domingo, junio 18, 2006

* Ay, los paisanitos (Siguiendo a México en el Mundial).

HANNOVER.- Ya no sólo Göttingen, sino Hannover están plagadas de Mexicanos. Es una sensación rara estar en trenes de alta velocidad, ver las calles limpias y a policías altos y delgados pero escuchar por doquier hablar español. No, español no, ¡mexicano!

"Órale wey", "no empujes cabrón", " a ver, no hay que dejar que esos cabrones bajen del tren", "¡apérrenseee!", es lo que se escuchaba en los andenes de la estación de trenes de Hannover, justo cuando un tren estaba llegando.

Dos grupitos de "weyes", o sea machos cabríos provenientes de los Estados Unidos Mexicanos, están a las afueras de la estación de Hannover. Observan cómo llegan más personas y se dirigen al centro, pero apenas pasa una "güerita", una chica rubia proveniente de Alemania, y les empiezan a tronar las bocas como si echaran a la sartén caliente un pescado fresquecito: "sssssssss, mi reinaaaaa, ¿no te dijeron que estás bien buena? y yo aquí tan pobreeee". La chica lanzó una sonrisa.

Debe ser rico para una linda mujer recibir algunos piropos después de nunca haber recibido ninguno en su vida. Yo nunca he visto que los alemanes lo hagan. Los turcos sí, pero se desbordan en lo grosero. Los mexicanos también pero ahora estamos "zu Gast bei Freunden", o bien acobijaditos entre amigos teutones.

Pero, bueno, las masas también llegan al exceso. ¿Qué fue de la mujer policía que se atrevió a pararse justo antes de que abrieran el estadio para el partido México-Angola? Sepa la bola. La pobre se baja de la camioneta de la policía, camina hacia la banda de mexicanos, decenas, no, cientos, y se hace el silencio. Debe ser un silencio comparable al que se hizo cuando llegó la ola del Tsunami. Los mexicanos estaban con botellas de tequila en la mano, desesperados por conseguir boletos en reventa a más de mil euros o ansiosos por entrar al partido, los que tenían boletos. Era una jauría. Entonces llegó la ola: "fiu-fiuuuuuuu, ahí va la güeritaaaa", "güera, güera, güera". Y que la detienen y le ponen un sombrero de charro. Más no pude ver.

Después apareció el camión de la policía tocando el claxon y la sirena. Aventándosele a las masas. Y si así no lograba hacer nada, mucho menos cuando de su altavoz sale el siguiente anuncio: "en buena onda, los que tengan boletos que se vayan formando ¿noooo?". Los polis alemanes contrataron a un mexicano para que dé instrucciones a sus paisanos. Pus claro, nadie de ahí podía entenderlas en alemán. Pero el resultado fue que todo mundo se echó a reír. Dieron de manazos al camión de la policía, lo torearon con sombreros y hasta les aventaron las cámaras para hacer fotos hacia adentro por si había más güeritas.

En el tren de regreso a Göttingen, donde se hospeda la selección de México, mis camaradas abordaron como yo recuerdo que se abordan los camiones de segunda clase en México. O el metro en las estaciones del Centro Histórico: por la Ley de Herodes, o te chingas o te jodes. ¿A quién le respetaron las reservaciones que estaban hechas, pregúuuuuuntenme.

"No mames, que se aguanten, al fin que estamos en un cachito de México ¿no?", dijo uno.

Rico vivir mi patria en Alemania por unos días.

Yaotzin.

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