jueves, septiembre 15, 2005

* Déjà vu reloaded, y un poco de deutsche Politik

¡Qué barbarismo lingüístico! La simplificación de las frases me lleva a buscar palabras con mucha fuerza y, quizás por mi falta de madurez intelectual, me llevó a utilizar esos extranjerismos que yo supongo que todo el mundo entiende.

Espero que así sea.

Hoy me subí en el Opi Exprés en dirección hacia el centro de la ciudad. Es jueves por la mañana. Ya hace un poco de frío otoñal y el sol juega a salir a ratos. Yo iba a jugar básquet y la Wiebke a trabajar. Así es mi vida de freelancer.

En la parada del autobús había una mujer turca de no más de 25 años. Estaba de una forma elegante, muy rara para ser una mañana en que sólo se puede ir a trabajar o, en mi caso, ir a jugar básquet. Ella llevaba un vestido de seda azul largo como para una cena de lujo. Por eso me fijé en ella. En el autobús iban los mismos viejitos de siempre, esos que vienen del Este con la cara de, como dice el ministro de Baviera, frustrados.

Quizás jugué una hora y me eché otra media hora leyendo el periódico. Las posibles combinaciones de coaliciones en un café donde hay igual número de combinaciones de café. Es difícil escoger. Si le pones un poco de crema, cambia completamente el sabor. Si lo pides muy grande, te deja sin dormir. Si le mezclas tres ingredientes, no sabes qué va a resultar. Así está la política en Alemania. Izquierdistas con socialdemócratas, más Verdes es igual a... O conservadores más socialdemócratas que a veces quieren ser izquierdistas. Ni puta idea. Mejor recalentamos el café de la vez pasada.

Tomé mi combinación de vuelta para escapar del centro de la ciudad, metro + autobús, sí, el Opi Exprés de vuelta. Lo tomé a una hora cualquiera. Me subí y ahí estaba ese vestido de seda verdeazulado, como el mar de Cancún. Algo como mi Déjà Vu alemán. La mujer turca iba de vuelta. En la mano traía su pasaporte que atestiguaba claramente que sus ojos almendrados y cabello negro provenían de la tierra de la luna. También llevaba un papel en donde se alcanzaba a ver "Bundesagentur für Arbeit", Agencia Federal de Empleo. Y por la cara que ella traía, creo que no venía de pedir cifras de porcentajes de desempleados que hay en el país, para lo que yo uso a esa agencia. Quizás hizo una fila de una hora y media y le dijeron que ni madres que había empleo, que se regresara a su país, o que tenía que esperar cuatro meses a que se desocupara algún puesto, o que había que ver los resultados de las coaliciones y que si ganaba el SPD que está a favor de la integración de Turquía a la UE entonces sí le darían un empleo, pero que si ganaban los conservadores del CDU entonces tendría que conformarse con se ama de casa. Qué sé yo. Ella se fue a partir la cara con los alemanes mientras yo me la estaba limpiando de sudor.

Estamos a tres días de las elecciones federales. Los turcos podrían ser un factor decisivo en los votos. Son 600 mil con la capacidad de ir a las urnas y decir lo que piensan. ¿Les influirá la política internacional cuando viven en un ghetto en Alemania? ¿pensarán en política cuando por la poca participación de ellos en los altos niveles administrativos del país podría significar todo lo contrario y sólo quieren atender a sus familias y sus tiendas de comida?

Estos tres días están de locos. Hay que pensar mucho. Yo mientras tengo que estar en un café internet porque supongo que por estos días previos a las elecciones las líneas por donde viaja internet están saturadas de emoción, información y, por qué no, de gente buscando empleo, y mi "red" en casa no sirve. Si Schroeder la hace estable, voto por su partido.

Yaotzin.

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