viernes, diciembre 28, 2007

El negocio con los muertos

En las calles de Berlín sólo hay jóvenes. Esto se ve ahora en invierno y, en verano, uyuyuy, ni se diga, en los parques las chicas y chicos desnudos son el más puro ejemplo de la vida.

Pero eso es Berlín.

En realidad me he enterado que Alemania desfallece, y que desfallece por viejo. Las cifras dicen que hay dos millones de personas que requieren de estar en un asilo. Para el 2010 se calcula que serían tres millones. Estas personas son las que podrían estar ahí regadas en el resto del país.

Y por su inminente muerte, el gobierno federal ya puso en marcha el retiro a los 67 años. Como en Alemania se producen pocos niños, con una pensión a los 65 años pronto no habrá quien financie al país.

Pero también con la inminente muerte de estos viejos a un empresario se le ocurrió hacer un canal de televisión, EtosTV. EtosTV será un espacio dedicado enteramente a los muertos. Nada de 1 o 2 de noviembre ni de Halloween, aquí serán los 365 días al año con la muerte en digital y a todo color.

Se prevé que el canal saldrá al aire en algún momento del 2008. No se sabe exactamente cuándo, ni si es pronto o más tarde. Pero eso sí, el concepto viene del empresario mediático Wolf Tilmann junto con la Asociación Alemana de Funerarias.

“No es un canal de muertos”, se defiende Tilmann, tratando de salvar la imagen de su creación ante los alemanes. Hay que ver que los alemanes no se llevan con la muerte como nosotros los mexicanos. A nosotros nos gusta bailar en su tumba cuando se mueren, pero a los alemanes les gusta pensar quién financiará al país.

De hecho, para no verlo como un “canal de muertos” o como un negocio con los muertos, Tilmann explica que en primer lugar EtosTV se dedicará a presentar reportajes sobre cementerios como lugares para pasear: “¿quién no va a un cementerio por hacer turismo, como en Montmartre, París?”, se pregunta en voz alta el empresario.

Claro, sí.

En segundo lugar, EtosTV presentará obituarios. Aquí es donde seguramente a Tilmann se le dibujan las eses del dinero en sus ojos. Tres millones de viejos en edad terminal en el 2010... por mmmm tantos euros… por mmmm tantos minutos de transmisión… es igual a… Tilmann dice que al año en la prensa alemana se publican 485 mil obituarios pero que en ellos no se da nada de información sobre los muertos. Dice también que sólo los famosos que se mueren reciben una atención mediática exagerada. “¿Por qué los seres normales como nosotros no?“, se pregunta.

Así que los obituarios televisados serán un video con imágenes de cielos, nubes, cementerios (pero no puestos de forma turística) y fotos o videos de la persona que se fue al más allá. Aquí abajo pongo una muestra que viene en la página de EtosTV pero, ojo, la empresa se dice que el contenido es protegido. Yo aclaro que me lo encontré en el dominio público, particularmente en YouTube:



Y, bueno, finalmente, el tercer rubro del canal será anunciar servicios para la comunidad, como donación de órganos o funerarias, entre otras cosas.

El concepto de la muerte vive mientras Alemania desfallece, ahora sólo queda la duda de qué más se podría transmitir en un canal que se dedica a ello.

¡Asústame panteón!

Y.

domingo, diciembre 23, 2007

¿Sección de Wifi o de no Wifi?

El próximo año Berlín comienza con las prohibiciones de no fumar. Es una afrenta a la sociedad civil. A nadie se le debe de prohibir nada. Los restaurantes son los que deben de decidir qué hacen con su negocio y claro que debería de haber opciones para los no fumadores.

Ya trataré este tema con más cuidado o humor, con más profundidad o superficialidad, pero por el momento dejo colgada esta ilustración que me encontré en el Le Monde de hace un par de días. Nos muestra claramente que cada generación se encuentra con algo que molesta y que, en el futuro, deberá ser prohibido.

Antes se podía fumar y pronto no. Ahora se puede navegar en internet y, quizás, pronto no. Y es que ir con una computadora a un bar o restaurante o café es una afrenta a la falta de socialización, a quitar el espacio que hay para comer, a sentarse con la computadora sin consumir productos del negocio, etc., etc., etc.



Y aunque la caricatura viene en un periódico francés, seguro que serán los alemanes los primeros que entrarán al juego de prohibir.

¿O los gringos?

Y.

viernes, diciembre 21, 2007

De cómo los alemanes canalizan sus ataques de compras navideñas.

Es increíble la tentación a la que uno cae. Las cosas que nunca hemos tenido de repente se visten de necesarias. Las ofertas hacen a las cosas todavía más seductoras. Llévame, llévame, dicen.

Hoy estuve de paseo por la Friedrichstraße, la calle más popular de Berlín para hacer compras. Todos los berlineses estaban ahí. Dejaron sus barrios pobres o alternativos para volcarse al de los escaparates. Hay tiendas caras y baratas, hay necesarias e inútiles, y en cada puerta se ve como resplandece el botón verde de la "grüne Taste", la tecla verde que dice "OK" para aceptar el cargo a la tarjeta.

Este consumismo sorprende en Berlín porque es una ciudad con un desempleo del 15 por ciento, muy alto en comparación con todo el país o con muchos otros países. Los habitantes son en su mayoría artistas o estudiantes que no tienen un gran poder adquisitivo que votaron a un gobierno izquierdista y que también votan por amor a los Verdes.

Pero hoy todos están en las calles. Hoy es una ciudad de consumo.

Eso sí, esa fuerza de compra es canalizada para otras causas. Las ONG, las grandotas y las chiquitas, se apoderan del consumismo berlinés para pedir donaciones. En diciembre casi cada alemán manda dinero al tercer mundo, a los niños de la calle, a los desplazados de guerra, a los damnificados por catástrofes naturales. Todos estamos en la mira, no sólo alemanes. A mí me llegó un correo para donar para los damnificados de las inundaciones de Tabasco de noviembre pasado. El dinero se transforma entonces en "dinero bueno".

Quizás es un buen balance. Así uno se compra lo que quiere que no necesita, y se calma al llegar a casa diciendo en voz alta que también Aldri José en Colombia recibirá su operación.

Así las cosas...

Y.

PS. Y algo que nunca había visto es que muchos alemanes compran libros. La gente va caminando a las cajas de pago cargando libros como si fuera pan dulce. Casi ni pueden ver el camino. Y hacen filas de hasta media hora. Al menos el consumismo va dirigido a entender el mundo (o bien habrá que ver de qué son los libros que compran).

lunes, diciembre 17, 2007

Navidad y Año Nuevo sin celular

No, no es un propósito de año nuevo, es el viacrucis que me hace pasar la compañía Simyo.

Para ahorrar, decidí cambiar de compañía. Me ofrecieron mantener el mismo número de celular y eso me convenció. Hablar por esta compañía es casi tan barato como gratis.

Pero ahora estoy pagando las consecuencias.

Llevo una semana y media con mi número de celular inactivo. Quizás estoy perdiendo llamadas de trabajo y los fines de semana me estoy quedando seguramente sin fiestas. Esto último me lo agradece la Wika, aunque en realidad yo me estoy comiendo la almohada de coraje.

Creo que ya no estamos en una época en que uno ni siquiera renuncia voluntariamente a tener un celular. Este número telefónico se ha vuelto indispensable. Sustituye incluso ya el teléfono de casa, sólo que portable.

Un amigo de México DF que siempre se negaba a tener uno se la pasaba llamando de mi "payacel", como lo llamaba, y después de años terminó comprándose uno, y creo que lo hizo a regañadientes porque su teléfono era entonces un arma mortal, tan grande como esos Walki-Talkies de los años 70, ahora estoy seguro que está a la moda porque no hay de otra, estos aparatejos tienen muchas funciones que ya se nos hacen necesarias. Otro amigo mexicano en Alemania perdió su teléfono y aprovechó para deshacerse de él, pero pasaron dos años y medio y ya tiene otro número. Un amigo alemán se negaba y negaba hasta que al final heredó un armatoste del año de la canica y ahora se la pasa mandando mensajitos. E incluso la Wika, no muy amiga del celular, comenzó con uno que le regaló su papá y ahora conforme se vuelve una señortia más ocupada anda mande y mande mensajitos para organizar su vida mientras está en la calle.

En fin, necesario para mí, por lo menos.

Y esto que me hace Simyo es una tortura, ya no sólo porque me hace reflexionar sobre la utilidad de un celular, sino porque he descubierto cuán alemán me he vuelto. Ando quejándome todo el tiempo, mandando correos de protesta a la compañía y haciendo llamadas cada día. Ya recibí dos veces 5 euros por estarme quejando, lo que en parámetros alemanes debe ser una especie de victoria.

Espero que con esto logre reestablecer a la perfección el servicio de mi celular, aunque quizás el día que ya lo tenga prendido en mis manes me preguntaré ¿para qué chingaos lo quería?

Y.

miércoles, diciembre 12, 2007

Temporada de suicidios

Hoy un diario alemán publica una nota sobre suicidio y la subtitula así: "Primer suicidio en la Estación Central, a pesar de la seguridad".

Esto quiere decir que, o es una forma inocente de dar la información, o de verdad ya se esperaba con ansia que alguien se tirara en la Estación Central, la Hauptbahnhof, esta que fue inaugurada en mayo del 2006 justo unos días antes del Mundial de Futbol.

En el texto se destaca que a cada rato caminan policías y que hay muchas cámaras de seguridad, pero ahora me queda claro que no sólo tienen el fin de prevenir delitos, sino de prevenir suicidios.

Después de todo, en la nueva Estación Central es relativamente fácil matarse porque las barreras de cristal tienen apenas poco más de un metro de altas, con lo que uno las puede brincar fácilmente y tirarse tres o cuatro pisos hasta las vías de tren del subterráneo.

La gente recibe dinero del Estado, rentas, subvenciones a más no poder y a pesar de todo sigue pensando en matarse.

En fin, uno y contando, pero más si contamos los asesinatos de los ocho niños de los días pasados.

Y.

martes, diciembre 11, 2007

Cambio invernal

Para este invierno he preparado un pequeño cambio que se ve inmediatamente por el color negro. ¿Por qué el color negro? con los fondos negros se puede ahorrar un poquitito de energía. Espero que mi pequeña contribución sirva.

Lo mismo hace una empresa australiana con Blackle, un sistema de búsqueda basado en el motor de Google pero con pantallas oscuras.

Bueno, además el negro es mi color y para acabarla de amolar, en Berlín estamos en uno de esos meses donde todo se ve de negro. Una pequeña sincronización con mi computadora no va nada mal.



A ver qué tal nos va con el cambio.

Y.

En busca de la ‘mordida’ en los países ricos

En Alemania los alemanes que quieren hablar de corrupción conmigo me preguntan si dejarle un chocolate al repartidor de periódicos es corromperlo: quieren que éste suba hasta el quinto piso del edificio a dejarles su periódico.

Están en pañales.

La corrupción implica una serie de artilugios que podrían ser calificadas de arte. Por ejemplo, México tiene a sus mejores prestidigitadores en los oficiales de tránsito. Pero eso para nosotros mexicanos es cosa diaria y cuando uno describe estas maniobras a los güeros del cono norte no hay uno que no se quede boquiabierto.

Y yo pensé que sabían más del tema, porque la semana pasada que la reconocida ONG Transparencia Internacional publicó su Barómetro Global de la Corrupción 2007, me sorprendió que decía que una de cada 10 personas en el mundo ha tenido que pagar alguna vez un soborno para acceder a servicios básicos, “tanto de países en desarrollo como de los desarrollados”.

En tres años y medio que llevo viviendo en Berlín yo no me he enfrentado a un caso de pequeña corrupción, ni he oído de ninguno. Hay grandes casos dentro y entre grandes empresas, y de ellas está el ejemplo reciente de Volkswagen donde los líderes de la empresa autorizaron sobornos y pagos a prostitutas. Pero la pequeña corrupción, la del día a día, la de la 'mordida', como decimos en México, es la que no se conoce.

Cuando Transparencia Internacional sacó su reporte la semana pasada, en Austria renació un debate por corrupción en hospitales. Los casos que se recordaban era de dar sobornos a jefes de hospitales para que en las listas de espera para operaciones, que tardan meses o años, uno pueda ser atendido más rápidamente. Ajá. Fuerte. Corrupción en el sector salud y en el de la educación es lo peor que le puede pasar a un país, son las áreas clave del desarrollo humano, pero ¿saben cuánto es el porcentaje en Austria de esta pequeña corrupción? à 1%. El resto de los países de la Unión Europea, excluyendo los recién integrados, no pasa del 6%, mientras que en América Latina hay un promedio del 13 por ciento en los países encuestados, Bolivia y República Dominicana siendo los más altos, con 27% y 28%.

Ahora, según el reporte la gente cree que la corrupción aumentará en los siguientes años. Esto lo vería como una actitud “normal” en un país latinoamericano, pero ¿en uno europeo? He aquí algunas cifras: 69% de alemanes, 73% de holandeses y 72% de ingleses, por poner unos ejemplos. Pero este es el índice de corrupción en esos países: Holanda 2% y Reino Unido 2%. El dato de Alemania no viene.

¿Alguien ha visto la la corrupción en los países ricos? Yo no la encuentro.

Yaotzin.

martes, diciembre 04, 2007

Chávez y la UE

Ayer que tuvimos una conferencia de prensa con el canciller alemán Frank-Walter Steinmeier me sorprendió el espaldarazo al gobierno de Hugo Chávez. En nombre de la Unión Europea, Steinmeier dijo que no se le quitaría el apoyo.

Va la cita: “Voy a aconsejar que hagamos una mirada inteligente y atenta a Venezuela para ver que viene después, si de verdad los resultados de este referendo guían hacia una sociedad más abierta o si quizás la derrota fomenta el fortalecimiento de la política llevada hasta ahora. Si esto último resulta, eso no sería ninguna razón para que la UE cambie su posición”.

Lo que llama la atención ya no es tanto la posición que con ello toma Alemania o la Unión Europea, sino la referencia a un fortalecimiento de la política llevada hasta ahora. ¿Qué tipo de fortalecimiento? ¿a cuál política en específico?

El canciller Steinmeier es del partido Sociodemócrata alemán (SPD), no hay que olvidarlo, por lo cual habría podido estar hablando de un apoyo de gobiernos o bloques socialistas a Chávez. Lamentablemente los periodistas que estábamos en la conferencia de prensa no pudimos cuestionarlo más porque el tiempo de preguntas se acabó y porque, además, en las otras preguntas tuvo que responder a otros temas ardientes de esta semana, Rusia y cambio climático.

Y.

miércoles, octubre 31, 2007

McKreuzberg



Parece que la vida no tiene ningún cambio. Salgo de la casa por horas y cuando regreso los gatos siguen acurrucados en el terreno montañoso de la cama. Cuando abren los ojos casi se tienen que despegar los párpados. Estos dos gatos duermen de una forma tan profunda como seguro yo lo hice hace algunas décadas. Cuando, precisamente, no tenía ninguna preocupación.

Afortunadamente estas dos fieras no saben nada de mi mundo porque me habrían agarrado a rasguños y mordidas al verme entrar a casa con mi malteada de McDonald's. Sí, lo sé, sucumbí de nuevo al imperio. No vengo de hacer un texto sobre el Starbucks cuando ya estoy dejando inmediatamente más huella en Internet con uno del McDonald's.

Pero esto es importante, estimado lector, estimada lectora, no te vayas todavía. Si eres de México o de algún lugar cerca de Estados Unidos (incluso Francia está más cerca de Estados Unidos que Kreuzberg), entenderás por qué escribo esto. Resulta que Kreuzberg, el Barrio del Cerro de la Cruz, es uno de los lugares más anarquistas de la tierra. Aquí las manifestaciones del 1 de mayo son verdaderas guerras campales contra el capitalismo. En este barrio se practicaron los bloqueos para Heiligendamm.

En suma, aquí es donde los negocios son "alternativos", o sea, una opción al mundo de las marcas, donde todo está fuera de las reglas, de los parámetros globales. Donde los cafés reutilizan las sillas de la abuela en lugar de comprar producciones industrailizadas en serie, donde los productos son orgánicos y los letreros de los restaurantes se esconden en enormes y anarquistas graffitis.

Era un mundo vacío de gigantes emes, hasta que...

Llegó McDonald's y cambió, al menos ahora, la vista del barrio.

Pero esto, claro, los gatos no lo saben.

Antes de su construcción había protestas anunciadas. Para cuando estuviera construido el mundo alternativo amenazaba con hacer todo para derrumbarlo, algo no muy lejos de la verdad. En la década de los 80 ya habían quemado un supermercado (cuando el mundo todavía no hablaba de la mundialización), y cada marcha del 1 de mayo todavía sale uno que otro negocio lastimado. Al McDonald's le quedaban sus horas de vida contadas, y eso que no había ni nacido.

Pero ¿qué hicieron los empresarios? montaron una estrategia que hasta ahora parece excelente: durante la construcción pusieron un letrero que atribuía el proyecto a empresas de Berlín (y si se apedreaba la zona, se apedreaba la ya de por sí pobre economía de Berlín) y, lo mejor, cuando el McDonald's abrió puso a una gerente de origen turco. El barrio de Kreuzberg se conoce porque está habitado en su mayoría por turcos, así que dañando este negocio se dañaría el empleo de una mujer que pertenece a esta zona tantos años olvidada de las grandes políticas sociales y menospreciada por las clases más conservadoras de la ciudad.

El mejor boicot habría podido ser simplemente no ir a comer nada ahí. Yo me lo dije, la Wika se lo ha repetido incansablemente en su cabecita, pero es imposible. El McNegocio fue construido a 10 metros de una escuela y, claro, todos los estudiantes vacían sus bolsillos ahora ahí y el pobre señor del Currywurst que está a la vuelta ya no tiene tantos clientes como antes. Sus papas naturales no pueden competir con la versión congelada pero más barata de los McEmpresarios.

Entrar en ese McMundo es dejar de lado la originalidad de un barrio que había sido construido con la voluntad o la contra voluntad de muchas personas. Es limpio y 'bonito' por dentro pero la construcción cometió el grandísimo error de poner unos ventanales enormes por los que se puede ver el mundo que nos rodea, ese de graffitis, lucha contra-mundialista y de negocios que tratan de poner su propio sabor a una zona fuera de serie.

No es fácil tomarse una malteada en estas condiciones.

martes, octubre 23, 2007

El cristal de la Friedrichstraße.

Podría ser como el escaparate de cualquier tienda, salvo que éste no muestra moda ni maniquíes. A través de este cristal se ven las verdaderas prendas de gente normal. Se ve la puritita realidad. Y es que no se ve de afuera hacia adentro, sino al revés. Se trata de una ventana que está en la Friedrichsttraße y que está colocada justo donde hay un negocio llamado Starbucks.

Casi cada semana vengo aquí. La ausencia de humo de cigarro fue el gancho que me llevó a sentarme aquí a leer y reflexionar sobre la vida en Berlín. Es un lugar cómodo, pero pronto lo dejaré, y no me da nada de pesadumbre. El próximo año, cuando se aplique la ley antifumadores en Alemania, podré tener decenas, no, cientos de opciones para elegir uno de los preciosos cafés temáticos que hay en cada esquina de la ciudad. Pero, claro, mientras tanto el Starbucks me ha servido como un lugar para terminar mis libros de Fernando Vallejo, Pamuk, hojear incansablemente las páginas de El País e incluso para mandar algunos textos para mi periódico. Pero también para encontrar una realidad desdichada de Berlín.

La gran ventana que da hacia una de las calles más famosas de Berlín hace las veces de una pantalla de cine surrealista. Por ahí circulan hombres y mujeres espigados con sus trajes y abrigos sin arrugar, con sus peinados indestructibles. Hacen zigzags o aceleran el paso para hacer lo que todo ser humano moderno hace, ignorar lo que pasa en la realidad, se saltan a los pordioseros que están vendiendo sus revistas para ganarse unos centavos, desprecian a los inmigrantes arrodillados y dejan con la palabra en la boca a las personas que levantan una protesta contra la guerra de Irak, contra los envíos de tropas militares alemanas o para armar un mejor frente contra el cambio climático. En Berlín las aceras en el centro de la ciudad todavía son grandes y permiten este tipo de manifestaciones humanas, aunque las horas de pausa de mediodía de los alemanes todavía son de media hora o una hora cuando mucho y no permiten hacer más caso que al reloj.

Pero hay algunos tranquilos que se dan el tiempo de tomar un café y observar Berlín desde dentro. Bueno, desde dentro de un Starbucks, porque para verlo verdaderamente desde dentro hay que salirse, primero, de esta zona. Sino hubiera estos clientes, la cadena de cafés ya hubiera quebrado. Aquí sólo sobrevive por los turistas y los alemanes del Oeste, que están acostumbrados a las cosas de marca. Yo no creo que ellos se crean que vienen a comprar un café que supuestamente apoya el comercio justo. De eso se enteran con un folleto cuando recogen la cucharita para echarle más calorías al café que está cubierto por una torre de leche, crema y jarabe de chocolate.

No tengo porqué describir a la gente que entra, si es parte del caudal que se ve por esta ventanita de la Friedriechstraße. Pasa una pordiosera y a los comensales les pide dinero. Se me acerca y me vuelve a pedir, parece que no recuerda mi cara. Nadie más le da y se queda adentro del establecimiento. Al menos nadie la corre, eso ya sería el colmo del imperialismo en una ciudad como Berlín. A mi lado hay una mujer que llora. Ya lleva tiempo así. Su forma desesperada de hacer llamadas por el celular ya me estaba distrayendo de la mirada hacia afuera. Con sus lágrimas lo logró. Yo la veía de reojo y no pude aguantar sólo presenciar su sufrimiento, así que le pregnté s la podía ayudar en algo.

La verdad es que en esta sociedad donde uno no se habla espontáneamente en un espacio público, pensé tres veces si debía de preguntarle algo y si, sobre todo, debía preguntarle si podía ayudarla, porque yo mismo no conocía ninguna de las posibles formas de ayuda. Pero lo hice. Rompí con todas las reglas y recuperé un poco de mis reacciones espontáneas. La mujer, Lydia, una chica como de 24 años, estaba destrozada porque su cita la había dejado plantada y no le había llamado por el ceular. Tampoco le había escrito un mensaje. No parecía tan grave, pero me pidió platicar con ella para ayudarla a aliviar su mal. Nos tomaríamos un café y fue cuando empezó algo extraño.

Se levantó e iba por su café cuando inmediatamente regresó y me dijo que no tenía dinero. Accedí a comprarle uno. Doble moka machiato. Va. Comenzamos a platicar. Dice que es artista, pintora, pero ya no podía trabajar en nada más. Tiene una enfermedad del corazón. Schwaches Hertz, dice, algo como un corazón débil. Tendrá un seguro del Estado de por vida. Ella dice que no le alcanza para nada, pero la verdad es que con ese dinero puede rentar un departamento para ella solita, comer y citarse con alguien en el Starbucks, donde el café del comercio justo vale lo justo para alimentar a los pobres jornaleros zapatistas y a los gordos imperialistas, a los dos al mismo tiempo. Quizás eso no es nada en la mente de una alemana pero para un latino es una vida resuelta. Le dije que la gente enferma en mi país de verdad no puede hacer nada. Ella no se inmutó ni pensó más al respecto. Dejó de hacer preguntas y empezó a sacar otras lágrimas por la persona que lo dejó plantado. "Es que lo esperé una hora y ni me avisó", repitió. Su maquillaje empezaba a correrse, su preciosa gabardina negra estaba a punto de mancharse, y nada de lo que yo le decía parecía ayudarle. Sólo estaba concentrada en dar los últimos sorbos de su café. Parecía que la plática no daba más frutos, al menos su desesperación se había desvanecido parcialmente.

Me despedí pero entonces ella disparó una respuesta surrealista: "yo pensé que nos íbamos a tomar otro café y a platicar más". La cruda realidad de Berlín me estaba acechando. Lo que se mira usualmente por el cristal de la Friedrichstraße hacia afuera ahora se estaba viendo hacia adentro. Yo me estaba viendo preguntándole "¿ah sí? ¿y ahora cómo lo quieres?", y ella contestándome, "igual, doble moka machiato con leche light y crema, pero ahora que sea venti, por favor". Me disculpé y le dije que hay ciertos límites y que ella estaba sobrepasando muchos, de entrada el del respeto a su corazón. La pobreza de la gente en Berlín parece que ya no sólo es de dinero, sino cultural y de autoestima.

Por fortuna existe el Starbucks que podrá seguir alimentando a la gente en la Friedrichstraße, sobre todo si un café como el descrito arriba, en tamaño Venti, como se denomina al más grande, cuesta 5.40 euros, el dinero con el que uno se puede comprar una comida al mediodía.

Y.

lunes, octubre 01, 2007

Las especies más rápidas del mundo

Reproduzco un chiste que circula por la Red de Redes:

Guepardo (África y Asia). Este esbelto felino es indiscutiblemente el animal más rápido del mundo. El guepardo es el sprinter por excelencia, alcanza los 115 km/h en distancias relativamente cortas de 400 o 500 metros.






Berrendo (América). De la familia de los artiodáctilos, este ungulado es probablemente el mejor corredor del mundo. No es el más rápido pero sí el más completo. Su punta de velocidad es de 98 km/h, ligeramente inferior a la del guepardo, pero al contrario que éste es capaz de sostenerla prolongadamente.



Roberto Madrazo (México). De la Familia de los Tranzus Largus originales de Tabasco, México, este ejemplar puede alcanzar altas velocidades a la hora de correr maratones. Recientemente se le vio corriendo el maratón de Berlín y cronometró 15 kilómetros en 21 minutos. Una velocidad promedio de 45 km/hr convirtiéndolo en el mamífero de su especie más rápido del mundo. Tiene la propiedad de desaparecer como por arte de magia, y esto le da una cualidad de mimetismo de las más asombrosas del mundo. Ni con cámaras de alta velocidad (o chips en los zapatos tenis) puede ser detectado. Aparece cerca de la meta para colocarse en primer lugar de su categoría después de haber estado aparentemente ausente por espacios de tiempo considerables. La prensa alemana lo catalogó como una especie de roedor al compararlo con Speedy González.

Yaotzin.

viernes, septiembre 28, 2007

¿Cómo saber cuando pasa el autobús?

Las paradas de autobús en Berlín tienen siempre colgados los horarios. Eso hace muy cómodo y práctico tomar el autobús.... para muchos, no para mí.

Como buen ciudadano mexicano, yo siempre llego corriendo a las paradas. Tengo una fascinación por ocupar hasta el último minuto en internet antes de salir de casa. Salgo justo al minuto en el que pasa el autobús. A veces me falla y llego unos segundos tarde y ya se fue. A veces el cabrón del chofer pasa un minuto antes y se va porque no hay nadie más en la parada (al wey no se le ocurre que en ese momento hay un individuo bajando las escaleras de su edificio como estampida de toros tratando de llegar a tiempo a la parada), y se arranca.

Pero he descubierto algo que me puede ayudar a no correr. Es un patrón que se ha repetido muchas veces y ahora lo considero de valor cuasi científico: cuando hay una viejita en la parada ya no hay necesidad de correr. Eso significa que el autobús no ha pasado y que pasará en cualquier momento. Así que apenas ver a los sexagenarios ya no hay que correr.



Las viejitas, o viejitos, llegan justo un par de minutos antes de que pase el autobús. No les gusta esperar y no llegan antes. No les gusta correr por obvias razones y no llegan retrasados.

Y yo algún dia seré como ellos, pero mientras los ocuparé de señal.

Y.

jueves, septiembre 27, 2007

Los obreros de Krauschwitz

Son como 10. Trabajan ocho horas exactas y están en prácticamente cada departamento, violando nuestras intimidades: son los obreros de Krauschwitz.

No, no se trata de un eufemismo para nombrar a los herederos nazis. No están tratando de ocultar el nombre de una ciudad anteponiendo dos letras en Auschwitz. Son unos albañiles contratados de una empresa de una ciudad alemana llamada Krauschwitz que están indefinidamente asentados en la fachada de mi edificio.

Ellos viven afuera y yo adentro.

Pero estando afuera no es ningún impedimento para acceder al valor menos concientizado y más preciado del ser humano, la intimidad. Los obreros de Krauschwitz instalaron un andamio que cubre la fachada de cuatro pisos de mi edificio en Kreuzberg. Trepan una escalera y están frente a mi ventana. Dan tres pasos a la izquierda y están viendo a los vecinos. Ellos saben más que cualquier persona sobre nosotros. Incluso me han visto desnudo.

A pesar de que tengo cortinas, hay un huequito por donde se puede ver hacia mi cuarto. Justo el primer día que llegaron yo estaba escogiendo unos calzones del cajón que está al lado de la ventana. Estaba desnudo y estaba frente a ese huequito que se hace en la cortina. Ese momento fue suficiente para que uno de los obreros de Krauschwitz asomara la cabeza por azar y me viera mi gran intimidad (lo de 'gran' es por el valor que le tengo a mi intimidad).

Los pobres gatos que todavía no recoge mi amigo gringo andan todo el día con los ojos negros del susto con estos hombres que aparecen de cuando en cuando. Para ellos debe ser una buena función de teatro.

Confrontar intimidades es un poco difícil porque a ellos tampoco les gusta que yo los vea trabajar. Nunca se ponen en la ventana que da a mi oficina mientras yo trabajo. Pasan y ven de reojo pero no hacen nada más. Yo también los veo de reojo y trato de no mirarlos más. Pero ellos son los que están, literalmente, en la calle y son por lo tanto hombres públicos. Yo debería de quedarme viéndolos. Pero, mmm, no me interesa.

Me jor me quedo junto con los gatos con los ojos negros, negros, negros.

Y.

sábado, septiembre 08, 2007

Destino: los campos de terror.

- Señor.

- ¿Si?

- ¿Le puedo hacer unas preguntas de seguridad?

- Claro, adelante. Pero le adelanto que empaqué mi maleta yo solito.

- Ah, sí, eso no es problema, lo que me interesa es saber a dónde viaja usted este día.

- Mm, ah, sí. Voy a Paquistán, a los campos de terror.

- Bien (anotando en una hoja de datos), pues ¿sabe qué? tendrá que cancelar su viaje porque en este momento está usted arrestado.

Yo supongo que esta conversación tendrá lugar pronto en los principales aeropuertos de Alemania. Un futuro muy cercano. Y muy surrealista.

Desde que arrestaron a tres hombres en Alemania hace un par de días porque se sospechó que harían un atentado de exacerbadas dimensiones, peor que Madrid o Londres, eso sí menor que Nueva York, el gobierno alemán ha comenzado una discusión sin igual: castigar la visita a los campos de terror.

A mí me queda una duda, un poco al margen de qué es un campo de terror, de su verdadera definición y de su certera existencia, ¿cómo chingaos se sabe que alguien viaja a un campo de terror?

Esos campos de terror son los campamentos de formación para terroristas que tanto se ha contado que hay en Paquistán. Nadie se ha atrevido a ubicarlos y detenerlos, o nadie ha querido, pero sí se prevé que al menos los alemanes serán castigados por ir ahí. Si es antes de ir o después de haber disfrutado de un largo periodo vacacional ahí, no queda claro.

Lo divertido es que ahora no son sólo árabes, morenos o barbudos los posibles terroristas, sino alemanes que se convierten al islam y que quieren aprender los más grandes secretos de la fabricación de un atentado.

Me da gusto vivir en un Estado como el comunista donde todo está afortunadamente vigilado y se pueden prevenir atentados con seis meses de antelación, como esta gran operación policíaca y de servicios de inteligencia que fue lanzada esta semana pasada.

Algo se aprendió de la Stasi.

Y.

miércoles, septiembre 05, 2007

Los eficientes correos alemanes

Antes fue un desastre, hoy es eficiencia.

Cuando fui a Correos hace tres años, la mujer que me tenía que dar mi paquete no me lo dio. Adujo que yo no era quien debía ser, a pesar de que le enseñé como tres o cuatro identificaciones. Hoy me atendieron como rey y hasta se hizo una fila de alemanes desesperados.

Definitivamente no era la misma mujer detrás del mostrador, porque le habría dado un beso por haber mejorado de esa forma en tres años. La mujer de hoy, máomeno de la misma edad burócrata que la otra, parece que fue a un curso de "Cómo atender a extranjeros y hacer enojar a los colegas alemanes".

Llegué y no había fila. Esta mujer abre su mostrador y me atiende. Me dice que enviar una taza a Chile envuelta así me costaría mucho más y se tardaría mucho más que si la empacaba de una forma cuadrada, es decir con un cartón. Yo había metido la taza en un papel burbuja y a éste le di como 10 vueltas de cinta canela. "Uy, no, es que así, mire, así la taza va a rodar por la banda de la paquetería y esto le causa un problema a la empresa de correos", me dijo a voz alta y poniendo a girar la taza sobre el mostrador.

"El precio es mucho más, a ver, déjeme ver, como un euro más que lo normal. Bueno, usted sabe, un euro es un euro ¿no? además como se enviaría en forma de paquete tendría que pagar un euro más por cuestiones de seguridad", añadió.

Tá bien, le dije, y se me ocurrió preguntar, porque ya me había adelantado, cuánto más duraría enviarla así. La verdad es que ya estaba convencido de enviarla así porque me atrayó esa idea de que rodaría en la banda de paquetería, pero quise saber el resto de los detalles. La mujer se metió a la pantalla de su computadora, buscó y me dijo, mostrándome la pantalla, "pues, mmm, yo creí que sería más, pero aquí dice que son como unos 12 a 14 días hábiles".

Con que esté antes de Navidad, le contesté, y me dijo que con Correos siempre se puede desear algo así.

Volteé y atrás había una fila de como 10 alemanes no sólo esperando, sino escuchando nuestra conversación. Yo no soy blanquito, pero si lo fuera, habría estado del color de un tomate.

Y todavía faltaba que me dijera como llenar la solicitud de envío y que le pusiera escrito, bien notorio, el contenido que estaba adentro. "Ay, no sé cómo decirle cómo se dice taza en español, se me olvidó, pero pues póngale en alemán, así será suficiente", me dijo.

¿Se estarán cambiando las cosas en Alemania?

Y.

sábado, septiembre 01, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 9. Fin de la primera parte.

Hace un par de semanas llegaron por fin los papeles que tanto esperaba. La luz verde para hacer mi examen de manejo en Berlín.

Me llegaron dos cartas justo el día de mi cumpleaños, lo cual consideré un gesto humano de las autoridades alemanas. Creo que me querían hacer feliz y, la verdad ¡lo lograron!

La carta de la Oficina de Licencias me permite ir a una escuela de manejo y me dicta el tiempo en el que debo de hacer mis trámites. Tengo 12 meses para hacer el examen teórico y, una vez aprobado este, tengo otros 12 meses para presentar el de manejo. Si hago un uso extensivo de este tiempo, podría contar con dos años para obtener mi licencia. Después de ese tiempo mi postulación expira y tendría que volver a hacer el tormentoso camino que hasta ahora, a lo largo de estos nueve capítulos, he seguido.

La otra carta es de la escuela de manejo y sólo se remite a decirme que se emocionan de recibirme pronto. Pero, bueno, no creo que les emocione tener un mexicano que les preguntará por qué tienen tantas señalizaciones y reglas, sino creo que les emocionará reprobarme en tantos exámenes como sea posible para hacer más dinero conmigo pagando los reintentos.

Ahora sólo falta si me decido a hacer el examen en alemán o en español, pero de cualquier forma lo que tengo que hacer para la segunda parte del proceso de obtención de mi licencia es meterme de lleno a estudiar.

El tiempo está corriendo.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.
Capítulo 5. El temor de los lentes.
Capítulo 6. La terapia de los lentes.
Capítulo 7. El último trámite de la primera etapa.
Capítulo 8. El hoyo veraniego.

miércoles, agosto 15, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 8. El hoyo veraniego.

En alemán se habla del Sommerloch, hoyo veraniego, que es ese vacío que uno puede encontrar en la vida laboral durante julio y agosto. El mejor ejemplo pasó estos días con la huelga de los maquinistas: los medios informativos no hacían otra cosa que poner en portada durante unos 10 días seguidos algo sobre la huelga. Vaya, hasta el mundialmente famoso oso Knut estuvo de descanso porque nunca lo vi en las noticias.

Mi hoyo veraniego es la espera de mi licencia. Estos días se cumple un mes que espero la respuesta de la Oficina de Licencias. Ellos me dijeron que como un mes y tenían razón, pero pudo haber sido más rápido si estuviéramos en días laborales normales. Las burócratas que deberían de estar verificando mis documentos están de vacaciones en Mallorca o a las orillas de un lago berlinés haciendo nudismo y quitándose el paludísimo color de piel.

Yo mientras espero, buscando información que reportar a México, el Muro Descarapelado, la nueva forma de vivir de las familias alemanas, la búsqueda de establecer oficialmente la siesta en Alemania, etc. y con algunos destellos de Orhan Pamuk, Me llamo rojo, o de Fernando Vallejo, El desbarrancadero.

Haré de cuenta que nunca quise una licencia.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.
Capítulo 5. El temor de los lentes.
Capítulo 6. La terapia de los lentes.
Capítulo 7. El último trámite de la primera etapa.

Los turistas derrumban el Muro de Berlín



El Muro de Berlín va a caer por segunda vez. Esta vez serán los turistas quienes lo tirarán.

Cada día que me despierto, ahí está. Siempre lo veo de lejos. El Muro de Berlín parece inamovible. Abro la ventana de mi terraza para airear la casa y me asomo para ver qué pasa en la calle. Nada. Todavía no vienen los turcos a poner tiendas ni algún alemán aletrnativo a instalar una tienda de productos orgánicos. Calma pura. Veo el río Spree del lado derecho y, del otro lado, el Muro, esa parte que se conoce como la East Side Gallery.

Lo veo desde el lado Occidental, Kreuzberg, desde donde todo parece normal, pero la realidad es otra. En el lado Oriental, el lado turístico kitsch, el Muro se está cayendo. Las masas de turistas son un peligro más grande que la euforia de los berlineses festejando la caída del Muro en el 89, o que incluso el adverso clima. Los turistas son una plaga por doquier y están acabando con el único gran símbolo de Berlín.

Ayer estuve del lado Oriental viendo lo que queda de las pinturas que fueron hechas justo después de la caída de los comunistas. El beso de Honecker, el Trabi rompiendo el Muro, la paloma de la paz, las diferentes y coloridas caras raciales, etc. Todas están destrozadas. No sólo la pintura está descarapelada, sino que sobre cada una de las pinturas que todavía se pueden apreciar hay rayones de todo tipo. Graffiteros berlineses y turistas ávidos de poner consignas similares al "¡Viva México, cabrones!" dejan sus huellas cual perros meando cada poste. Pero además los más insatisfechos van con un picahielos o un cincel y sacan pedazos del Muro haciendo ver como si una acción rara del clima estuviera erosionando las grandes piezas de concreto.









Supuestamente hay un fondo de unos cuantos millones de euros para hacer una segunda restauración de estos 1.3 kilómetros de Muro, pero algún problema burocrático ha retrasado la firma que autorizaría la utilización de esos recursos.

El Muro de Berlín ya se cayó una vez para bien, pero si se cae una segunda vez podríamos dejar de recordar cuál fue ese bien. ¿No haremos nada para evitarlo?

Y.

jueves, agosto 02, 2007

¿Alemania sólo para los güeritos?

En lugar de hacer mi siesta del mediodía (estoy experimentando un método científico para comprobar que con 20 minutos de una 'pestañita' se sube la productividad) decidí ir a jugar básquet. Jugué y jugué y me cansé.

Me quedé sentado en la cancha pensando en lo que estarían haciendo los dos gatos que estoy cuidando cuando a la cancha de al lado empezaron a llegar varios chavos. Tenían entre 9 y 15 años de edad. Eran jugadores de soccer y estaban a punto de echarse su cascarita.

Se armaron tres equipos de cinco personas cada uno y lo hiceron rápido: los francófonos dijeron que ellos armaban un equipo, les siguieron los germanófonos y el terecer equipo se armó con lo que quedó, dos italianos, un ruso, un inglés y un español. "¿Pero hablamos en inglés, no, para entendernos bien?", dijo uno. Equipos bastantes multiculturales, parecía un minimundialito cascarero.

Los francófonos estaban compuestos por un par de franceses, un suizo y dos belgas. Y lo sé porque cuando estaban armando los equipos lo dijeron. Cada quien estaba pregonando su país y aunque no lo hubiera hecho, es muy fácil distinguir los idiomas que se hablan en Europa. En Berlín, París, Londres o cualquier gran capital europea se puede escuchar en las calles todo el tiempo alguno de estos idiomas. Incluso ya se puede reconocer el polaco y hasta el checo. de ahí a entenderlos es otra rollo.

El partido comenzó. Uno de los franceses podría ser el heredero de Ribéry, la nueva contratación del Bayern München. Puf, un drible, una pirueta, un disparo y gol. Se hablaban y se daban señales en francés. Les sirvió de algo a todos hablar el mismo idioma. De repente uno de ellos dice "dales el balón a los alemanes, les toca sacar". Me quedé viendo a los "alemanes" y me dije "pero si estos no son alemanes, sí hablan alemán pero no son alemanes". Fue mi primera reacción y creo, aseguro, que hubiera sido la reacción de cualquier berlinés aquí. Yo soy extranjero en Berlín y no debí de haber pensad lo que ahora digo, pero llevo tanto tiempo viviendo aquí entre alemanes que creo que puedo ver alguinas cosas como ellos y, para bien o para mal, mimetizarlas.

Esos "alemanes" eran para mí dos turcos (que se hablaban en turco entre sí), dos paquistaníes (que no puedo jurar que lo hayan sido, pero sí tenían un aire de esa zona, India, Paquistán, Afganistán incluso), un negro con unas piernas larguísimas que le hacían manejar el balón como Robinho y un alemán, uno güerito y con toda la cara de ser el próximo Schweinsteiger de Alemania. Es cierto, todos se hablaban en alemán pero yo veía una clara diferencia ahí. La minipotencia futbolera que se había armado ahí entre Suiza, Francia y Bélgica quizás tiene realidades tan diferentes que están acostumbrados a ver inmigrantes en sus países y nunca cuestionarse si éste es francés o aquél es suizo o aquel otro es belga. Simplemente los tienen y son parte de ellos.

En Alemania no es así. Aunque en Berlín se pueden ver a muchos extranjeros e incluso a muchos alemanes morenitos o con cabello negro, nadie diría que un grupo de diferentes razas que hable alemán es, de facto, alemán.

Estos inmigrantes son nuestra realidad aquí y muchos no lo podemos ver. Rechazamos de primera instancia a Turquía, les ponemos cercas a los africanos y creemos que todos los que vienen de medio oriente son terroristas. Una vez un líder ultraderechista me decía que Alemania no es tierra de inmigrantes como muchos otros. Que tradicionalmente el país se ha creado y asentado con puros alemanes. Bah. Patrañas. Se puede decir cualquier cosa para tratar de sustentar las ideas de una raza pura tan sólo por ser güeritos.

Alemania no es sólo para los güeritos. Sólo hay que recordar que, volviendo al futbol, el equipo de futbol durante el mundial brilló con estrellas que no eran alemanes: Odonkor, Podolski, Klose o Kurani.

Al final los "alemanes" de las canchas callejeras no ganaron pero dieron una batalla feroz. Ahora que crezcan habrá que luchar por meter gol al gobierno alemán que no ha creado una ley de inmigración buena.

Yaotzin.

viernes, julio 20, 2007

Invaden los moscos Berlín. Alarma.

Dicen que los moscos inveden Berlín.

Dicen que son más de un millón con respecto del año pasado (no sé cómo los contaron).

Y dicen que fue debido a las elevadas temperaturas que se dieron el fin de semana pasado.

Ya sé, es difícil de creer, pero cuando uno está en el metro (¡¡en el metro!!) y ve a una de esas bestias colgada del brazo entrándole con enjundia a unas gotas de sangre, es cuando uno lo empieza a creer.

Su lugar preferido para atacar es el metro. A mí ya me pasó tres veces. No, bueno, quizás más, porque hoy amanecí con más ronchas de las que había contado. Tengo seis en los alrededores del pecho, pezón, bíceps y tríceps.




Hoy iré a tomarme unas cervezas para que al menos puedan disfrutar de otro sabor.

¡Salud!

Y.

miércoles, julio 18, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 7. ¿Me pedirán pa'l chesco?

Llegué ayer a las 17:55 a la Oficina de Licencias. Cerraban a las 18:00 horas. Sí, lo hice a la mexicana, pero así soy yo.

Confío en la formalidad alemana y sé que si llego antes de la hora de salida estoy en mi derecho de ser atendido. Además yo sabía que mi trámite no era muy tardado, sólo debía de entregar tres papeles, mi prueba de primeros auxilios, la del examen de la vista y mi licencia original.

Una mujer me atendió sin querer hacerlo. Yo creo que pensó que le arruinaría su Feierabend, como se dice acá, algo que se traduce literalmente como "fin de jornada laboral". Todo mundo se desea aquí un feliz fin de jornada laboral, schöne feierabend, como si fueran los buenos días de un domingo sagrado. La mujer sacó mi folder y verificó que fuera yo. Me pidió los papeles y me dijo: "ah, en unas tres semanas le estaremos respondiendo, mmmm, no, a ver, con las vacaciones de verano y todo esto, no, creo que de unas cuatro a seis semanas, ¿está bien?". Pues sí, asentí, qué más da. ¿O acaso podía decirle que moviera su oxidado trasero de burócrata para que me diera una respuesta inmediata?

Después le pregunté por las semenas en que yo recibiría una respuesta y me dijo que se trataba del tiempo que toma en verificar que mis papeles estén correctos. Ahí donde me digan que la méndiga traducción de 49 euros de mi licencia mexicana está mal, sí que me enojo. Tienen que ver si todos los documentos son originales y si mi solicitud está a tiempo, etc., etc., etc. (sólo espero que no llamen a la Oficina de Licencias de México porque justo en estos días están cambiando el reglamento allá y seguro que las licencias también. Ahora establecen un sistema de puntos y no sé cuánta madre. Sólo espero que la corrupción sea la misma y que el agente con el que hablen les diga "sí, no hay pedo con el cuate de Berlín, todo en orden, sólo deme para el chesco").

Dieron las 18:00 horas y la colega de al lado de la señora que me atendía despegó su trasero de su silla, dijo schöne Feierabend, y cruzó la puerta hacia afuera. Un minuto más tarde yo estuve listo y mi servidora pública también. Salimos juntos y un alemán estaba corriendo en el pasillo como loco buscando una oficina, tocó la puerta y nada. El pobre fue más mexicano que yo. ¿O yo más alemán que él?

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.
Capítulo 5. El temor de los lentes.
Capítulo 6. La terapia de los lentes.

Cruise, el indeseado de Berlín.


Era una medianoche calurosa del viernes 15 de junio. Tom Cruise y Katie Holmes terminaron de cenar con el director de cine Bryan Singer. La pareja de actores salió del lujoso restaurante Borchardt y se dirigió a un gran edificio de cristal en los ricos suburbios del Berlín Occidental: la central de Cienciología en Alemania.

Ahí, Cruise y Holmes vieron una pequeña exhibición sobre la historia de la Cienciología que hay en la planta baja y después desaparecieron de la vista. Casi tres horas después, a las 2:45 horas, ambos salieron en dirección a su hotel, ubicado en el Gendarmenmarkt, el centro histórico de Berlín.

Tom Cruise se rentó todo el octavo piso del hotel Regent y se trajo a su esposa Katie Holmes y su pequeña hija. Estará unos cuatro meses aquí filmando a partir de hoy miércoles la historia del que es calificado uno de los héroes alemanes más grandes de todos los tiempos, Claus Philipp Maria Graf Schenk von Stauffenberg, o en corto el conde Claus von Stauffenberg.

La película se llama Valquiria (Valkyrie, en inglés) y pretende recrear el movimiento conspiratorio que armó Stauffenberg contra los nazis, llamado en alemán ‘Operation Walküre', que culminó con un atentado fallido hacia Adolfo Hitler el 20 de julio de 1944. Hitler apenas salió dañado de un tímpano y Stauffenberg y miles de posibles desertores más fueron muertos esa noche.

En teoría, el actor hollywoodense estaría reviviendo uno de los pocos momentos heroicos que se recuerden en la historia del nacionalsocialismo, pero en la práctica Cruise es rechazado por los alemanes por su pública militancia en la llamada Iglesia de la Cienciología. Se le impidió filmar en el sitio histórico donde Stauffenberg planeó todo y luego fue ejecutado, el Bendlerblock, además de que la Policía de Berlín le negó también el permiso de utilizar sus instalaciones.

¿Cómo se debe de interpretar este rechazo? ¿es correcto guardar distancia hacia la Cienciología por el hecho de que sea vigilada por sus dudosas actividades en Alemania a la par de las organizaciones terroristas? ¿hay implícito ahí un antiamericanismo?

En el 2000 el gobierno de Estados Unidos acusó que Alemania estaba discriminando productos estadounidenses por razones de religión y el caso más notable fue el boicot aplicado al sistema operativo Windows 2000, porque un programa del sistema había sido desarrollado por una compañía cuyo director es cienciólogo. En enero del 2007 tampoco cesaron las protestas contra estos “lava cerebros” al inaugurar la sede berlinesa de la Cienciología. En encuestas desarrolladas por internet, dos de los medios informativos más grandes de Alemania, Der Spiegel y Die Welt, lanzaron la siguiente pregunta a sus lectores: “¿debe un cienciólogo hacer el papel de un héroe de la resistencia?”. Una asombrante participación en ambos medios se fue por el “no”. En Der Spiegel, 4 mil 447 personas habían participado hasta hace un par de días y el 75 por ciento de ellos contestó que no querían a Cruise en el papel de Stauffenberg. En Die Welt, de las 14 mil 530 personas, lo hizo un 32 por ciento. Un porcentaje más bajo en comparación porque el resto se repartió en otras respuestas de la misma pregunta que de alguna forma también rechazaban la actuación de la estrella estadounidense, pero no con un "no" directo.

Estos días he tenido conversaciones con varios periodistas corresponsales en Berlín sobre este rechazo y la mayoría coincide en que se le debe dejar filmar. Dicen que él no es el mejor actor que puede haber en la historia del cine, pero sí alguien que puede interpretar muy bien a Stauffenberg. Muchos de ellos se sujetan al hecho de que Alemania no debería de rechazar a nadie por sus creencias o rasgos físicos, tal y como lo dice un editorial del diario estadounidense Philadelphia Daily News: “Nosotros decimos, ¿qué mejor forma de traer a brote la era nazi que con negarle a un hombre su trabajo debido a sus creencias?” (bueno, es un diario gringo y hay que ver, además, que en ese país la Cienciología es considerada como una religión).

El problema, creo yo, es que en este caso Tom Cruise tiene casi una lucha personal contra Alemania por postura anti-cienciología que ha crecido en el país. Y que él ahora interprete el papel de alguien que se impuso a los nazis, lleva el mensaje implícito de que él y la Cienciología (porque él nunca se desprende de su papel de miembro y portavoz de su "religión") están en contra de los nazis. Y estar en contra de los nazis en una Alemania que después de 60 años del fin de la guerra no puede superar su pasado, es enarbolar un papel de heroísmo, de reconocimiento, de valor.
Se dice que Cruise ha alcanzado en el interior de su organización un rango de Thetan Operativo del Nivel VII, lo que le permitiría tener un gran dominio sobre la vida, pensamiento, materia, energía, tiempo y espacio. Y Cruise nunca separó su trabajo ni su imagen de su militancia en la Cienciología y, al contrario, siempre lo hizo notorio en entrevistas y shows televisivos.

“Si Tom Cruise hace el papel ahora del héroe más importante de la resistencia nos quiere decir con ello: ‘nosotros cienciólogos luchamos contra los nazis’. Sólo quiere hacer política”, explica Ursula Caberta, experta en sectas de la Oficina de Hamburgo para la Cienciología.

Años antes ya le había sido negado el permiso a Tom Cruise filmar en Berlín. Quería hacer escenas para su película Misión Imposible III en la cúpula del Bundestag (el Parlamento alemán) pero al final terminó filmando en República Checa. En esta ocasión no se puede atestiguar un rechazo directo al cienciólogo, pero era casi obvio. La razón que dio antes el presidente del Parlamento Wolfgang Thierse, y la que da ahora el presidente del Memorial de la Resistencia Alemana, Peter Steinbach, es la misma: "un posible daño a un lugar digno o de recogimiento". Sólo el Ministro de Defensa, Franz Josef Jung, se atreve a hacerlo más claro: “el permiso para que un alto funcionario cienciólogo filme en un edificio federal sería una forma inmediata de reconocimiento político para la secta”.

La lucha es entonces por no reconocer a esta organización como una religión ni como una iglesia ni nada parecido. Tiene, empero, 5 o 6 mil miembros en Alemania y una gran sede de 4 mil metros cuadrados en Berlín, esa que visitó Tom Cruise.

En Alemania, la Cienciología ha tratado de hacerse reconocer como una Iglesia en numerosas ocasiones ante los tribunales alemanes, pero no ha tenido éxito. Por el contrario, los servicios de inteligencia de la llamada Bundesamt für Verfassungsschutz, Oficina Federal de Protección de la Constitución, tienen bajo observación a esta “Organización de la Cienciología”, tal como lo hace con los grupos terroristas islamistas, ultraderechistas y las de extrema izquierda. La razón es que tiene ideología que daña los principios de la constitución alemana, como reducir las libertades de los individuos al acosarlos y ponerlos sujetos a demandas si de repente se giran en contra de esta organización.

Y si al final todo lo debemos de ver con los ojos de cine, pues no hay más que preguntarle al actor Thomas Kretschmann, quien interpretaría a Claus von Stauffenberg, sólo que en cuanto Tom Cruise y United Artists, del que es accionista mayoritario, tomaron la producción de la película, el estrella de Top Gun se agarró a sus pistolas y se adjudicó el papel de Stauffenberg.

Toda la discusión se vuelve absurda si vemos que el Fondo Alemán para la Promoción de Películas dará 4.8 millones de euros, pero la pregunta inicial queda: ¿debería Cruise de interpretar a Stauffenberg?

Yaotzin.

martes, julio 17, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 6. La terapia de los lentes.

¿Qué demonios hago en Berlín?

Esa fue la pregunta que me hizo la mujer encargada de practicarme el examen de la vista. Para ella era inconcebible que yo, mexicano, proveniente de un país tropical, rico en comidas y en climas, estuviera haciendo un trámite para obtener un documento alemán que me garantizaría una de mis raíces en este país europeo y frío y feo --según su punto de vista--.

"Mé-ji-co, ¿verdad?", me dijo antes de disparar la gran pregunta. Por su pronunciación se ve que la mujer hablaba español y que se había quedado fascinada con alguna historia latina. Quizás ya había estado en el país del nopal y probó unos tacos de rajas verdes con crema, o bailó unos huapangos en una tarima y sebañó en las aguas hirvientes --y sucias-- del Pacífico. O qué sé yo. Pero la mujer se quitó su alemanidad y se atrevió a preguntarme eso. Qué demonios hago en Berlín.

Bueno, aclaro, el "demonios" lo añado yo, pero la verdad es que si la mujer se hubiera tomado otra aspirina de confianza, seguro que me quita mi pasaporte y hasta me deporta a mi país. Se le notaba en los ojos. Tenia una curiosidad endemoniada por saber lo bueno de su país. "Quédese allá, donde lo rico", me habría dicho. Pero no, conservó un poco de decencia y sólo me preguntó qué hago en Berlín.

Yo quería contestarle varias cosas. Estaba muy emocionado porque ella misma me acababa de informar que estoy perfecto para manejar sin lentes. Ella no lo sabía, pero para mí, el hecho de estar pasando las pruebas para obtener mi primer documento alemán, me motiva a querer más a Alemania y a los alemanes. Si lo recibo algún día, será algo parecido a una graduación. Así que sólo le contesté que a los mexicanos siempre nos llama la atención estar en el extranjero y conocer el viejo mundo y, en particular con Alemania, aprender un idioma e integrarse con la gente. Sentirse alemán sin serlo. Mientras que a los alemanes les pasa exactamente lo mismo pero visto desde acá. Y me atrevería a decir incluso que hasta les gustaría sentirse mexicanos --o latinos, o lo que sea de latinolandia-- dejando de ser alemanes. Muchos no tienen de qué estar orgullosos de su patria, o al menos no pueden contestar esta última pregunta.

Al final me cobró 6.07 euros. Y no sé si fue por el coraje de que no estoy disfrutando mi país o porque tengo la vista tan chida que ya no pudo ganar un cliente más.

(Y la verdad es que sí necesito lentes, con trabajos puedo ver lo que escribo en este blog).

lunes, julio 16, 2007

Sexo en la ciudad

Hoy me sentí una especie de Carrie Bradshaw en Berlín.

Son nuestros primeros días del año con 34 grados y en Berlín se respira el sexo. Las mujeres salen con vestidos más chicos que mi imaginación y los hombres muestran sus cuerpos herculosos. Hoy hace un año es cuando en una de las revistas de la ciudad encontré dos anuncios, uno tras el otro, de dos personas buscándose. Una mujer de bikini rosa que buscaba a un hombre que había visto en un lago, y él buscando a la chica del bikini rosa. Así está la cosa aquí. Todo mundo se viste sexy aunque nadie se habla.

Creo que Berlín en verano se convierte en un la ciudad de los amores idílicos y, sobre todo, platónicos. Las parejas dejan de ser parejas y todos juegan a ser solteros.

Ayer una amiga de la Wika le comentó que dejaba a su novio. Parecía desesperada. Parecía que lo desconoció después de que él pintaba para ser el hombre de su vida. ¿Las razones de la separación? la verdad es que no las sé. Los hombres nunca explican esas cosas. Quizás sólo se toma la pausa del verano.

Y hoy que estaba paseando por mi barrio, me tocó ver a una pareja romper. Estaba tomando un café en la terraza de un restaurante llamado Mir, paz en ruso, y aún así esta mujer estaba envuelta en lágrimas durante una plática con su novio. Ella pedía explicaciones y él sólo veía al cielo. Los pobres tuvieron que aguantarse todavía mucho más debido a que el servicio era malo y primero tardaron en tomarles la orde, luego en traérselas y luego en cobrarles. Hubiera podido ser una plática de cinco minutos... o de menos si sumamos las palabras que él dijo.

De mi otro lado había unas mujeres gringas. Eran tres y traían cara de desveladas. Se pidieron más cafés y sin leche. Estaban platicando de sus novios. Y como los gringos hablan como si tuvieran un altavoz en la boca, no pude evitar escuchar todo. Parecían tres de las cuatro chicas que protagonizaron la serie estadounidense Sex & the City. Una le recomendaba a la otra que la próxima vez que recibiera una llamada, dijera que cobraría por el strip-tease y por las ropas que tendría que comprar para hacerlo. Ajá. Eso me dio más curiosidad. Esa otra que recomendaba se hizo una sabionda de penes y dijo que ya sabe cómo son todos los hombres, así que prefería no tener una pareja. Y como la tercera no había dicho nada, las otras dos rompieron un silencio para decirle "ahora platícanos tú de tu novio". Y, la verdad, es que no dijo nada que valiera la pena contar.

El calor estaba aumentando. Ya era casi mediodía y no podía estar más tiempo afuera, así que me vine a encerrar con los gatos para terminar de pasar el día y escribir este blog. Pero, ah qué sorpresa, cuando se me ocurre buscar uno de mis artículos en internet, resulta que lo encontré reproducido en una página gay de México. Mi texto no tenía nada que ver con la homosexualidad y la página aclara que todos los artículos reproducidos ahí tienen que ver con el tema. ¿Será que lo caliente del verano berlinés llegó hasta México e inspiró a alguien para que me clasificaran en etiquetas que no me corresponden?

"Te damos la bienvenida a
nuestro archivo hemerográfico de notas publicadas
en la prensa mexicana y la de otros países,
que dan cuenta puntual de asuntos relacionados directamente
con la comunidad gay nacional e internacional.
Diariamente actualizamos para ti la información y,
adicionalmente, enriquecemos un archivo histórico para tu consulta,
único en la red rosa mexicana."

Yaotzin.

martes, julio 10, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 5. El temor de los lentes.

Yo pensé que hacer el examen de la vista sería la parte más fácil de todo el procedimiento para obtener una licencia de manejo, pero parece que será otro de los grandes obstáculos.

Se acerca el tiempo, el 19 de julio. Ese día debo de estar en el escritorio de Frau XXX en la Oficina de Licencias y tengo que presentarle todos mis papeles. Si no lo hago, perderé el derecho de tramitar fácilmente mi licencia alemana.

Ahora me impide el hecho de que no quiero hacer el examen de la vista. No es pereza, porque ya sé dónde se tiene que hacer. Y seguro que es gratis, como en muchas partes del mundo. El problema radica en que no creo pasarlo y, obvio, me recetarán unos lentes.

Ya lo veo venir: "Sr. Botello, usted no está apto para conducir sin anteojos, así que no le podemos dar un comprobante para su trámite de licencia. Si nos compra un par de anteojos, ¡mire qué casualidad, aquí está esta bella oferta de 40 euros por el armazón más 40 por los vidrios!, entonces sí podríamos darle un comprobante".

¿Estaré en una etapa de paranoia? Quizás terminaré tan fuera de este mundo como nuestro ministro del Interior, Wolfgang Schäuble, quien por el atentado que lo dejó en silla de ruedas ya quiere reformar la constitución alemana para matar a sospechosos de terrorismo, espiar en todas las computadoras y guardar todo tipo de datos.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.

lunes, julio 02, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 4. Un rescate de discoteca.

El sábado tomé mi curso de primeros auxilios. Me recordó a los días en que tenía que ir a hacer mi servicio militar. Levantarme a las siete de la mañana para estar unas ocho horas con personas que no conocía y con quienes tenía que practicar varias cosas.

Llegué con la pregunta de porqué tomar un curso cuando a lo largo de la vida he visto las diferentes técnicas, en el ejército, los scouts y la escuela. Al comenzar la clase nos dijeron que de acuerdo con la Ley, una persona que no presta ayuda de primeros auxilios es sujeta a dos años de cárcel y 25 mil euros de multa. Alles klar. Ni el café me había despertado tanto.

Dejé de pensar en soldaditos, café e incluso en la Wika. Toda la capacidad de mi memoria de disco duro y RAM estaba centrada en captar cada una de las palabras de nuestro instructor de 26 años. Me había inyectado miedo. Y eso es característico de Alemania, porque antes que tener miedo de un accidente o de ver a un accidentado, hay que tener miedo de la Ley. El factor humano queda un poco de lado.

Otra muestra de esto es que para brindar los primeros auxilios a una persona, según nuestro anti-baywatcher profesor, hay que aplicar el principio de la disco: ansehen, ansprechen, anfassen, o sea mirar, abordar y tocar. Claro, así de fácil.

A final de cuentas, el curso me dejó algo: no quiero ser una persona que rescata a otras sólo por obligación.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.

jueves, junio 28, 2007

Las nuevas visitas

Como bien lo ha dicho la Wika: tenemos a las visitas más pesadas en la historia de lo que nuestros amigos llaman el "hostal Botello" en Kreuzberg. Dos gatos.

Desde hace tres años que vivo aquí hemos tenido muchas visitas. Es el momento en que todos mis amigos o conocidos o conocidos de los conocidos se acuerdan de mí. "Oye carnal, ¿no tendrás un espacio?", "¿no sabes dónde me puedo quedar en Berlín, es que no llevo mucho dinero?", etc. Pero esto era muy frecuente en el 2004 y en el 2005, cuando podríamos hablar de un boom. Para el 2006 hubo muchas amenazas de visitas. Era escalofriante, y era, claro, el Mundial de Futbol. Al final no fueron muchos, pero fueron de calidad. Para este 2007 sólo tuvimos a un amigo de la Wika que se quedó una noche, pero ahora nos llegaron los dos gatitos.

Resulta que un colega periodista gringo se regresó por tres meses a su país. Fue a hacer un trabajo. Y no quiso llevarse a sus gatos y como sabe que a mí me gustan, me preguntó si querría yo encargarme de ellos. Y aquí estoy. Aquí están, el Gordo y la Nina. Gordo está como su nombre lo indica, bien pinche gordo. Creo que hace retumbar el edificio cuando deja caer toda su felinididad en cada esquina del departamento. Camina tres pasos, da media vuelta como los perros que encuentran un lugar donde echarse, y se tira. Seguro algún día un vecino vendrá con una queja.

Pero aquí están y parece que serán las visitas más complicadas. Tienen su comida en nuestra cocina, dos platos para cada quien. Su baño en nuestro baño, una casita más grande que la taza del baño nuestra, y su cama al lado de nuestro sofá-cama. Y no contentos con todo el espacio que les hemos concedido, los muy cabrones y huevones se apoderaron ya de nuestra cama.

La Nina---->

El Gordo---->

Me encantaría ser gato.

Yaotzin.

miércoles, junio 27, 2007

Racismo latente

Hace unos días, la Wika leía un periódico en esperando el metro. Un tipo que estaba a su lado le dijo, "¿y? ¿qué tal se leen los periódicos alemanes?".

Debo de aclarar que, y para desilusión o asombro de muchos de mis colegas mexicanos, la Wika no es una güerota alemana, es una linda chica morenita pero completamente alemana. Ex habitante de un país que ya no existe que se llama RDA y más particularmente de Berlín. Y hago la aclaración porque muchos en México piensan o deben de pensar que yo dejé mi país por alguna mujer tipo Claudia Schiffer o Heidi Klum, así, güerotototota, como normalmente pasa cuando un mexicano se enamora afuera de su país. Pero no, en Alemania también hay morenas y, como la Wika, muy bonitas. Pero parece que muchos alemanes no se dan cuenta de ello.

Ella no le respondió al señor del metro pero éste insistió: "¿es de tercera generación?", le dijo, refiriéndose a los turcos que ya están tanto tiempo acá que pueden leer en alemán y hablarlo relativamente bien.

Ese maldito nazi reprimido es la forma en la que se esconde otra forma de racismo. Parecen alemanes normales que en realidad no pueden tolerar un enfrentamiento cultural de ese tipo. Y pasa todo el tiempo con cosas todavía más sutiles como la pregunta que siempre le hacen a la Wika cuando conoce a alguien nuevo "tú no eres de Alemania, ¿de dónde vienes exactamente?"

¿Los alemanes no pueden imaginarse a alguien que no sea blanco pero que sí hable muy bien su idioma? Y no tienen que ser nazis o extremistas para mostrarlo, simplemente hacer esas preguntas estúpidas.

Y lo peor es que en México es igual, porque si estuviéramos ahí y fuéramos güeritos, así como Ricitos de Oro, también nos preguntarían lo mismo.

Y.

martes, junio 26, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 3. La carta.

Ayer me llegó la famosa carta.

Cuando salí de las oficinas de ADAC, donde tramité la traducción de mi licencia y luego la postulación oficial para este documento, la mujer, esa amiga mía sexagenaria, me dijo que tenía que esperar correo. Me sentí como cuando uno va a ser aceptado en la universidad. Si me llegaba la carta, significaba que podía continuar con los trámites para mi licencia, si no, pues báibái.

Ahora, ¿por qué no debería de haberme llegado la carta? sencillo, porque ando en el límite de los tres años de residencia en Alemania y si los sobrepaso tendría que hacer un procedimiento más tardado y costoso para obtener la licencia de manejo.

Pero llegó, y aunque me emocionó, me puso en una situación de estrés porque tengo tres semanas para cumplir con dos exámenes que permitirían la continuación de mi proceso de postulación, el de primeros auxilios y el de la vista.

El de la vista no es tanto problema porque es gratis y no dura mucho. El problema será cuando me digan "señor, ¿no se había dado cuenta que usted ya no ve nada? y si quiere el papelito para su licencia tendrá que mandarse a hacer unos lentes por la módica cantidad de 400 euros". Hipotético. El verdadero problema ahora es que debo de cumplir con ocho horas de un curso de primeros auxilios y debo de pagar 20 euros por ello.

Es una chinga. Todos estos saberes que yo acumulé en mi natal México ahora no me sirven para nada. Primero hacer tortillas, luego mi licencia de manejo, y ahora mis cursos de auxilios. Si contamos los seis años que estuve en los Scouts, las horas que pagué para mi curso de primeros auxilios cuando saqué mi licencia de buceo y la experiencia de sacar casi ahogada del mar a mi amiga Gina, en la práctica yo ya no debería de cumplir con otro curso. Pero no hay un papel que lo justifique y los alemanes, o bueno, aquí no es culpa de los alemanes, las instituciones lo requieren. Vale madre.

Así que este sábado estaré yendo al precioso barrio de Neukölln (que es como el Bronx neoyorquino en Berlín) a cursar estas ocho horas, previo pago de unos 20 euros. Claro, nada es gratis.

Después veré si una señora turca quiere mis servicios como tortillero.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?

martes, junio 19, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 2. La ¿aceptación?

Hoy recogí la traducción y la llevé para empezar el trámite oficial de mi licencia alemana. La linda funcionaria de unos 60 años de edad que me la recibió sólo buscó mi nombre, mis apellidos y el número de mi licencia. Es más, éste prefirió terminar de leerlo en mi licencia mexicana.

Algún traductor habrá comido bien la semana pasada con lo que pagué.

Después entregué mi pasaporte. "Sehr schön", excelente, decía la funcionaria conforme barajaba las cosas en el escritorio. Una foto. "Sehr schön". La copia de mi registro con la Policía de Berlín. "Sehr schön". Y el formulario llenado en alemán. "Seeeeehr schön!"

Después de platicar un rato yo tenía los ojos apuntados a la nada imaginándome en un auto convertible junto con la Wika en lentes oscuros recorriendo las playas de Málaga. Yo manejando, por supuesto. Pero al final mi amiga risueña sólo me dijo, "señor, tiene que pagar estos 42 euros y si después de unas seis semanas no recibe una carta por correo de la Oficina de Licencias, llame a estos teléfonos". Mi sueño se desvaneció.

miércoles, junio 13, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.

He llegado a un momento cumbre de mi estancia en Alemania: solicitar una licencia de manejo.

Supongo que los alemanes investigaron cómo manejamos los mexicanos y decidieron sólo dar seis meses de validación a las licencias mexicanas. Después hay que sacar una alemana. En Alemania uno no debería de manejar nunca sin licencia. Ni borracho, ni en un auto que no está especificado en la licencia, ni saltándose tres carriles para dar vuelta de improvisto, ni mentarle la madre a claxonazos al de enfrente porque no arrancó su auto en los primeros dos segundos de la luz verde.

Estoy por cumplir tres años en Berlín y, según la ley de manejo alemana, antes de cumplir tres años de residencia en Alemania uno puede solicitar un semi-canje, que implica no hacer la escuela de manejo. Eso es una ganancia porque la escuela son mínimo tres meses de cursos y centenares de euros. Si yo me postulo ahora para sacar mi licencia sólo haría el examen de la vista, el de primeros auxilios, el teórico de manejo y el práctico.

Adiós al procedimiento mexicano, donde una licencia de conducir se puede (o se podía) sacar en una oficina donde un gordo bigotón sólo te hacía firmar un papel con la leyenda "confirmo que conozco el reglamento de tránsito del D.F. y que sé manejar", que te mandaba hacer una foto y que 30 minutos después te daban la mica.

Aquí hay que invertir tiempo. De entrada hoy tuve que visitar tres oficinas diferentes. En el Bürgeramt, donde se puede solicitar todo tipo de cosas, una funcionaria ya con algunas primaveras encima, me preguntó cuanto tiempo llevaba viviendo aquí y le dije dos años... me interrumpió y me dijo neeee, ya es mucho, cómo quiere saltarse la escuela de manejo si no ha manejado en dos años. Después concluí mi frase y le dije dos años 11 meses. "Mucho menos", dijo.

En la Oficina de Licencias en Berlín me dieron luz verde para tramitar todo, quizás apoyan la multiculturalización de Berlín. "Hey, ¿tú sabes lo que se necesita para cambiar una licencia mexicana por una alemana?", le grita una colega a otra. "Ach ja, Sie haben doch Zeit", usted tiene tiempo todavía, me dijeron.

Y de ahí me mandaron a una tercera oficina, donde tenía que mandar hacer la traducción de mi licencia para que me la pudieran validar. ¿Querrían traducir el nombre del funcionario mexicano que me hizo firmar aquella declaración en el D.F.?, porque lo demás es corto y claro: "expedición: 01/001/2005; expiración: PERMANENTE". Quizás necesitan dejar muy clara esta última palabra.

Pero por esa maldita traducción ya me hicieron desembolsar 49 euros.
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