viernes, diciembre 21, 2007

De cómo los alemanes canalizan sus ataques de compras navideñas.

Es increíble la tentación a la que uno cae. Las cosas que nunca hemos tenido de repente se visten de necesarias. Las ofertas hacen a las cosas todavía más seductoras. Llévame, llévame, dicen.

Hoy estuve de paseo por la Friedrichstraße, la calle más popular de Berlín para hacer compras. Todos los berlineses estaban ahí. Dejaron sus barrios pobres o alternativos para volcarse al de los escaparates. Hay tiendas caras y baratas, hay necesarias e inútiles, y en cada puerta se ve como resplandece el botón verde de la "grüne Taste", la tecla verde que dice "OK" para aceptar el cargo a la tarjeta.

Este consumismo sorprende en Berlín porque es una ciudad con un desempleo del 15 por ciento, muy alto en comparación con todo el país o con muchos otros países. Los habitantes son en su mayoría artistas o estudiantes que no tienen un gran poder adquisitivo que votaron a un gobierno izquierdista y que también votan por amor a los Verdes.

Pero hoy todos están en las calles. Hoy es una ciudad de consumo.

Eso sí, esa fuerza de compra es canalizada para otras causas. Las ONG, las grandotas y las chiquitas, se apoderan del consumismo berlinés para pedir donaciones. En diciembre casi cada alemán manda dinero al tercer mundo, a los niños de la calle, a los desplazados de guerra, a los damnificados por catástrofes naturales. Todos estamos en la mira, no sólo alemanes. A mí me llegó un correo para donar para los damnificados de las inundaciones de Tabasco de noviembre pasado. El dinero se transforma entonces en "dinero bueno".

Quizás es un buen balance. Así uno se compra lo que quiere que no necesita, y se calma al llegar a casa diciendo en voz alta que también Aldri José en Colombia recibirá su operación.

Así las cosas...

Y.

PS. Y algo que nunca había visto es que muchos alemanes compran libros. La gente va caminando a las cajas de pago cargando libros como si fuera pan dulce. Casi ni pueden ver el camino. Y hacen filas de hasta media hora. Al menos el consumismo va dirigido a entender el mundo (o bien habrá que ver de qué son los libros que compran).

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