martes, agosto 05, 2008

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 15. Reflexiones interexámenes.

Cada vez me comporto más como un alemán.

No sé si fue buena idea intentar sacar esta licencia. Muchos colegas y amigos me dicen que es un trámite burocrático normal y que como tal no debo pensar demasiado en él. Otros amigos y mi familia celebran que me haya animado a hacer un trámite tan difícil, y que casi esté a punto de lograrlo. Y yo pienso ahora que quiero conservar mi personalidad mexicana, y que para ello no debí de haber iniciado el proceso de sacar una licencia de manejo alemana.

Después de haber estudiado mis casi 700 preguntas para el examen teórico y de haber tomado unas horas de manejo para practicar para el examen, siento que me estoy transformando. No sólo entiendo a los alemanes y a su país, sino que me estoy volviendo como ellos. Me explico, en términos de manejo, claro: la primera vez que me subí al auto de la escuela de manejo para mis prácticas, yo veía normal acercarme a la luz roja y casi pasármela. Era una luz roja que hacía detener a los autos a la mitad de una avenida. No era un crucero de autos. Al frente, el resto de la avenida, estaba vacío. A los lados no había peatones. Y apliqué la mexicana y me acerqué al semáforo medio frenando, pero casi listo para pasármelo. Eso en México es normal. Mi instructor me gritó y no sólo para respetar la regla sino del susto que le metí. "Me dio mucho miedo esa acción", me confesó después. (Ay, no mames, le dije con mis ojos). Luego me disculpé.

Hoy, cuatro clases de manejo después, estaba en el auto con el instructor y a todos mis movimientos me decía "Jawohl", que es una forma alemana de aprobar una acción, algo como "así, perfecto". Poner la direccional a tiempo, frenar con tanta distancia y no pasar los 30 o 50 kilómetros por hora que dictan las calles de Berlín. "29.5 sería mejor", dice mi instructor y 29.5 hice la última vez.

Este cambio en mí no es una fachada, nada de farsa, hay que pensar alemán para fluir por las calles de Berlín, para andar por la vida de Alemania.

-¿Por qué no te detienes por completo donde está la señal de Stop?

-Porque me aseguré bien y no viene ningún auto.

-Sí, tienes razón, pero eso significa que sí viste la señal de Stop ¿no? Lo que a su vez significa que no la respetaste deliberadamente, es una infracción. ¡Tenías que detenerte!

Después le pregunté a mi instructor si en la vida normal él maneja como me está obligando a mí, y me dijo que sí, que está obligado a hacerlo porque es instructor de manejo y si pierde la licencia se queda sin el pan de cada día.

Le pregunté eso porque veo que mucha gente rompe las reglas. Hay autos que me rebasan cuando yo voy a la velocidad permitida, gente que da la vuelta mal y otras cosas, aunque nada maligno, nada como en la Ciudad de México. El tránsito vehicular, como la vida en Alemania, está muy reglamentado para que funcione perfecto. Las señales están matemáticamente puestas en cada esquina y las reglas están escritas para que las entienda cualquiera. Y ahí donde parece que hay vacíos, es donde incluso entra la confianza.

-¡¿Qué haces volteando a la izquierda?! El ciclista no tiene prioridad, ¡tú la tienes!

-Pues sí, pero está casi cruzando y no lo quiero atropellar.

-Sí, pero es su culpa, no debe de cruzar.

Por eso peatones y ciclistas deberían de conocer sus propias reglas para andar en la calle. Si ellos están bien, los conductores estarán bien, y viceversa. Confianza y planeación son las palabras clave.

Cuando vaya a México ya no podré manejar como mexicano.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.
Capítulo 5. El temor de los lentes.
Capítulo 6. La terapia de los lentes.
Capítulo 7. El último trámite de la primera etapa.
Capítulo 8. El hoyo veraniego.
Capítulo 9. Fin de la primera parte.
Capítulo 10. Fuera la ira.
Capítulo 11. El medio ambiente y el auto.
Capítulo 12. Be-Gut-Achtung!
Capítulo 13. Señales de tránsito.
Capítulo 14. Bestanden teórico. Fin de la segunda parte.

Capítulo 16. Bestanden práctico.
Capítulo 17. ¡Recibida!
Apéndice 1. ¿No que sí?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola! si si podras manejar como mexicano, te lo digo yo que también sufrí para sacar mi licencia en Alemania y que ahora manejo como si nada hubiera pasado por las calles y carreteras del norte de México. Saludos de una nueva lectora! :-)
Yayeeh Schönborn

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