Montag, Juli 06, 2009

Aguacates Testículo

Ayer estábamos en casa disfrutando del domingo. Calorcito, buen desayuno, todavía nada de elecciones en México y algunas lecturas. De repente, en la revista Neon, descubrimos algo que ni mi familia en México me había dicho: los aguacates son testículos.

En la revista venía un suplemento de "saber inútil" y claro que me lo eché. Es más chido el saber inútil que tratar de entender el sistema parlamentario alemán (hay elecciones en septiembre). Y en la frase 120, de 200, encontré esa del aguacate: "Das Wort Avocado stammt aus dem Aztekischen, und bedeutet so viel wie Hoden". Es decir: "La palabra aguacate viene del náhuatl y significa testículo".

Primero: fui por el diccionario de Guido Gómez da Silva sobre mexicanismos para darle un sentido etimológico a la imagen que acababa de ver de mí en el espejo. Aguacate, del náhuatl ahuacatl 'aguacate; testículo', de ahuatl 'encino, roble', o de ahuacacuahuitl, literalmente = 'árbol de los testículos', debido a que se usaba como afrodisíaco.

Segundo: entré a internet y descubrí que en inglés, por ahí de mediados del Siglo 18 se decía alligator pear, es decir: pera lagarto. El náhuatl se usa desde el Siglo 15.

Y tercero: fui por dos aguacates al horno (ahí los pongo envueltos con periódico para que se maduren) y me los colgué para ver cómo se veían. Pasaron la prueba.

Bueno, la verdad es que el tercer punto lo hice en primer lugar, pero el orden de los factores no altera el producto.

¿Alguna receta testicular?

Donnerstag, Juli 02, 2009

La profecía no se cumplió

Después de aquel dramático día, el día de los Siete Durmientes, el verano entró de lleno a Berlín. Al parecer la profecía no se cumplió.

Ese 27 de junio estuvo todo el día nublado. Algunos pronósticos decían que llovería y contra todos ellos nos salimos a hacer una parrillada a un parque al lado del Muro. Enfrío un poquito pero no llovió. Los días siguientes y hasta hoy el verano entró de lleno con calores de hasta 30 grados. ¡Nos estamos rostizando!

Lunes, martes, todos los días la gente aprovecha para salir a comer en las terrazas. El calor nos vuelve locos. Y lo único que no soporto es que nos den la cerveza al tiempo. Esa idea alemana de tomar la cerveza no tan fría para disfrutar mejor su sabor me vuelve a mí loco.

Mi vecino aprovecha estos días para abrir su ventana y orear su casa. Todo su aroma entra por mi ventana. Es el Señor No, de quien ya escribí una vez. Un día tendremos que exigirle que cambie su alfombra. O su casa.

Lo bueno es que no estoy en casa todo el tiempo. He tenido que cubrir una feria de moda. Moda para la calle, Streetwear, moda para Berlín, ideal para este verano, y ahí es donde me encontré a este tipo de abajo que hace una publicidad excelente para Kellog's:

Freitag, Juni 26, 2009

Los Siete Durmientes: el día del juicio alemán

En Alemania mañana es como el día del juicio final.

Es el 27 de junio, el día de los Siete durmientes, los Siebenschläfer, un día en el que se supone que se determina el clima para las siguientes semanas. Y esto es importante. Estamos en verano y es la temporada que todo mundo espera. Todo mundo quiere sol, quiere salir temprano del trabajo e ir a las playitas del Spree, cenar afuera, tomar una cerveza en la calle.

Yo soy de esos.

Por eso estamos temblando casi. Una vez que veamos cómo amanece mañana estaremos más tranquilos. Las predicciones meteorológicas indican que estará bien, que no lloverá. Ya es ganancia. Pero para las predicciones, mi papá, quien se asomaba a la ventana, veía una nube y decía que iba a llover. Y llovía.

Se dice que si en el día de los Siete Durmientes llueve, las siguientes siete semanas lloverá: Siebenschläfer Regen - sieben Wochen Regen.

Así las cosas.

Estos últimos días ya estamos sufriendo un poco porque cada domingo vemos las predicciones de la semana que nos dicen "parcialmente nublado", "nublados", "lluvia", "tormentas" o, peor, "frío y tormentas". Algo que se llama Schafskälte, frío de ovejas (aquí un bonito texto en francés de una colega). Cuando alguien ha pasado un otoño ventusco y lluvioso, un invierno frío y tapado de nubes, y una primavera que entra que no entra, el verano es la única esperanza que queda.

Más allá de un fenómeno meteorológico, es religioso.

La leyenda dice que los Siete Durmientes datan del Siglo 5. En la tradición latina eran Constantino, Dionisio, Juan, Malco, Martiniano, Maximiano, y Serapio. Fueron perseguidos por el Káiser Decio y encerrados en una cueva. Durmieron por 195 años hasta que un 27 de junio fueron despertados por casualidad y presenciaron la resurrección de los muertos.

En Alemania el tema ha sido tema del todavía creíble semanario Der Spiegel, que hace más o menos una década investigó el tema de los Siete Durmientes y llegó a la conclusión estadística de que ocho de cada diez veranos se cumple la profecía. Es un día de juicio, pues. Más exacto (como se acostumbra por acá): un 67 por ciento de los veranos es mal clima.

Y yo, como extranjero, más o menos puedo atestiguar algo. Llegué en 2004 y ese verano, así como el del 2005, llovió. El 2006, cuando tenía que decidir si me quedaba en este país más tiempo, fue un verano espectacular. Copa mundial de futbol, 39 grados estables durante más de un mes, multiculturalidad, todo. Me quedé. Desde entonces, cada verano ha llovido.

Las corrientes polares del norte y del Mediteráneo sólo se reconcilian una vez cada ocho años, así que si mañana no está bien el clima, tendré que esperar seguramente hasta el 2014 para que, de acuerdo con la estadística, me toque un buen solecito.

Pero igual me voy a tomar mi cerveza a la calle.

Dienstag, Juni 23, 2009

¿Por qué estudiar menos?

Podría parecer una protesta estudiantil normal: "educación para todos", "alto a las cuotas", "más profesores". Eso se ve en muchos países casi todos los años. Pero en Alemania esas demandas se atan a una menos común: "más años de estudio".

La semana pasada, se armó en todo el país un movimiento que, durante cinco días consecutivos, llevó a cientos de miles de estudiantes alemanes a las calles; la protesta central tiene que ver con un regreso a la educación tradicional.

Para un alemán, la educación tradicional, con estudios universitarios concluidos, termina a los 28 años de edad en promedio, una edad en la que, por lo menos en México y Estados Unidos, mucha gente ya lleva unos seis años trabajando. Claro, suponiendo que tomaran un posgrado y que encontrara inmediatamente un puesto de trabajo.

Pero debido a unas reformas educativas, los alemanes ya no pueden terminar su universidad a una edad mayor.

Se instauraron las modalidades de bachelor y master, que implican menos años de estudio y más pago de cuotas, además de que se está recortando el periodo de la escuela preparatoria en un año.

El nuevo sistema busca unificar los criterios educativos de la Unión Europea y del mundo entero en general. Ahora, los alemanes estarían terminando la universidad dos, sino es que más, años antes.

"Nos están quitando nuestras libertades, ¿qué pasó con la educación gratuita?", decían los alemanes que salieron a manifestarse.

Quizás para el mundo no es bueno que un alemán termine a tal edad su educación, pero con ello se está privando a los alemanes de una formación educativa y personal completa.

A sus 28 años, un alemán no terminaba sólo una carrera universitaria, sino que también había logrado acomodar sus materias de tal forma que terminaba con una carrera y dos especializaciones, viajaba hasta un año por varios países para conocer otras culturas y, si mal le iba, terminaba hablando a la perfección sólo un idioma extranjero.

Ésta es la forma en que la globalización está afectando la educación alemana, la única gran materia prima de este país.

Donnerstag, Juni 18, 2009

El estigma del país tropical

Supongo que mucha gente califica esto de racismo o denigración, para mí sólo es ignorancia.

Fui al dermatólogo por una mancha roja en el tobillo. Comenzó antes de mi último viaje a México y se lo dije, pero creo que no me escuchó. Me dijo que todo estaba bien con mi sangre, "un chico súper sano", pero a mí me interesaba sólo una cosa: "oiga, ¿y la mancha del tobillo?"

Se levantó de su escritorio y me dijo que la quería ver. Me levanté el pantalón. Se puso sus anteojos y se acercó más. La tocó. Regresó a su asiento. Se acomodó la cabeza viendo a la nada, supongo que eran los nervios de su siguiente frase. Sonrió y me dijo "mmm, eso se ve mexicano".

Es decir: ¿México país de la gripe porcina y de cualquier otro virus? ¿en los libros de la escuela estará México como productor de enfermedades? Si los asistentes de dentistas piensan que pagamos con huevos, no me sorprendería.

Así que al dermatólogo le repetí, con la voz más clara y mi mirada fija en la suya: "la mancha la tengo antes de mi viaje".

Creo que puedo sacar varias conclusiones porque no se trata de una persona cualquiera, sino de un médico. Un profesional. Él tiene mis análisis de sangre en la pantalla de su computadora y podría haber establecido otro veredicto antes que un "se ve muy mexicano". Por favor. Quizás el hombre no ha viajado a esos países "del tercer mundo" donde sólo hay virus y malestares. O quizás simplemente no puede establecer buenos análisis a partir de su información, lo cual sería preocupante.

Y esto lo ligo con una información que recientemente se dio a conocer en Alemania sobre los médicos. Pronto una de las aseguradoras más grandes pedirá a sus clientes, más de 20 millones, que califiquen el servicio de los médicos que visitan. La idea es muy buena porque así uno podrá saber quiénes son los buenos y los malitos, pero claro que desató la furia de los grupos de médicos, porque, claro, ¿quién quiere que lo juzguen y, sobre todo, que lo expongan?

Yo haría mi evaluación ahora mismo.

Mittwoch, Mai 20, 2009

Gringos, rusos y stormtroopers


En algún momento llegaron a Berlín, pero todavía no me queda claro cuándo. ¡Y además le está robando cámara a los aliados!

Donnerstag, April 30, 2009

De cuando mandé el virus al caño

Thomas no lo supo, pero después de despedirme de él me fui a lavar las manos durante cinco minutos.

Estaba en el aeropuerto de Berlín, Tegel. Uno de mis empleadores me mandó a una misión kamikaze: entrevistar a viajeros provenientes de México. Buuuaa. Nunca me dieron la corresponsalía de guerra que alguna vez pedí pero ahora sí me envían a buscar y entrevistar a gente proveniente de México. ¿Qué habrá pasado por las cabezas de los editores al momento de asignarnos esta tarea?

Primero traté de zafarme de esta tarea por una cuestión de logística, pues a Berlín no llegan vuelos directos de México. Cualquier pasajero que venga del país de la gripe puerca tiene que llegar con una conexión de París, Madrid, Barcelona, Londres o Ámsterdam. De cada una de estas ciudades hay más de un vuelo de conexión. En teoría yo tenía unos 20 vuelos para examinar.

En el primero de los vuelos no vi a nadie. Me pasé a la otra llegada. De París. Vi salir a un tipo alto como una torre y moreno. No cuadraba mucho con la definición de un mexicano, pero al ver la pirámide de maletotas que traía estuve casi seguro (si era como yo, una de esas maletotas estaba llena de latas, tlacoyos, tortillas y todas esas cosas que a una madre le gusta que su hijo se lleve de viaje). "¿Hablas español?", le pregunté. "Sí, claro", me dijo, con el tono de "a güevo". No había duda, era un compatriota. Me había sacado la lotería con el segundo vuelo. Lo vi de reojo para ver si no se notaba enfermo y le pregunté directamente, antes que su nombre, "¿cómo sé que no estás enfermo?". "Pus qué no me ves?", me dijo, "¿acaso me veo enfermo?". No, pus no.

¿Cómo se distingue el virus de la influenza porcina? Mi amigo Eduardo tendrá que hacer un manual de instrucciones.

Tons le hice las preguntas y me fui.

Todo parecía normal y me dejó con el gusanito de saber más. ¿Qué carajos puede pasar en un vuelo trasatlántico donde mucha gente usa tapabocas? Son unas 10 horas de vuelo. ¿No se hablan los unos a los otros o qué? Quería saber un poco más y me fui a buscar a otro. En el mismo vuelo había llegado otro tipo de México. Era güero, traía tatuajes por todos lados, pero sombrero y botas texanas. No podía venir solo de París.

Se llama Thomas y es alemán. Me dijo que todo era todavía más normal que lo que me había contado el colega mexicano. Thomas no usó ni siquiera un tapabocas en el avión y me reprochó que los medios dan miedo. Ese es el verdadero pánico. Así fue con el SARS, me dijo. Así que detuve la entrevista. Se relajó y me platicó de sus tres meses en México. En la Costa del Golfo (el epicentro del virus puerco, pensé), el norte (donde se han descubierto otros casos, volví a pensar), el Pacífico y hasta la Península de Yucatán. Me hizo entrar en su plática diciéndome cuánto amaba a mi país y que regresaría en cualquier momento. Pero yo tenía que reportar la situación en el aeropuerto y me despedí de él. Le estreché la mano y me fui.

Le estreché la mano, me quedé pensando.

¡Le estreché la mano!

Me descontrolé, no lo pensé, me cayó bien y me quise despedir de él.

Thomas no creía en el virus, pero yo sí. Corrí al Starbucks con la mano colgando, como si me la hubiera lastimado (simplemente quería evitar contacto con el resto de mi cuerpo. Si me da el virus puerco, que sea en la manita nomás). Me quedé en el lavabo unos cinco minutos. El cliente que llegó después habrá pensado que estuve haciendo otra cosa.

Me sequé y me volví a lavar.

Si alguna vez hubo un virus en Tegel, yo lo mandé a la cañería.

Ojalá que Thomas no haga noticia.