sábado, septiembre 08, 2007

Destino: los campos de terror.

- Señor.

- ¿Si?

- ¿Le puedo hacer unas preguntas de seguridad?

- Claro, adelante. Pero le adelanto que empaqué mi maleta yo solito.

- Ah, sí, eso no es problema, lo que me interesa es saber a dónde viaja usted este día.

- Mm, ah, sí. Voy a Paquistán, a los campos de terror.

- Bien (anotando en una hoja de datos), pues ¿sabe qué? tendrá que cancelar su viaje porque en este momento está usted arrestado.

Yo supongo que esta conversación tendrá lugar pronto en los principales aeropuertos de Alemania. Un futuro muy cercano. Y muy surrealista.

Desde que arrestaron a tres hombres en Alemania hace un par de días porque se sospechó que harían un atentado de exacerbadas dimensiones, peor que Madrid o Londres, eso sí menor que Nueva York, el gobierno alemán ha comenzado una discusión sin igual: castigar la visita a los campos de terror.

A mí me queda una duda, un poco al margen de qué es un campo de terror, de su verdadera definición y de su certera existencia, ¿cómo chingaos se sabe que alguien viaja a un campo de terror?

Esos campos de terror son los campamentos de formación para terroristas que tanto se ha contado que hay en Paquistán. Nadie se ha atrevido a ubicarlos y detenerlos, o nadie ha querido, pero sí se prevé que al menos los alemanes serán castigados por ir ahí. Si es antes de ir o después de haber disfrutado de un largo periodo vacacional ahí, no queda claro.

Lo divertido es que ahora no son sólo árabes, morenos o barbudos los posibles terroristas, sino alemanes que se convierten al islam y que quieren aprender los más grandes secretos de la fabricación de un atentado.

Me da gusto vivir en un Estado como el comunista donde todo está afortunadamente vigilado y se pueden prevenir atentados con seis meses de antelación, como esta gran operación policíaca y de servicios de inteligencia que fue lanzada esta semana pasada.

Algo se aprendió de la Stasi.

Y.

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