miércoles, junio 21, 2006

Mucho ruido (siguiendo a México en el Mundial)


GELSENKIRCHEN.- Uno pensaría que la selección mexicana es muy buena jugando porque atrae a miles de aficionados a Alemania.

Sombreros con patas, Panchos Villas resucitados, chinas poblanas, chapulines colorados y hasta chapulines coloradas llegan como marabunta a donde juega su selección.

Los pocos fans de los contrincantes sólo ven aterrorizados de dónde pudieron salir tantos mexicanos. Y más. Y más. Alemania parece vecino de México.

Suenan las cornetas, se cantan los olés y el Cielito Lindo al derecho y al revés, las porras resuenan y el olor a tequila se esparce horas antes de que comience el partido.

Las patrullas son toreadas con los enormes sombreros, las mujeres policías, unas güeras delgadas de 1.80 metros, son fotografiadas, vitupereadas y accidentalmente manoseadas.

México está presente. En Núremberg, el día que se enfrentó a Irán, el monumento donde HItler daba sus discursos nacionalsocialistas estaba sitiado para el piste. En Hannover, 15 minutos antes del comienzo del partido había en las calles más mexicanos que en un desfile del 16 de septiembre.

Y ahora en Gelsenkirchen no fue menos. El personal de información de la estación de trenes está obligado a hablar en español porque el mexicano lo sentencia, “¿ya ves? Sí se puede, ya lograste decirme donde es”.

Todos los caminos que llevaban a la Arena AufSchalke estaban pintados de verde. De los 52 mil asistentes, quizás poco más de la mitad eran mexicanos. Afuera se quedaron otros dos mil y en la pantalla gigante pública las cifras oficiales indicaron 15 mil, de los 20 mil que cabían.

Pero apenas terminó el partido contra Portugal y todo se hizo un cementerio. Lo mismo pasó con Angola, y los que para ese partido pagaron mil 200 euros por la reventa seguro se callaron más.

“¿Y ahora qué? ¿no van a gritar?” gritó un mexicano que llegaba a la estación de trenes de Gelsenkirchen para tomar el camino de regreso a su hotel. A lo lejos se escuchó un suspirado ayayayay que parecía invertir la canción. Llora y no Cantes.

“¿Por qué no metieron al Guille antes? ¿por qué dejan tirar un penalti al más joven de todos?”, se queja Jorge Calderón, refiriéndose al cambio tardío de Guillermo Franco y a la falla de Omar Bravo.

Las caras están largas, pero el espíritu mexicano es imbatible.

“Mira, para Argentina u Holanda estaremos igual de enjundiosos aunque después perdamos. Y ya ni importa, míralos, aquí andamos comprando y dejando toda nuestra lana. Vinimos a chupar, a comer, a comprar y a viajar, eso nadie nos lo va a quitar”, dijo otro por ahí.

2 comentarios:

Marta Salazar dijo...

Hola querido Yaotsín, muy buenos tus artículos, estaba buscando algo sobre México en Alemania, ya que no he podido encontrar alguna casa con bandera mexicana. Enlacé todos tus últimos artículos, un abrazo!

Prismatico dijo...

Muy bien hecho muy buenos los dos blogs!!

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