miércoles, septiembre 28, 2005

* Schröder, el canciller inamovible

Gerhard Schröder recibió un mensaje codificado de su ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer: hacerse a un lado y, con ello, permitir la formación de un gobierno en Alemania.

Fischer anunció el martes 20 de septiembre que no dirigiría la bancada de su partido en la siguiente legislatura del Parlamento, algo que se ve en Alemania como el principio de su retirada de la política.

El significado de este movimiento está dirigido a Schröder, su colega de gobierno y cuate de la generación del 68. Estos dos que usaban los posavasos de cartón en las cantinas para escribir cómo se repartirían el gobierno a mediados de los 80, ahora estarían a punto de degustar el último trago juntos.

Con Fischer ya es claro. Él ya se resignó a quedarse como un simple diputado o a tomar cualquier otro puesto de gobierno que no sea ministro de Exteriores, porque por tradición ese puesto le corresponde al segundo partido más votado, y el suyo, Los Verdes, en cualquier coalición se quedaría en tercer lugar.

Con Schröder invade la incertidumbre. Él es todavía canciller y quiere seguir siéndolo. No se ve en otro papel. Incluso él aceptaría que la coalición más prevista de partidos, entre su Socialdemócrata (SPD) y los cristianos (CDU/CSU), se formara si y sólo si él se queda a la cabeza.

“¿Creen en serio que para como quedaron las cosas mi partido aceptaría la propuesta de platicar con la señora Merkel? (...) Nadie además de mí está en la posición de construir una mayoría estable. Nadie además de mí”, espetó Schroeder en un debate poselectoral transmitido por la televisión.

Con esas “cosas”, Schroeder quería dar a entender que su partido logró subir 10 puntos porcentuales en las últimas dos semanas antes de las elecciones para obtener un 34.3 por ciento y casi alcanzar al CDU/CSU, que para él significaba una confirmación de su persona como canciller.

El CDU/CSU no soltaba su hueso y anunció que conformaría la llamada ‘gran coalición’ con el SPD con la condición de que Angela Merkel sea propuesta como canciller. Los conservadores reclaman ese derecho al haber obtenido 35.2 por ciento de la votación general.

Esta ‘gran coalición’ es por un lado la menos probable porque reúne al gran partido en el gobierno con el gran partido de oposición, pero el mismo Schröder la había propuesto hace siete años, cuando se investía como canciller por primera vez. Por otro lado, es el grupo de partidos que tendría la mayoría absoluta.

“Una gran coalición puede hacer mejor una gran parte de las reformas. Los dos saben que el país necesita reformas y ambos tendrían la oportunidad de dirigirlas, sobre todo la reforma Federal y el saneamiento del presupuesto”, opinó el presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica, Klaus F. Zimmermann.

La solución para que ambos partidos se alíen la dio una fuente anónima del SPD al popular diario Bild: Schröder cedería su puesto a un líder democristiano si Merkel hace lo mismo, algo que el alcalde socialdemócrata de Berlín, Klaus Wowereit reafirmó después al declarar que se podría imaginar un gobierno en coalición con el CDU/CSU sin Schroeder como canciller.

Pero Schröder parece no sólo el canciller de Alemania, sino el director de todo este circo político alemán que se vive desde que llamó a nuevas elecciones el 22 de mayo pasado. Antes de eso, él estaba acabado políticamente. Peleas con los sindicatos, su partido retrocedió en 10 Estados Federados y además desde que está en el poder el SPD ha perdido a 175 mil miembros. Después de ese 22 de mayo, se equipó y salió a la guerra, no estaba dispuesto a entregar el poder tan fácil.

Sometió su gobierno a un voto de confianza que él mismo logró manipular para lograr la disolución del Parlamento y concretar el llamado a elecciones, y luego empezó una campaña más llena de bríos que de propuestas.

Se pronunció contra las armas nucleares en Irán, viajó a las zonas afectadas por las inundaciones de principios de agosto en el sur de Alemania y pactó la construcción de un gasoducto entre Rusia y Alemania para garantizar el suministro de energía al país por décadas.

De 25 por ciento que tenía su partido pronosticado en las encuestas, alcanzó un 35.3 por ciento y, con todo y que estaba abajo del CDU/CSU, salió ante sus simpatizantes y dijo: “me siento confirmado para que en los próximos años otra vez pueda formar un gobierno estable”.

“Ese domingo vimos a un combatiente que no podía cambiar. Gerhard Schröder se propuso ganar las elecciones y las cuentas no salieron como quería, así que se separó de la realidad como un niño que hizo hace algo y luego niega las consecuencias”, dijo el psiquiatra Peter Faikal, director de la Clínica de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad de Saarland.

¿Qué es lo que realmente quiere el canciller? Aunque los expertos se lo cuestionan, un 70 por ciento de las personas ya dijo que en una encuesta que no quedaron satisfechos con su forma de aferrarse al poder en ese domingo electoral.

“Parece que la única forma de que todo avance es que él ceda su puesto. Yo no estoy por una gran coalición, pero lo que se necesita es gobernabilidad. El CDU ya reconfirmó a Merkel como su canciller y ahora los demás partidos que haga coalición con ella tendrían que respetar esa decisión”, señaló el investigador de partidos políticos Richard Stöss.

Este hombre que otrora usara cuello de tortuga y cabello largo para abogar por los derechos sociales, ahora podría conformarse con compartir más momentos con su hija, una linda niña de origen ruso que adoptó con su esposa Doris y a quien osó bautizarla como Victoria.

Veremos qué pasa este miércoles 28 de septiembre, después de la segunda reunión entre el SPD y el CDU/CSU.

Yaotzin.

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