viernes, abril 26, 2013

Nacionalización alemana (o de cómo ver el Tatort con placer)

Still de la cinta Almanya, Bienvenido a Alemania

Empecé mi proceso de nacionalización alemana hace unas semanas. Fue voluntario. No tengo presión de visa, no soy refugiado, no necesito mi pensión, no quiero dejar de ser mexicano… Nada urgente, pues. Simplemente vi que es fácil hacerlo.

Lo que no ha sido fácil es resolver algunos cuestionamientos.

Mi familia, amigos, colegas de trabajo me preguntan sin más ¿para qué hacerse alemán? ¿de qué te sirve ese papelito de primer mundo? ¿cuáles son las ventajas? En muchos casos entiendo la pregunta. Varias personas tienen que renunciar a su nacionalidad de origen para obtener la alemana. Los mexicanos no.

De ahí que mi visión de la nacionalidad alemana sea como un trámite más. El empadronamiento en Berlín fue el primer gran trámite burocrático al que me enfrenté; luego la cuenta de banco; la tarjeta de crédito; el teléfono celular; la licencia de conducir; el permiso de residencia permanente; y ahora el pasaporte y la tarjeta de identificación nacional.

Las ventajas que veo: si el mánager de algún hotel me impide dejar mi toalla a las 6 de la mañana en el mejor lugar de una alberca, le diré “ich bin Deutscher!”.

No, ya en serio, a mí me interesa mucho poder votar en elecciones locales y federales, y eso sólo lo puedo hacer en tanto que alemán. Quiero hacer trámites burocráticos más rápido y quiero poder viajar a otros países sin que como mexicano me pidan una visa. Y ni se hable de las oportunidades de trabajo que podría aprovechar, tanto en Alemania como en la Unión Europea. Además, como bien me dice una amiga que se nacionalizó, si me quedo sólo con la residencia permanente ésta podría llegar a perderse después de seis meses de estar fuera de Alemania.

Otra pregunta a la que me enfrenté (a los mexicanos nos gusta el “hubiera”) fue: ¿me nacionalizaría alemán si, al contrario de como pasa, tuviera que renunciar a mi ciudadanía mexicana?
 
La respuesta es sí.
 
Son papeles, no sistemas operativos que se cargan en uno para cambiarle su configuración de origen. Ni me haré rubio, ni grandote, ni dejaré de comer tacos ni de chupar tequila.
 
Pero hay personas que esto se lo toman en serio. ¿Tu nacionalidad por la alemana? Nooooooo, para nada, me dijeron algunos. Pero de todos, mi padre es quien más afectado parecía. Él y mi madre estaban de visita en mi país adoptivo. Esa noche justo estábamos en una taberna de Núremberg. Hablé sobre mi entonces todavía deseo de querer nacionalizarme. Todo bien. Y entonces mencioné que si tuviera que renunciar a la nacionalidad mexicana, lo haría. Uy, cara larga. El resto de mi conversación, unos 10 minutos más, se convirtió en sonido de ambiente. Los oídos de mi padre quedaron dañados con mi lapidaria frase. Al final, cuando regresó en sí, sólo fue para decir, “tú siempre serás embajador mexicano donde quiera que estés”. O algo así.
 
¿Qué tan mexicano es uno? ¿qué tanto lo debe ser uno? ¿qué tan mal es que uno, con o sin propósito, no lo sea? O incluso estas preguntas más adaptadas a mi situación: Si me hago alemán, ¿qué pasa cuando alguien vea que no hablo bien el idioma? ¿o que no soy puntual? ¿o que no tengo tantos ahorros como ellos? ¿o que al caminar no como salchichas que voy embarrando en la mostaza del cartón que llevo en una mano?

Todavía no sé jugar Skat ni tengo un auto que cuidar, pero tomo cerveza como los campeones, grito a todo volumen por las victorias del Dortmund y me gusta el Tatort. Bueno, no, no tanto, me gustan los comentarios en Twitter sobre lo absurdo del Tatort (una serie tipo CSI a la alemana).
 
La nacionalidad alemana es sólo un reto a poder cuadrarse a un sistema de reglas. Ya la palabra original lo dice: “Einbürgerung”, ciudadanizarse, entrar en el concepto de ciudadano, y no --como en México o en otros países-- nacionalizarse o naturalizarse.
 
A ver qué sorpresas me depara este proceso.

jueves, marzo 28, 2013

El Muro Bauhaus


 
Este miércoles 27 de marzo el Muro de Berlín se quedó chimuelo. Bueno, ya es como el cuarto diente que pierde. Si sigue las leyes de la naturaleza a las que los seres humanos estamos atados, en unos años más perderá toda su dentadura de concreto.
Se trata de la East Side Gallery, el tramo de Muro de Berlín más largo –1.3 kilómetros-- que se mantuvo en pie desde la caída de éste, en noviembre de 1989. Ahora es una galería al aire libre que con sus pinturas y grafitos habla sobre la paz de los pueblos y la libertad. Es un objeto de terror que se convirtió en símbolo de la libertad.
Y ahora lo están desapareciendo. Los mismos berlineses, hay que decirlo.
Hace 24 años, todo mundo estaba desesperado por derrumbar ese muro. “¡Tire este muro!”, le gritaba Ronald Reagan desde Berlín a Mijaíl Gorbachov en el clímax de la Guerra Fría. El Muro de Berlín representaba la parte física de la Cortina de Hierro que dividía al mundo en blanco y rojo, en bueno y malo, en occidente y oriente.
Hoy en día muchos luchan por erigirlo. Eso sí, como monumento, como pieza de arte.
“Ahora nos llegan peticiones de que lo volvamos a levantar”, me había dicho en una entrevista el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, hace ya unos cinco años.
Pero a Wowereit y a muchos berlineses les da igual. El Muro de Berlín tenía que caerse y quedarse en el piso. Además ya hay por lo menos otros dos amplios museos sobre el Muro de Berlín en lugares históricos. ¿Y la East Side Gallery? Qué más da. Son 1.3 kilómetros de East Side NoSéQué que poco importan y pasan al olvido.
El artista iraní que preside la Asociación de Artistas de la EasT Side Gallery, Kani Alavi, y encargado de cuidar este monumento –hágame el favor, un iraní y no un berlinés, ya desde ahí hay algo mal--, me contó que si no es por los artistas nadie se ocupa de este tramo. También me dijo que antes el descuido era tal que no sólo llegaba gente con cincel y martillo a quitar trozos de Muro y venderlos, sino que una vez llegaron tipos con grúas a llevarse partes del Muro (cada una de 2.6 toneladas). 
Después llegó el inversionista de la sala multiusos O2 World y quitó 50 metros de East Side Gallery. Nadie dijo nada entonces. Era 2006. Siete años después el inversionista berlinés Maik Uwe Hinkel, no tiene reparo en quitar 22 metros de Muro. “El permiso de construir ahí, quitando pedazos de Muro, me los dio el Senado de Berlín”, ha dicho en entrevistas. 
Él le echa la culpa a las autoridades, pero las autoridades duermen a gusto porque los manifestantes se van contra Hinkel como símbolo del capitalismo depredador que está logrando (volver a) derrumbar el Muro. Y Hinkel, quien además vivió del lado socialista de Berlín, tiene que aguantar hasta a un David Hasselhoff que se trepa en un armatoste amarillo con altavoces y cantar “Looking for freedom”, alborotando a toda la fauna izquierdista muy particular del barrio donde está la East Side Gallery. 
Michael Knight y su Auto Increíble, o Fantástico, habrían hecho un mejor papel. 
O incluso Pamela Anderson. 
Total. El punto es que el ex socialista berlinés Hinkel se madrugó a todos este miércoles al mandar quitar ya unos pedazos de Muro bajo un gran resguardo policial. Ni el Twitter fue demasiado rápido para que los grupos de protesta se organizaran. 
Pronto tendremos un edificio llamado “Living Bauhaus” sobre la otrora “Franja de la Muerte” que se extendía entre el Muro de Berlín y el río Spree. 
Ellos tendrán pesadillas.

viernes, marzo 08, 2013

Sauna en Berlín - Capítulo 5: Encuentros del tercer tipo.

©Deutsche Fotothek
El invierno se nos va en Berlín, y con ello la oportunidad de ir a una sauna y disfrutarla. Se puede ir en todo el año, pero en realidad yo la disfruto mucho más cuando el frío está por debajo de cero.
Quizás muchos más la disfrutan también en esa época. En esos días las saunas parecen transporte público de México, con todo y sudor.

Y aunque en una ciudad tan grande como Berlín uno tiene el velo de la anonimidad para protegerse de inesperados encuentros, no siempre pasa así. Uno siempre está expuesto, y completamente desnudo, si en la misma sauna está tu compañero de trabajo. O tu jefe. O tu flirt. O la amiga de tu mamá.

En fin, a mí no me ha pasado tan fuerte pero sí un par de veces y por eso me he puesto a pensar sobre ello.

¿A quién no te gustaría encontrarte en una sauna? ¿hasta dónde y por qué tendrías la tolerancia de estar con alguien cercano en una sauna?

La primera vez que me encontré a alguien en una sauna fue raro. Era un colega colombiano que había conocido hacía tiempo en Berlín. No somos amigos pero nos conocemos lo suficiente para reconocernos. Desnudos. Yo iba saliendo de una de las cabinas, todavía lleno de sudor, todavía con los pensamientos evaporados. Y él creo que se dirigía a esa cabina, venía de frente. Lo vi, me vio, nos reconocimos. Yo iba con la Wika. Haber desviado la mirada en ese momento hubiera sido obvio y con ello habríamos sellado un paquete de vergüenza, con todo y cera. Pero tampoco hubo mucho tiempo para pensar en evitarse, todo fue relámpago.

- Hey, hola, ¿el artista colombiano, no?
- Hey, sí, ¿tú el periodista mexicano, no?
- ¿Cómo estás? Hace mucho que no te veo en eventos.

Esto fue, creo, el punto que ayudó a ver todo normal. En cuestión de segundos estábamos como en una plática de bar. Nuestra desnudez había dejado de ser una desprotección.

- Pues sí, ando trabajando en otros proyectos que me tienen muy alejado de eventos, me dijo.

Bla, bla, bla.

Bueno, hasta le presenté a la Wika. Imagínense presentar la novia a un amigo, todos desnudos.
Cada quien siguió sus actividades saunáticas, sauneras, como si nada. Por ahí nos volvimos a ver en una ocasión. Sonrisa. Otra vez nos vimos. Saludo de rock star.

En otra visita a la sauna, saliendo de la regadera, vi a una chica que me pareció conocida. Por la cara, aclaro. Pronto la reconocí y ella a mí. Era la mesera de un restaurante de al lado de mi casa.

Asumo que cada uno de estos encuentros lleva un código de comportamiento. Yo no escaneo, tú no escaneas. De lo contrario comienza lo incómodo. Pero algo similar ocurre en cualquier otro lugar público. Uno se encuentra a alguien casualmente y, al saludar, no se abalanzan los ojos al pecho o al pubis.

Con la mesera nos preguntamos cómo estamos y ya. Brevemente. Cada quien siguió su camino saunático. Ella se dio la media vuelta y se fue. Y sí, a veces pasa también como en cualquier otro lugar público, regresas la mirada para ver si la persona se fue con bien.


Otros capítulos de la serie "Sauna en Berlín":

Preámbulo: ¡Fuera toallas!

Capítulo 1: Un moreno desnudo en Berlín.

Capítulo 2: Miradas centrífugas.

Capítulo 3: El soplido del dragón.

Nota al pie: ¿Por qué se desnudan los alemanes?

Capítulo 4: La toalla, entre más colorida, mejor.

martes, diciembre 18, 2012

¡Santos zorros y murciélagos rabiosos en Berlín!



En mi pueblo era normal ir al médico si un perro te mordía en la calle. Había más probabilidades de contagiarse de la rabia. Vacuna y listo. Pero en este pueblo berlinés no habría visto razón para ello… hasta que un perro me mordió.

Ahí en ese barrio de cepa izquierdista-turística llamado Friedrichshain vi un Jack Russell. El pobre estaba atado a su correa afuera de un supermercado. Y digo “pobre” porque ya había caído la noche invernal. El perro temblaba de lo que yo diría era frío e incluso levantaba una pata trasera, como para –yo diría—evitar tocar el suelo congelado. Todo el tiempo veía hacia adentro del súper en búsqueda de su dueño. Yo diría. Me dio tanta lástima que quise acariciarlo para tratar de transmitirle calma y calorcito. Ajá. ¡Error! El mostro me soltó dos mordidas, una que no le atinó a mis dedos acariciadores y otra que dio en la espinilla. En realidad no dolió, sólo fue el susto de ver cómo un pobre perrito podría transformarse en el mostro más grande del mundo.

En la noche me comenzó a doler un poco más la herida. Preocupación. Internet. Dos, tres lecturas. La rabia puede manifestarse hasta meses o años después. Una vez los síntomas, no hay vuelta atrás, muerte en un 99 por ciento. La única posibilidad: vacuna en las siguientes horas después de la mordida.

La Organización Mundial para la Salud de los Animales declaró a Alemania libre de rabia en 2008, eso fue lo que leí en internet. Pero ¿cómo estar seguro? ¿qué tal que el perro era importado? ¿o andaba de turista? ¿o acababa de contaminarse? ¿qué tal vivir por meses o años con la idea incubada de que la rabia afectará mi sistema nervioso en algún momento? La Wika se súper alteró y de una patada me sacó de la cama a la una de la mañana para mandarme al hospital.

El médico que me vio, como tres horas después (eso de “urgencias” es un pleonasmo en Berlín y en el resto del mundo) ni se inmutó. Lo primero que hizo fue preguntarme por la vacuna del tétanos; lo segundo fue navegar en internet e imprimirme una hoja donde dice que “la Organización Mundial para la Salud de los Animales declaró a Alemania libre de rabia en 2008”, o sea lo mismo que yo había leído; y lo tercero fue decirme que la única forma de contagiarse de rabia en Berlín es por medio de murciélagos y, más remotamente, por zorros. ¡Murciélagos!

Esta ciudad se está poniendo cada vez más gótica. Mientras tanto en el patio de mi casa merodean unos zorros. La idea de la rabia me persigue.

Buena idea proteger a los animales de abuso sexual, aquí un post en otro blog al respecto.

jueves, diciembre 13, 2012

Ultras alemanes reniegan el futbol "moderno"


El silencio de los fans duele mucho más que mil palabras, algo que los alemanes han podido comprobar en los estadios de futbol con una singular protesta conocida como "12:12".
 
Y es que la fanaticada ultra de Alemania está molesta. La política quiere instalar más seguridad en los estadios. Con ello el futbol alemán se estaría convirtiendo en un futbol "moderno", sin ambiente en los estadios, casi como en tenis.
 
“Quieren que prácticamente seamos un público como en el tenis, callados y viendo el balón de un lado a otro”, dice Philipp Markhardt, vocero de la iniciativa "12:12", que lleva el lema "Sin voz, no hay ambiente" (Ohne Stimme, keine Stimmung).
 
Todo comenzó por una propuesta de la Confederación Alemana de Ministros de Interiores que busca lograr más seguridad en los estadios de futbol de Alemania y que fue aprobada por la Primera y Segunda División de la Bundesliga este 12 de diciembre (por eso lo de 12:12).
 
“Además de la policía, los clubes deben de tener la responsabilidad completa de la seguridad en un estadio durante un partido de futbol”, señala la propuesta llamada “Experiencia segura en los estadios”. Con esto se daría a los policías mayores atribuciones y las barras verían reducidas muchas ventajas que tienen hasta ahora.
 
Por ejemplo, con el nuevo concepto de seguridad un fan podría ser desnudado en la entrada para evitar que pase objetos filosos, cristal, fuegos artificiales, o banderas con asta muy larga, entre otras cosas. Los policías también podrán vigilar los estadios con cámaras de seguridad y tendrán en general más "poder".
 
Además los clubes deberán de reducir los boletos en contingente para las barras así y comenzar a reducir las áreas donde se está de pie en un estadio, poniendo asientos con boletos más caros.
 
“Esto va en contra de los derechos y el valor humano de los fans. Ni los clubes serán verán beneficiados con ello. Y si un club reniega de las medidas, le comenzarán a quitar ganancias de sus transmisiones en televisión”, señala Markhardt.
 
Las autoridades se escudan en el hecho de que el futbol alemán está en peligro. Más de 11 mil aficionados serían violentos. En un año las agresiones habrían aumentado un 17.5 por ciento.
 
El experto en futbol alemán, el periodista Daniel Martínez, ve en la justificación una exageración. Las cifras estarían siendo manipuladas para "crear miedo en búsqueda de medida coercitivas".
 
“(Los 11 mil fans agresivos) no conforman ni siquiera la quinta parte de todo el aforo del Allianz Arena en Múnich (...) pero sin duda no hay que mirar a otro lado cuando los neonazis utilizan las tribunas de los estadios para su propaganda, tampoco se debe tolerar la agresión física, verbal o moral contra las aficiones contrarias”, dice Martínez en su blog Futbol Alemán.
 
Por ello, los ultras alemanes han anunciado que seguirán con la protesta del 12:12, que ya venían surtiendo efecto en los jugadores. La protesta tiene el objetivo de callar los primeros 12 minutos y 12 segundos. Originalmente era algo que sólo harían los ultras, las barras bravas, los fans de corazón, pero en realidad se fueron sumando todos los fans de los diferentes estadios de la Primera y Segunda División. Tribunas calladas, sin ruidos ni cantos. Sin ambiente.
 
¿Cómo actuar de cara al futbol vigilante, sigiloso, "moderno"?
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