miércoles, julio 18, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 7. ¿Me pedirán pa'l chesco?

Llegué ayer a las 17:55 a la Oficina de Licencias. Cerraban a las 18:00 horas. Sí, lo hice a la mexicana, pero así soy yo.

Confío en la formalidad alemana y sé que si llego antes de la hora de salida estoy en mi derecho de ser atendido. Además yo sabía que mi trámite no era muy tardado, sólo debía de entregar tres papeles, mi prueba de primeros auxilios, la del examen de la vista y mi licencia original.

Una mujer me atendió sin querer hacerlo. Yo creo que pensó que le arruinaría su Feierabend, como se dice acá, algo que se traduce literalmente como "fin de jornada laboral". Todo mundo se desea aquí un feliz fin de jornada laboral, schöne feierabend, como si fueran los buenos días de un domingo sagrado. La mujer sacó mi folder y verificó que fuera yo. Me pidió los papeles y me dijo: "ah, en unas tres semanas le estaremos respondiendo, mmmm, no, a ver, con las vacaciones de verano y todo esto, no, creo que de unas cuatro a seis semanas, ¿está bien?". Pues sí, asentí, qué más da. ¿O acaso podía decirle que moviera su oxidado trasero de burócrata para que me diera una respuesta inmediata?

Después le pregunté por las semenas en que yo recibiría una respuesta y me dijo que se trataba del tiempo que toma en verificar que mis papeles estén correctos. Ahí donde me digan que la méndiga traducción de 49 euros de mi licencia mexicana está mal, sí que me enojo. Tienen que ver si todos los documentos son originales y si mi solicitud está a tiempo, etc., etc., etc. (sólo espero que no llamen a la Oficina de Licencias de México porque justo en estos días están cambiando el reglamento allá y seguro que las licencias también. Ahora establecen un sistema de puntos y no sé cuánta madre. Sólo espero que la corrupción sea la misma y que el agente con el que hablen les diga "sí, no hay pedo con el cuate de Berlín, todo en orden, sólo deme para el chesco").

Dieron las 18:00 horas y la colega de al lado de la señora que me atendía despegó su trasero de su silla, dijo schöne Feierabend, y cruzó la puerta hacia afuera. Un minuto más tarde yo estuve listo y mi servidora pública también. Salimos juntos y un alemán estaba corriendo en el pasillo como loco buscando una oficina, tocó la puerta y nada. El pobre fue más mexicano que yo. ¿O yo más alemán que él?

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.
Capítulo 5. El temor de los lentes.
Capítulo 6. La terapia de los lentes.

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