martes, junio 26, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 3. La carta.

Ayer me llegó la famosa carta.

Cuando salí de las oficinas de ADAC, donde tramité la traducción de mi licencia y luego la postulación oficial para este documento, la mujer, esa amiga mía sexagenaria, me dijo que tenía que esperar correo. Me sentí como cuando uno va a ser aceptado en la universidad. Si me llegaba la carta, significaba que podía continuar con los trámites para mi licencia, si no, pues báibái.

Ahora, ¿por qué no debería de haberme llegado la carta? sencillo, porque ando en el límite de los tres años de residencia en Alemania y si los sobrepaso tendría que hacer un procedimiento más tardado y costoso para obtener la licencia de manejo.

Pero llegó, y aunque me emocionó, me puso en una situación de estrés porque tengo tres semanas para cumplir con dos exámenes que permitirían la continuación de mi proceso de postulación, el de primeros auxilios y el de la vista.

El de la vista no es tanto problema porque es gratis y no dura mucho. El problema será cuando me digan "señor, ¿no se había dado cuenta que usted ya no ve nada? y si quiere el papelito para su licencia tendrá que mandarse a hacer unos lentes por la módica cantidad de 400 euros". Hipotético. El verdadero problema ahora es que debo de cumplir con ocho horas de un curso de primeros auxilios y debo de pagar 20 euros por ello.

Es una chinga. Todos estos saberes que yo acumulé en mi natal México ahora no me sirven para nada. Primero hacer tortillas, luego mi licencia de manejo, y ahora mis cursos de auxilios. Si contamos los seis años que estuve en los Scouts, las horas que pagué para mi curso de primeros auxilios cuando saqué mi licencia de buceo y la experiencia de sacar casi ahogada del mar a mi amiga Gina, en la práctica yo ya no debería de cumplir con otro curso. Pero no hay un papel que lo justifique y los alemanes, o bueno, aquí no es culpa de los alemanes, las instituciones lo requieren. Vale madre.

Así que este sábado estaré yendo al precioso barrio de Neukölln (que es como el Bronx neoyorquino en Berlín) a cursar estas ocho horas, previo pago de unos 20 euros. Claro, nada es gratis.

Después veré si una señora turca quiere mis servicios como tortillero.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Examen de la vista gratis?? en donde? yo tuve que pagar por ese examen!

Yaotzin Botello dijo...

Yo lo hice en Fielmann.

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