jueves, octubre 05, 2006

La dura vida en el extranjero

Ser corresponsal no es fácil.

Después de muchos años me di cuenta que eso es lo que yo quería ser. Y ahora me gusta mucho, pero no es tan fácil como me lo imaginaba.

En aquellos años mozos yo llegaba a la universidad después de no dormir por hacer mis tareas y aún así "fresquecito" para un nuevo día. Viendo el cielo azul de México me imaginaba muy interesante la vida de un colega resumiendo la vida de otro país en diferentes entregas a un periódico.

Ahora, en carne propia, veo cómo ese sueño se cumple a costa de hartos dolores de cabeza. Despertarse en Alemania, primero, no siempre significa tener un cielo azul. Con eso los sueños se van volando muy rápido.

Ayer miércoles por la noche participé en una discusión de periodistas sobre la difícil situación política de México. ¿A dónde llegará mi querido señor López con su movimiento de resistencia y qué pasará en el ingobernable estado de Oaxaca? La discusión fue en alemán y yo creí que después de dos años aquí podría decir algo por lo menos divertido. Nein. Ya desde mi primer comentario me di cuenta que todavía no puedo pensar en alemán. Busqué palabras y más palabras para salir de ese nerviosismo que me asaltó, pero no pude encontrar ninguna. En español habría podido decir cualquier cosa, porque el tema me lo conozco mejor que el baño de mi casa, que no ha tenido un buen aseo desde que leo y leo textos sobre México. Y es que yo estuve invitado ahí porque por ser corresponsal, soy una especie de portavoz de México. Soy, digamos, el embajador no oficial de México porque soy mexicano (y como chiles muy picantes todos los días), estoy al tanto de la realidad mexicana y, mejor, no manejo una posición oficialista como lo hacen todas las embajadas.

Hasta esa parte de ser corresponsal es muy difícil.

Y pues ahora, justo ahorita, tengo que salir de viaje hacia Fráncfort para cubrir la Feria del Libro, dejando atrás la tranquilidad que había empezado a tomar con mi mujer y mi casita después de estar dedicado a algunas visitas que nos cayeron en nuestra casa por seis semanas.

Pero así es el trabajo. Así que la redacción de este buró se mueve por estos días físicamente (la versión online se queda en su lugar).

Yaotzin.

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