viernes, diciembre 16, 2005

Definiendo Berlín. Mi estación, la Puerta de Silesia.



La estación de metro que está a la vuelta de mi casa es una de las más viejas de Berlín y de toda Alemania. Fue fundada en 1902. Parece una pequeña torre de un castillo. Está hecha de ladrillos y tiene dos techos de doble agua, uno para cada andén.

Cuando llegan los trenes del metro siempre rechinan. Es una extraña combinación romántica entre el sonido del metal, la vibración del andén y una fachada antigua. Cuando hay sol en este país, se ilumina de color rojizo y destella en todo el barrio.

El metro es elevado. Es la penúltima estación antes del final de la línea 1, la U-1. Cuando eran tiempos del Muro de Berlín, esta estación era la última. Los trenes terminaban su recorrido en este castillito del Oeste.

Abajo, en una especie de bóveda, tiene un pequeño bar. Y a la entrada de la estación hay un puesto de periódicos y, enfrente, una panadería. Las panaderías son como las taquerías en México, están por doquier. Lo único feo es que todas las paredes del interior de la estación están con graffiti. Podría ser algo artísitico, pero es más bien esa estirpe fea del graffiti que sólo hacen los vándalos. No hay mensajes, no hay belleza, sólo hay líneas, firmas y colores. Un día quitan uno, al día siguiente aparecen dos. Es imposible, es un virus.

A las dos pobres máquinas despachadoras de boletos les quitan su trabajo. Son automáticas en su totalidad y además versátiles porque venden incluso crédito para los teléfonos celulares. Ah, bueno, ya que estamos aquí, también te enseñan el mapa del metro si tienes dudas de a dónde puedes ir y, por si fuera poco, hasta te venden las cosas en diferentes idiomas. Por ahí está el español ¿o castellano?, creo que usan el 'vosotros'. Bueno, decía que les quitan el trabajo porque unos desempleados se paran a la entrada de las grandes puertas de madera de la estación y venden boletos usados. "Fahrschein, Fahrschein, ein Euro".

Ellos hacen un trabajo espectacular y no tuvieron que estudiar para eso. Se paran quizás unas 4 o 5 horas y recolectan los boletos de las personas que están terminando un trayecto de viaje. Después, si todavía se pueden usar, los revenden a la mitad de precio. De un boleto del día que costó 6 euros sacan al menos 3. Si es un viaje corto de 2 euros de valor se quedan al menos con uno. No todos los viajeros les creen o apoyan y acuden a la moderna máquina amarilla.

Ya antes le quitaron el trabajo al del puesto de periódicos. Él también vendía boletos del metro, hasta hace unos días cuando en la entrada ya se veía un letrero que decía "aquí ya no se venden más boletos, por favor no moleste", o algo así. De cualquier forma no dan ganas de entrar porque siempre huele a cigarro, un olor común de los viejos bares de Berlín, ¿o de Alemania? yo no sé. Uno quería comprar un boleto o llevarse el multitirado periódico Bild (con 4 millones de ejemplares al día) y salía sacudiéndose la nube de humo.

A veces huele a pan, sobre todo por las mañanas, cuando está recién salido del horno. Mmm, por cierto, ahí fue donde descubrí los Pfannkuchen, unos pequeños panqués rellenos de mermelada de ciruela y espolvoreados de azúcar refinada. De-li-cio-sos. Las filas en la panadería se hacen sobre todo cuando llega un tren. Todos bajan las escaleras y se forman para llevarse un café con un pan dulce si es temprano, para comerse un panecillo con queso o jamón si es mediodía, o para comprar el pan negro de la mañana siguiente.

Por las noches, ya como entre las 21:00 horas y la medianoche sólo huele a incienso. Una mujer gorda y grande, como salida de un cuento de los hermanos Grimm, se sienta a las puertas de la estación para vender inciensos. Yo creoque nadie le ha comprado porque el olor es tan penetrante que debe de ahuyentar a todo mundo. Cuando uno está llegando a la estación en metro, el olor se mete a la nariz sin pedir permiso. Es muy agresivo.

La estación está muy llena de vida. Es un poco más underground, pero con mucha vida. ¿Quién más podría dar un espectáculo de estas magnitudes? La otra vez me tocó ver a un grupo de punks, como esos que se ven en Alexander Platz, con perros desnutridos y con guitarras, tocando para ganarse unas monedas.

¡Ay caray! Hay tantas cosas en mi estación y yo todavía no la puedo pronunciar bien. Y siempre que me visitan mis colegas hispanohablantes tengo que hacer esfuerzos enormes: no la puedo pronunciar en alemán y, por si fuera poco, la tengo que pronunciar en español. Schlesisches Tor, Eslésiches Toa, o algo así. Por eso mejor traduzco su nombre al español, aunque no signifique nada para nadie: la Puerta de Silesia.

martes, diciembre 06, 2005

* Pide al tiempo que vuelva

No sé cuántas discusiones he escuchado sobre la impuntualidad de los trenes en Alemania. Quizás cinco, quizás diez. Quién sabe. Pero yo puedo atestiguar que eso no es cierto y por eso puedo decir:

Lo que se siente perder un tren.

Esta es una situación un poco avergonzante de contar porque he dejado a algunas personas esperando y porque ya estoy revelando que una de mis debilidades es la desorganización. Espero que alguien después todavía pueda confiar en mí.

Bien, pues debido a estas experiencias puedo definir tres tipos de sentimientos por perder un tren. Primero, dejo en claro que se trata de un tren que me lleva de una ciudad a otra, no de esos trenes suburbanos o de cercanías como dicen nuestros colegas españoles (que a mi parecer para ambos casos tendría que denominarse interurbano, pero bueno, esto es harina de otro costal). Segundo, nada de lo que se cuente aquí debe ser practicado en casa, puede tener efectos terribles para la salud de uno y de la pareja, familia o involucrados cercanos.

Para definir los sentimientos de los que hablé, es necesario enmarcarlos en estas tres situaciones: perder un tren desde la casa, estando en camino y ¡¡en las narices!! Si alguien después quiere agregar otra situación, bienvenido.

--> Vorwort: abordar un tren no es como un avión, un barco o un autobús. No hay que pasar registradoras electrónicas o scanners (en México se usan para los autobuses incluso), no hay que pasar otros filtros de seguridad, no hay que formarse en una sola puerta y no hay que observar maniobras de seguridad antes de partir. El tren llega, abre las puertas, deja abordar y, en no más de cinco minutos, se va. Y lo hace a tiempo, insisto. Punto.

+ desde la casa. Es el más cómodo de los sentimientos. Se llama resignación temprana y aprovechamiento del tiempo. Es cuando, lleno de racionalidad, alguna vez que iba a Hannover me di cuenta que no me alcanzaría el tiempo de llegar a la estación de trenes. Estaba en casa y, para colmo, en mi computadora. Fue un gran paso de la presión por tener que hacer algo a la inmediata tranquilidad y resignación. Y creí que en este proceso había una actitud madura al aceptar que ya no podía hacer nada más. Después de todo aceptar algo es muy difícil de hacer. Pero ¡ay que estúpido de mí! de verdad habría podido ser el paso hacia una actitud madura si no hubiera pasado más veces, tanto la pérdida del tren como el proceso de resignación.

+ en camino. Me subí al taxi y le dije, como en las películas, necesito estar en la estación en 15 minutos, ¿cree poder hacerlo? Qué cabrón yo, además. Toda mi responsabilidad y desorganización las pasé en un segundo, en una frase, al taxista. Él también se sintió en un set de cine, porque inmediatamente me dijo que lo intentaría aunque en el camino iba murmurando que no era posible. Si el chofer hubiera sido alemán, con toda certeza me habría dicho primero que no entiende la pregunta (porque el concepto de una pregunta que tiene una respuesta negativa obvia no puede ser computado por las neuronas cerebrales alemanas); o habría recibido la pregunta, la medita y con toda certeza me habría dicho un rotundo no, aunque después se habría quedado meditando en el viaje y en que salirse un poco de las reglas morales y de tránsito le hubiera dado un poco de dinero para estos tiempos en que en Berlín hay casi 20 por ciento de desempleo; o me habría dicho, si hubiera sido un poco atrevido, que estoy loco y que eso es imposible en Alemania, con toda la razón de su experiencia y de las reglas que lo amparaban.

La verdad es que es, era, ha sido mi culpa y si en mi aventura quiere entrar alguien más, ese fue por obra y gracia del oso de Berlín mi chofer de origen turco que me llevó como hacha de indio hasta la estación Zoo. ¡Recorrer desde el barrio de Kreuzberg hasta el Zoo en 15 minutos! a la salida de las escuelas y los trabajos, por las avenidas más transitadas de la ciudad, vaya locura. Pero debo de admitir que casi lo logra. Mi chofer se pasó dos luces rojas, algo que sólo yo había visto en México, se balanceaba de carril izquierdo a derecho sin importarle una amonestación policíaca y hasta le gritó a una mujer que iba manejando, "viejas, ¿qué hacen al volante?" se permitió decir. Y todo esto lo hizo por mí, por sentirse en la misma aventura. ¿Qué más iba a ganar él por hacer todo esto? ¿una buena propina que regularmente no se acostumbra en este país? ¿o simplemente probar que en un lugar de reglas y de definiciones sociales prediseñadas siempre se puede remar por la tangente o a contracorriente? Quizás esto último.

Pero, bueno, el punto es que dos minutos antes de llegar al Zoo, después de haber jugado 10 minutos con la esperanza de llegar a tiempo, tuve que resignarme a perder ya mi tren. Y aunque corrí al andén para ver si lo atrapaba, en mi mente ya corrían las llamadas de disculpas, de avisos, y la investigación sobre el tren más próximo.

+ en las narices. Esta podría ser la más dolorosa de todas. El silbato del guardatren sonó, aquella persona que da la señal ulterior al conductor para poder partir. Ese silbatazo era mi sprint final. Yo estaba todavía en los pasillos que llevan al andén. Tomé las escaleras eléctricas. Ahí estaba la única persona que subía hacia el andén. Me bloqueó accidentalmente el paso. Brinqué su maleta. El timbre de las puertas se escuchó. Bip, bip, bip. Alcancé a correr hacia la única puerta abierta, la del guardatren. Un oficial en el andén me gritaba 'zu Spät', 'zu Spät', muy tarde, muy tarde. Pero me valió madres. Mi cuerpo y mi mente todavía se imaginaban en uno de esos asientos, tranquilos, descansando, respirando, después de haber corrido. El guardatren se subió, su puerta estaba a medio cerrar. 'zu Späääät'. Yo tenía que estar adentro. Qué va a decir Luis, qué va a decir Wiebke, cuándo podré llegar a tiempo a una terminal, ya sea de tren, autobús o avión. Por qué fui a hacer las compras, por qué no corrí desde antes. Por qué no pedí un taxi. Por qué no salí caminando y en calma de la casa, como hace la gente común y corriente, como sólo saben hacer los alemanes. Yo a ellos nunca los he visto corriendo para alcanzar su tren, bueno sí, a una señora una vez, desesperada, casi llorando porque no iba a llegar a la hora que indicaba su tarjeta de embarque, cuando realmente es un tiempo ficticio y siempre hay hasta 30 minutos más para abordar el avión. Traté de asirme a la puerta del tren para jalarla y abrirla, como he hecho con el metro y los trenes interurbanos. Ya no me importaba nada, sabía que tenía que hacerlo. Pero la puerta selló enfrente de mí. El tren todavía no se movía y pensé que me dejarían subir. Ingenuo de mí. El oficial del andén se acercó y me repitió, como si no hubiera sido ya suficiente: zu Spät, y me preguntó a dónde quería ir. ¿Qué importa? ya todo está hecho.



Yaotzin.

miércoles, noviembre 23, 2005

* Merkel, una mujer con muchos pantalones

La nueva canciller de Alemania, Angela Merkel, ha sido criticada por no ser femenina y no llevar los valores de su género a la política.

A pesar de que Merkel es la primera mujer canciller en la historia del país, siempre evitó hablar de temas concernientes a las mujeres, y las mujeres no querían votar por ella, mostraban las encuestas.

La esposa del ex canciller Gerhard Schroeder había señalado durante la campaña electoral que debido a que Merkel no tiene hijos es incapaz de entender los problemas que enfrentan las madres trabajadoras.

Esto más el “sólo por el hecho de que sea mujer, no significa que actúe como una”, de la diputada Verde Renate Künast, provocó una suave maquillada a la campaña de Merkel para echarse al bolsillo a algunas votantes.

Merkel nunca respondió directamente alguna de las agresiones. Sólo empezó a dar entrevistas a las publicaciones dirigidas a las mujeres, se hizo un nuevo peinado con el estilista más famoso de Berlín y cambió su maquillaje. Eso fue todo.

Su mejor respuesta hay que mirarla ahora: en su gabinete no sólo tiene en manos de mujeres los ministerios más relacionado con el género, sino que también tres de los ministerios más importantes.

Brigitte Zypries, de los socialdemócratas (SPD) y de 52 años de edad, es la ministra de Justicia, y estará a cargo de establecer las nuevas reglas del monitoreo de llamadas telefónicas, establecido por la Corte Federal, pero repudiado por los alemanes. Ahora se guardan los datos por un año en lugar de los tres meses de antes.

Ulla Schmidt, de 56 años y del SPD, esta a cargo del Ministerio de Salud y tiene la responsabilidad de destrabar las negociaciones para las reformas en el área, un punto en que no están de acuerdo los conservadores ni los socialdemócratas. Además enfrentará en los siguientes días una huelga de los médicos.

Heidemarie Wieczorek-Zeul, de 63 años y del SPD, es la ministra de Cooperación Económica y Desarrollo que, con su coraje como legisladora, logró que la ayuda para el Desarrollo fuera aumentada de 0.28 por ciento a 0.51 por ciento del PIB hasta el 2010. Ahora se encargará de administrarlo.

Annette Schavan, de 50 años, y Ursula von der Leyen, de 47 años, ambas de la Unión Democristiana (CDU), están a cargo de los ministerios de Educación e Investigación, y de Familia, Tercera Edad, Mujeres y Jóvenes, respectivamente. Ambas tendrán que lograr aumentar su presupuesto para sus actividades.

A pesar del reciente enfoque en su feminidad, Angela Merkel tiene un gran camino que seguir. El ex canciller Helmut Kohl, con quien hizo sus pininos en la política democristiana, la nombró “das Mädchen (la niña), sólo falta ver qué tanto más hará para ese género.

Y, claro, no faltaba más: una página de internet femenina
Desde 1998 un joven alemán compró un dominio de internet dirigido a la primera mujer canciller en Alemania.

Lars Heitmüller, ahora de 29 años de edad, declaró a un medio alemán que no pretende hacer dinero con ello y que no es feminista, sólo quería un lugar en el ciberespacio adecuado para la primera mujer canciller defendiendo la equidad de género con la palabra.

La página es www.bundeskanzlerin.de, que significa “cancillera federal”, y para la cual Angela Merkel ya habría demostrado años atrás interés en adquirirlo.

miércoles, noviembre 16, 2005

* Actualizaciones.

Las salchichas asadas de Alexander Platz, las que yo conocía como las más baratas, subieron de precio, de un euro a 1.20 o 1.30, y todavía no ha entrado el nuevo gobierno.

El Opi Exprés ya tiene autobuses más alargados, quizás cada día hay más pensionados.

Hoy miércoles se pronosticó lluvia y nieve. ¿No hay cambio climático?

Sudoku es una adicción, http://www.tagesspiegel.de/sudoku/

Hoy se sabe quién se queda con los boletos faltantes del Mundial Alemania 2006.

El 98 por ciento de los sospechosos de delincuentes en Berlín de origen extranjero tiene entre 14 y 21 años de edad. Pero fueron alemanes los que prendieron los autos en la capital.

El medio kilo de tortillas de maíz azul en Berlín cuesta ¡tres euros con noventa centavos! Un robo. Esto llevaría a todas las amas de casa y marías de México a incendiar, no sólo los autos, sino el Palacio Presidencial en protesta por la baja de precios de nuestro alimento sagrado.

En fin...

Yaotzin.

lunes, noviembre 14, 2005

* Que no te vean la cara de 'Was?'

Algunas recomendaciones para facilitar los preparativos de tu viaje al Mundial de Futbol.

Si no quieres verte obligado a pasar la noche con los "punks" de Alexander Platz en Berlín, te recomendamos que vayas buscando los lugares donde te hospedarás durante el Mundial de Futbol Alemania 2006. Hay que partir de dos puntos básicos:

1. No hay tantas prisas, aún no hay nada agotado, el sorteo de los grupos de futbol se realizará en diciembre, y hasta entonces mucha gente no se habrá decidido siquiera por viajar a Alemania.

2. Decide si deseas un paquetito "a la segura" o un verdadero viaje a la cultura alemana.
El Mundial de Futbol se realizará entre el 9 de junio y el 9 de julio, es decir, en cuatro semanas que tendrás que planear todavía mejor que cualquiera en el mundo, porque en al menos en México apenas hay dos semanas de vacaciones.

Si eres de los privilegiados que tiene más de ese tiempo, esta guía no ha sido pensada en su totalidad para tus pretensiones.

Muy bien, conseguiste dos semanas de vacaciones. Ahora evalúa: ¿qué te interesa: asistir al evento inaugural en la ciudad de Munich junto con las dos primeras semanas de la primera ronda de partidos, o mejor venir a las últimas semanas de juegos de finales, además de la gran final, esta última programada en Berlín?

Cualquiera que sea la respuesta hay que tomar en cuenta que tanto el evento inaugural como el de clausura serán los más pedidos por los fanáticos, en especial el de clausura, por estar próximo a los partidos más atractivos.

¿Quieres quedarte en una sola ciudad o prefieres vagabundear en diferentes lugares?, ¿viajas solo o sola, con amigos o con familia?, ¿qué te interesa, el ambiente, los partidos, o algunas ciudades en particular? Con las respuestas a estas preguntas podrás continuar más fácil con el resto de tus reservaciones.

El idioma
Primero, una advertencia: el "Was?" no es "guas?", sino "vas?" La "w" en alemán se pronuncia invariablemente como "v", incluso en las palabras extranjeras cuando es un alemán quien las pronuncia. La palabra es equivalente al "What?" en inglés y sirve para hacer una expresión de incomprensión o asombro. Por teléfono o cara a cara, prepárate para los malentendidos y los choques culturales, pues el inglés con acento alemán y el inglés con acento mexicano no se llevan. En el idioma que sea, sé claro en lo que quieres decir. No necesitas hablar completo alemán, pero si aclaras que quieres una recámara con "x" número de camas y por tanto tiempo, es suficiente:

· Recámara sencilla= Einzelzimmer (áintseltsímer)
· Recámara doble= Doppelzimmer (dópeltsímer)
· Recámara con más camas= Mehrbett-zimmer (méabéttsímer)
· ¿Baño privado o compartido?= Mit eigenes Bad oder Gemeinschaftsbad? (mit áiguenes Bad oder guemáinchaftsbad)
· ¿Tarjeta de crédito?= Kreditkarte? (creditcarte)
· ¿Giro bancario?= Überweisung (iuberbáisung)

¿En departamento?
¿Quieres vivir al estilo europeo por unos días? Renta un departamento, sumérgete en la aventura.

En todo el país se está generando una red de alemanes que rentarán departamentos o recámaras para los días del Mundial. Ellos mismos se hacen llamar "Quedándose con amigos", para tratar de implicar a los turistas con la calidez de los alemanes. Porque sí son cálidos. La página es http://www.immobilienscout24.de/marktplatz/wm2006, y es tan amigable que se puede leer también en inglés.

En ella es posible encontrar ya departamentos para las 12 ciudades sede del Mundial. Hay una página que se especializa en Berlín y que puedes encontrar en muchos más idiomas: http://www.bandb-ring.de/p/berlin_wm.htm

¿Quieres uno de 80 metros cuadrados con dos recámaras?, ¿cerca del estadio?, ¿en el centro?, ¿donde permitan mascotas?, ¿o tan sólo rentar una recámara y convivir con un alemán? Los precios son variados, pero en la mayoría de las ocasiones es la mitad de lo que cobra un hotel por una habitación, o sea, entre 50 y 150 euros.

Aquí tendrías que ir al súper a hacer tus compras y ahorrar también dinero en las comidas. En tu departamento podrías reunirte con amigos pero, ojo, tendrías que ajustarte a las reglas y no llegar a hacer tanto ruido que moleste a los vecinos. De lo contrario podrías conocer cómo se escucha el alemán en boca de policías.

Para rentar estos departamentos no requieres de firmar contratos ni dejar garantías financieras, funciona como se haría con un hotel. Sólo se pide mandar un adelanto de dinero, que varía dependiendo del arrendador.

Las desventajas son que no todos los propietarios hablan bien inglés y que si quieres cambiarte de ciudad, tendrías que manejar tu mismo cada una de tus reservaciones haciendo, por supuesto, los respectivos adelantos de dinero.

¿O en hotel?
Por costos, el hotel es lo más caro pero lo más cómodo, mientras que el departamento es más barato pero es una forma de sumergirse a la cultura de donde estarás, claro, con las reglas a las que deberás someterte.

Primero, el hotel puede variar entre 120 euros y 450 euros (por noche y por habitación). Los sitios oficiales son la página de la FIFA: http://accommodation.fifaworldcup.com, o la de turismo de Alemania: www.alemania-turismo.com.

Las reservaciones por ambos servicios están sobre todo especializadas en grupos, a quienes se les ofrecen, además de hoteles cerca de los estadios, traslados y descuentos en museos.
Si visitas la Copa Mundial por tu equipo preferido, lo mejor es que hables con un agente de viajes. Otra página de internet para hoteles, no oficial, pero en donde puedes comparar mucho más fácil los precios entre diversos establecimientos para junio y julio del próximo año es: www.hospedarse.com

(Publicado en el periódico Reforma el 13 de noviembre del 2005).

Yaotzin.

sábado, noviembre 12, 2005

* Lo negro de Schwarz --> nombres con contexto o chiste

¿Alguna vez han escuchado de Juan Sebastián Arroyo?

No, perdón, corrijo.

Alguna vez tú lector, lectora, has escuchado con seguridad a Juan Sebastián Arroyo. Sí, claro, en la sala de espera de algún consultorio, en la casa de algún intelectual o en el sonido tecnificado de algún telefono celular.

¿No?

Bueno, pues no hablo más que del tal Johann Sebastian Bach, aquel compositor alemán del Siglo 17-18, pero con su nombre completamente traducido al español. Él podría haber sido igual de famoso por su nombre traducido, así como en la escuela en México analizamos las obras de Carlos Marx o Federico Engels que, yendo otra vez al extremo, debería de ser Federico de Ángel ¿no?

¿De dónde nace la idea de traducir algunos nombres y de divulgarlos así? ¿por qué sólo el apellido o el nombre y no los dos? ¿por qué sólo de algunos personajes? En un compendio de historia alemana viene la referencia al emperador Segismundo del Siglo 14, pero nunca se ha escuchado hablar de Segismundo Freud, perdón, Alegría, Segismundo Alegría. Aunque la palabra alegría es Freude, con e, en alemán, en algunos casos podría sólo usarse sin la última sílaba.

Quizás la falta de traducción de algunos nombres se debe a que suenan a chiste, a que antes de terminarlos de pronunciar ya nos podríamos estar riendo. Pero, dos cosas, así los hay también en castellano y así existen por una razón: los apellidos hacen referencia, al menos en Alemania, a un antiguo oficio familiar, lo cual ya habla un poco de los orígenes de alguna persona. Ayer mismo estaba viendo en la televisión que un futbolista español se apellidaba Del Horno, en alemán "Aus dem Ofen".

¿O será porque cuando no tenemos conocimiento del alemán no podemos pronunciar los nombres? ¿o por qué?
Veamos. Por ejemplo, nuestro controvertido político del 68, Joschka Fischer, el 'verde', el gran ministro de Relaciones Exteriores parlanchín, él podría tener antepasados que vivieron en algún puerto porque su apellido es en realidad Pescador, Pepe Pescador, porque Joschka es una forma cariñosa de Joseph, José. Está claro que en la actualidad ningún político es traducido en reuniones oficiales. Aunque quizás cuando sean parte de los anales de historia tendrán su versión traducida, como Friedrich der Große, quien es, ni más ni menos que, el rey Federico el Grande.
Así como cuando para la visita de George Walker Bush (Jorge Caminante Arbusto) a Alemania los periodistas tuvimos que reportar de Maguncia y no de Mainz, como siempre viene escrito en las guías de turismo.

Con esa idea de que la familia tiene orígenes artesanales, presento entonces a Paco Constructor-de-Piscinas, conocido como Franz Beckenbauer; Oliverio Patiocervecero es Oliver Bierhoff, cuyo apellido no se refieriría con seguridad a algún borracho sino a un fabricante de cerveza; Boris Panadero es Boris Becker (no conozco el equivalente de Boris en español); Estefanía Condesa es Steffi Graff, Claudia Navegante es Claudia Schiffer, Miguel Zapatero es el famoso conductor de autos que ni siquiera traduciré y al del ex canciller alemán Helmut Kohl se le identificaría con el apellido Col.

De Otto Schily, el actual ministro de Interior, no sabemos exactamente a qué se podría haber dedicado, pues su apellido viene de Schielen, torcer los ojos. Así que, señoras y señores, con ustedes... ¡Otto Bizco! Y, peor, Peer Steinbrück, el ex ministro de Nordrhein Westfallen, perdón, Renania del Norte-Westfalia (aunque Nordrhein se refiere a la parte norte del río Rin, qué cosas), es Pedro Puentepiedra, quizás un familiar de Pedro Picapiedra (Fred Feuerstein) y de Alberto Unapiedra (Einstein), probablemente una vieja palabra para describir monolitos.
Franz Müntefering podría ser el salvador de Alemania si hiciera honor a su apellido, Acuñador (derivación de un término más antiguo, Münzpräger).

El colmo son Marlene Dietrich y Günther Grass, quienes al parecer tuvieron una familia sin igual: Dietrich es Ganzúa, esa herramienta que sirve para abrir puertas a falta de una llave, y Grass es Marihuana.

¿Quién lo sabe en verdad?

Atte.

Ehrwürdiges-Kriegerherz Flascher

viernes, noviembre 04, 2005

* La muerte ronda la casa

En México existe la tradición del día de muertos, como en muchos países. Sólo que la mexicana podría quedar en cualquier momento transformada en una mezcla con el Halloween, que ocurre el 31 de octubre, un día antes de la celebración en México.

Los escenarios típicos en México para observar el día de muertos, Michoacán y Mixquic, ya han sido invadidos por hordas de turistas. Ahora ya no es lo mismo. Los indígenas o las familias tienen que posar ante gigantescas cámaras de televisión mientras depositan su ofrenda en la tumba de sus muertos. Ellos no pueden decir que no porque cualquier gesto de fama o propina les otorga una mínima esperanza de vida.

Cualquier esfuerzo por mantener la tradición viva es no sólo una señal de que se mantiene una tradición en las venas, sino una pequeña colaboración para que esta tradición nunca se desvíe y se mantenga viva a lo largo de los años y de los kilómetros. Ahora transcribo una "calavera" que me hizo un amigo mexicano de Alemania, Luis, querido compatriota con quien he tratado de entender, de una forma divertida e inteligente, el entorno alemán que nos rodea.

Las calaveras son versos que componen, de una forma prácticamente artesanal, la relación entre un ser querido y la muerte. Es una forma de burla ante ese ente extraño al que algunos le tienen miedo, otros lo desafían y otros son sorprendidos por él sin que jamás hubieran tenido una mínima idea de qué fue.

Andaba ya casi sin aliento,
Yaotzin, el viajero periodista,
un buen día dio alojamiento
a una mujer que lo conquista.

Él sin problemas se enamora,
sin hacerle al arlequín.
Wiebke es la conquistadora,
que lo trajo hasta Berlin.

Los dos talentosos reporteros,
quieren a la parca entrevistar,
se disfrazan de meseros,
y le llevan de cenar.

Satisfecha declara en la sobremesa,
¡paren las prensas en este instante!
porque el mexicano y la berlinesa
emprenderán El Viaje Culminante.

Y abajo una foto de nuestra pequeña ofrenda en la casa de la Pfuelstraße:

martes, octubre 25, 2005

* El rey de chocolate (o religión para principiantes)

ROMA.- A mí me cuesta mucho trabajo entender la religión. Y me cuesta mucho más trabajo entender sus aposentos.

Yo no entiendo por qué el Vaticano es un gran palacio más grande que el Castillo de Chapultepec, que cualquier castillo en Berlín o que los mismos palacios de gobierno de cualquier país. ¿El que vive ahí dentro es un rey o tiene las funciones de uno?

Mi conclusión, después de haber estado ahí unos 10 minutos, fue que el Vaticano es el negocio de la fe. No es un descubrimiento, creo que muchos lo saben, pero nadie habla de ello. Los creyentes le han dado tanto poder a la Iglesia que ya nadie la puede parar tan fácil.

Un colega periodista de Italia, corresponsal, me comentaba que el Vaticano controla a cada uno de los reporteros adscritos a esa institución. ¿Cómo?, le pregunté, pues al final hay millares de escritores y reporteros sobre religión en Italia para todo el mundo y en todo el mundo. Sencillo, me contestó, tienen empleados en todo el mundo.

No extraña que haya católicos en todo el mundo, pero el término "empleados" es el que aquí destaca. Ellos son la censura. Ellos son los que, como la Stasi de la extinta República Democrática Alemana, vigilan que los "reporteros vaticanistas" hagan bien su trabajo. Y de no hacerlo bien, según mi colega, son expulsados del paraíso, así como Adán y Eva durante "la creación". Los expulsan tres meses, y si reinciden, un año, y si reinciden, dos, y si otra vez, de por vida.

Me queda claro que la consigna de Ratzinger es mantener floreciente el negocio en América Latina y en África, aunque claro, también en su natal y protestante Alemania.

Y todo se resume a lo que vi en una playera en las calles de Italia: "El Papa será alemán (o de cualquier nación), pero Dios es argentino".

Que viva el fut y que viva Diego.

Yaotzin.

domingo, octubre 23, 2005

* Por las huellas de Goethe

ROMA.- Parece algo intelectual, pero he de decir que seguir las huellas de Goethe en su viaje a Italia es poco original y podría estar lleno de lugares comunes. Sobre todo para lo que es Italia hoy en día.

Es como decir que se sigue la huella de Cristóbal Colón cuando sólo se viaja a Cancún para servirse unas margaritas bien frías, o como intentar ver la flora diez-mil-veces-vista de Ecuador que hace siglos descubrió Humboldt y que ahora no tiene mucho más que un valor turístico.

Hoy Pompeya, Capri, Ischia, Nápoles y Roma ya están más descubiertas que hace un par de siglos, pero cada vez se entierran más de turistas, y de fotos de turistas. ¿Dónde hay espacio en el mundo para guardar tantas imágenes de la Fuente de Trevi? ¿acaso la teoría de la relatividad no ha propuesto una ecuación para esto? ¿todo ese espacio virtual, digital, y repetitivo no causaría una ruptura en los archivos de la memoria?

Una plática con el carnicero de la esquina en una calle de Nápoles; hospedarse en un hotel para viejitos con agua termal en Ischia; comer todas las noches pizza hecha en horno de leña o contemplar simplemente el Coliseo romano con el Foro que lo circunda, pensando sobre lo que pudo haber sido y lo que ahora representa, sin fotos-postal, ha sido más que suficiente.

Quizás a Goethe y a mí nos ha faltado montarnos en una Vespa.

Yaotzin.

miércoles, octubre 12, 2005

* El verdadero teatro de lágrimas de Berlín

Cuando entré, no lo dudé un instante: aquí se vierten muchos lamentos en Berlín. Se trata del edificio de la BVG, la empresa que administra el sistema de transporte público de la ciudad.

En Berlín todo mundo usa el tranvía, tren metropolitano o de cercanías como lo llaman en España, metro y autobús, y sus versiones nocturnas que, a pesar de ser lo mismo, cambian de rutas y usan otros nombres. Pocos tienen auto y otros tantos bicicleta. Los que tienen bicicletas también terminan utilizando los sistemas de transporte porque a veces quieren salir a un lago o parque para andar en las vías designadas. El transporte público es v-i-t-a-l.

Y confirmo además que es bueno: durante invierno, hay calefacción; durante verano, aire acondicionado; ya había mencionado en el texto del Opi Exprés que los autobuses se agachan para recibir a los chicos de la tercera edad; y, por si fuera poco, por internet uno puede ver a qué hora uno tiene que abordar y qué conexiones rápidas se pueden encontrar.

Pero, claro, todo lo bueno tiene su precio. Y parece que con los medios de transporte de la BVG se nos quiere cargar el precio del costo de la Reunificación Alemana. Un boleto del día cuesta 6 euros, uno del mes unos 60 euros y uno del año más de 610 euros. Así que mucha gente, turistas, estudiantes o desempleados han "preferido" viajar de negro, de a grapa, de a gratis. Y vaya que es fácil hacerlo porque no hay torniquetes para pasar a ninguno de los medio de transporte. Sólo en el autobús hay que mostrar al chofer el boleto que, en el 90 por ciento de los casos, apenas ve de reojo. Podría ser un boleto vencido recogido en la calle.

El sistema está, por decirlo de una forma simple, basado en la confianza. Sólo que uno nunca sabe cuándo le tocará un control de boleto. Puede ser en la mañana, en la tarde o en la noche, y en cualquier línea. Los controladores no se visten con uniforme, así que tampoco se puede prevenir el hecho. Ellos se disfrazan de pasajeros cualquiera y, en cuanto cierran las puertas de algún transporte, cantan en coro: "qué tal, buen día, sus boletos por favor". Ahí es cuando ya se alcanzan a escuchar los "Scheisse" o "mierda" de la gente que, por supuesto, no trae su boleto.

A mí me pasó. Y he de decir que lo olvidé en casa por un descuido. Ahora sé que no me volverá a pasar. Uno tiene una multa de 40 euros por no cargar con su boleto. Mi amigo Virgilio logró de alguna forma en su periodo como visitante, escaparse a los controladores diciendo que era un turista. Todavía me impresiona cómo lo pudo lograr.

Yo tuve que ir a la oficina de la BVG y ver las filas de las personas que van a pelearse con cajeros para que les hagan un descuento en la multa. Extranjeros, desempleados, borrachos, chicos, grandes, de todo. Lloran con el o la de la ventanilla para que no les quiten 40 euros esenciales en Berlín, una ciudad sumida en la pobreza. Al decirle a una amiga que estuve en el verdadero teatro de lágrimas de Berlín, inmediatamente me contestó "¿estuviste en la oficina de desempleo?" Y es que en estos momentos donde casi 200 mil personas en la ciudad, casi el 10 por ciento del total, están viviendo de la ayuda social que les paga hasta el departamento, se puede decir que cualquier centavo que le quiten a la gente es una mina de esperanza.

Espero que mis 40 euros sirvan para algo bueno.

Yaotzin.

lunes, octubre 03, 2005

* Una rodada al pasado comunista de Berlín



Hay dos formas de viajar al pasado en Berlín, una es caminando simplemente por los reconstruidos barrios de esta ciudad y la otra es hacer eso mismo, pero conduciendo un Trabant, el auto emblemático de la ex RDA.

Para quienes no lo conocen, este podría ser el carrito más feo, incómodo, vulnerable y todo un enemigo del medio ambiente en la historia moderna del automóvil. Así de llano.
Sin embargo, ahora se ha convertido en un símbolo de mucho valor de la extinta República Democrática Alemana.

Quizás la imagen más memorable con la que empieza su valor sentimental es aquella en donde los alemanes del Este hacen filas en sus Trabant la noche del 9 de noviembre de 1989, cuando se abren las fronteras del Muro de Berlín, para salir a circular libremente a los territorios de occidente.

A 15 años de la declarada la Reunificación de Alemania, el 3 de octubre de 1990, el Trabant sigue humeante por las calles de Berlín porque algunos alemanes todavía lo conservan como un clásico y, mejor aún, porque una empresa de turismo lo pone a disposición de los visitantes para que disfruten un tour por la ciudad.

El salvaje Salvaje-Este
Los autos están formados a un costado del Gendarmenmarkt, una plaza ubicada en el centro histórico de Berlín. Para los alemanes que pasan casualmente por ahí es como un imán. Los edificios neoclásicos de Karl Friedrich Schinkel dejan de existir y se acercan a comprobar que en verdad ese auto sigue en vida. Los turistas que conocen el símbolo lo inmortalizan ipso facto con sus cámaras.

El tour del Salvaje Este comienza ahí. La empresa Trabi-Safari ha logrado mantener 50 de estos ejemplares y los ha adaptado con ciertos detalles para efectos del negocio. Ahora existen Trabis convertibles equipados con radios y bocinas, y algunos están incluso pintados con colores más brillantes, algo que en la RDA era poco imaginable.

Para un tour grupal deben de ir cuatro personas en cada auto, así se paga menos. Adelante caben muy bien dos, conductor y copiloto, el problema es para quienes le toca ir atrás porque deberán tomar en cuenta los siguientes consejos: tener las piernas muy cortitas, ir con su pareja para poder abrazarla muy bien o de plano exigir que les den el Trabi Combi, una edición que tiene más espacio atrás.

La fila de Trabis encuentra por las calles de Berlín sonrisas. Ahí están los nostálgicos que se encuentran con el emblema de su desaparecida sociedad totalitaria y también las nuevas generaciones de alemanes que se ríen más que nada de ver a cuatro personas enlatadas con las rodillas asomando por las ventanas.

“Antes en la RDA nos arremolinábamos a fotografiar los autos del Occidente, ahora es completamente al revés”, señala el chofer del Trabant que lidera al grupo, quien ya cumple su cuarto tour del día y cuyos cambios de velocidades hacen rechinar las llantas y ganarle el paso a los autobuses de turismo.

Aunque el carrito no alcanza más de 100 kilómetros por hora, así pasan los destacados monumentos del Berlín del Este: la Casa de Conciertos de Schinkel y la casa de los Hugonotes en el Gendarmenmarkt, la grandiosa Isla de los Museos donde está el Pérgamo y el Museo Antiguo, y el casi desaparecido Castillo de Berlín, del que queda una fachada y donde se encuentra el Palacio de la República, una construcción de cristales opacos que sirviera como el parlamento del gobierno de la RDA.

De la RDA al cielo
El Trabi dejó de producirse en abril de 1991. Desde entonces las casi 3 millones 700 mil unidades que estuvieron en circulación quedan registradas 67 mil, con tendencia a reducirse más porque ya no hay piezas para repararlos.

Los 10 autos que llegaron a ir a la Cuba de Fidel Castro como parte del material del cuerpo diplomático son ahora carretas arrastradas por caballos. Cuando en Alemania se descompone uno, hay que hurgar en los mercados de pulgas o intercambiar piezas a un valor estratosférico con el dueño de alguna unidad descompuesta.

El valor de las piezas no es lo único. El presidente del Trabant Car Club en la ciudad de Muehlhausen, Chris Jenak, confirma que las sumas que se han llegado a pagar por internet por un auto de estos alcanzan los estratosféricos 17 mil 500 euros, unos 229 mil pesos.
Para conseguir un Trabant en tiempos de la RDA había que, primero, tener edad de conducir, 18 años, y luego inscribirse a una lista de espera que podría tardar hasta 12 años. En todo ese tiempo se podía ahorrar los hasta 12 mil marcos del Este que llegaba a costar, es decir, unos mil 533 euros de hoy o 20 mil pesos.

“Eso equivalía casi al salario de un año”, gruñe el chofer durante la pausa de 15 minutos que se toma para estirar las piernas y dejar a la ciudad descansar del humeante escape del Trabant.
Este delincuente ambiental tiene un motor de 26 caballos de fuerza que truena como la motocicleta de un repartidor de periódicos en México y que, por si fuera poco, emite cinco veces más monóxido de carbono que un auto estándar.

Fue concebido para ser un auto normal en la RDA, por supuesto, pero entonces había una crisis metalúrgica y no se podían desarrollar mejores motores ni buenas carrocerías. De ahí que también se le conoce como el Pappe, o sea el Cartón, por lo frágil y ligero del Duraplast, la aleación de resina con algodón ruso con que se hacía la carrocería.

La pausa del tour sirve también para medir la gasolina, algo que se tiene que hacer manualmente porque no hay un medidor en el tablero. Se abre el cofre, se pide un voluntario y se introduce la regla que indica cuántos litros quedan: “todavía podríamos seguir unos 250 kilómetros”, dice el chofer con una pequeña sonrisa.

Con el claxon en cada esquina y la máquina tronadora, la serpenteante línea de Trabants pasa por la Alexander Platz, los edificios de concreto prefabricado que están enfrente, y la monumental avenida Karl Marx Allee, otrora Stalin Allee, cuyos edificios de más de ocho pisos y simétricos de cada lado eran ideales para glorificar los desfiles comunistas. Adelante está la Puerta de Francfort y en una pequeña desviación por el gran tráfico de la ciudad se recurre al Puente Oberbaum, el enlace con el barrio de los turcos Kreuzberg y un pequeño escape por el Berlín Occidental.

Ostalgie sobre ruedas
Cruzar antes la frontera entre Berlín no era fácil. Hoy es cosa de pisar el acelerador. Los Trabis siguen en el safari y llegan hasta el Distrito Gubernamental, una combinación de edificios neoclasicistas, imperialistas y modernistas.

Pasan por el Reichstag y la cancillería que están a punto de cambiar gobierno, rebotan con las vibraciones del Tren Suburbano que corre a un lado cerca y cruzan de nuevo el río Spree para estar otra vez en el lado oriental.

Trabi-Safari fue creada en 1999 para jugar con la nostalgia que sienten los alemanes por el pasado pero también para mostrar a los turistas una forma más real de cómo se vivía en el pasado.

Para completar esta ostalgie, como se dice en alemán por el juego de palabras que forman Ost (Este), y Nostalgie (Nostalgia), en la página de internet Osthits.de se puede comprar una lata con olor al humo del Trabant por tan sólo cuatro euros.

“Una vez que los invitados han experimentado la tramposa transmisión y el interior espartano de un Trabant, apreciarán de nueva cuenta las características de su propio auto, de la vida del Oeste”, señala el fundador de Trabi-Safari, Rico Heinzig.

El chofer ve su reloj, frunce el ceño por el tráfico y toma otra salvaje desviación: “no podemos llegar tarde, nos espera otro tour”. Y otra vez a 90 kilómetros por hora la Puerta de Brandeburgo, el Monumento a los Judíos Asesinados recién inaugurado, la Potsdamer Platz, que era tierra de nadie durante el Muro de Berlín y ahora un vidrioso centro comercial; y los restos del Muro en el centro Topografía del Terror.

Atrás se queda la nube de humo.

Yaotzin (publicado en Reforma el 2 de octubre).

miércoles, septiembre 28, 2005

* Schröder, el canciller inamovible

Gerhard Schröder recibió un mensaje codificado de su ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer: hacerse a un lado y, con ello, permitir la formación de un gobierno en Alemania.

Fischer anunció el martes 20 de septiembre que no dirigiría la bancada de su partido en la siguiente legislatura del Parlamento, algo que se ve en Alemania como el principio de su retirada de la política.

El significado de este movimiento está dirigido a Schröder, su colega de gobierno y cuate de la generación del 68. Estos dos que usaban los posavasos de cartón en las cantinas para escribir cómo se repartirían el gobierno a mediados de los 80, ahora estarían a punto de degustar el último trago juntos.

Con Fischer ya es claro. Él ya se resignó a quedarse como un simple diputado o a tomar cualquier otro puesto de gobierno que no sea ministro de Exteriores, porque por tradición ese puesto le corresponde al segundo partido más votado, y el suyo, Los Verdes, en cualquier coalición se quedaría en tercer lugar.

Con Schröder invade la incertidumbre. Él es todavía canciller y quiere seguir siéndolo. No se ve en otro papel. Incluso él aceptaría que la coalición más prevista de partidos, entre su Socialdemócrata (SPD) y los cristianos (CDU/CSU), se formara si y sólo si él se queda a la cabeza.

“¿Creen en serio que para como quedaron las cosas mi partido aceptaría la propuesta de platicar con la señora Merkel? (...) Nadie además de mí está en la posición de construir una mayoría estable. Nadie además de mí”, espetó Schroeder en un debate poselectoral transmitido por la televisión.

Con esas “cosas”, Schroeder quería dar a entender que su partido logró subir 10 puntos porcentuales en las últimas dos semanas antes de las elecciones para obtener un 34.3 por ciento y casi alcanzar al CDU/CSU, que para él significaba una confirmación de su persona como canciller.

El CDU/CSU no soltaba su hueso y anunció que conformaría la llamada ‘gran coalición’ con el SPD con la condición de que Angela Merkel sea propuesta como canciller. Los conservadores reclaman ese derecho al haber obtenido 35.2 por ciento de la votación general.

Esta ‘gran coalición’ es por un lado la menos probable porque reúne al gran partido en el gobierno con el gran partido de oposición, pero el mismo Schröder la había propuesto hace siete años, cuando se investía como canciller por primera vez. Por otro lado, es el grupo de partidos que tendría la mayoría absoluta.

“Una gran coalición puede hacer mejor una gran parte de las reformas. Los dos saben que el país necesita reformas y ambos tendrían la oportunidad de dirigirlas, sobre todo la reforma Federal y el saneamiento del presupuesto”, opinó el presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica, Klaus F. Zimmermann.

La solución para que ambos partidos se alíen la dio una fuente anónima del SPD al popular diario Bild: Schröder cedería su puesto a un líder democristiano si Merkel hace lo mismo, algo que el alcalde socialdemócrata de Berlín, Klaus Wowereit reafirmó después al declarar que se podría imaginar un gobierno en coalición con el CDU/CSU sin Schroeder como canciller.

Pero Schröder parece no sólo el canciller de Alemania, sino el director de todo este circo político alemán que se vive desde que llamó a nuevas elecciones el 22 de mayo pasado. Antes de eso, él estaba acabado políticamente. Peleas con los sindicatos, su partido retrocedió en 10 Estados Federados y además desde que está en el poder el SPD ha perdido a 175 mil miembros. Después de ese 22 de mayo, se equipó y salió a la guerra, no estaba dispuesto a entregar el poder tan fácil.

Sometió su gobierno a un voto de confianza que él mismo logró manipular para lograr la disolución del Parlamento y concretar el llamado a elecciones, y luego empezó una campaña más llena de bríos que de propuestas.

Se pronunció contra las armas nucleares en Irán, viajó a las zonas afectadas por las inundaciones de principios de agosto en el sur de Alemania y pactó la construcción de un gasoducto entre Rusia y Alemania para garantizar el suministro de energía al país por décadas.

De 25 por ciento que tenía su partido pronosticado en las encuestas, alcanzó un 35.3 por ciento y, con todo y que estaba abajo del CDU/CSU, salió ante sus simpatizantes y dijo: “me siento confirmado para que en los próximos años otra vez pueda formar un gobierno estable”.

“Ese domingo vimos a un combatiente que no podía cambiar. Gerhard Schröder se propuso ganar las elecciones y las cuentas no salieron como quería, así que se separó de la realidad como un niño que hizo hace algo y luego niega las consecuencias”, dijo el psiquiatra Peter Faikal, director de la Clínica de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad de Saarland.

¿Qué es lo que realmente quiere el canciller? Aunque los expertos se lo cuestionan, un 70 por ciento de las personas ya dijo que en una encuesta que no quedaron satisfechos con su forma de aferrarse al poder en ese domingo electoral.

“Parece que la única forma de que todo avance es que él ceda su puesto. Yo no estoy por una gran coalición, pero lo que se necesita es gobernabilidad. El CDU ya reconfirmó a Merkel como su canciller y ahora los demás partidos que haga coalición con ella tendrían que respetar esa decisión”, señaló el investigador de partidos políticos Richard Stöss.

Este hombre que otrora usara cuello de tortuga y cabello largo para abogar por los derechos sociales, ahora podría conformarse con compartir más momentos con su hija, una linda niña de origen ruso que adoptó con su esposa Doris y a quien osó bautizarla como Victoria.

Veremos qué pasa este miércoles 28 de septiembre, después de la segunda reunión entre el SPD y el CDU/CSU.

Yaotzin.

martes, septiembre 20, 2005

* Quieren un cambio, pero no votan por él.

Los alemanes son muy complicados. Están cansados de la política del Gobierno actual, pero no lo dejan de votar; quieren un cambio de Gobierno, pero lo votan con mucha timidez.

Después de las elecciones del 18 de septiembre, no quedó claro quién estará al frente de la Cancillería ni qué tipo de Gobierno se formará con las diferentes coaliciones de partidos disponibles.

La complicación fue tan elevada que los investigadores de opinión y politólogos no pudieron evaluar los resultados de la elección y sólo hablaron de desorientación y pérdida de autoridad de los partidos.

"Lo cierto es que esta es la primera vez en la historia de Alemania que los dos grandes partidos no logran obtener más del 70 por ciento de la votación en conjunto", se dijo en el análisis de la televisora pública ARD.

Esta mínima votación hacia los grandes partidos y, por si fuera poco, casi igual, dejó a los alemanes sin saber antes de irse a la cama quién sería su nuevo Canciller ni bajo qué Gobierno estarán regidos los próximos años.

La candidata de los conservadores, Angela Merkel, se proclamaba como la siguiente Canciller de Alemania y Schroeder hacía lo mismo, con la particularidad de que él siguió utilizando su poder de todavía Canciller hasta llegar al límite de la arrogancia.

Decían que ya había perdido la razón, que estaba enajenado de poder y que hasta su esposa, Doris, lo regañó por ser tan rudo con los principales candidatos de los partidos cuando se presentaron ante la televisión en una especie de debate posterior a los comicios.

"¿Cómo cree usted, señora Merkel, que mi partido hará una coalición con el suyo con usted señalada como Canciller? Es claro que la gente me quiere a mí como Canciller", expresó Schroeder tratando de defender el puesto que ha ocupado durante siete años.

Y es que Schroeder aún tiene matemáticamente la posibilidad de quedarse en el poder, si su partido logra convencer a otros para formar una coalición.

Los socialdemócratas estuvieron festejando en la sede del SPD en Berlín como si hubieran resultado campeones. Aplaudieron y vitorearon al Canciller Schroeder por haber logrado la gran escalada del partido en tan sólo un par de semanas.

"Fue por él (Schroeder) que el partido aún tiene la posibilidad de quedarse en el Gobierno. Nos llevó del 26 por ciento que teníamos en las encuestas hasta lo que logramos hoy, un 34 por ciento", celebró Bj"rn, un simpatizante.

Sin embargo, si Schroeder estaba abajo o si no logró esta vez la mayoría fue porque muchos de los votantes del partido ejercieron esta vez un voto de castigo en protesta por las reformas socioeconómicas que emprendió durante su Gobierno.

"Quiero el cambio. Había votado por el SPD y ahora veo que no pueden lograr nada. Necesito un partido que venga a mejorar la situación económica y a ofrecerme mayor seguridad social para cuando me retire, pero la verdad es que tampoco me convence mucho la Frau Merkel", señaló Janina Wiegand, contadora alemana.

En la sede del partido del CDU en Berlín, los asistentes estaban inflados de emoción por el resultado, excepto por algunos jóvenes que sonreían a la mitad: ellos querían votar por el cambio, pero hubieran preferido que su partido señalara a otra persona como Canciller en lugar de Merkel.

"Pues parece que logramos mucho y que ya estaríamos en el nuevo Gobierno, pero creo que hubiera sido mejor si hubiéramos tenido de punta a otro candidato a Canciller", dijo Peter M"bius, estudiante alemán.

Las opciones para formar al nuevo Gobierno variaban entre un neoliberalismo del FDP, una política económica basada en una gran reforma fiscal del CDU/CSU, una política exterior pacifista y ecologista de Los Verdes y una continuación de las reformas sociales del SPD.

¿Qué Gobierno es el que realmente querían los alemanes? Eso no se sabrá hasta los siguientes días, cuando después de pláticas entre los partidos se logre formar la mejor coalición.

"Este será un gran trabajo de pláticas que es el resultado de una mala votación del electorado alemán", señaló el Ministro de Exteriores Joschka Fischer.

Yaotzin
(Publicado en el periódico Reforma el 19 de septiembre).

viernes, septiembre 16, 2005

* Festival de Literatura de Berlín, apostillas

Hubiera querido relatar cada día algo sobre el Festival de Literatura de Berlín. Es un evento de carácter mundial, sin embargo poco de ello se ve en los medios. Mi propio periódico no publicó una sola nota. Bueno, sí, la de inauguración, donde habló Carlos Fuentes.

México para los mexicanos, y viceversa.

Lamentablemente ya llegó a su fin. Hoy 16 de septiembre con el Día de la Independencia de México y una conmemorativa noche de Literatura Mexicana, el festival está a punto de cerrar sus puertas.

Con las elecciones de Alemania en puerta y todas las complicaciones que yo mismo me creo y luego ocupo de excusa para no hacer cosas, no pude estar presente. Excepto tres días: la inauguración, claro, la noche de literatura mexicana, por supuesto, y el día en que se presentó el que para mí --sin haber estado en todo el festival-- fue la sorpresa y la delicia del festival: David Mas Masumoto.

Presento la cosecha.

David Mas Masumoto es un granjero de California. En su profesión combina la escritura. Siembra y escribe, escribe y siembra. A veces desconoce las fronteras de sus dos actividades. Trabaja todo en un mismo lugar, su granja. Dice que tiene dos grandes temporadas, la de cosecha en verano y la de escritura en invierno.

Masumoto es la tercera generación de una familia originaria de Japón. Él ha vivido toda su vida en Estados Unidos y desde chico se ha dedicado a la agricultura. Es de los pocos estadounidenses que ejercen esa profesión en California, donde los mexicanos o latinoamericanos tomaron ya las riendas. Pero también es de los únicos que se ha aprovechado de ella para cultivar las letras y escribir unos seis libros.

Mientras está sobre su tierra, cualquier capricho de la naturaleza es una sensación que se transforma en palabras. El viento quedó inscrito ya con una oda, la lluvia en lugar de arruinar las hortalizas creó un cúmulo de páginas indescriptibles en este humilde Blog y el escrito olor de las frutas lleva a querer morder cada libro.

Su poesía no es sólo hablar, describir, jugar con las palabras con la entonación. Él hace participar al público para que más allá de su lirismo todos se transporten con él a su granja. Pide que con las palmas creemos el sonido del viento, que con los dedos golpeando las palmas hagamos lo mismo para el sonido de la lluvia y, de repente, también saca su Shime Daiko (tamborcito en japonés) para recrear alguna tormenta.



Masumoto es uno de esos descubrimientos de este Festival que quizás se queda en el olfato de los que lo vimos. Regresará pronto a su granja y continuará escribiendo para sí mismo y para el periódico The Fresno Bee, y tendremos que esperar a que la siguiente cosecha se dé para podernos deleitar de nuevo.

Yaot-Sen.

jueves, septiembre 15, 2005

* Déjà vu reloaded, y un poco de deutsche Politik

¡Qué barbarismo lingüístico! La simplificación de las frases me lleva a buscar palabras con mucha fuerza y, quizás por mi falta de madurez intelectual, me llevó a utilizar esos extranjerismos que yo supongo que todo el mundo entiende.

Espero que así sea.

Hoy me subí en el Opi Exprés en dirección hacia el centro de la ciudad. Es jueves por la mañana. Ya hace un poco de frío otoñal y el sol juega a salir a ratos. Yo iba a jugar básquet y la Wiebke a trabajar. Así es mi vida de freelancer.

En la parada del autobús había una mujer turca de no más de 25 años. Estaba de una forma elegante, muy rara para ser una mañana en que sólo se puede ir a trabajar o, en mi caso, ir a jugar básquet. Ella llevaba un vestido de seda azul largo como para una cena de lujo. Por eso me fijé en ella. En el autobús iban los mismos viejitos de siempre, esos que vienen del Este con la cara de, como dice el ministro de Baviera, frustrados.

Quizás jugué una hora y me eché otra media hora leyendo el periódico. Las posibles combinaciones de coaliciones en un café donde hay igual número de combinaciones de café. Es difícil escoger. Si le pones un poco de crema, cambia completamente el sabor. Si lo pides muy grande, te deja sin dormir. Si le mezclas tres ingredientes, no sabes qué va a resultar. Así está la política en Alemania. Izquierdistas con socialdemócratas, más Verdes es igual a... O conservadores más socialdemócratas que a veces quieren ser izquierdistas. Ni puta idea. Mejor recalentamos el café de la vez pasada.

Tomé mi combinación de vuelta para escapar del centro de la ciudad, metro + autobús, sí, el Opi Exprés de vuelta. Lo tomé a una hora cualquiera. Me subí y ahí estaba ese vestido de seda verdeazulado, como el mar de Cancún. Algo como mi Déjà Vu alemán. La mujer turca iba de vuelta. En la mano traía su pasaporte que atestiguaba claramente que sus ojos almendrados y cabello negro provenían de la tierra de la luna. También llevaba un papel en donde se alcanzaba a ver "Bundesagentur für Arbeit", Agencia Federal de Empleo. Y por la cara que ella traía, creo que no venía de pedir cifras de porcentajes de desempleados que hay en el país, para lo que yo uso a esa agencia. Quizás hizo una fila de una hora y media y le dijeron que ni madres que había empleo, que se regresara a su país, o que tenía que esperar cuatro meses a que se desocupara algún puesto, o que había que ver los resultados de las coaliciones y que si ganaba el SPD que está a favor de la integración de Turquía a la UE entonces sí le darían un empleo, pero que si ganaban los conservadores del CDU entonces tendría que conformarse con se ama de casa. Qué sé yo. Ella se fue a partir la cara con los alemanes mientras yo me la estaba limpiando de sudor.

Estamos a tres días de las elecciones federales. Los turcos podrían ser un factor decisivo en los votos. Son 600 mil con la capacidad de ir a las urnas y decir lo que piensan. ¿Les influirá la política internacional cuando viven en un ghetto en Alemania? ¿pensarán en política cuando por la poca participación de ellos en los altos niveles administrativos del país podría significar todo lo contrario y sólo quieren atender a sus familias y sus tiendas de comida?

Estos tres días están de locos. Hay que pensar mucho. Yo mientras tengo que estar en un café internet porque supongo que por estos días previos a las elecciones las líneas por donde viaja internet están saturadas de emoción, información y, por qué no, de gente buscando empleo, y mi "red" en casa no sirve. Si Schroeder la hace estable, voto por su partido.

Yaotzin.

martes, septiembre 06, 2005

El opi-exprés.

Donde yo vivo hay turcos por doquier. De broma nombramos el barrio Turquilandia en lugar de Kreuzberg, como realmente se llama. Es un poco para hacer todavía más chiste porque Kreuzberg ya es sinónimo de personas morenas con cejas pobladas y mujeres con velo vestidas hasta los tobillos.

El barrio podría ser como cualquier otro. Físicamente no hay muchas diferencias más allá de tener más puestos de Döner Kebap. Edificios coloridos, árboles verdes durante la primavera y el verano, gente alternativa que ya empieza a vivir aquí (además de los turcos) y otros extranjeros. Tiendas, construcciones, renovaciones, metro, autobuses y, como en todo Berlín, grafitti en cada esquina.

Pero en medio de todo, siempre pasa un autobús del que casi nadie da cuenta. Es un autobús del transporte público que tiene una ruta fija por las calles de Kreuzberg, es la ruta 265. Adentro de él hay un mundo muy diferente al que se vive afuera. Viejitos. Viejitos que se transladan entre el Oeste y el Este de Berlín, entre el Este y el Oeste. Ellos son dueños de esta línea durante todo el día. Por la noche la ruta se alarga hasta uno de los barrios más populares, Mitte, y el autobús empieza a transportar a jóvenes borrachos con cerveza en mano. Algunos de ellos, ¿por qué no? neonazis que regresan a sus guaridas en el Este de Berlín después de estar de incógnitos entre toda la gente de la ciudad. ya no se sabe realmente cómo se visten, ya no tienen ese uniforme que los caracterizaba de botas militares y pantalones bombachos y cabezas rapadas. Ya son otros.

Pero, bueno, estábamos con la ruta de la mañana. Los viejitos y viejitas salen de Baumschulenweg o Schöneweide, dos zonas enclavadas en el Este de Berlín y durante el día van regresando, poco a poco a su casa. Salen a disfrutar de su pensión, salen a cobrarla, salen a ver a los turcos del barrio de Kreuzberg como si se tratara de un Sighseeing Tour, qué sé yo. Parece que les gusta estar en el autobús y pasear, porque, en teoría, como retirados no tendrían obligaciones que cumplir en la ciudad. Yo casi nunca me subo sin tener que ver cabellos blancos a mi izquierda o a mi derecha.

Creo que incluso la empresa que administra el transporte público ha mejorado en esta línea ex profeso. Ahora los autobuses son tan modernos que se agachan para recibir a los pasajeros. Cada vez que hace la parada, la entrada y salida del armatoste amarillo queda a ras de suelo para evitar tener que elevar la pesada pierna arrugada hacia arriba, o para evitar caer de bruces al salir. Hay muchos de estos autobuses por toda la ciudad, pero yo juraría que esta línea los tiene todos nuevos. Muchos asientos están clasificados con una cruz que quiere decir que los septuagenarios o discapacitados tienen la prioridad de sentarse y, en el medio, hay un espacio tan grande que caben dos sillas de ruedas motorizadas juntas. Este espacio en Prenzlauer Berg, uno de los barrios más 'trendy' de Berlín, se ocuparía para dos mamás que se montan al autobús con las carriolas de sus bebés.

El otro día el chofer tuvo piedad de mí. Dar servicio a 'adultos mayores', como dice que se debe escribir según el manual de redacción de mi periódico, ha ablandado el corazón a los choferes quienes, en otros barrios, te ven llegando corriendo a la parada del autobús y cierran las puertas enfrente de uno. Bien, pero la otra vez yo tenía una pata Kaputt. Me esguincé el tobillo y estuve casi sin caminar una semana. Cuando salí a la luz de este hermoso verano tardío otra vez, tenía que tomar el autobús y, puntual como suele ser, ya estaba enla parada a punto de arrancar. Yo, impuntual o 'justo' (como dice mi moral que se debe de decir) como suelo ser, vi a lo lejos que al chofer ya había cerrado las puertas y estaba a punto de arrancar. Aún así empecé a correr cojeando, o sea casi cargando mi pierna lastimada, y el chofer se detuvo, inclinó el autobús y me dejó subir. Los viejitos que ya estaban dentro se me quedaron viendo, quizás para comprobar que uno más de ellos se subía, quizás para ver qué méritos había hecho yo para merecer semejante reverencia del chofer sin ser un retirado, un 'adulto mayor', o un opi, como se dice en alemán a los abuelitos.

Yaotzin.

lunes, agosto 22, 2005

* Historias desde dentro (Marienfeld 5)

BERLÍN.- Todavía lo recuerdo muy bien. Estos sentimientos se quedan en el recuerdo y pasan a formar parte de la histotria hablada: Planeé como un alemán y tuve suerte de mexicano.

Me subí en el primer autobús que saldría del Marienfeld. Ayer. Después de la misa de Benedicto XVI. Salí a tiempo y caminé mis tres kilómetros para llegar a una de las tantas filas de autobuses. Todo iba bien, llegaría a tomar mi tren al centro de Colonia a tiempo para poder trabajar en Berlín. De Marienfeld a Colonia se hacían como 40 minutos sin tráfico. Lo comprobé con la venida, y yo tenía ahora dos horas y media para llegar a la estación de tren. Todo iba muy bien. Demasiado bien.

El chofer arrancó. Tuvo algunos problemas con la transmisión, no podía ser nada malo, ya nos habría cambiado de autobús. Empezó a bajar la colina. Estábamos saliendo. Seguíamos las desviaciones como las había establecido la policía. Pero, en un momento, pasó un autobús lleno de peregreinos por el otro carril. Sí, por el lado contrario. Algo había raro. Pasó otro. Otro más. Y entonces nos detuvimos. Llegamos a una fila de tráfico donde se veía adelante un grupo de peregrinos. Parecía que sólo retrasaban el paso de los automotores. No, no era eso. Estaba bloqueado el paso por completo. No, ¡peor! resultó ser una de las tantas filas de los autobuses que recogían a las personas para llevarlas a Colonia, y de repente mi autobús, bueno, nuestro autobús, el de los primeros peregrinos en salir, estaba en esa fila. ¿Qué hacía ahí? ¿cómo llegó ahí?

El chofer no quería dar vuelta porque 'estaba prohibido'. Y no entiendo. Recuerdo tantas veces como un chofer de autobús mexicano apenas ve un síntoma de tráfico y se brinca con su armatoste de 50 pasajeros cualquier barda o zanja para irse a otro lado. Pero no, este chofer no, a pesar de que todas las reglas estaban rotas ya con el millón de peregrinos sueltos por ahí. Se metió más y más en la fila y ya no había ni la posibilidad de pensar que se daría la vuelta. Grité, le grité. No sé cuántas y cuáles palabras utilicé en alemán, yo estaba ya fuera de mis casillas. Yo no quería peregrinar más, y menos en un autobús atrapado. Así que me bajé y empecé a caminar junto con otros peregrinos, cuesta abajo. Cinco kilómetros más hasta que encontramos otro paradero.

Hoy lunes pienso en el futuro que habrá deparado a mis colegas de autobús. Todos eran alemanes y si tenían la misma filosofía del chofer: 1.- o no quisieron romper la regla de bajarse sin ver un futuro concreto, 2.- o creyeron que saldrían de ahí en algún momento, no sé, quizás con una mano grandototototota que hubiera tomado el autobús y lo hubiera puesto de nuevo en camino. Así es Dios ¿no?

Yaotzin.

PS. ¿Y la suerte de mexicano? bueno, pues es que siempre nos pasa que cuando todo se ve muy bien es porque es irreal. Siempre nos pasa que ya logramos algo pero no podemos concluirlo. No sé si sólo es a mí, pero es un estado psicológico que he visto manifestado en mucha gente. Y a mí me sigue pasando.

* ‘Con sólo verlo me lleno de energía’ (Marienfeld 4)

‘Con sólo verlo me lleno de energía’ El promedio era de 100 mil por hora. Esa era la velocidad de entrada de los peregrinos al Marienfeld para oír misa con Benedicto XVI, hasta que el campo se saturó y obligó a los organizadores a utilizar radio y televisión para avisar a los espontáneos visitadores que ya ni se acercaran.

Pero todos querían un lugar con el nuevo Papa. Todos querían vitorear Bee-ne-de-tto, Bee-ne-de-tto. Todos querían estar presentes durante su primer viaje al extranjero.

La era de Juan Pablo II parece terminada. Él todavía se queda en la mente de algunos y en los recuerditos de las tiendas. Benedicto XVI está en las almas.

El Marienfeld está a 27 kilómetros de distancia de Colonia y no era fácil llegar ahí. El ejército y más de cuatro mil miembros de la policía de toda Alemania se encargaron además de cercarlo para dejarlo como una zona aislada.

Nadie que no hubiera acampado ahí la noche anterior o nadie que no hubiera tomado un autobús fletado antes de las siete de la mañana podía llegar después de otra forma a esta planicie que alguna vez sirvió como mina de carbón en medio de un frondoso bosque.

Grupos de amigos, familias enteras, niños y personas con discapacidades estaban ahí, entre el lodo y los sacos de dormir, y no se trataba de un Woodstock, ni tampoco de un evento para apoyar a países del Tercer Mundo, era sólo un acto de fe.

Por la noche algunos cantaron, otros sólo durmieron lo más que el clima los dejó, pues bajó hasta 12 grados. Las fogatas estuvieron prohibidas. La mañana del domingo sólo se esperaba la misa, nada más. Benedicto XVI llegó, dio una vuelta en el Papamóvil, ofició misa y se fue. No hubo otra actividad. Y para eso llegó más de un millón de personas.

“Míralo, míralo, ¿a poco no vale la pena estar aquí por él? ¿no sientes la fuerza que le inyecta a tu alma? No se trata sólo de una persona, sino de un ejemplo a seguir y con sólo verlo creo que me llenaré de energía”, exclamó Guido, un chavo italiano de 22 años de edad que alcanzó un lugar hasta el frente de todas las filas para ver al Pontífice.

Pero verlo lo más cerca no era el objetivo principal. Los últimos llegados al Marienfeld se quedaron a más de 800 metros de distancia y ni siquiera alcanzaban a ver alguna de las megapantallas que estaban instaladas a lo largo del campo. Lo único que importaba era estar presentes.

“Es algo especial lo que se siente, no te lo puedo explicar, si ves cómo todo mundo se emociona tan sólo por escucharlo o verlo, también te contagia. Necesitarías estar aquí con nosotros”, dijo la francesa Marie-Pierre, de 23 años.

Benedicto XVI estuvo en dos momentos en el Marienfeld, una el sábado por la noche para presidir la Vigilia, y la otra el domingo por la mañana para celebrar la misa de despedida de la Jornada Mundial de la Juventud, y en ninguno de los dos sorprendió con mensajes moralistas. Él sólo quería que los jóvenes, sus ahora jóvenes, empezaran a sumergirse en el concepto de religión que él tiene, una no sea individualista.

Homilía

 


Un sacerdote alemán comulgando (pizza) antes de la misa dominical. En este momento todos estaban abriendo las cajitas de desayuno que ya habían recogido desde la noche del sábado.

domingo, agosto 21, 2005

* El martirio (Marienfeld 3)

Son casi las doce de la noche del domingo. Y ya no estoy en el Marienfeld, sino en Berlín después de un largo peregrinar.

Yo quería estar informando de lo que pasaba ahí en tiempo real, pero me perdí. Las multitudes me comieron. Un millón de personas se dice fácil, pero son muchos kilómetros a la redonda. Son 8 mil 500 autobuses de turismo, son 250 estadios de futbol juntos llenos hasta el nivel de la cancha, son, son, son un mundo de gente.

Los autobuses terminaron por desquiciarse. ¿Cómo pueden ir tantos autobuses en la misma dirección? ¿cómo se los puede abordar con calma? Todos íban en son de paz, menos yo que tenía que trabajar. Pero aún así, en paz o en guerra, los humanos somos unas bestias al hacer todo en bola. Y eso fue lo que pasó al tratar de alcanzar Colonia, al tratar de hacerlo en autobuses.

Todo empezó con la misa, esa famosa misa del domingo. La conexión a internet se acabó en ese momento. El blog perdió su actualidad por eso. Había que escuchar a Benedicto, Benedikt, Benoît, Benedetto, decir misa en todos los idiomas posibles. Al mismo tiempo tuve que estarme aproximando a la salida con cada amén que daba. Y la salida estaba como a dos kilómetros de distancia dentro del campo. Poco a poco, paso a paso, oración tras oración. La señal de la cruz final fue la marca de la salida a galope. El Papa terminaba, pero lo nuestro comenzaba, y vaya que fue la peregrinación más larga.

Ahí me perdí. No llegué a Colonia sino en tres horas y sólo para trabajar. Llegué a Berlín a lo mismo y ya me dio la hora de dormir.

Benedicto XVI es un cabrón. Lo supo hacer desde el principio. Pero, ¿qué es realmente en lo que la gente cree?

Yaotzin.

* Un amigo siempre es un amigo... ¡y ahí estará! (Marienfeld 2)

Son las 10:16 de la mañana. La misa está por comenzar. El Papa ya está en el terreno de juego. Los peregrinos dejaron de hacer sus largas, laaaargas filas para el baño y fueron a tomar posesión del mejor lugar que pudieron para ver lo más cerca posible al Papa. Imposible. Hay que tolerar las pantallas gigantes y verlo como si se tratara de un concierto de rock.

Entre los 5 mil mexicanos que debe de haber por ahí, me encontré con un amigo. Hacía años que no lo veía y nunca hubiera imaginado que hubiera alguien tan, no sé si es la palabra, ¿fanático? de estos eventos religiosos como él. Esta es su cuarta Jornada Mundial de la Juventud.

Cuatro.

Y lo encontré en medio de un terreno del tamaño de 270 estadios de futbol.

¿Será obra de 'alguien'?

Y.

* Así sea (Marienfeld 1)

Son las 8:15 de la mañana en el Marienfeld, o Campo de María. Los 700 mil jóvenes que vinieron a Colonia para ver al Papa y estar en la Jornada Mundial Juvenil se están despertando apenas. Todos durmieron al aire libre. Todos están mojados.

Todos creen en algo.

Cuando digo que yo reniego el catolicismo, las personas a las que he entrevistado me insisten que aquí fui enviado por algo. Que hay "alguien" que me guió hasta acá.

Mi periódico se equivocó estúpidamente y en lugar de publicar mis notas publicó unas provenientes de las agencias de noticias. Pero aún así creo que aquí yo fui enviado para reportar. Al menos eso intento hacer.

Espero que así sea.

Yaotzin.

viernes, agosto 12, 2005

Desatan debate extranjeros en Alemania

Era agosto de 1992 cuando, en la ciudad de Rostock, al norte de Alemania, un grupo de neonazis incendió un edificio que servía de asilo para extranjeros. Eran 800 militantes de la extrema derecha que gritaban "Alemania para los alemanes, extranjeros fuera", mientras el edificio estaba en llamas.

El pasado martes 9 de agosto un edificio en Berlín se incendió y murieron nueve de sus habitantes, todos extranjeros. Esta vez no hubo nadie que festejara el hecho, pero sí quien se aprovechó de este para desacreditar a los extranjeros.

Después de que el fuego fue apagado, el jefe de bomberos hizo declaraciones que molestaron a algunos políticos y que dejan los tinteros vacíos en los artículos de los diarios.

"La causa de una alta cifra de víctimas se debe a los escasos conocimientos de alemán de los que ahí habitaban", dijo Albrecht Broemme, de 52 años, y que ocupa desde hace más de una década la jefatura de bomberos.

También un político del partido conservador, la Unión Democristiana (CDU), Volker Liepelt, se aprovechó del asunto de cara a la elección de septiembre.

"Esta catástrofe es una trágica muestra para que los extranjeros vean cuán importante es aprender alemán aquí. Se debe luchar contra la tendencia de los ghettos. Se debe poner en práctica el principio de que quien no esté listo a aprender el idioma de este país, donde piensa vivir por mucho tiempo, no tiene el derecho de recibir ayuda del Estado", dijo Liepelt, político de larga carrera que está postulado para un asiento en el Parlamento.

En varias declaraciones, los testigos y vecinos dudaron que las víctimas se hubieran podido salvar de haber hablado bien el alemán, pues adentro había un infierno de 800 grados celsius y gases intoxicantes.

Las víctimas, entre ellas cuatro niños, un adolescente y cuatro adultos, podían haber estado ya muertas al momento que se les daban las indicaciones para salvar su vida.

"El incendio terminó y no se debía de culpar a alguien, se debería de hablar de que ya no estamos en la posición de pensar fácilmente en lo humano cuando se trata de migrantes en el país", reflexionó Guenter Piening, diputado berlinés, de la comisión de Integración.

Mencionar la palabra "extranjero" en Alemania es meterse en la boca del lobo por el significado que ésta tomó durante la época fascista, y cualquiera que lo hace hoy en día es con conciencia y con un tono político para ganar adeptos socialistas o derechistas, opinó el sociólogo Nikolai Genov.

La fiscalía no descartó que este fuera un incendio intencional porque entre las víctimas había polacos y kosovares, representantes de los grupos de inmigrantes que en Alemania acaparan la fuerza laboral y el mundo musulmán, respectivamente.

El Ministro del Interior de Berlín, Eckhart Koerting, salió a echar su balde de agua al decir que esto no se debe de tomar como un ataque racista ni criminal.

Yaotzin.

* El significado del silencio electrónico (o los efectos de la distancia moderna)

Mis tíos o antepasados que tuvieron que emigrar de su tierra por alguna razón parecieron no tener este problema. El problema de la distancia.

Imagino que alejarse de su país implicaba la pérdida total de la familia o los amigos. Claro, tomando las distancias adecuadas. Uno siempre podía viajar de regreso al país en cuanto lo quisiera y podía reencontrarse con cuanto ser querido se haya quedado abandonado.

Sin regresos, alguien debió de haberse subyugado al poder de la distancia. ¿Qué significa después de todo una carta postal que, al menos en México, siempre tarda más de dos o tres semanas en cruzar el Atlántico? ¿o una llamada tan cara que te pone más nervioso y te hace decir menos cosas, aunque quizás las más tiernas? Eso era antes. Hoy no es menos frío, tan sólo por el hecho de que no hay contacto humano, pero sí es más inmediato. Videoconferencia, chat, teléfono con compañías baratas, correo electrónico, blogs, fotografías instantáneas, todo, sólo falta tocarnos por las ventanas y sentir el beso o el abrazo de aquel ser querido.

Hoy, a un año y dos meses de haber emigrado, he tenido que pensar mi amistad con... uy, me hacen falta los dedos de la segunda mano, ¿seis personas? ¿siete? Ya no sé y creo que mejor no quiero saberlo, me lastima cada vez más. No quiero decir todavía que he perdido amigos o que éstos ya no quieren ningún contacto conmigo, pues cuán común es decir que un amigo es para siempre, es más, cuántas veces yo he dicho esa frase también. Y creo que es cierto, pero también creo que una relación puede evolucionar, sufrir una metamorfosis, para mal o para bien, y todo a causa de la distancia.

Uno de mis amigos nunca me escribe por correo. Peor, nunca me contesta las preguntas personales que le hago; sin embargo siempre es el que más tiempo me dedica a mis pláticas cuando nos encontramos, ya dos veces en México y una en Alemania. Otro de ellos nunca quiere escribir pequeños detalles de su vida y se espera hasta que en cuatro meses ha juntado un correo electrónico novelesco tan lleno de información como un libro de Umberto Eco; la comunicación ahora está completamente rota. Otro amigo sólo me escribe para que le corrija sus textos o para ver cosas de él, él, él y nunca se le ha cruzado en sus líneas alguna pregunta con la intención de saber más o menos cómo estoy. Otro de plano sólo me manda chistes por internet, no tiene tiempo para escribir pero sí para adjuntar archivos de más de un mega. Otro hay que decir que es más constante, el más constante de todos, pero muchas veces es porque nos encontramos en un juego electrónico que se lanza cada dos veces en la red.

Y el último... el último de mis ejemplos --que conste que dejo otros fuera-- es el de mi más querido amigo, quien no sólo dejó de escribirme, sino que me ha mandado silencios como respuesta. Ésa puede ser la parte más cruel de la historia, cuando te escribes con alguien, tratas de ser sincero, de entregarte, incluso de ser un pesado con lo que se dice pero no por ello dejar de ser amigo, y te dan una patada por el culo con un silencio, con dos, con tres.

No responder a la inmediatez que provocan los sistemas electrónicos puede ser causa de un ataque cardiaco para quien espera la respuesta. Me pregunto cómo estará el que no responde, ¿tendrá una cara demoníaca y con un dedo aprieta el botón 'delete'? Pero no responder a la no inmediatez, cuando ya hubo un espacio de tiempo no sólo de unas horas, sino de días y hasta de un par de semanas, se me hace cruel, sobre todo cuando hay preguntas y un "diálogo" de por medio. ¿Qué es entonces un correo electrónico de una persona querida? no es un "spam" o un correo no solicitado. No es un anuncio publicitario. No es uno propagandístico. Vaya, yo no escribo para eso y creo que nadie que esté de mi lado tampoco lo haga.

El teléfono puede ser algún medio eficaz. Las compañías baratas en Alemania no son siempre buenas y a veces las comunicaciones están con eco, se cortan o tienen basura en la línea. La diferencia de horario también juega un papel importante. En este caso prefiero utilizar las palabras escritas porque tienen mucha más fuerza, porque puedes pensar lo que quieres decir y contestar, porque puedes jugar de otra forma con el lenguaje, porque es una experiencia nueva. Y así ha funcionado con mis nuevos conocidos, con algunos amigos, con mi familia con quien se ha estrechado mucho la relación.

Otras personas que me importan sólo se comunican con silencios.

Yaotzin.

jueves, agosto 11, 2005

* El castigo divino

Hoy, en un día de verano, utilicé por primera vez mi abrigo de invierno.

Sí, el verano ha sido tan malo y corto que la gente ya no sale en playeritas, minifalditas y huaraches, sino abrigos, rompevientos, gorros y paraguas. Bueno, la otra vez, como una excepción, vi a una alemana con sandalias y una bufanda. Fue el colmo pero quizás era la nueva moda de ropa que ni Hugo Boss ni nadie ha podido diseñar para climas tan imprevisibles como los de esta parte continental de Europa.

¿Qué hicimos, bueno, no, qué hicieron los alemanes y demás países de la periferia para tener, primero, solo unos cuantos meses de verano y luego para que este verano del 2005 fuera tan espantoso?

Estúpido, sí, nadie puede hacer nada contra eso. El continente y el clima no están determinados por la condición humana, pero mi reflexión, en estos días católicos (viene el encuentro con el Papa en Alemania la próxima semana) es más del lado del castigo divino.

Alemania tiene las mismas características de un país latinoamericano, menos el clima. Se ha demostrado recientemente que es un país tan corrupto como cualquiera de América Latina. Los políticos prometen y no cumplen. En el parlamento hay shows de circo como en la Cámara de Diputados de México. Se habla de una culpa por crímenes a la humanidad como en Chile se castiga el recuerdo de Pinochet. Los sectores médicos y laborales se van a la huelga como en Ecuador o Bolivia. Hay ataques a extranjeros como en Colombia o algún otro país. La izquierda extrema gana poder como en México, Uruguay, Bolivia y Venezuela, por poner ejemplos. Pero el clima permanece el mismo.

¿Qué hacer?

Resignación. Jugar basquetbol en una cancha lluviosa, tomar un café y leer el periódico en contra del viento. Caminar y observar a la gente.

Yaotzin.

miércoles, agosto 10, 2005

* Metamorfosis

Llevo un año aquí.

Bueno, no, un poco más.

En ese tiempo he sufrido cambios. Y tengo que escribirlos para que alguien lo atestigue, perdón, lo atestigüe, con la diéresis.

1.- Soy más puntual. En lugar de llegar 15 minutos tarde, más o menos, como un colchón de tiempo para asegurar que mi interlocutor o interlocutora ya esté en el lugar de la cita cuando yo llego, ahora llego a la hora en punto o cinco minutos más tarde. Es el promedio. No es completamente puntual, pero ahí no radica el cambio. El cambio es que ahora me estresa estar a la hora citada. Me preocupa tratar de lleguar unos minutos antes o no más de cinco minutos tarde.

2.- Hablo del clima. Mi papá siempre me ha preguntado por el clima en casi todas las conversaciones por teléfono. Es algo más tierno y como la primera sensación con la que él puede percibir mi bienestar, antes que pura plática barata o... alemana. Yo he aprendido a odiar el clima. En octubre pasado me deprimí. En el verano de ahora me muero de frío. Si hay un pequeño hoyo de sol en las nubes, trato de aprovecharlo. Si hay un buen día soleado, también pienso cómo puedo aprovecharlo. Así es la vida, por algo las flores se sienten felices cuando les apunta el sol.

3.- Planeo. Ya no sólo me preocupo por el horario de las citas, sino por las cosas que voy a hacer. Que una no interfiera con otra, cuáles efectos habrá, en qué momento puedo hacer algo, y leer las pinches y malditas letras pequeñas de cada estúpido contrato social que se contrae con las diferentes instituciones. Bueno, todavía no soy un gran estratega, pero en esas ando, estoy en este proceso, por eso se llama metamorfosis.

4.- He cambiado las muletillas. En México existen esas odiosas muletillas en las que cada vez que uno se saluda o despide se dice ¿cómo estás? sin de verdad pensar en lo que se está preguntando. Ahora, cada vez que las uso, estoy conciente de lo que digo.

5.- Me quejo. Si la calle tiene una caca, es culpa del Estado.

6.- Luften, luften = airear. Aunque como algunos otros conceptos no creo que sea propio de los alemanes, sí he visto que muchos tienen la costumbre de airear, o sea, abrir las ventanas de la casa u oficina durante un espacio temporal determinado para impregnar un ambiente más natural. Y yo no lo hacía antes y ahora sí.

7.- La panza desapareció. Escaleras y pocos tacos, y no un ideal norteamericano de belleza, han hecho que mi panza deje de tocar la fría hebilla del cinturón.

Yaotzin.

lunes, agosto 08, 2005

* Identificación oficial por favor, o-fi-cial De la seguridad o la pérdida de la confianza

De cara a las decenas de atentados, al reciente anuncio de un islamista arrestado que tenía marcados en rojo en su mapa Bonn y Fáncfort (no seguramente para hacer compras), y con la venida del Papa y el Mundial de futbol, Alemania está en un estado de alerta.

Y estado de alerta o no, le seguridad aquí tiene que ver más con un código no escrito de reglas, como ésa en la que si uno está invitado a una fiesta tiene que llevar la invitación en papel; si hay que recoger un paquete hay que mostrar una identificación o si hay que registrarse en un evento como periodista hay que llenar un formulario previo con no sé cuántos meses de anticipación.

Patrañas.

Las reglas se pueden romper, yo las he roto, y sólo es cuestión de confianza. Así que yo diría que Alemania está perdiendo poco a poco la confianza. Ese es el tema. Hace unos tres años recuerdo que al ir a la tienda de discos más grande de la ciudad, Dussmann, veía los CD sin un celofán que los cubriera y cualquiera que lo tomara podía ver el disco y, en todo caso, tomarlo. Hoy en día las cajas ya tienen celofanes y hasta cajas de plástico de seguridad. Así es el mundo y, aclaro, yo nunca tomé ninguno de esos discos, si es que alguien llegó a ver una caja vacía.

Pero, bueno, estábamos con la confianza. En Alemania uno puede, o podía hacer lo que fuera. Dejar la bicicleta afuera sin cadena, dejar algunas cosas en la mesa, dejar sin llave las puertas de los edificios, vaya, algo normal, no exagerado, todo por un momento, pero es ese precismo momentito el que en México ya ni existe; es ese preciso momentito el que hace la diferencia. Aquí el 'lost & found' sigue siendo una institución que sirve.

Pero llegan los problemas internacionales y las instituciones internacionales y todo debe de tener carácter de oficial, de inquebrantable, de cuadrado. Con un par de aventuras he conocido, entendido, asimilado y aprendido a utilizar el significado de la palabra "spießig", léase shpisig para entender más o menos cómo se pronuncia. Literalmente, la palabra refiere a alguien que es cuadrado o poco flexible. Muchos dirían que es uno de esos conceptos en los que se encuadra a todos los alemanes, pero la verdad es que no me aventuraré a clasificarlos a todos dentro de este género porque también he conocido excepciones.

Hace unas semanas tuve que ir a recoger un paquete que me llegó al correo. El día era bonito y la semana prometedora. Ergo, toda la gente era alegre para mí. Hice mi larga, perdón, mi siempre larguísima fila para el correo (que funciona como banco, como tienda y como escritorios de envoltorio de regalos). llegué con la cajera y con la sonrisa en la cara le dije que tengo un paquete esperándome. Le enseñé el mensaje que me dejó la empresa en mi buzón y un comprobante de mi identificación oficial. Ya, claro, eso lo tengo que explicar. Mi única identificación oficial, oficial, oficial aquí en Alemania es mi pasaporte, pero justo esa semana me lo pidió la Oficina de Prensa para resellar mi visa y quedarme un año más. Y justo esa semana me llegó el mentado paquete de mi periódico preferido. El pasaporte me lo regresaban hasta un día después de que mi paquete podía estar en el correo, después éste se iría de vuelta a su lugar de origen por no haber sido reclamado.

Bien, pues yo mostré un comprobante que ya me había dado la Oficina de Prensa para casos como éste y, además, mostré un juego de naipes con todas las credenciales con foto que pude conseguir. La oficial de México, la de prensa que me dio la misma Oficina de Prensa, la de prensa de una asociación de acá, otra de prensa de otra asociación (para las que tuve que haber mostrado mi pasaporte para tramitarlas), mi tarjeta de descuento con foto de los Ferrocarriles de Alemania y hasta mi tarjeta de crédito. No podía haber pierde, tenía que ser yo. Bueno, además, ¿cómo chingaos pude haberme hecho yo de un mensaje de Correos que me decía que tengo un paquete esperándome? ¡Hasta llevaba la llave de mi buzón de la casa!

La mujer de la ventanilla sólo me miró y me dijo, con toda la paciencia del mundo: a ver, la hoja comprobante de la Oficina de Prensa mmmmmm, no va, no está certificada; las tres de prensa no son oficiales, la oficial de México tiene la firma por detrás y cosas que no se entienden, y la de los trenes mmmmmm, pus no. A ver, aquí en la pantalla de mi computadora dice que usted me debe de presentar un pasaporte y aquí no veo uno, mmmmmm, una identificación de militar, una de diputado, una de funcionario de algún ministerio, bla, bla, bla.

¿Por qué no se han facilitado las cosas para los periodistas?

Me di la media vuelta y me fui. No era yo y no quería dejar de ser yo con un grito que pude haber dado.

Tengo más ejemplos, pero con uno es más que suficiente por el momento. La gente que me ha dejado entrar a sus fiestas sin invitación, a las conferencias de prensa sin enlistarme o que me ha dado acreditaciones sin pasaportes ni cartas, ¡viva!

Yaotzin.

Así que

lunes, julio 18, 2005

* El fantasma de este país.


Es un mito, es un miedo, es un fantasma. Está por todos lados como una sombra. No se habla de él, pero está en muchos discursos. Acompaña a la gente. Se aparece en los libros, en el cine, en los carteles. Ha pasado a formar parte de la conciencia social. las nuevas generaciones no lo conocen, pero ya lo satirizan.

Él no se olvidará nunca en este país.

Yaotzin.

sábado, julio 16, 2005

* Flor de calabaza en Berlín

Esto es un asunto de mexicanos.

Este sábado encontré por cuestiones de azar una flor muy peculiar. Una flor que, hasta donde yo sé, sólo los mexicanos la comen. La flor de calabaza. Se come en quesadillas, soufflés, pescados y sopas de agua o crema. Tiene un sabor suave pero muy peculiar.

No es que me haya desvivido por encontrarlas en Berlín, pero sí fue raro llegar a un puesto ambulante en las calles del barrio de Kreuzberg y ver un cesto con las flores de calabaza. No era un turco (habitante común del barrio), ni mucho menos un mexicano, sino un alemán que traía los productos de su granja. Para mi sorpresa, además, la granja estaba certificada como "orgánica", así que con esto compruebo y concluyo esta investigación sobre la comida orgánica en Alemania.

Las quesadillas de flor de calabaza serán algo pequeño, un antojito como las llamamos, pero fue lo que me ocupó toda esta mañana para poder tener un rico desayuno y un poco de saborcito de México, que ya después de un año de autoexilio hace falta de vez en cuando.

Yaotzin.

Masa + flor = ricas quesadillas.

lunes, julio 11, 2005

* Por el arco del triunfo (diferencias entre el Primer Mundo y el Tercero, parte 3)

Arco del Triunfo.- bio. dícese de la parte que, en el cuerpo humano, une a los muslos con la parte baja del abdomen. Pasarse algo por el Arco del Triunfo, quiere decir que algo le importa a uno un cacahuate.

Bien, pues si esta frase existiera en Alemania, no se usaría; aunque mejor es decir que esta frase no existe porque no ha lugar.

En México se usa para decir cuando nuestros legisladores o demás personajes de la política hacen con una ley lo que quieren. Se la pasan por el arco del triunfo, es decir, por ese lugar por donde sólo pasa --y lamento la falta de tacto en esto-- el papel de baño. Pero así es la política, ¿qué decir?

Y lo lamento también por los alemanes, pero su gobierno está atrapado en leyes de antaño que no fácilmente se puede pasar por el arco del triunfo. En esta época de elecciones anticipadas y atentados terroristas hay dos claros ejemplos.

La gente quiere elecciones. El gobierno actual también. La oposición también. ¿Qué lo impide? sólo una reforma en la Constitución que dice que para llegar a las nuevas elecciones hay que disolver el Parlamento (nada nuevo para cualquier democracia parlamentaria, pero para disolver el Parlamento hay que convocar a un llamado voto de confianza. Gerhard Schröder lo convocó y, tal y como lo esperaba, lo perdió. Sólo falta que el presidente alemán valore el procedimiento para que sí haya elecciones. La disolución del Parlamento no se puede lograr gracias a una reforma constitucional hecha después de la caída del Tercer Reich para evitar que un tipo como Hitler tome el poder y haga con él lo que quiera.

Y es desde esos mismos tiempos que otro artículo de la Constitución fue reformado para evitar que el ejército patrulle las calles. Pero ahora con los problemas del terrorismo existen algunas propuestas para reformarlo y, en casos de urgencia, poner a los soldados a vigilar el orden público.

Pero quizás antes tendremos que hacer un voto de confianza porque no se podrán pasar la Constitución por... Sí, ya saben por dónde.

Yaotzin.

domingo, julio 10, 2005

* ¿Cuándo?

Al salir de la casa, no sólo está una de las tantas tiendas de productos biológicos que ya antes mencioné. Antes se ve el río que pasa al lado, bueno, no que "pasa" porque no es un río que se mueva. Sus aguas están estancadas como en un lago, pero a lo largo de toda Berlín. También está la mayor empresa de ruidos para celulares y un club de turcos.

Eso último es lo que define al barrio de Kreuzberg, los turcos. Yo no tengo nada contra ellos, de hecho, tendría que agradecerles mucho porque gracias a ellos yo tengo tiendas, panaderías y otros servicios que si no están abiertos las 24 horas, están abiertos después de las 14:00 horas del sábado o durante el domingo, algo que va enc ontra de las leyes alemanas. Yo llegué a este lugar para vivir por voluntad propia, porque tiene color, vida y sabor. Y creo que se debe mucho a los turcos.

Y quizás serán ellos quienes terminen pagando las consecuencias de lo que pasa en nuestro mundo.

Nueva York, Madrid, Londres, ¿y luego? ¿Roma? ¿Berlín? Los atentados terroristas tienen un denominador común, los musulmanes. Si en los aeropuertos o en las ciudades que ya sufrieron el terror a uno ya lo ven raro por ser musulmán o parecer árabe, ¿qué pasará cuando se adopten esas medidas en Alemania, más propiamente en Berlín? ¿esculcarán a todos los musulmanes en cada estación de metro? ¿les impedirán llevar mochilas al hombro? ¿los mantendrán en un ghetto para no sufrir los acosos del "mundo occidental"?

En Berlín viven más de 800 mil turcos. En Alemania más de 2 millones. Y otro país que más presencia de inmigrantes tiene es Irán. Yo soy mexicano pero en la calle me han confundido con árabe, paquistaní, indio, turco, y me han hablado en cualquier idioma que no podría identificar.

¿Qué vamos a hacer para impedir un atentado en el metro, en la calle, en cualquier lado? ¿qué va a pasar con estas personas que, por unas cuantas, tienen que pagar el precio entero por ser de una religión o raza en particular?

Vivimos en un constante peligro en Berlín, y no sólo el de un atentado explosivo, sino uno psicológico.

No todos somos londinenses, pero sí partícipes.

Yaotzin.
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