jueves, diciembre 31, 2015

Refugiados: bienvenidos a la guerra pirotécnica de Occidente


En la mayor parte del mundo se celebra la entrada del Año Nuevo con fuegos artificiales. Berlín no es una excepción, pero muchos tildan la celebración como un estado de guerra. 

La gran fiesta se realiza a los cimientos de la Puerta de Brandeburgo. En el resto de la ciudad hay otros distintos puntos donde gente particular se encarga de su propia fiesta de fuegos artificiales. Los espectadores, turistas y locales, se convierten en cómplices y "truenan sus propios cohetes".

Casi cada calle de los barrios centrales de la capital alemana está llena de explosiones de colores cuyo clímax llega a las 00:00 horas del 1 de enero.

"Es como si fuera una guerra", me dicen muchas visitas que me ha tocado acompañar en esta fecha. Pirotecnia y meras explosiones polvorientas a ras de suelo se apoderan del ambiente.

Y no se trata sólo de estado de guerra vox populi, pues algunos pueblos y refugios de inmigrantes lo han reconocido prohibiendo el uso de los fuegos artificiales para proteger a los refugiados de posibles situaciones traumáticas. 

"La gente proveniente de zonas de guerra tiende a asociar los estallidos con disparos y bombardeos, y no con fuegos artificiales de las celebraciones de Año Nuevo", declaró a medios de información alemanes Christoph Soebbel, de una localidad del estado de Renania del Norte-Westfalia. En otros tres estados, algunos refugios han prohibido también el uso de los fuegos artificiales. 


En Berlín no se han prohibido pero en los aeropuertos de llegada hay anuncios pegados en las paredes que advierten de las explosiones pirotécnicas, de las explosiones a nivel de calle, de niños encendiendo cohetes durante todo el día -mucho antes de las celebraciones de medianoche-, y de ambulancias que pudieran entrar en servicio por accidentes causados por personas bajo las influencias del alcohol.

Refugiados: bienvenidos a la guerra pirotecnia de Occidente. 

lunes, junio 22, 2015

El taxi de los terroristas


Frecuentemente me encuentro gente en Berlín. En las calles, en los clubes, en el metro, en los parques, en la sauna, etc. Y hace poco se añadió otro lugar: un taxi.

Era el chofer del taxi. No fue tan difícil reconocernos. Me escuchó hablar en español y él se metió en la conversación. Eso me hizo atar cabos. La confianza lo llevó a presentarse como Rainer.

El encuentro podría haber sido más agradable. Habríamos podido hablar del clima, de cafés, de nuevos tipos de pasajeros, de nuevas tarifas de taxi, del “nuevo” Berlín gentrificado, #quéséyo. De los taxistas se aprenden los mejores chismes. Pero Rainer quería otra conversación. Algo de actualidad. 

Como asesinatos y suicidios.

Caímos en el caso de Andreas Lubitz, el copiloto suicida de Germanwings (por cierto, aquí un texto mío al respecto). Rainer recitaba las teorías que rodeaban al caso una por una, y al final dio una conclusión: nosotros, la sociedad, tenemos en parte la culpa de atentados terroristas como ese.

La conclusión de este taxista se basaba en un hecho raro, al menos todavía incomprensible para mí. Rainer me dijo que entre sus pasajeros ha tenido terroristas. Y que estos terroristas le han comentado de alguna forma sus planes. Pero como nadie los toma en serio, éstos terminan haciendo todo realidad.

“Esa gente busca primero ser escuchada y el resto de nosotros tendría que hacer algo más que tildarlos de locos", me dijo. Y continuó: “Este copiloto seguro que habló con alguien de sus planes. O alguien cercano a él debió de haber sospechado de lo que quería hacer. Y esas personas debieron de haberlo detenido”, comenta. Escuchado, entendido y detenido, esa era la lógica de Rainer.

Cuando me dijo quién era uno de sus pasajeros terroristas, me dejó boquiabierto. Se trataba de Anders Breivik, el asesino de ideología ultraderechista de Noruega.

"Él estuvo una vez en Berlín y en un viaje hacia el aeropuerto, yo creo que iba de regreso a su país, me dijo que había muchos extranjeros en su país y que planeaba acabar con ellos", recuerda.

Pero ahí no acabó todo. Después me dijo -casi orgulloso- que otro de sus pasajeros había sido ni más ni menos que Mohammed Atta. nada lógico si se recuerda que el comandante jefe de los aviones que se estrellaron en el World Trade Center vivía en Hamburgo. Pero... ¡¿Dos de estos grandes asesinos en el taxi de Rainer?!

Cuando le pregunté si los había podido reconocer  por su cara, contestó que no. Que los reconoció porque eran personas que le comentaban sus planes. Que Atta le habló de la opresión que ejercía el gobierno de Estados Unidos en pueblos árabes con sus guerras en Oriente Medio y que estaba pensando en hacer algo en contra, sin especificar entonces qué.

Atta terminó comandando aviones de pasajeros para usarlos como bombas contra la sociedad civil.
Breivik asesinó a adolescentes de un partido socialista noruego clamando una ideología ultraderechista. Él vive y según Rainer él promueve un movimiento en internet donde aconseja cómo escribirle cartas a Breivik en su confinamiento para hablar con él y no aislarlo por completo de la sociedad. Ese foro en internet sí existe.

***

Independientemente de la veracidad de las historias que Rainer nos cuenta, hay algo con lo que me gustaría quedarme: la idea de hablar con conocidos y desconocidos en una sociedad donde se teme perder el contacto humano fortuito, y escuchar las preocupaciones que tienen. Ser una especie de termómetros de la ciudad.

Es cierto que no siempre podemos hacer algo para evitar muchas catástrofes, pero la idea de intentarlo no suena tan descabellada. Y menos si ahora sabemos que los terroristas también toman taxi.

domingo, febrero 15, 2015

La Frauenkirche de Dresde: ¿por qué la destruyeron? ¿Por qué la reconstruyeron?


Las iglesias también experimentan el placer de la resurrección. Este fue el caso de Nuestra Señora de Dresde.

La Frauenkirche, como se la conoce en alemán, es un monumento de barroco rococó que había sido destruido hace 70 años durante los bombardeos de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, realizados un 13 y 14 de febrero.

Las razones de aquellos ataques son todavía discutidas, pero prácticamente desconocidas. ¿En qué sentido era Dresde un objetivo estratégico de los aliados? Se arrasó con una gran parte de la ciudad, por lo menos un 80 por ciento del casco histórico.

Casi todo ha sido reconstruido, incluyendo la iglesia. Y se podría decir que Dresde es ahora una de las ciudades más bellas de Alemania.

El caso de la iglesia es ejemplar. La Frauenkirche fue una de las iglesias protestantes más importantes en Europa. Edificada en el siglo 11 –con grandes remodelaciones en los siglos 16 y 18-, coronaba la entrada a la vieja ciudad de Dresde. “La campana de piedra”, así se la conoció desde entonces, pues es el único edificio sagrado en el mundo que tiene esa forma.

Después de que fue destruida, las ruinas quedaron apiladas ahí. La ex RDA las conservó a cielo abierto a manera de monumento de la Segunda Guerra Mundial. Después de la reunificación alemana fue uno de los grandes proyectos a emprender.

Y efectivamente. Fue una reconstrucción arqueológica para la que se necesitaron 13 años y 215 millones de dólares, de los cuales Estados Unidos y Gran Bretaña –los principales responsables de su destrucción-, junto con otros dos donantes, aportaron unos 100 millones. Se reutilizó un 40 por ciento de las piedras que la constituyeron originalmente, algunas de ellas en su posición original (habían sido marcadas previamente) y otras en diversas partes.
Mediante las tecnologías informáticas, los artistas de la reconstrucción crearon un modelo virtual generado a partir de fotografías históricas y dibujos arquitectónicos que les permitió pasear virtualmente por las bóvedas de la iglesia y visualizar su proyecto de trabajo.

"El único problema lo tuvimos con las pinturas del interior, porque sólo contábamos con una imagen, así que tuvimos que recurrir a varios testimonios hablados", habían dicho los encargados de la reconstrucción.

Las computadoras y programas que se utilizaron para hacer estos diseños tridimensionales u hologramas son los mismos que ayudaron a crear algunas maravillas de la tecnología –al menos así clasificadas en sus respectivos campos-, como el auto Viper de la Chrysler y el avión sucesor del Jumbo 747, el Boeing 777. Estos programas informáticos eliminan la necesidad de crear maquetas.

Cuando en 1992 se comenzó con la limpieza de los escombros, una de las primeras labores fue ubicar y marcar las piedras que se utilizarían para la nueva iglesia. Se construyó la parte baja, parte de la bóveda y aunque había planes para dejarla casi lista en el 2003, fue inaugurada el 31 de octubre del 2005, aniversario del día en que Martín Lutero publicó en 1517 sus 95 razones para oponerse a la forma en que se vendían indulgencias para construir la Basílica de San Pedro en Roma.

Hoy, más lejos de aquella fecha luterana, el ser humano reconstruye estos monumentos con tan de seguirle dando razón a su vida: la memoria.

domingo, enero 25, 2015

¿Sentarse o no sentarse? Esa es la meada

Por favor, no parado; gracias por sentarse

“Sentarse pa mear” es una frase que uno puede escuchar en México frecuentemente. Entre hombres. Machos. Es una forma denigratoria de decir “marica”: “míralo, este se sienta pa mear”.

¿Cuándo y por qué se comenzó a relacionar el grado de masculinidad con la forma de orinar?

Es cierto que orinar o “hacer del uno” parado es un hecho que data de tiempos inmemorables. Un tribunal en Alemania apeló a esta esta costumbre como argumento para defender a un inquilino al que se le quería cobrar el daño ocasionado al piso de mármol. Con las salpicaduras de su orina.

“A pesar de que el hombre se ha domesticado al respecto cada vez más, orinar parado es un acto ampliamente extendido. Sin embargo, cualquiera que practica esta costumbre de hace ya mucho tiempo deberá en muchas ocasiones confrontarse con sus compañeros de vivienda –sobre todo con mujeres-, no así con los posibles daños causados a un piso de mármol en algún baño o WC”, señaló el fallo del tribunal de Düsseldorf la semana pasada.

El arrendador del departamento en cuestión le quería cobrar a este inquilino 1,900 euros por los daños al piso.

Con esto se defiende una costumbre de siglos, cierto, pero muchos salen a celebrar también el "derecho" masculino de poder mear parado.

"¡Párate por tus derechos!", dicen algunos carteles.


Y si de verdad está más relacionado con eso, ¿por qué es más masculino mear parado?

Desde que llegué a Alemania me confronté con esto. Admito que implicó un cambio cultural fuerte. Pero tenía un sentido higiénico y además uno de igualdad humana que lleva a hacer ciertos cambios neuronales que se notarían en la vida diaria. No se trata de atinar solo a ese gigantesco hoyo, pues el chisguete siempre se va desbaratando en su recorrido aéreo. Sino que se trata de deshacerse de un pensamiento machista: ¿uno no cree que después de orinar se queda algo sucio? Yo meo y no me importa quién limpie. No me importa quién se siente después. ¿Alguien se imagina a alguien como Putin sentado para orinar?

¿Por qué no “domesticarnos” un poco más y evitar el urinario pesar de las consecuencias?

La primera vez que vi las señales de “por favor orine sentado” fue en departamentos de amigos homosexuales, pero eso no implica que uno tenga que ser homosexual o mujer para tener que sentarse. Con todo el perdón de la idiosincrasia: ¿son solo ellos higiénicos? Cuando uno vive solo o se reparte bien las tareas de la limpieza, se da cuenta que, al estar hincado frente a la dichosa taza, la pared y el suelo lo confrontan a uno con ciertos colores y olores.

¿Quién habrá dejado de portarse como todo un vikingo para sentarse a orinar y cambiar la tradición de hombre-niño, hombre-macho? No tengo idea, pero me parece buena.

"¡Por favor siéntese al orinar!"


Cada quien decide cómo y por qué hacerlo. Eso sí, no creo que nunca los hombres en su gran mayoría lo harán, pues incidiría también en otras costumbres como la cantidad de cerveza bebida.

¿La sección de hooligans del FC Union Berlin haciendo fila para orinar en el medio tiempo del partido? Por ejemplo. Otro sería que la ciudad de Bruselas, Bélgica, también perdería toda su “personalidad”: la estatua del Manneken Pis tendría que pasar a estar sentada.

Manneken Pis de Bruselas


Eso sí: hay debates médicos acerca del sentarse a orinar. No hay nada comprobado, sólo que si uno tiene problemas de próstata puede ser más cómodo sentarse a terminar el “pequeño negocio” (como se dice en alemán, "kleines Geschäft") ya que vaciar la vejiga siempre tarda más.

El miedo de los hombres (al sentarse a orinar): que aparezca un pez y le muerda los testículos. Imagen tomada de http://im-sitzen-pinkeln.de/

martes, enero 13, 2015

Pegida, Legida y Cogida: de absurdos alemanes


Esta mañana al escuchar las noticias en la radio alemana Info Radio hubo una entrevista que me dejó estupefacto: un ciudadano alemán explicando las razones por las que participa en las manifestaciones de Pegida.

“Se construyen mezquitas una tras otra”. “Tengo un amigo que es chef y como los musulmanes no comen carne de cerdo, ya dejó de cocinarla y venderla”. “Te ven mal si llevas embutidos (de cerdo) a la escuela”.

Este es uno de los que se han sumado a las manifestaciones islamofóbicas en Alemania, que cada lunes, ya por dos meses consecutivos, han reunido a decenas de miles de quejumbrosos por la “islamización” de Alemania. Las manifestaciones tienen los nombres de #Pegida (Europeos patrióticos contra la Islamización de Occidente), #Bogida son los de Bonn, #Legida los de Leipzig, #Dügida los de Düsseldorf y #Kögida los de Colonia (Köln).

El movimiento más grande es el llamado Pegida, organizado en Dresde, una ciudad duramente golpeada por las consecuencias de la caída del Muro de Berlín y la Reunificación. Pero, con todo, el movimiento es digno de la mejor novela surrealista jamás escrita en Alemania. Uno puede manifestarse contra el alza de las rentas en Berlín, la privatización del agua, las crecientes minas a cielo abierto en el Este alemán, o la exportación de armas alemanas a Oriente Medio o incluso a México y Colombia. Pero… ¿contra la islamización?

En el estado de Sajonia, donde se encuentra Dresde, se da la cifra oficial de 4 mil musulmanes, lo que representaría apenas un 0.1 por ciento de la población. Un colega periodista de Berlín hace la comparación de esto diciendo que es como si se temiera que el decadente partido político liberal FDP tomara el poder federal de Alemania.

Como temer que el Partido Verde llegará al poder en México.

Como temer que los restaurantes mexicanos en Berlín, que aumentan y aumentan, cambiarán los hábitos alimentarios de los alemanes y los harán gordos y feos, y el sabor del chile en la boca les impedirá nunca volver a saborear un ganso grasoso con col agria: la mexicanización de Berlín, o lo que sería lo mismo #Cogida.

Afortunadamente cada vez, y no solo cada lunes, hay más contramanifestantes que le hacen frente a los Pegida. Aquí llegamos ya a los cientos de miles. El absurdo y la razón se encuentran en las calles alemanes.

#ProblemasDelPrimerMundo
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