que respirar con la boca porque las fosas nasales se queman. La piel comienza a dar comezón. Los poros se abren y sacan todas las sustancias tóxicas.
 
Thorsten rocía por tercera y última vez las piedras incandescentes que están sobre el horno. Ese aroma a hierbas finlandesas me recuerda los vapores de Vick Vaporub que me hacía hacer mi madre cuando tenía un resfriado. Thorsten redistribuye el aire con su toallita y, por error, le da a un hombre que se estaba reacomodando.
 
Yo ya quiero salir. Es lo único que pienso. La gente que pasa por fuera nos ve por la ventana como si fuéramos pollos rostizados. Sólo pienso en agua fría, pero Thorsten sigue con su toallita. Yo no sé cómo aguanta. Él es el único que está vestido, ligero, pero vestido en este cuartito de ya unos 100 grados.
 
Cuando el ritual termina, yo quiero seguir la regla de la sauna. Levantarse lentamente, reacostumbrarse a la circulación como está. Pero todos los alemanes se aprestan para ir a la piscina de agua fría y a la de temperatura normal para descansar.
 
Yo me quedo solo aplaudiendo ahí y pienso en una cita que acababa de leer al respecto de la sauna: "Eine Untersuchung aus dem Jahre 1998 hat gezeigt: Wenn ein Mensch einen angenehmen Geruch wahrnimmt, dann vermehren sich seine Antikörper deutlich messbar. Das hilft ihm, sich vor Krankheiten zu schützen. (Una investigación del año 1998 mostró que cuando una persona percibe un olor agradable, los anticuerpos aumentan de una forma mesurable. Esto le ayuda a protegerse de enfermedades)".


Otros capítulos de la serie "Sauna en Berlín":

Preámbulo: ¡Fuera toallas!

Capítulo 1: Un moreno desnudo en Berlín.

Capítulo 2: Miradas centrífugas.

Nota al pie: ¿Por qué se desnudan los alemanes?

Capítulo 4: La toalla, entre más colorida, mejor.

Capítulo 5: Encuentros del tercer tipo.


miércoles, noviembre 24, 2010

El miedo y su redefinición en tiempos de terrorismo

"Prohibido el terrorismo", tomada
del blog wirhabenkeineangst.de
"Soy peatón de una gran ciudad. Y si un estúpido conductor le aprieta al acelerador cuando cruzo la calle, eso es por mucho un peligro más grande", dice Mario Sixtus, un bloguero y periodista alemán.

Esas palabras fueron parte de una entrevista que se le hizo a razón del movimiento que fundó: "Wir haben keine Angst". En español: "Nosotros no tenemos miedo". El movimiento responde al estado de sitio que vive Alemania por las noticias sobre terrorismo.

Hace una semana se dio a conocer que había sospechas "concretas" de terrorismo en el país. Que los terroristas ya estaban en camino, sino es que ya estaban aquí. Que habría ataques en los tradicionales y concurridos bazares navideños. Que sería un baño de sangre, estilo Bombay. Que el Reichstag era otro objetivo.

Por esas alertas que se dieron y re-re-redistribuyeron por redes sociales y medios de información, salieron políticos a decir barbaridades como "si ven a tres personas raras en su barrio que hablan un idioma que no entiendan, repórtenlos", o "hay que prohibir el uso de celulares y computadoras en barrios árabes".

No se trata de cancelar el derecho al miedo, al terror, sino de ayudar a que no se propague. Después por ver a algún árabe en la calle ¿alguien va a llamar a la policía? Y mira que algunos mexicanos parecemos árabes, así que hasta México está incluido en este terror.

Al final todo es como la Vacas Locas (que hoy cumplen 10 años de su primera aparición), la fiebre porcina y demases. Too much ado about nothing.

Mejor disfrutemos lo que nos queda de vida viendo las fotos que ha puesto Mario Sixtos en su blog y la canción que interpreta Max Raabe sobre las vacas locas:





jueves, noviembre 18, 2010

Torneo de ciencia en Berlín

101116 - Science Slam - YB - 25
En Berlín se pueden hacer muchas cosas excéntricas. Se puede ir un karaoke en un anfiteatro al lado de restos del Muro de Berlín organizado por un mensajero irlandés; se puede comer tlayudas en un restaurante mexicano; se puede ir a fiestas ilegales en edificios ocupados; se puede bailar tango, swing y chachachá; se puede uno meter a un monstruoso búnker de 5 pisos para ver arte contemporáneo; se puede ir a museos a la media noche o se puede, como lo acabo de hacer, ir a un Scienceslam, o torneo de ciencia.

Cuando mi colega D me invitó al torneo, no sabía qué esperar. ¿Tipos hablando de ciencia en un escenario a manera de competencia? Pues sí, me dijo. Así se hizo popular el hip-hop y así se conoce el concurso de clavadas de básquetbol, por ejemplo. Y con ese esquema de competencia, se ha buscado hacer popular a la poesía, que ya tiene sus torneos desde hace más años, y más recientemente a la ciencia.

“Así la gente puede entender lo que investigamos y además divertirse un poco”, me dijo la científica Julia Offe, la organizadora de los Scienceslams.

Una persona se sube al escenario, hace una presentación en Powerpoint –o sin nada- de su proyecto y busca explicarlo en 10 minutos. Pero no sólo es hablar por hablar, pues el jurado, escogido de entre el público, jóvenes en su mayoría, evalúa originalidad del tema, lo interesante que es, la claridad de la exposición y si logró entretener, e incluso divertir, a la gente.

Ahí se para una chica que explica sobre los sustantivos transitivos de la lengua Daakaka de Vanuatu. O el chico que quiere hablar de la evolución de las orquestas, pero que por falta de tiempo no terminó. O el otro chico mitad coreano, mitad alemán, que se ganó a la gente al asociar su tema de investigación sobre trabajo en equipo con el de una relación conyugal.

El sitio estuvo a reventar. Y no era chico. Se trata de una vieja sala de cine, el Lido, que fue transformado en club de DJ y sala de conciertos. Afuera se quedó esperando una larga fila de ávidos de la ciencia popularizada –que después supe que era de unos 150 personas porque una alemana desesperada por entrar los contó-.

Ái para la próxima, que es el 16 de febrero.

lunes, noviembre 15, 2010

Y usted, mi querido alemán, ¿qué extraña de Alemania?

A una fiesta de unos amigos, de repente llegó un mexicano. Estábamos en el departamento de esta pareja mexico-alemana con un desmadre que se escuchaba hasta la calle. Este mexicano lo escuchó y, presumiblemente, alguien le dijo desde la ventana en qué piso estábamos.

Encontró al grupito de mexicanos, se nos puso enfrente sacando una cerveza de su mochila y nos dijo "no mames, ca, qué chido es hablar en español de tu país con alguien en Berlín. Llevo como tres meses sin hablarlo".

La soledad se le veía en esas perlas negras que traía por ojos.

Este mexicano había ido antes a la embajada de México en Berlín a que le informaran de las actividades de la comunidad mexicana. Dónde estaban los restaurantes con tacos, dónde estaban los mariachis, dónde estaban los paisas, todo, todo lo quería saber. Pero no logró nada. Era época del mundial de futbol y terminó viendo uno de los partidos de México en un restaurante alemán, "sin nadie que gritara por el pinche país, chingao".

Nunca más lo volví a ver.

Pero me acabo de enterar que los mexicanos no son los únicos que desarrollan el síndrome del Jamaicón. A los alemanes les pasa algo similar. Eso sí, no tan exagerado.

Pero en una publicación reciente que hace la comunidad mexico-alemana en México me llamó la atención un texto en donde dice que los alemanes asentados ahí también extrañan a su familia y a sus amigos. No propiamente a la "mamacita" como el Jamaicón Villegas, pero sí en algún grado.

Y no sólo a la familia. Así como los mexicanos, los alemanes también extrañan su comida: sus salchichas, según muestra la encuesta de este texto; su pan negro que, debo decirlo, es tan rico que cuando yo estoy de viaje también lo extraño; y sus ositos de gomita, los famosos Gummibärchen de Haribo.

También extrañan el orden y las reglas que se han logrado en la sociedad alemana, pero, y lo que es muy interesante, es que de México les gusta mucho, y lo retoman ellos mismos, la forma de ser de los mexicanos.

Un 83.6 por ciento de los encuestados dice estar muy influenciado por la serenidad mexica; un 70 por ciento por la flexibilidad; un 76 por ciento por la apertura humana y un 57 por ciento por la espontaneidad.

¿Y usted, querido alemán emigrado o mexicano inmigrado, qué extraña de su cultura?


lunes, noviembre 08, 2010

¡A por el Castor!

Estaba leyendo una noticia sobre el transporte de residuos nucleares en el portal de la Deutsche Welle en español cuando experimenté un desajuste fonético. 

Copio y pego el momento en que me encontraba para que los lectores se pongan al parejo:
“(…) el “partido pudín”, lo llama el semanario Spiegel en alusión a la impresión de que se tambalea tratando de quedar bien con todos.
A por Berlín
Por último, Los Verdes acaban de proponerse la conquista de la capital germana: “estoy preparada, me postulo como candidata a alcaldesa de Berlín”, anunció Renate Künast, jefa del
Por último, Los Verdes acaban de proponerse la conquista de la capital germana:
Por último, Los Verdes acaban de (…)”
Me di cuenta que no podía continuar. Comencé el párrafo una y otra vez porque perdí la concentración. Ese “a por” del subtítulo me hizo un ruido terrible y yo tengo el problema de tratar con el más cuidado posible mi lengua y de, además, apreciar su sonoridad. Con cualquiera. Aquí fue cuando escuché el disco rayarse.

En general he adoptado una posición tolerante ante varias formas de escritura de los idiomas. Sobre todo cuando es una traspolación del idioma hablado. Eso distingue de manera particular a las comunidades y hace que los idiomas vayan evolucionando. Eso es lo rico de nuestro serhumanismo. Pero este “a por” sí me desquició esta mañana. Pensé que en el sitio en español de la Deutsche Welle se tendría que utilizar un español estándar y no que cada redactor deje su huella con su lenguaje. Primero pensé en mandar una queja, pero primero me puse a investigar un poco sobre lo que es clasificado como “solecismo”. Esto fue lo que encontré.

Primero, una definición de lo que en la página de la “Wikilengua española” es nombrada como “locución adverbial”:
Locución adverbial que enlaza con el destino físico u objeto asociado a la acción del verbo que la antecede, que suele ser de movimiento (ir, volver, venir, regresar, acercarse, marcharse. etc.) y significa en busca de.
Este uso es propio de España, pues en América solo se usa por.
La norma tradicional indica que la fórmula correcta es por (voy por el pan), pero el uso real de España ha consagrado a por. No es difícil encontrar ejemplos en los que por resulta ambiguo o incluso expresa, para los hablantes que hacen la distinción, un significado completamente distinto del pretendido:
Ø Vengo a por ti (he venido a recogerte) / Vengo por ti (si he venido es porque tú estás aquí, y no habría venido si no estuvieras).
Ø Iré por el pastel (me presentaré en aquella fiesta porque darán una tarta muy rica) / Iré a por el pastel (me pasaré a recogerlo de la pastelería).
Ø Me marcho por la puerta (abandono la sala) / Me marcho a por la puerta (soy el carpintero y me voy en mi furgoneta a recoger el material).
Ø Voy por la puerta del garaje (estoy saliendo del garaje de mi casa) / Voy a por la puerta del garaje (soy el cerrajero y voy a cargar la puerta metálica en el camión para instalarla).
Va. Me queda claro el uso. Pero sigo pensando que se trata de una economía del lenguaje como la que vivimos ahora con los mensajes electrónicos. La doble preposición se podría ahorrar escribiendo una frase más larga, explicativa. Y entonces me encontré con esta columna, que pongo aquí abajo, que aparece en un diario local de Colombia. La columna es escrita por Efraim Osorio López y esta entrada en particular data de enero del 2010:
“(…) Salud Hernández, columnista de El Tiempo, tiene la cédula de ciudadanía colombiana, pero es española de pura cepa, o ‘de nación’, locución que le gustaba mucho a Berceo, Bernardo Cano García. Por eso, por ser española, redacta así: “Que permitan que Piedad vaya a por ellos” (XII-27-09), que es como decir “voy a por mi celular”. El castellano admite la combinación de preposiciones, verbigracia, ‘para con el prójimo’, ‘resucitó de entre los muertos’, ‘huyó por entre los matorrales’, ‘lisiado de por vida’, etc.; pero, para el oído de quienes no nacimos en España, es disonante la combinación ‘a por’, que la Academia de la Lengua siempre consideró solecismo, como está asentado en la gramática de 1931. Sin decir ‘ríos de tinta’, se puede afirmar que es mucha la que se ha gastado sobre esta combinación, algunos litros para defenderla, otros, para vapulearla. En su Diccionario de Dudas, el reconocido gramático español Manuel Seco, después de transcribir la enseñanza de la Academia, dice: “No hay, sin embargo, razón seria para censurar este uso, tan legítimo como otras combinaciones de preposiciones (…) nunca repudiadas por los gramáticos. ‘A por’ ya fue defendido por Unamuno y Benavente, y también por Casares, a pesar de las reservas de muchos escritores y hablantes”. Importantísimos los tres, ciertamente, pero españoles. Para éstos y para quienes defienden la construcción ‘a por’, incluido el muy erudito Emilio M. Martínez Amador, no hay argumento alguno que sirva para quitarle a la preposición ‘a’ el derecho de unirse a otras preposiciones, como lo tienen las preposiciones ‘de’, ‘para’ y ‘por’, según los ejemplos dados antes. Alegan, por ejemplo, que es distinto decir “fui a esa reunión por mi mujer” (porque ella insistió, digamos) que “fui a esa reunión a por mi mujer” (a recogerla). ¿Tendrán la razón? De todas maneras, el señor Martínez Amador, después de gastar no sé cuántas onzas de tinta en su apología del ‘a por’, suplica: “Y dígase, en su vista, si no vale la pena de rogar a la Academia que levante el entredicho” (Mega Gramatical y Dudas del Idioma). ¿Atendería esta petición la Nueva Gramática de la Academia de la Lengua? Lo veremos cuando llegue a Palabras, la tradicional librería de don Germán Velásquez.”
Cuando empecé a hacer mi blog, un amigo periodista de México me pidió dejar de escribir en “mexicano”, llamando así a las palabras o frases que uso y que aprendí así en el país en que crecí. Por supuesto que no le hice caso y por lo que veo nadie se ha quejado del uso de mi idioma. Sólo espero que mi desajuste con el “a por” pueda ser modificado pronto.

Y para seguir con el transporte de residuos nucleares, aquí está un mapa donde se puede ir siguiendo, en vivo, la actividad de los ciudadanos periodistas que reportan en vivo vía Twitter, sólo que en Alemán:

sábado, octubre 30, 2010

Los viáticos nazis

Reisekostenabrechnung - Nazizeit
En octubre pero de 1941 un diplomático alemán regresó de un viaje a Belgrado  y entregó la comprobación de viáticos que se ve en la imagen que pongo aquí al lado. En ella se lee: “Liquidación de judíos en Belgrado y pláticas con emisarios húngaros en Budapest”.

No es broma. Era plena Segunda Guerra Mundial y era la Alemania Nazi. El diplomático era Franz Rademacher, encargado entonces del “Departamento Judío” del Ministerio de Exteriores.

Como se puede ver, en ese momento los funcionarios alemanes de entonces vivían con cierta normalidad la exterminación de un grupo de personas.

Pero además iban por ellos más allá de las fronteras de Alemania, como lo “justifica” Rademacher en una carta:

“Se debe utilizar la oportunidad de esta guerra para solucionar de una vez por todas la cuestión judía en toda Europa. Para ello la solución más congruente sería hacer que todos los Estados europeos acepten la ley alemana sobre judíos para que independientemente de su ciudadanía se les apliquen las medidas del país en donde se encuentren, y que los bienes de los judíos se pongan a disposición de la solución final”.

Esa carta la envió Franz Rademacher a otro diplomático llamado Ernst von Weizsäcker, uno de los líderes de la SS y alto funcionario del servicio exterior alemán.

Y aunque Rademacher fue condenado en varias ocasiones, no se conocían detalles de sus macabros planes como los que revelan sus comprobaciones de viáticos y la carta a Von Weizsäcker, que fueron dados a conocer apenas estos días en un estudio de casi mil páginas llamado “Das Amt und die Vergangenheit”.

Este libro, traducido al español como “El ministerio y su pasado”, se refiere a un exhaustivo análisis sobre el pasado del Ministerio de Exteriores de Alemania, que durante mucho tiempo se lo vio como una institución alejada del sistema nazista, incluso como un lugar que estaba en contra del sistema.

Pero no fue así. Fue tan parte del sistema que incluso con estos nuevos documentos y análisis se ve que sin el Ministerio de Exteriores no se habría logrado un sistema de exterminio tan amplio por toda Europa.

Durante la época de la guerra, embajadas alemanas como la de Francia organizaban la deportación de judíos. En Bruselas no sólo de judíos de ese país sino de otras nacionalidades. También con la ayuda de un consulado del ministerio se pudo ver que Thomas Mann, en ese tiempo en Suiza, había escrito en un periódico contra el régimen nazi. Eso llevó a retirarle la nacionalidad alemana.

Todo esto se puede saber ahora gracias a que Joschka Fischer, cuando era ministro de Exteriores de Alemania, en 2005, comenzó una investigación. Todo fue puro azar.

Fischer había recibido una carta de una trabajadora del ministerio, una tal Marga Henseler. En la carta ella le decía que un obituario que se acababa de publicar en la revista interna del ministerio estaba honrando a un nazi. El obituario era para Franz Nüsslein, un diplomático que había estado en la Praga ocupada y donde él habría sido responsable de varias masacres. Nüsslein era además miembro del partido nazi.

Ese y otros obituarios seguían honrando a los nazis de antaño. Fischer detuvo otras publicaciones y además comenzó a cuestionarse cómo es que durante tanto tiempo se mantuvo en secreto la historia del ministerio y sus diplomáticos.

Eso es lo que tenemos ahora en casi mil páginas y que espero poder leer pronto. Sólo que me llegue mi ejemplar para reseñar.

sábado, octubre 23, 2010

Judío mata musulmán

Fiesta del día de muertos mexicano
en Berlín, algunos años atrás
Hoy por la mañana fui a desayunar en uno de esos lugares nuevos de mi barrio. Plato de quesos con nombres franceses, unos jamones nada diferentes de los españoles y unos panes tipo italiano calientitos. Ricos para esta mañana soleada de otoño.

A mi lado hay una pareja que habla en otro idioma. Me cuesta trabajo que son saber alemanes hasta que, después de más de una hora, cierran sus libros de texto que dicen “aprenda checo paso a paso”. Fuck, se masticaron todo el desayuno así. ¡En checo! Entre más se va al este de Europa, más difícil es un idioma. Bello pero difícil.

La plática con la Wika es acerca de la integración. ¿Qué demonios habrá querido Angela Merkel, nuestra canciller, cuando una semana atrás dijo que “lo multicultural había fracasado”? Se habrá referido a la otrora estación multicultural, Radio Multikulti, que dejó de existir a finales del 2008, porque en realidad no me quedaba claro.

Con su razonamiento sagaz, la Wika me dijo que se trata del nuevo discurso conservador que tiene que adoptar su partido, el CDU. Su partido, aunque un partido del pueblo, ha sido tradicionalmente conservador y en vista de que ha estado perdiendo a sus bases debe de retomar un rumbo, recuperar su imagen. O sea, Merkel y co. andan haciendo travesuras populistas. La Wika habló. Retomó su periódico y siguió leyendo.

El problema es que esos discursos, como el de Merkel; el ex banquero Sarrazin con su más reciente libro (“los judíos comparten un gen”, “la sociedad alemana se acaba por el Islam”); o Seehofer, el líder de Baviera (“no se necesita más migración de Turquía o países árabes”).

¿Qué quiere decir en realidad un político cuando hablan de integración o de sociedad multicultural fallidas? ¿cuando sus desayunos son multiculturales? ¿cuando en realidad, y según las estadísticas, Alemania es un país donde las minorías emigran antes que inmigrar?

Si los extranjeros salen mal en las escuelas, error en la política de integración. Si el musulmán hace guetos en Berlín, error en la integración. Si los musulmanes o no musulmanes pero siempre árabes y turcos, hablan mal el alemán, error.

Mezut Özil, la figura del futbol alemán, es un turco que decidió jugar por el país que lo vio crecer y no por el de sus antecesores. Eso le valió abucheos turcos cuando juega en Alemania. Özil es el ejemplo de integración… hasta que sale en las cámaras sin jugar futbol. Entonces los alemanes dicen “ay, pero no canta el himno”. Da una conferencia de prensa, “ay pero habla con ese acento naco, guarro, de los turcos o de los de clase baja”.

Ah qué la canción.

¿Qué es integración? Y de aquí se desprenden conceptos como multicultural, asimilación, tolerancia, aceptación.

¿Qué ganamos con hablar de integración cuando ya todos estamos aquí?

Termino mi desayuno multicultural y al pagar la chica que está detrás de la barra de este café rimbombante me dice ”what?” y entonces llama al dueño para que me entienda y me pueda cobrar. Con perdón de mis amigos estadounidenses los turcos y árabes que están en Berlín por lo menos hablan mucho mejor… no, corrijo, hablan el alemán.

¿Occidental mata tercer mundo? ¿judío estadounidense o católico en general mata musulmán? ¿de qué se trata?

martes, octubre 19, 2010

El milagro futbolero del minero

Cada quien tiene un santo de su devoción. Mario Gómez, 25 años de edad, jugador de futbol la Bundesliga alemana, tiene el suyo y este fin de semana lo sacó de apuros.

Lo curioso es que su santo se llama Mario Gómez, igual que él. Mario Gómez, minero, 63 años de edad, renació la semana pasada al poder parpadear de nuevo ante la luz de la Tierra. Fue uno de los mineros, el más grande de edad, que fueron rescatados en la mina de Copiapó el 13 de octubre pasado.

Así que Mario Gómez, el minero, se hizo santo en vida de mucha gente, pero en especial de Mario Gómez, el jugador.

“Quiero agradecer a la gente de Chile (…) Al momento de darme cuenta que el primer minero rescatado se llamaba Mario Gómez, supe que me iba a salir bien el partido”, señaló Mario Gómez en una entrevista después de su partido contra el Hannover 96.

El minero no fue el primero en ser rescatado, fue el noveno, pero eso no le restó importancia a la motivación del jugador: Mario Gómez ya era un talismán.

Ese sábado del partido, el 16 de octubre, Mario Gómez hizo lo que nunca: anotó tres goles con el Bayern München y, dejando en cero al contrario, celebró su primera goleada con el equipo bávaro. Desde que dejó las filas de su equipo suabo, el VfB Stuttgart, donde tuvo de compañeros a los mexicanos Pável Pardo y a Ricardo Osorio, no había hecho prácticamente nada con los bávaros. Fueron en total 245 días sin anotar gol, o como se diría más adecuadamente, bajo la sombra.

Pero el minero lo salvó.

“Fueron 33 los mineros rescatados, y yo tengo el número 33 en mi camisa”, dijo Gómez.

Y añadió que además hizo 3 goles.

Tres, tres, tres.

Bueno, hay que aclarar que Mario Gómez no es chileno nacido en Alemania. No. Las coincidencias no son tantas. Su papá es mitad español y su mamá alemana, por eso su primer apellido es completamente españolizado.

A ver qué tanto le dura su milagro. El Bayern München está muy mal en la tabla general y no parece que vaya a mejorar. Para mi gusto él tuvo mucha más suerte cuando pudo jugar con los dos mexicanitos en el VfB Stuttgart.

Y eso que en México no se rescata a los mineros.

viernes, octubre 08, 2010

El peso de la Ley

La otra vez andaba desesperado por conseguir un cigarro. Mis amigos ya me conocen por quitarles uno en una fiesta. O dos. O más. Pero esta vez estaba solo y necesitaba fumarme uno.

Caminé por las calles. Era tarde noche. Todos los negocios estaban abiertos. La gente iba a cenar o se preparaba para ir de antro. Pero últimamente ya no me siento tan cómodo pidiendo un cigarro a la gente en la calle. Una de las últimas veces que hice eso el tipo me dijo, ¿pero por qué?, cómprate los tuyos. Y yo le ofrecí 50 centavos para comprarle el pitillo ese.

En Alemania, como supongo en muchas partes de Europa, los cigarros son carísimos, 4 euros, 4,50 o hasta 5 la cajetilla, es decir hasta unos 85 pesos, comparando con México. Y me parece que la gente invierte muy consciente en el negocio del cáncer pulmonar. Una vez que pagas tu cajetilla te la quieres fumar hasta la muerte. Por eso muchas veces cuando uno pide un cigarro ofreces 20, 30 o hasta 50 centavos como yo. Hay gente que te dice, neeee, cómo; hay otros que te dicen, OK, bueno, como si fuera estúpido pagar hasta casi 3 veces más caro un cigarro. Y hay otros como el que yo encontré que de plano te castigan diciéndote un rotundo no.

Qué bueno que mis amigos me siguen tolerando.

Esta vez que estaba desesperado en la calle pensé que podría encontrar uno fácil. Con todas las tienditas abiertas imaginé que habría alguna que vendería cigarros sueltos. Como en México. Como en muchas partes del mundo. Es un negociazo con nosotros los que no compramos cajetillas completas. Tener 20 o 25 cigarros en la mano de golpe es un símbolo mortal.

Mi sorpresa fue que, después de visitar como 10 tienditas, tal era mi desesperación, nadie tenía cigarros sueltos. En la última me entrevisté al dueño. Un turco. ¿Por qué? le dije, si es un negociazo. Él no negó el dinero que se hacía con los cigarros sueltos. Porque durante mucho tiempo lo hizo. Pero, me dijo, la multa es más grande y por más que se saque dinero no alcanza para la multa. Son 5 mil euros los que uno tiene que pagar si Hacienda te descubre con el negocio de cigarros sueltos.

“Wenn Brief kommt, ruiniert”, dice, haciendo ver que en cuanto llegue la carta de Hacienda tendría que despedirse de su negocio.

Resulta que Hacienda se dio cuenta que muchas tienditas vendían cigarros sueltos y decidió amenazarlos. Y ahora todos cumplen con la Ley. De hecho recordé que en las visitas al resto de las tienditas varios tenderos se me adelantaban con la respuesta y con ojos muy abiertos me decían que no, como cuando le ofreces mordida abiertamente a un policía en México.

El resto de la noche pensé en una vietnamita que tiene su puesto en otro barrio de Berlín y que seguro sigue vendiendo cigarros sueltos. Los vietnamitas son los amos y señores del cigarro pirateado y vendido en partes en Berlín. Ahí es donde creo que el brazo de la Ley no ha llegado.

jueves, octubre 07, 2010

‘Todos los dictadores hechizan’.- Vargas Llosa (Berlinale 2006)

Mario Vargas Llosa estuvo en el Festival Internacional de Cine de Berlín del 2006. Esa vez su primo, Luis Llosa presentó la película que hizo basada en la novela La Fiesta del Chivo. Y ahora que se ganó el Nobel de Literatura y estamos con ánimos de recordar varios pasajes de su vida artística, traigo a colación una breve con él:

BERLÍN, Alemania.- Entre todas las estrellas que participan en el Festival de Cine de Berlín, hay una que llama mucho la atención, pero no precisamente por ser un actor, es Mario Vargas Llosa, quien vino a presentar la película que se basa en su novela, La Fiesta del Chivo.

En los tres días que está en Berlín, Vargas Llosa tiene a periodistas alemanes y extranjeros esperando, como si se tratara de Gael García o de George Clooney, los únicos que podrían opacarlo. Todos quieren saber cómo se siente él sobre la historia de un dictador latinoamericano llevada a la pantalla grande.

Sentado al lado de su primo, Luis Llosa, el director del filme, Vargas Llosa diferencia la literatura del lenguaje cinematográfico, y reflexiona sobre las dictaduras modernas.

 ¿Cómo influye el primo como director, en la adaptación de su novela?
 No influye en nada. Lucho (así le dice a Luis) lo filmó porque es un director de cine, no porque es mi primo. Además la primera adaptación al cine de una historia mía la hizo Lucho como adolescente de un cuento de Los Jefes.

¿No teme que su novela desmerezca en el cine, como ha pasado con otras famosas, como El Padrino?
Quizás la menos exitosa es una adaptación en la que yo intervine (Pantaleón y las Visitadoras), escribiendo el guión y codirigiendo la película. No busco una fidelidad absoluta de la novela a la película, es una ilusión, creo que son dos lenguajes completamente distintos. La fidelidad al espíritu es lo que me gustaría que tuvieran las adaptaciones y en La Fiesta del Chivo esa fidelidad está ahí.

¿Vio acertadas las interpretaciones en el filme de los personajes de la novela?
Con las adaptaciones he descubierto que yo, y probablemente todos los novelistas, no tenemos una visión nítida de los personajes que inventamos. El erotismo es más rico en la literatura que en el cine porque ahí siempre hay esa concreción de la imagen. Esos personajes me convencen por ellos mismos pero no porque se asemejen mucho a un modelo. El trabajo que más me gustó fue el de Isabella Rosellini y el de Stephanie Leonidas, las Uranias.

¿Y el actor Tomas Milian da la imagen del dictador Trujillo?
En ciertos momentos, sobre todo cuando pone su poder a través de la humillación.

Ahora que estuvo en Iraq, ¿tuvo ocasión de descubrir si todos los dictadores están hechos de la misma madera? ¿Hay algo que cambie según la latitud?
Son de la misma esencia. Lo comparten. Hay las variantes de cultura de religión, de medioambiente, desde luego. En lo que significa una dictadura, en la degradación de la sociedad, las dictaduras y los dictadores suelen ser populares, es una cosa muy desmoralizadora, pero real. Lo mismo pasó con Franco, los cientos de miles de españoles que hicieron cola cuando murió Franco ¿no? No hay dictador que no haya provocado esa especie de hechizo deshumanizador, esa especie de abdicación en que la sociedad entera como que se castra y le entrega al dictador la facultad de decidir todo por ellos, hasta en los países civilizados, eso fue la dictadura de Hitler, la de Mussolini, Stalin y Mao.

¿Qué escena de La Fiesta del Chivo le gustó más?
La escena que más trabajo me costó escribir y que reescribí no sé cuántas veces, que fue la desfloración de Uranita por Trujillo. Y esa escena me conmovió profundamente en la película también. Esa escena me costó muchísimo trabajo porque cuando uno cuenta algo muy terrible, algo que ofende a la sensibilidad, los sentimientos de los lectores, los lectores se defienden no creyendo. Rechazan algo que los hiere. Y entonces hay que buscar un método para que rompa esas censuras.

martes, octubre 05, 2010

Nur ein kostenloser Kaffee


Und plötzlich die Falkensteinstraße in Kreuzberg war volle Bullen: ungefähr 30 grüne Polizisten, plus 5 oder 6 Panzer-ähnlich Autos, sind dahin gekommen, um einen Laden zu schützen. Es war aber kein irgendeiner Laden.

Die Geschichte verlief so: der Hermann Sachse Laden, ein Farbe-Laden, musste wegziehen. Die Preise für die Miete waren zu Hoch für sie, hieß es. Der Laden, der Jahre lang in der Falkensteinstr. war, könnte nicht mehr die hohe Preise zahlen, die wegen der „Kneipen-, Restaurant und Club-Monokultur“ gestiegen sind. Deswegen haben sie sich entschlossen woanders zu gehen, aber nicht ohne eine Kampagne darüber zu machen: die ehemalige Inhaber haben Anzeigen gegen hohe Preise und Gentrifizierung im Allgemein auf die Vitrine aufgeklebt. Das hat einige Leute motiviert und deswegen war die Polizei da.

Am Wochenende wurde der Laden eingebrochen und aus der schon leeren Fläche haben sich diese besonders motivierten Leute niedergelassen und ein kostenloses Kiezcafé installiert. „Der Inhaber des Hauses wollte kein kostenloses Geschäft im Laden haben“, sagte eine Polizisten. Alles wurde wieder geräumt und besiegelt aber die schwarz gekleidete Leute blieb Draußen mit dem Café, um Protest zu machen. „Hier wird noch ein Indisches Restaurant sein oder ein Wellness Spa“, sagte mir eine Frau, die nicht im Kiez wohne, sondern im benachbarten Kiez Neukölln.

Mal sehen was daraus wird. Witzig ist, dass während der Polizei da war, ich habe der einen oder der anderen Polizisten gesehen, der sich drüben einen stück Pizza geholt haben: In einem Laden der auch schuldig für diese Gentrifizierung ist!

miércoles, septiembre 29, 2010

‘Cuando el dolor llegue a Azcárraga, acabará el narco’

Edgardo Buscaglia.

La fuente de la foto es del periódico El Universal



Este es un texto poco común para las historias de mi blog. Originalmente se iba a publicar en alguno de los medios para los que trabajo, pero no alcanzó a ver la luz. Y merece ser leído.

Se trata de una entrevista con el escritor, analista, jurista y experto en seguridad uruguayo-estadounidense Edgardo Buscaglia. Él participó en un debate sobre narcotráfico en Berlín mientras se desarrollaba el Festival Internacional de Literatura. Incluso esta noticia da para escribirse como una historia, pero por falta de tiempo no lo hago, tampoco por el afán de dejarla como hubiera sido publicada originalmente.


BERLÍN.- El narcotráfico tendrá una solución cuando toque a las élites políticas y económicas del país.

“Cuando vean tocado su patrimonio, sus hijos violados, no casos aislados como el hijo de Martí, o la mitad de la corte suprema masacrada como en Colombia, entonces comenzará el cambio”, señaló el especialista en seguridad Edgardo Buscaglia.

Esa fue una de las respuestas que el analista dio a las preguntas de un público berlinés que asistió a la plática “Plata en lugar de plomo: sobre la economía de las drogas y la cultura de las drogas en México, en el marco del Festival de Literatura de Berlín, que se realiza del 15 al 25 de septiembre.

Buscaglia se sentó a un podio junto con el escritor mexicano Élmer Mendoza, en donde ambos hablaron de la situación del país.

“Si no tuviéramos 28 mil muertos en México, no me habrían invitado a este podio”, señaló en entrevista posterior.

Tanto Buscaglia como Mendoza presentaron dos realidades diferentes del país, la del analista y la del escritor. Lamentablemente Mendoza no estuvo disponible para una entrevista más detallada sobre sus posturas.

“Ambas son dos realidades válidas, son subjetivas y son paralelas, sólo que la mía se mueve en la cuestión probativa”, dijo Buscaglia.

El público alemán no sólo estaba ávido de relatos de muertos, sino de soluciones concretas para México.

“La tragedia en México no son sólo los muertos sino todo el genocidio sociocultural que ocasiona el crimen organizado”, dijo Buscaglia.

Entonces es cuando viene la pregunta de cómo se puede acabar con el problema del narcotráfico.
De acuerdo con los autores la legalización de la mariguana es sólo un placebo; mientras que las capturas de los delincuentes son “señuelos que lanzan las élites” para distraer a la opinión pública.

En la discusión que se abrió en la Fundación Heinrich Böll, donde se realizó la plática de ambos autores, Buscaglia reiteró su tesis de atacar al patrimonio del crimen organizado encontrar soluciones reales.

“Los fiscales de México tienen que trabajar con unidades de inteligencia, así podrían investigar a otras empresas que fungen como transportistas o financieros de campañas y armar el rompecabezas del patrimonio del crimen organizado”, explicó.

Pero como el mismo Buscaglia no cree en que se escuchen sus propuestas, pues lleva ocho años haciéndolas basado en criterios de la ONU, vaticina que en México se tendrán que vivir primero tiempos peores.

“Cuando el dolor de las madres y padres de Ciudad Juárez llegue a los Azcárraga (dueños del monopolio mediático Televisa), a los Salinas Pliego, habrá una exigencia para acabar con el crimen organizado. Ese será el jaque mate.”, dijo.

En su paso por Alemania, Buscaglia encontró que los modelos de prevención, como los que ya hay en Italia, podrían ayudar a legitimar al gobierno mexicano.

“Se podría crear un gabinete de seguridad social que trabaje con algunas ONG y que administre los bienes confiscados, como la casa de narcotraficantes, para ser usados como centros de asociaciones civiles que se ocupen de problemas sociales”, dijo.

A Alemania le interesan los libros de Buscaglia, pues ya está la propuesta de traducir a la lengua de Goethe el más reciente libro “Undermining the Foundations of Organized Crime and Public Sector Corruption” (Cómo socavar los cimientos del crimen organizado y de la corrupción en el sector público), aunque todavía no hay una fecha determinada para su publicación.

sábado, septiembre 04, 2010

Extranjeros forever


Policía durante el mundial del 2006:
aceptando los códigos mexicanos
Estoy en el metro de Berlín. El viaje transcurre normal hasta que frente a mí se sienta una chica extranjera. Este calificativo no sería importante si no fuera por la escena que sigue.
 
La chica se pone sus audífonos y se aísla del mundo. No ve a ningún lado y sólo le importa disfrutar su música. Tampoco parece importarle que se sentó en el lugar reservado a enfermos, discapacitados o impedidos física o mentalmente.
 
En una estación se sube una pareja alemana. Dos ancianos. El hombre se sostenía en pie con bastante trabajo. El arranque del metro casi lo derrumba. Y toda esta escena se estaba realizando frente al asiento donde estaba la chica. Ella como que veía de reojo pero más bien como que parecía no querer ver. Mientras tanto otras personas habían ofrecido sus asientos.
 
Esta situación la he visto bastantes veces y cuando en esos asientos hay alemanes sentados, inmediatamente los ceden. 1.- saben que están ocupando un lugar designado para otras personas y 2.- están al tanto de lo que sucede a su alrededor. Con todos los prejuicios de frialdad que hay de los alemanes, algo que no se puede refutar es que siempre están prestos a ayudar por iniciativa propia o por petición.
 
En este caso la chica no se inmutó. ¿Consecuencia? Tanto la pareja de ancianos como la gente del derredor se la quedó viendo. Se ganó una observación de juicio. Y eso, estoy seguro, sí que lo sintió ella.

Como esta situación hay varias. El extranjero no entiende algo y se siente discriminado. Y me parece que con esto se pueden sacar dos conclusiones, que los problemas de integración en Alemania también provienen de los extranjeros mismos, y que los extranjeros aprovechan situaciones como esta para proyectar un prejuicio basado en un arquetipo (la Alemania racista de hace más de 65 años) para justificar su impotencia para asimilarse o hacerse asimilar.

Está claro que cuando una persona llega a otro país a vivir, por invitación o por voluntad propia, siempre luchará con una nueva cultura: otra gente, otro clima, otras costumbres, otro idioma, etc., pero eso no es razón suficiente para echarle la culpa al país.

Y esto lo digo porque Alemania en especial sufre de eso. "Pinche idioma de mierda", dicen unos. "Malditos alemanes fríos", dicen otros. "Racistas", se sigue escuchando. Y no me parece justo.

Me gustaría abundar que México es más racista que Alemania hoy en día, e incluso más clasista, pero ese no es mi papel ni la razón de esta entrega.

Si un extranjero en Alemania quiere dejar de ser extranjero, deberá de ser por méritos propios, si no es que el placer de serlo ya le invadió antes. Leer los signos culturales deberá ser un menester para que una chica como la del metro encuentre su lugar y le sea respetado.

O como el gringo judío que llega a un bar a tomar lo que todos toman, no ve el precio, y cuando le cobran dice "¡¡¿¿qué??!! ¿4 euros por la copa? sólo porque soy judío, ¿verdad?".

O el chileno que se cae de borracho a las vías del metro, termina en el hospital, y dice que lo golpearon los neonazis (no niego que haya ataques de neonazis, pero tampoco se tiene que abusar de ellos así).

O el mexicano que llegó invitado por una empresa para hacer nuevos diseños en Berlín. Mucho dinero de por medio. Oportunidad sin igual. Área creativa. Trabajo fijo. Pero después de tres meses ya le mienta a madre a los alemanes por no integrarlo.

¿O cómo debería de ser este juego?

lunes, agosto 23, 2010

“Nos mudamos”: Gentrificación en Berlín


Ayer que estaba caminando por el barrio, me encontré con esta vieja tienda de pinturas. Era domingo y estaba cerrada, pero en su aparador tenía colgado este letrero: "nos mudamos".

Quizás no es frecuente ver este tipo de letreros, pero con amigos, conocidos y notas de periódico uno se entera que el barrio cambia de habitantes para dar lugar a gente y negocios que quieren otro estilo de vida, muchas veces también más caro.

Lo que dice el texto: "Un aumento de la renta del 132 % + 'X' obliga a la empresa Herman Sachse a cambiarse de lugar. Lo lamentamos mucho. Esta mudanza forzada es otro paso más en la monocultura que los bares, restaurantes, y discos están creando en la Falckensteinstrasse. Para nosotros habitantes de la zona lamentablemente no es ningún placer, sino una disminución en nuestra calidad de vida. Cada vez es más difícil para los habitantes y negocios de la zona pagar las rentas que se están pidiendo y tienen que mudarse. Con esto se impulsa la destrucción de una comunidad vecinal más grande y unida. Usemos la imaginación para defendernos de la gentrificación."

¿Pero qué es la gentrificación? Ya alguna vez toqué un ejemplo de Prenzlauer Berg, otro barrio que ya vivió esta transformación. El tema me llama mucho la atención por varias razones. Me confronta con mi propio estilo de vida, porque yo soy un extranjero y no llegué hace mucho tiempo a este barrio, y también porque escribo, hablo, difundo información de Berlín de muchas formas, en medios corporativos y en blogs. Pero al mismo tiempo rechazo el fenómeno del cambio cultural completo, agresivo y efímero, o de capitalismo devorador, como se podría simplificar ahora el concepto de gentrificación. Yo creo que hay muchas formas en que los extranjeros sean parte de la vida diaria de una nueva ciudad, como Berlín en este caso.

El punto es que al ver esta tienda de pinturas en una calle del barrio sentí un dolor terrible. Leer ese mensaje en el aparador de la tienda me hizo imaginar que ahí pronto habría un tercer restaurante de comida india operado por inmigrantes paquistaníes que también tienen restaurantes mexicanos, "mexicanos", con palmeras y pirámides de plástico en su interior. También podría caber ahí el cuarto negocio de una familia turca que en esa calle, y uno junto del otro, abrió una heladería, una pizzería y un restaurante de pasta italiana. Y si no, pues un puesto de tallarines chinos llamado McThai o China Box algo así.

Como me planteaba en la otra entrega sobre gentrificación: no sé si el fenómeno es bueno o malo para la ciudad. Yo le veo tantas ventajas como desventajas. Es simplemente que el fenómeno me interesa muchísimo y refleja de alguna forma ese instinto depredador que tenemos los seres humanos, un instinto o una actitud o un deseo inevitable hasta que el corazón deja de palpitar.

sábado, agosto 14, 2010

La ¿maldición? del backpack.

Desde que no tengo apéndice estoy más ligero. Casi 10 kilos más ligero. Cuando salgo a la calle ahora vuelo como una pluma.

Así salí la otra vez de mi edificio en el barrio de Kreuzberg. El Spree soltaba su brisa de la mañana. El sol alumbraba a los pajaritos chifladores. El cartero comenzaba la entrega de las epístolas que vienen a emocionar un día. Hasta que llegué a la esquina de la calle y lo vi. Fue como si de repente hubiera llegado una nube con rayos y truenos. El peso pluma se transformó en peso plomo.

Ahí estaba ese símbolo de la decadencia. Ese concepto de la contradicción. Ese personaje provocador: el turista. Un tipo sujetado a un backpack y con un mapa de la ciudad extendido al aire. A su lado un amigo desesperado por tener la siguiente coordenada.

Rayos y centellas.

¿Qué ha pasado en el barrio para merecer esta especie humana depredadora? Entre los visitantes de una ciudad el turista es el más salvaje de ellos. Llega como manada a donde le dicen que hay comida. Devora para satisfacer un instinto precario de satisfacción, en lugar de planear el terreno de caza haciendo simbiosis con él descubriendo cautelosa y sigilosamente lo que necesita para alimentarse. El turista como animal depredador y cadena ulterior del capitalismo salvaje.

Ahí estaban los dos seres en la esquina de mi calle, una calle que en un tiempo no lejano fuera un recoveco de paz, incluso en el ya de por sí revoltoso barrio.

Muchos me dirán que los dos podrían haber estado perdidos y que en realidad no habría que encontrar una quinta pata al gato. Que no habría problema alguno ahí. Pero no. Quien vio el Berlín de hace 10 años y puede ver el de ahora podrá distinguir que el turismo ha tomado la ciudad como un fenómeno de masas y que ha transformado la economía de la ciudad. Por un lado le hace bien a la ciudad, pero por otro lado los productos de esta nueva economía, los hoteles baratos; los hoteles uno encima del otro; las 'bier bikes'; el 'Muro de Berlín para rascar, oler y llevar'; los empleos baratos; los restaurantes 'nice' que fomentan la división de clases y disparan las rentas de los barrios otrora humildes y baratos; etc., son conceptos de decadencia tan pesados como los backpacks de los dos turistas en la esquina de mi casa.

A la vuelta de mi casa, hacia el otro lado de los turistas, abrió un nuevo restaurante. Un restaurante 'nice'. Ocupa el espacio que antes tenía un muelle público. Uno podía pasearse por ahí gratis respirando la brisa del Spree y apreciando el Muro de Berlín del otro lado. Hoy se sientan ahí personas con trajes bien planchados y corbatas hasta el pescuezo. ¡En Kreuzberg! En lo que fuera el corazón de un barrio industrial, luego de migrantes y luego de luchas izquierdistas. Ahí está el editor de una famosa revista, de traje y corbata, quien a la pregunta de si ahora 'su gente' por fin osará venir a este barrio contesta "sí, aquí pronto estará todo Mitte y Prenzlauer Berg".

En otras palabras: gentrificación, wessi y backpackera, por ponerle adjetivos.

lunes, agosto 02, 2010

Hola, ¿tú eres neonazi?

Un día serví como camarógrafo. Y de a gratis. Sólo a un periodista mexicano como yo se le ocurriría hacer semejante acción en su tiempo libre. Digamos que fue verdadero amor al arte.

Esta artista mexicana me pidió ayudarle en su proyecto. Sonaba tan bien lo que quería hacer que inmediatamente me convenció. Yo me ofrecí. Ella sólo estaba unos días en Berlín y no tenía a quien más acudir, y además le podía ayudar con el idioma y con la forma de torear a los alemanes. El proyecto constaba de entrevistas en la calle.

Después nos fuimos a comer una pizza. Ella me invitó. Hicimos la fila para ordenar y de repente vi que sus ojos se quedaron clavados en una persona. Eran unos ojos como de miedo pero también de inocencia. Me la quedo viendo y me pregunta, ¿es él un neonazi?, y me señala al tipo que había estado viendo, un hombre como de dos metros de altura, corpulento, de tez blanca y con una pelona que se reflejaba el foco del mostrador de la pizzería. Sonreí a mis adentros y le dije que no se preocupara, que él no era un neonazi.
Su inocencia me dejó pensando en los estereotipos. Y en los medios de comunicación. Y en los neonazis que viven entre nosotros.

Y digo "su inocencia" porque no por el hecho de que alguien tenga la cabeza rapada va a ser inmediatamente un neonazi. Pero, claro, ¿cómo lo iba a saber ella si sólo está unos días en Berlín, la capital alemana, y desde el extranjero sólo recibe quién sabe qué tipo de información sobre este país. Quizás puros estereotipos que yo más bien ya catalogaría de arquetipos.

De alguna forma he aprendido a distinguir a los alemanes. Ya sé quién pide su ayuda social. Ya sé quién vive por completo de la ayuda social. Ya sé quién es artista. Ya sé quién odia a los artistas. Ya sé quién es del Este y quién del Oeste. Ya sé quién es neoizquierdista. Ya sé quién es un joven berlinés con trasfondo de migración árabe, como se conoce en la bonita jerga burocrática alemana. Y, por supuesto, que ya sé quién es neonazista.

A estos últimos yo, en lo particular, no los veo muy seguido. La otra vez casi siento que se me desprende el alma cuando me di cuenta que yo iba sentado al lado de uno en el metro. Sólo nos separaba el periódico que yo había puesto a mi lado.

El tipo iba con un camarada. Él sentado enfrente, ambos quizás en sus treinta años. Vi cuando se subieron al vagón pero no los identifiqué en mi zooteca mental porque, de hecho, abanderaron uno de mis deseos: gritarle a unos jóvenes berlineses con trasfondo de migración árabe. Esta especie de fauna se la pasa en bandadas en el metro, cambiando de vagón en cada estación y lanzando escupitajos a diestra y siniestra en los andenes. Detienen las puertas de los metros, se gritan de metro a metro, corren dentro de los vagones y siempre parece que andan tramando algo. Y cuando se salieron de mi vagón estos dos neonazis que entraban en ese momento les gritaron algo.

Uf, silencio, calma por un rato. Sigo leyendo el periódico. Pero en un momento, por el hueco que dejaba mi periódico hacia el piso, veo que el tenis de mi vecino de asiento, el que acababa de entrar, era un "New Balance". No. Alarma. Interrumpo de nuevo la lectura para auscultar a mi vecino. Esos tenis, que traen una "N" enorme bordada, son uno de los identificativos que usan, en muchos casos, los "N"eonazis. Veo que ambos son blancos, no traen el pelo rapado pero sí corto, y que se la pasaban viendo al otro vagón a donde estaban los jóvenes berlineses con trasfondo de migración árabe. Y entonces me doy cuenta que hablan de ellos, que los maldicen, que dicen puras cosas incoherentes que yo mismo no recuerdo por los nervios y que hicieron que una chica, otra vecina de asiento que ya estaba ahí antes que ellos, volteara a verlos y a reírse de lo que decían, como una forma de descalificarlos.

Después traté de calmarme. Pensé que no me iban a hacer nada. Que no tenían porqué hacerme algo. Dejé de mirarlos sociológicamente, pero entonces ellos ya me habían empezado a observar. Agarré más fuerte mi periódico y fingí concentrarme en mi lectura, así por lo menos podrían ver que leo en su idioma. Pero después cambié de opinión y no quise ocultarme en el periódico. Quise ser un berlinés normal. Uno de esos que, como la chica vecina de asiento, confronta una situación en la calle con inocencia y juicio a la vez, con temple y valor, así como las mujeres no se dejan de los hombres, así como los jóvenes le gritan a los adultos, así como los viejos se meten con los jóvenes, todos con el afán de marcar, remarcar o hacer respetar las mínimas reglas de convivencia.

Y así me puse yo. Pensé también como el periodista que soy y me dieron ganas de entrevistar a uno de mis vecinos. Quería hacerle preguntas y ver si podía entablar una plática "normal" con el tipo sobre sus motivos. Eso lo pensé porque, según dice la leyenda, un antiguo jefe mío, un editor en México, una vez estaba siendo asaltado en un taxi y en lugar de ser despojado de sus pertenencias, él terminó entrevistando a los ladrones. Eso quería hacer yo, pero si hay un código de conducta que no puedo determinar bien es el de los neonazis.
Decidí no hacer nada y me bajé del metro. Ellos venían calientes con y por los jóvenes berlineses con trasfondo árabe, y yo no quería hacer la cosa más ardiente. Aunque quizás en otra oportunidad tendré que quitarme mis estereotipos y arquetipos y actuar con toda la inocencia de aquella artista mexicana para acercarme un día a un neonazi y preguntarle "hola, ¿tú eres neonazi? ¿por qué?"

miércoles, julio 14, 2010

Bestiario veraniego berlinés

Espero el metro en el andén habitual. La serpiente férrea se desliza de Warschauer Str. hacia Schlesisches Tor, con un rechinido que para los pelos, y esta vez la viene manejando un toro. Esos pocos segundos que uno ve la cabina del domador duraron novelas. Una calva brillante, lentes de sol y un piercing en la nariz con un pendiente como de toro de encierro, casi más grande que una herradura. Por eso tenía bien domada a esa serpiente berlinesa amarilla. No dudo que España nos anda mandando imágenes de su triunfo en la Copa Mundial de Futbol. A ver dónde más aparecen toros.

***

Otro día. Otro metro. Otra espera. Ese minuto que marcan las pantallas electrónicas para indicar el tiempo en que pasará se convierte en 5 minutos. Pero siempre marca el número uno. Quizás es una forma de medir el tiempo en Alemania. En el aire puede haber más tiempo, pero si un reloj o una pantalla hace la marcación oficial, se podrá argumentar que uno es puntual. El uno comienza a parpadear. El aire del túnel se siente más fresco. Ahí viene de nuevo esa serpiente mecánica. Pero otro sonido se mezcla. Agua cayendo. Un chorro. Constante. Volteo y un perro está meando el poste de las llamadas de emergencia. Más agua y el uno sigue parpadeando. Es como una pipí de cinco minutos. La correa del perro la sostiene un homo berlinus extremis, con pelos pintados, tirantes sin camisa y una cerveza a medio acabar en la mano. Observa algo en el reloj mientras su cuadrúpedo acompañante exhala caninamente. El chorro culmina con el rechinido de la serpiente. Es el fin del tiempo.

***

Una amiga me dice "yo no me subo a las bicis con minifalda, no voy a andar enseñando toda la cola". Y está bien así, cada quien sus asuntos. Pero el resto de las mujeres berlinesas no se sirven de ese pensamiento. Es más, yo creo que ni lo piensan. Simplemente se ponen una falda o una minifalda y se suben a la bicicleta. Es verano, la gente quiere transportarse en bicicleta, y la gente quiere estar fresca y bonita. Por eso las mujeres se ponen sus faldas. Cuando pasan un crucero parece el Tour de France, un contingente que pasa a toda velocidad y que suelta una bofetada de aire al peatón que espera cruzar. Y ahí viene una chica que traía la cola de fuera. Minifalda casi arriba del cinturón y algo que se ve como unos calzones. Venía comiéndose todo el aire. ¿Y qué importó? El show duró igual, unos segundos novelescos. Es más, quizás hasta lo que traía era un traje de baño, mucha gente se va a nadar después de su trabajo. O quizás quería liberar a la bestia que traía dentro de sí. Quién sabe.

***

Un fin de semana en un lago. Lleno, parece balneario del IMSS en México, sólo que calladito, así es por acá. De un lado unos que llegan se cambian enfrente del resto, sin hacerse "casita" y sin ponerse toalla. Segundos porno. Otros que llegan en grupo, jóvenes, tatuados y musculosos, cervezas en la mano, oh, no, peligro de problemas. Por otro lado unas familias con tiendas de campaña a medias, de esas que sólo protegen del viento. Ahí en una esquina dos niñas como de 11 años cada una, solas, que llegaron en sus bicicletas al lago y que al final recogen sus cosas y las ordenan cuales adultas. En uno de los primeros lugares de la playa del lago, ahí donde sólo puede llegar un alemán que se despierta a las 6 de la mañana con las toallas en mano, está un señor con una niña que parece su hija. Él flaco, de tez blanca pero con pelos negros. Pelos, vellos, pelambre, parece de un bañista de película de los años 80. Su bikini rojo visto de frente no deja nada a la imaginación, todo pegado al tallo. Se da la vuelta para ir a nadar y tiene, cómo decirlo, las nalgas más peludas que mi cabellera. Su tanga no deja mentir, un hijo rojo que sale de lo oscurito hacia la cintura. Abraza a su hija y se va al agua. El pulpo Paul se habría puesto los ocho tentáculos sobre sus ojos para evitar ese paisaje.

***

En uno de mis blogs dos comentaristas se pelean. Una mujer mexicana que vive en alguna parte de Alemania escribe recientemente que a los alemanes no les gusta que les digan que no saben bailar o divertirse. Entonces llega un comentarista que se hace llamar El Teutón que dice que los alemanes saben divertirse más que los disque divertidos latinos. La verdad es que sí, cada quien trae su pedo. A continuación una escena en un bar en el barrio berlinés de Friedrichshain. Un grupo de "latinos" entra a este bar. En realidad es una farmacia convertida en cervecería, creo que es mejor que un bar. Tres mexicanos y un argentino. Hablan fuerte, como aprendimos en las protestas contra el presidente en turno. En una esquina una mujer nos mira con ojos de luz y no espera a pasarse su trago cuando grita: "son latinos ¿verdad?". Pone su mano en la rodilla del que después nombró como su marido, le pide permisito a los amigos rubios que estaban ahí con ella y se muda a  donde los latinos. "Ay es que esos alemanes nos saben divertirse, aquí está el calor, salú", dice la señora que se identifica como venezolana. Pide más tragos al bartender. Despotrica más contra su marido, "ay es que ahí no se hace más que hablar serio", "ay es que aquí son bien raros", "ay es que no hay respeto por una dama". El marido se acerca. Le quiere decir que ya se va pero que si se quiere quedar, que lo haga. Con sus amigos latinos de hace 10 minutos. Que ella tendría que pagarse el resto de sus bebidas porque ya no trae más dinero consigo. Ella interrumpe y traduce el mensaje de la siguiente manera, "ya se va el aguafiestas", "miren, no le importa que me quede con nuevos amigos", "miren, no se quiere sumar a la fiesta", "ay, y es bien codo, no me va a pagar el resto de las bebidas", "no sabe divertirse". La hembra latina salió de caza.

***

De nuevo en el andén del metro. La serpiente amarilla nos escupe de sus adentros, todos nos hacemos uno y nos alejamos con parsimonia. El tiempo no pasa, sólo existe la cadencia de los pasos. Somos como una corriente de río que se abre paso entre piedras hacia donde apunta la gravedad. Y de repente aparece un salmón. Viene en sentido inverso. Se alcanza por dónde va rompiendo la corriente. Se ve como estela mas no se ve nadie. Cuando pasa junto a mí veo a un niño. Quizás 10 o 12 años. Gordo, como alimentado por Bimbo y Coca Cola toda su vida y con una cara que se estira así cuando uno pierde el tren de la vida. Cuando uno ve partir esa última oportunidad. Como un espermatozoide que se quiere lograr. Las fauces comienzan a cerrarse y este niño salmón espermatozoidal no puede librarse de mí. Yo soy parte de todo en ese momento y me siento como bloque. La imagen de un ser humano con esas características me dejó como agua estancada. Quisiera ayudarle, pero no a montar esta serpiente amarilla, sino a montar una nueva línea de vida.
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