jueves, octubre 07, 2010

‘Todos los dictadores hechizan’.- Vargas Llosa (Berlinale 2006)

Mario Vargas Llosa estuvo en el Festival Internacional de Cine de Berlín del 2006. Esa vez su primo, Luis Llosa presentó la película que hizo basada en la novela La Fiesta del Chivo. Y ahora que se ganó el Nobel de Literatura y estamos con ánimos de recordar varios pasajes de su vida artística, traigo a colación una breve con él:

BERLÍN, Alemania.- Entre todas las estrellas que participan en el Festival de Cine de Berlín, hay una que llama mucho la atención, pero no precisamente por ser un actor, es Mario Vargas Llosa, quien vino a presentar la película que se basa en su novela, La Fiesta del Chivo.

En los tres días que está en Berlín, Vargas Llosa tiene a periodistas alemanes y extranjeros esperando, como si se tratara de Gael García o de George Clooney, los únicos que podrían opacarlo. Todos quieren saber cómo se siente él sobre la historia de un dictador latinoamericano llevada a la pantalla grande.

Sentado al lado de su primo, Luis Llosa, el director del filme, Vargas Llosa diferencia la literatura del lenguaje cinematográfico, y reflexiona sobre las dictaduras modernas.

 ¿Cómo influye el primo como director, en la adaptación de su novela?
 No influye en nada. Lucho (así le dice a Luis) lo filmó porque es un director de cine, no porque es mi primo. Además la primera adaptación al cine de una historia mía la hizo Lucho como adolescente de un cuento de Los Jefes.

¿No teme que su novela desmerezca en el cine, como ha pasado con otras famosas, como El Padrino?
Quizás la menos exitosa es una adaptación en la que yo intervine (Pantaleón y las Visitadoras), escribiendo el guión y codirigiendo la película. No busco una fidelidad absoluta de la novela a la película, es una ilusión, creo que son dos lenguajes completamente distintos. La fidelidad al espíritu es lo que me gustaría que tuvieran las adaptaciones y en La Fiesta del Chivo esa fidelidad está ahí.

¿Vio acertadas las interpretaciones en el filme de los personajes de la novela?
Con las adaptaciones he descubierto que yo, y probablemente todos los novelistas, no tenemos una visión nítida de los personajes que inventamos. El erotismo es más rico en la literatura que en el cine porque ahí siempre hay esa concreción de la imagen. Esos personajes me convencen por ellos mismos pero no porque se asemejen mucho a un modelo. El trabajo que más me gustó fue el de Isabella Rosellini y el de Stephanie Leonidas, las Uranias.

¿Y el actor Tomas Milian da la imagen del dictador Trujillo?
En ciertos momentos, sobre todo cuando pone su poder a través de la humillación.

Ahora que estuvo en Iraq, ¿tuvo ocasión de descubrir si todos los dictadores están hechos de la misma madera? ¿Hay algo que cambie según la latitud?
Son de la misma esencia. Lo comparten. Hay las variantes de cultura de religión, de medioambiente, desde luego. En lo que significa una dictadura, en la degradación de la sociedad, las dictaduras y los dictadores suelen ser populares, es una cosa muy desmoralizadora, pero real. Lo mismo pasó con Franco, los cientos de miles de españoles que hicieron cola cuando murió Franco ¿no? No hay dictador que no haya provocado esa especie de hechizo deshumanizador, esa especie de abdicación en que la sociedad entera como que se castra y le entrega al dictador la facultad de decidir todo por ellos, hasta en los países civilizados, eso fue la dictadura de Hitler, la de Mussolini, Stalin y Mao.

¿Qué escena de La Fiesta del Chivo le gustó más?
La escena que más trabajo me costó escribir y que reescribí no sé cuántas veces, que fue la desfloración de Uranita por Trujillo. Y esa escena me conmovió profundamente en la película también. Esa escena me costó muchísimo trabajo porque cuando uno cuenta algo muy terrible, algo que ofende a la sensibilidad, los sentimientos de los lectores, los lectores se defienden no creyendo. Rechazan algo que los hiere. Y entonces hay que buscar un método para que rompa esas censuras.

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