viernes, diciembre 16, 2005

Definiendo Berlín. Mi estación, la Puerta de Silesia.



La estación de metro que está a la vuelta de mi casa es una de las más viejas de Berlín y de toda Alemania. Fue fundada en 1902. Parece una pequeña torre de un castillo. Está hecha de ladrillos y tiene dos techos de doble agua, uno para cada andén.

Cuando llegan los trenes del metro siempre rechinan. Es una extraña combinación romántica entre el sonido del metal, la vibración del andén y una fachada antigua. Cuando hay sol en este país, se ilumina de color rojizo y destella en todo el barrio.

El metro es elevado. Es la penúltima estación antes del final de la línea 1, la U-1. Cuando eran tiempos del Muro de Berlín, esta estación era la última. Los trenes terminaban su recorrido en este castillito del Oeste.

Abajo, en una especie de bóveda, tiene un pequeño bar. Y a la entrada de la estación hay un puesto de periódicos y, enfrente, una panadería. Las panaderías son como las taquerías en México, están por doquier. Lo único feo es que todas las paredes del interior de la estación están con graffiti. Podría ser algo artísitico, pero es más bien esa estirpe fea del graffiti que sólo hacen los vándalos. No hay mensajes, no hay belleza, sólo hay líneas, firmas y colores. Un día quitan uno, al día siguiente aparecen dos. Es imposible, es un virus.

A las dos pobres máquinas despachadoras de boletos les quitan su trabajo. Son automáticas en su totalidad y además versátiles porque venden incluso crédito para los teléfonos celulares. Ah, bueno, ya que estamos aquí, también te enseñan el mapa del metro si tienes dudas de a dónde puedes ir y, por si fuera poco, hasta te venden las cosas en diferentes idiomas. Por ahí está el español ¿o castellano?, creo que usan el 'vosotros'. Bueno, decía que les quitan el trabajo porque unos desempleados se paran a la entrada de las grandes puertas de madera de la estación y venden boletos usados. "Fahrschein, Fahrschein, ein Euro".

Ellos hacen un trabajo espectacular y no tuvieron que estudiar para eso. Se paran quizás unas 4 o 5 horas y recolectan los boletos de las personas que están terminando un trayecto de viaje. Después, si todavía se pueden usar, los revenden a la mitad de precio. De un boleto del día que costó 6 euros sacan al menos 3. Si es un viaje corto de 2 euros de valor se quedan al menos con uno. No todos los viajeros les creen o apoyan y acuden a la moderna máquina amarilla.

Ya antes le quitaron el trabajo al del puesto de periódicos. Él también vendía boletos del metro, hasta hace unos días cuando en la entrada ya se veía un letrero que decía "aquí ya no se venden más boletos, por favor no moleste", o algo así. De cualquier forma no dan ganas de entrar porque siempre huele a cigarro, un olor común de los viejos bares de Berlín, ¿o de Alemania? yo no sé. Uno quería comprar un boleto o llevarse el multitirado periódico Bild (con 4 millones de ejemplares al día) y salía sacudiéndose la nube de humo.

A veces huele a pan, sobre todo por las mañanas, cuando está recién salido del horno. Mmm, por cierto, ahí fue donde descubrí los Pfannkuchen, unos pequeños panqués rellenos de mermelada de ciruela y espolvoreados de azúcar refinada. De-li-cio-sos. Las filas en la panadería se hacen sobre todo cuando llega un tren. Todos bajan las escaleras y se forman para llevarse un café con un pan dulce si es temprano, para comerse un panecillo con queso o jamón si es mediodía, o para comprar el pan negro de la mañana siguiente.

Por las noches, ya como entre las 21:00 horas y la medianoche sólo huele a incienso. Una mujer gorda y grande, como salida de un cuento de los hermanos Grimm, se sienta a las puertas de la estación para vender inciensos. Yo creoque nadie le ha comprado porque el olor es tan penetrante que debe de ahuyentar a todo mundo. Cuando uno está llegando a la estación en metro, el olor se mete a la nariz sin pedir permiso. Es muy agresivo.

La estación está muy llena de vida. Es un poco más underground, pero con mucha vida. ¿Quién más podría dar un espectáculo de estas magnitudes? La otra vez me tocó ver a un grupo de punks, como esos que se ven en Alexander Platz, con perros desnutridos y con guitarras, tocando para ganarse unas monedas.

¡Ay caray! Hay tantas cosas en mi estación y yo todavía no la puedo pronunciar bien. Y siempre que me visitan mis colegas hispanohablantes tengo que hacer esfuerzos enormes: no la puedo pronunciar en alemán y, por si fuera poco, la tengo que pronunciar en español. Schlesisches Tor, Eslésiches Toa, o algo así. Por eso mejor traduzco su nombre al español, aunque no signifique nada para nadie: la Puerta de Silesia.

2 comentarios:

davidkline23427874 dijo...

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alfredo dijo...

Muchas gracias Yaotzin por tu articulo "La Puerta de Silesia", me ha gustado mucho, por unos momentos me has transportado a tu Puerta.
Lo que es la vida, encontre tu blog buceando en el pasado y me di con el presente aunque sea de hace 6 años. Dos preguntas facilitas:
1ª¿que significa "Yaotzin"
2ª tu estación está en "Küstriner Platz".

Gracias y adelante Yaotzin.

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