domingo, julio 10, 2005

* ¿Cuándo?

Al salir de la casa, no sólo está una de las tantas tiendas de productos biológicos que ya antes mencioné. Antes se ve el río que pasa al lado, bueno, no que "pasa" porque no es un río que se mueva. Sus aguas están estancadas como en un lago, pero a lo largo de toda Berlín. También está la mayor empresa de ruidos para celulares y un club de turcos.

Eso último es lo que define al barrio de Kreuzberg, los turcos. Yo no tengo nada contra ellos, de hecho, tendría que agradecerles mucho porque gracias a ellos yo tengo tiendas, panaderías y otros servicios que si no están abiertos las 24 horas, están abiertos después de las 14:00 horas del sábado o durante el domingo, algo que va enc ontra de las leyes alemanas. Yo llegué a este lugar para vivir por voluntad propia, porque tiene color, vida y sabor. Y creo que se debe mucho a los turcos.

Y quizás serán ellos quienes terminen pagando las consecuencias de lo que pasa en nuestro mundo.

Nueva York, Madrid, Londres, ¿y luego? ¿Roma? ¿Berlín? Los atentados terroristas tienen un denominador común, los musulmanes. Si en los aeropuertos o en las ciudades que ya sufrieron el terror a uno ya lo ven raro por ser musulmán o parecer árabe, ¿qué pasará cuando se adopten esas medidas en Alemania, más propiamente en Berlín? ¿esculcarán a todos los musulmanes en cada estación de metro? ¿les impedirán llevar mochilas al hombro? ¿los mantendrán en un ghetto para no sufrir los acosos del "mundo occidental"?

En Berlín viven más de 800 mil turcos. En Alemania más de 2 millones. Y otro país que más presencia de inmigrantes tiene es Irán. Yo soy mexicano pero en la calle me han confundido con árabe, paquistaní, indio, turco, y me han hablado en cualquier idioma que no podría identificar.

¿Qué vamos a hacer para impedir un atentado en el metro, en la calle, en cualquier lado? ¿qué va a pasar con estas personas que, por unas cuantas, tienen que pagar el precio entero por ser de una religión o raza en particular?

Vivimos en un constante peligro en Berlín, y no sólo el de un atentado explosivo, sino uno psicológico.

No todos somos londinenses, pero sí partícipes.

Yaotzin.

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