viernes, septiembre 16, 2005

* Festival de Literatura de Berlín, apostillas

Hubiera querido relatar cada día algo sobre el Festival de Literatura de Berlín. Es un evento de carácter mundial, sin embargo poco de ello se ve en los medios. Mi propio periódico no publicó una sola nota. Bueno, sí, la de inauguración, donde habló Carlos Fuentes.

México para los mexicanos, y viceversa.

Lamentablemente ya llegó a su fin. Hoy 16 de septiembre con el Día de la Independencia de México y una conmemorativa noche de Literatura Mexicana, el festival está a punto de cerrar sus puertas.

Con las elecciones de Alemania en puerta y todas las complicaciones que yo mismo me creo y luego ocupo de excusa para no hacer cosas, no pude estar presente. Excepto tres días: la inauguración, claro, la noche de literatura mexicana, por supuesto, y el día en que se presentó el que para mí --sin haber estado en todo el festival-- fue la sorpresa y la delicia del festival: David Mas Masumoto.

Presento la cosecha.

David Mas Masumoto es un granjero de California. En su profesión combina la escritura. Siembra y escribe, escribe y siembra. A veces desconoce las fronteras de sus dos actividades. Trabaja todo en un mismo lugar, su granja. Dice que tiene dos grandes temporadas, la de cosecha en verano y la de escritura en invierno.

Masumoto es la tercera generación de una familia originaria de Japón. Él ha vivido toda su vida en Estados Unidos y desde chico se ha dedicado a la agricultura. Es de los pocos estadounidenses que ejercen esa profesión en California, donde los mexicanos o latinoamericanos tomaron ya las riendas. Pero también es de los únicos que se ha aprovechado de ella para cultivar las letras y escribir unos seis libros.

Mientras está sobre su tierra, cualquier capricho de la naturaleza es una sensación que se transforma en palabras. El viento quedó inscrito ya con una oda, la lluvia en lugar de arruinar las hortalizas creó un cúmulo de páginas indescriptibles en este humilde Blog y el escrito olor de las frutas lleva a querer morder cada libro.

Su poesía no es sólo hablar, describir, jugar con las palabras con la entonación. Él hace participar al público para que más allá de su lirismo todos se transporten con él a su granja. Pide que con las palmas creemos el sonido del viento, que con los dedos golpeando las palmas hagamos lo mismo para el sonido de la lluvia y, de repente, también saca su Shime Daiko (tamborcito en japonés) para recrear alguna tormenta.



Masumoto es uno de esos descubrimientos de este Festival que quizás se queda en el olfato de los que lo vimos. Regresará pronto a su granja y continuará escribiendo para sí mismo y para el periódico The Fresno Bee, y tendremos que esperar a que la siguiente cosecha se dé para podernos deleitar de nuevo.

Yaot-Sen.

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