domingo, junio 25, 2006

* Hasta los polis acompañan a los mexicanos en sus penas (Siguiendo a México en el Mundial. Punto final).

LEIPZIG.- A los mexicanos que llegaron a Leipzig poco les duró el luto de la derrota contra Argentina porque pronto ya estaban festejando como si nada hubiera pasado.

Los que no entraron al estadio, lo vieron en diferentes plazas. La ciudad fue tomada por los fans, casi unos 60 mil. Se me hace exagerado, pero al menos es la cifra oficial. Y no lo dudo porque muchos laipziguianos me dijeron que en ninguno de los partidos anteriores habían visto tantos fans. Sólo con Holanda la ciudad se veía naranja, pero es que ellos se ponen hasta los calzones de color naranja.

Esta vez sólo fueron argentinos y mexicanos. Todo un ambiente latino. Todo fue fiesta antes del encuentro, a la que se sumaron los alemanes después de su victoria ante Suecia.

La derrota se sufrió, y algunos sí lloraron. Estaban muy dolidos. Otros no dejaron de discutir profesionalmente sobre los cambios que debió de hacer el entrenador de la selección mexicana. Pero este luto se olvidó pronto. Los mexicanos decidieron dedicarse a la fiesta. De alguna forma ya sabían que podrían perder y estaban preparados. Apenas se dio el silbatazo final, en las plazas salieron los DJ alemanes a tratar de mejorar el ambiente. Pronto los mexicanos estaban ya bailando quebraditas en el centro de Leipzig. Los alemanes que seguían gallardos por su triunfo no cesaron de decir “México, aún así los queremos mucho”, aunque creo que lo decían más porque ya sabían qué equipo sería su próxima víctima.

En una esquina salía la música de José Alfredo Jiménez de un auto a todo volumen y en otra estaba la fila de los que querían comprarse una Bratwurst o salchicha asada para disminuir los efectos del alcohol. Unos policías alemanes que estaban muy al pendiente de los porristas argentinos y mexicanos para que no hubiera encontronazos, terminaron aderezados con sombreros con la leyenda de México. “Foto, foto, foto. Pónganle el sombrero, que vea lo que es ser mexicano”, gritaban algunos. Para las fotos de consolación, hubo otros mexicanos que prefirieron agarrar de la cintura a cualquier güera alemana que pasaba por ahí.

Y aunque había argentinos que salían bailando y ondeando banderas, nunca fueron provocadores quizás por la poca cantidad en que estaban.

“No manches, ¿a quién le interesa el futbol ahora? Vamos a emborracharnos, a eso vinimos a Alemania”, dice un grupo de michoacanos que venía de sacar la tercera botella de tequila de su auto rentado.

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