miércoles, octubre 19, 2011

Mucho ruido y pocas nueces



En los bares y el transporte público de Berlín me ha tocado ver cómo uno que otro alemán frunce el ceño. Lo hace cuando escucha hablar a españoles entre sí. El gesto es como si de ellos viniera un olor inaguantable. Pero no, sólo son palabras que al parecer lastiman los delicados oídos alemanes.

Cuando digo que en un bar lo vi no exagero. Esta imagen la tengo bien pegada en una parte de la corteza cerebral. Veíamos un partido de futbol de la Champions League y un español sentado platicaba con uno que estaba parado (no consiguió lugar por llegar tarde). El partido se desarrollaba. Y en un momento los sobrecejos caídos de una alemana se convirtieron en una petición: ¿no se podrían callar? La situación se elevó casi al punto de golpes y después se calmó con un par de cervezas.

Pero del ruido no sólo son responsables españoles, sino italianos o latinoamericanos. “Südländer”, como dicen los alemanes, o sea gente de sangre caliente. Y ahora resulta que el ruido no es todo. El contenido también, pues los españoles hablarían mucho y no dirían nada.

Me explico. Un grupo de lingüistas franceses recientemente publicó en la revista Language un estudio sobre las maneras de hablar de otros pueblos. Entrevistaron a 59 personas a las que les dieron a cada una 20 pequeños textos a leer. Cada texto era diferente, pero pequeño.

Resultó que los españoles, franceses o japoneses leen mucho más rápido que chinos o alemanes. Y resultó que los que leen más rápido normalmente tienen que añadir más texto a lo que dicen. “Los distintos idiomas necesitan una longitud diferente para contar la misma historia”, dice uno de los autores del texto, François Pellegrino. Lo que yo entiendo de esto, puesto que cada ser examinado tenía un texto dado, es que se improvisaba añadiendo más blablablá. Y tomando esta inferencia, una de las aparentes conclusiones del estudio es que entre más rápido se habla (en) un idioma, menos contenido se tiene.

“El alemán es especialmente lento de acuerdo con ello, pero indudablemente eficiente”, dice al respecto un texto del semanario Der Spiegel, congratulándose del idioma alemán.

Pero todo esto es tan subjetivo como querer escuchar un partido de futbol narrado por Südländers, con mucho blablablá y demasiado GOLGOLGOLGOLGOLGOLGOLGOL, o querer hacerlo como en Alemania, con un Badstüber…………………………………………………..Gómez………………………………………………………………………………Müller, gol.

Cada lado tiene sus ventajas, sólo no hay que fruncir el ceño sino tendremos que usar cremas de más de 800 euros para recomponerlo.

9 comentarios:

Enrique G de la G dijo...

En Alemania me pasó muuuuchas veces que los vecinos de bar, café, metro, lo que fuera me pedían que me callara. Les molesta que uno hable tan fuerte.

Yaotzin Botello dijo...

¿Y te callaste o les debatiste?

mestiza dijo...

Acá en un pueblito del sur donde estoy casi nadie habla español y no sentí que molestara. En cambio a mi sí me enervan un poquito las familias numerarias rusas por ej. a los gritos pelados en una tienda, y que si mirás (del susto) te tiran una miradita demoladora y murmuran. Un día mi hijo lloró cuando una rusa retó a su hijo, imaginate lo que fue que se asustó y a él nadie le dijo nada. Yo solo siento que si estoy entre alemanes hago el esfuerzo de hablar alemán para que todos entiendan. saludos desde la selva negra.

mestiza dijo...

ah y muy bueno tu relato de gol. Todo tan silencioso, que sino prestás atención, ni parece que hubo gol. Yo soy argentina, así que te imaginarás que tengo el oído acostumbrado a otra cosa, ya se van para el otro lado igual...

Yaotzin Botello dijo...

Miradas rusas que matan en la Selva Negra. Órale. Está bueno. Me voy a ir con el amigo Enrique para que vean lo que es bueno.

Nihm Smoboda dijo...

Trabajo de barman en Berlín.
Ellos sí que gritan fuerte, pero nunca antes de la tercera cerveza.

En cuanto a las lenguas, cada una tiene una música. Por cuestiones culturales y de mentalidad se podría decir que cada idioma tiene sus puntos fuertes. A mí me gusta eso que dijo Federico el Grande:
"A los hombres les hablo en francés, a las mujeres en italiano, a dios le hablo en español y a mi caballo en alemán".

Yaotzin Botello dijo...

Es cierto que después de la tercera cerveza uno es más ruidoso. Yo creería que cualquiera en ese espacio cualquiera se hace inestable.

Y cada idioma tiene una musicalidad, sí, pero no creo que se reduzcan a ciertas áreas. Yo también comencé a conocer el alemán como un idioma para gritar, para ordenar. Una compañera alemana que conocí en México en las clases de francés quería aprender francés para comunicarse dulcemente con una parte de su familia y no sólo con enojos, como me contaba. Pero entonces yo llegué a Alemania, aprendí alemán y vi cuán musical y amoroso, profundamente romántico, éste puede ser.

Lo que me interesa ahora es ver por qué los alemanes tienen una gran nostalgia por el silencio, qué ven en la comunicación fuerte, ruidosa, llena de palabras 'vacías', qué significa ser preciso en un idioma.

IRENE SAVIO dijo...

Sólo un comentario.. Cicerón o estará bailando sobre su propia tumba o llorando de depresión… creo más la segunda.
Un besazo,
Irene

vicereinestfeir dijo...

Cada cierto tiempo me gusta pasar por tu blog y leer algo. Creo que un día podré decir que he leído todo. Me encantó la diferencia entre los partidos narrados por españoles/latinos y alemanes.
Un día veíamos el fut por internet y mi novio (alemán) se encontró con una transmisión en español. A los pocos minutos buscó otra porque decía que se sentía aturdido porque hablaban mucho y muy rápido.
En otra ocasión me enseñó un vídeo en polaco. Creyó que era español... A pesar de todo dice que quiere aprender mi idioma y -no entiendo por qué- pero le encanta cuando yo digo "ventilador". Komisch.

Saludos :))

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