lunes, junio 22, 2015

El taxi de los terroristas


Frecuentemente me encuentro gente en Berlín. En las calles, en los clubes, en el metro, en los parques, en la sauna, etc. Y hace poco se añadió otro lugar: un taxi.

Era el chofer del taxi. No fue tan difícil reconocernos. Me escuchó hablar en español y él se metió en la conversación. Eso me hizo atar cabos. La confianza lo llevó a presentarse como Rainer.

El encuentro podría haber sido más agradable. Habríamos podido hablar del clima, de cafés, de nuevos tipos de pasajeros, de nuevas tarifas de taxi, del “nuevo” Berlín gentrificado, #quéséyo. De los taxistas se aprenden los mejores chismes. Pero Rainer quería otra conversación. Algo de actualidad. 

Como asesinatos y suicidios.

Caímos en el caso de Andreas Lubitz, el copiloto suicida de Germanwings (por cierto, aquí un texto mío al respecto). Rainer recitaba las teorías que rodeaban al caso una por una, y al final dio una conclusión: nosotros, la sociedad, tenemos en parte la culpa de atentados terroristas como ese.

La conclusión de este taxista se basaba en un hecho raro, al menos todavía incomprensible para mí. Rainer me dijo que entre sus pasajeros ha tenido terroristas. Y que estos terroristas le han comentado de alguna forma sus planes. Pero como nadie los toma en serio, éstos terminan haciendo todo realidad.

“Esa gente busca primero ser escuchada y el resto de nosotros tendría que hacer algo más que tildarlos de locos", me dijo. Y continuó: “Este copiloto seguro que habló con alguien de sus planes. O alguien cercano a él debió de haber sospechado de lo que quería hacer. Y esas personas debieron de haberlo detenido”, comenta. Escuchado, entendido y detenido, esa era la lógica de Rainer.

Cuando me dijo quién era uno de sus pasajeros terroristas, me dejó boquiabierto. Se trataba de Anders Breivik, el asesino de ideología ultraderechista de Noruega.

"Él estuvo una vez en Berlín y en un viaje hacia el aeropuerto, yo creo que iba de regreso a su país, me dijo que había muchos extranjeros en su país y que planeaba acabar con ellos", recuerda.

Pero ahí no acabó todo. Después me dijo -casi orgulloso- que otro de sus pasajeros había sido ni más ni menos que Mohammed Atta. nada lógico si se recuerda que el comandante jefe de los aviones que se estrellaron en el World Trade Center vivía en Hamburgo. Pero... ¡¿Dos de estos grandes asesinos en el taxi de Rainer?!

Cuando le pregunté si los había podido reconocer  por su cara, contestó que no. Que los reconoció porque eran personas que le comentaban sus planes. Que Atta le habló de la opresión que ejercía el gobierno de Estados Unidos en pueblos árabes con sus guerras en Oriente Medio y que estaba pensando en hacer algo en contra, sin especificar entonces qué.

Atta terminó comandando aviones de pasajeros para usarlos como bombas contra la sociedad civil.
Breivik asesinó a adolescentes de un partido socialista noruego clamando una ideología ultraderechista. Él vive y según Rainer él promueve un movimiento en internet donde aconseja cómo escribirle cartas a Breivik en su confinamiento para hablar con él y no aislarlo por completo de la sociedad. Ese foro en internet sí existe.

***

Independientemente de la veracidad de las historias que Rainer nos cuenta, hay algo con lo que me gustaría quedarme: la idea de hablar con conocidos y desconocidos en una sociedad donde se teme perder el contacto humano fortuito, y escuchar las preocupaciones que tienen. Ser una especie de termómetros de la ciudad.

Es cierto que no siempre podemos hacer algo para evitar muchas catástrofes, pero la idea de intentarlo no suena tan descabellada. Y menos si ahora sabemos que los terroristas también toman taxi.

2 comentarios:

M Flores dijo...

Hola Yaotzin, hay alguna Comunidad de mexicanos / hispanos en Berlin?

Yaotzin Botello dijo...

Hola. Hay muchos mexicanos y latinoamericanos, pero no organizados en una comunidad oficial. Hay asociaciones pero no tienen muchos miembros. Hasta ahora las que funcionan mejor son las de grupos de amigos en Facebook. Mexicanos en Berlín o Mexicanos en Alemania. Si te vas a alguno de los restaurantes, conocerás a varios. También en una fiesta llamada La Regla. Gugléala.

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