lunes, octubre 24, 2011

Cuidado con la señorita Hoyo


Lisa Loch en el
Talk Show de Anne Will

Los adolescentes de estos días destrozan a sus compañeros de escuela por internet. Lo hacen de manera anónima. Inventan rumores y se insultan en páginas donde hay acoso o mobbing, o en las redes sociales.

La alemana Lisa Loch, ahora de 26 años de edad, también pasó por este infierno.

Lo especial en ella fue que no sufrió un mobbing por parte de alguien anónimo, sino de una estrella de televisión del país, el moderador del programa cómico "TV Total" Stefan Raab.

Todo empezó en 2001 cuando Lisa Loch tenía 16 años de edad y participó en un concurso de belleza llamado “Miss Allemagne”. A las cámaras de televisión ella salió diciendo “hola, mi nombre es Lisa Loch y tengo 16 años de edad”.

La frase se convirtió en una burla. Millones de televidentes lo habían visto y Lisa no lo sabía. El moderador de televisión la repetía una y otra vez en su programa TV Total como una broma pornográfica.

El apellido de Lisa en español se traduce literalmente como Hoyo. Lisa Hoyo. Y el moderador de televisión la rebautizó como Petra Pussy, o Petra Chocho en español.

Eso sucedió durante tres emisiones del programa. Fue peor cuando el partido político Los Verdes buscó entonces reducir la edad de voto a 16 años. Stefan Raab aprovechó la ocasión para mostrar un póster con la leyenda: “Partido de Lisa Loch, Hoyo para todos”.

Viene la pesadilla para Lisa. Lisa es acosada en la escuela, en internet e incluso en la calle. La joven es blanco de burlas sinfín.

La semana pasada, 10 años después del inicio de su acoso, Lisa apareció en uno de los talk shows periodísticos más importantes de Alemania, el de Anne Will, y explicó algunos detalles del asunto.

“Los profesores simplemente no querían ver lo que pasaba”, dijo la mujer, muy segura de sí misma ante las cámaras con su vestido morado y un nuevo corte de pelo. “Un profesor habría bastado”, insistió.

También recordó que tuvo que ir a ayuda sicológica y que pensó en proceder con una demanda judicial., aunque muchos le recomendaban dejarlo por la paz.

Pero ¿qué pasó? Lisa Loch prosiguió con la demanda y las instancias le dieron la razón. Y casi en los primeros intentos. Un juez le falló a favor pidiendo 70 mil euros por daño moral.

Stefan Raab fue el gran perdedor y no volvió a hablar del tema. Su programa sigue. Lisa Loch terminó la escuela y ahora está en la universidad al tiempo que trabaja como modelo y actriz.

miércoles, octubre 19, 2011

Mucho ruido y pocas nueces



En los bares y el transporte público de Berlín me ha tocado ver cómo uno que otro alemán frunce el ceño. Lo hace cuando escucha hablar a españoles entre sí. El gesto es como si de ellos viniera un olor inaguantable. Pero no, sólo son palabras que al parecer lastiman los delicados oídos alemanes.

Cuando digo que en un bar lo vi no exagero. Esta imagen la tengo bien pegada en una parte de la corteza cerebral. Veíamos un partido de futbol de la Champions League y un español sentado platicaba con uno que estaba parado (no consiguió lugar por llegar tarde). El partido se desarrollaba. Y en un momento los sobrecejos caídos de una alemana se convirtieron en una petición: ¿no se podrían callar? La situación se elevó casi al punto de golpes y después se calmó con un par de cervezas.

Pero del ruido no sólo son responsables españoles, sino italianos o latinoamericanos. “Südländer”, como dicen los alemanes, o sea gente de sangre caliente. Y ahora resulta que el ruido no es todo. El contenido también, pues los españoles hablarían mucho y no dirían nada.

Me explico. Un grupo de lingüistas franceses recientemente publicó en la revista Language un estudio sobre las maneras de hablar de otros pueblos. Entrevistaron a 59 personas a las que les dieron a cada una 20 pequeños textos a leer. Cada texto era diferente, pero pequeño.

Resultó que los españoles, franceses o japoneses leen mucho más rápido que chinos o alemanes. Y resultó que los que leen más rápido normalmente tienen que añadir más texto a lo que dicen. “Los distintos idiomas necesitan una longitud diferente para contar la misma historia”, dice uno de los autores del texto, François Pellegrino. Lo que yo entiendo de esto, puesto que cada ser examinado tenía un texto dado, es que se improvisaba añadiendo más blablablá. Y tomando esta inferencia, una de las aparentes conclusiones del estudio es que entre más rápido se habla (en) un idioma, menos contenido se tiene.

“El alemán es especialmente lento de acuerdo con ello, pero indudablemente eficiente”, dice al respecto un texto del semanario Der Spiegel, congratulándose del idioma alemán.

Pero todo esto es tan subjetivo como querer escuchar un partido de futbol narrado por Südländers, con mucho blablablá y demasiado GOLGOLGOLGOLGOLGOLGOLGOL, o querer hacerlo como en Alemania, con un Badstüber…………………………………………………..Gómez………………………………………………………………………………Müller, gol.

Cada lado tiene sus ventajas, sólo no hay que fruncir el ceño sino tendremos que usar cremas de más de 800 euros para recomponerlo.

lunes, octubre 10, 2011

La escena del crimen




La semana pasada me puse a ver el Tatort, uno de los programas más vistos en Alemania. El Tatort o en español "escena del crimen" es una especie de esas series popularizadas en Estados Unidos como CSI, crime scene investigation.

El problema es que la serie alemana es malísima. Lleva décadas siendo producida para cada fin de semana y no es un programa que se pueda tomar en serio. Y hablo de en serio para la diversión. Me recuerda a veces las películas mexicanas. Cada generación hay una nueva camada de cineastas y actores (bueno, de actores no) que siguen haciendo lo mismo.

La semana pasada me volví a animar porque me llamó la atención una novedad que anunciaron. Como comisaria (la serie es llevada de la mano por personajes principales que son conocidos como comisarios, una especie de fiscales o policías investigadores), pondrían a la actriz de origen turco Sibel Kekilli. Ella es conocida por su papel principal en la cinta Contra la pared, que ganó el Oso de Oro de la Berlinale en 2004, entre otras cintas mucho más coloridas. La actriz todavía busca su futuro como tal. Pero eso no era todo, pues también se dijo que el Tatort tendría una edición como la de Dexter, aquel programa gringo del asesino serial de asesinos seriales, que tiene una estilización que logra haciendo un suspenso gourmet.

Kekilli sorprende con un papel del tipo de Lisbeth Salander, la ruda investigadora de las novelas del sueco Stieg Larsson, como una aprendiz de informática para ayudar a encontrar pistas de un crimen. Esto le da un chispazo a los aburridos y predecibles comisarios alemanes, por quienes aparentemente la serie de Tatort ha logrado sobrevivir tantos años (este tema está a debate y me gustaría que algún alemán aportara ideas al respecto porque los comisarios alemanes podrían deber su aguado éxito a un hecho más formal y protocolario como el hecho de que los alemanes tienen una profunda confianza en sus autoridades cono los policías y que la serie apuesta a una Alemania unida, pues cada semana llega un comisario de un estado diferente).

Lo que no terminó de cuadrar fue el suspenso gourmet tipo Dexter. Las ideas de estilizar las escenas de sangre y del lugar del crimen fueron buenas pero resultaron cortas y al final opacadas por el comisario.

En fin, no pretendo esperar una mejora de la serie, aunque si quisiera entenderla y llegar a comprender la pasión de los alemanes por ella. Así podría ir a echarme unas cervezas al bar más cercano de mi casa que, como si fuera partido de futbol, muestra el Tatort en pantalla grande en función de domingo por la noche.

lunes, octubre 03, 2011

Unidad Alemana: lo típico alemán


Tomado del texto original del Berliner Zeitung.



Hace unos días me pidieron escribir una pequeña colaboración para el diario Berliner Zeitung. Me dijeron que tenía que ser con motivo del día de la Unidad Alemana, es decir este 3 de octubre. Este es el día en que se formalizó la reunificación del país, en 1990, después de que había estado dividido por el Muro de Berlín.

Pero mi colaboración no trató de eso. Mi colaboración fue más bien sobre el tema lo “típico alemán”. Eso fue lo que me pidieron a mí y a otros 8 periodistas corresponsales en Berlín. Es un día que los alemanes han tomado para ver qué es lo alemán. A los alemanes, a diferencia de los mexicanos por ejemplo, les gusta saber cómo los ven los extranjeros. El acto puede tener cierta perversión si se piensa que a la pregunta “¿qué es típico alemán?” uno tendrá sobre todo críticas fuertes.

Lo “típico alemán” es una frase que dicen sobre todo los alemanes cuando ven a un compatriota suyo en el extranjero comportándose como, justamente, alemán. Uno de los colegas toca esto en su colaboración pero lo resumo brevemente. Se trata de ese alemán que se comporta como un naco, un cutre, fuera de su país, como por ejemplo el que aparta camastros en la alberca a las 6 de la mañana mientras se va a terminar de despertar y a desayunar.

Pero el hecho que los alemanes quieran pensar en esto preguntándonos a los extranjeros, me parece también un acto de reflexión sobre sí mismos como no lo veo en otros pueblos. Denota cierta inseguridad, pero definitivamente reflexión. Y yo creo que no siempre tienen que ser cosas malas, sino que también puede haber buenas sorpresas. He aquí lo que yo escribí:

“Esa mujer buena onda que me vende mis panes odia el clima. Llego por las mañanas a su tienda, nos vemos y lo primero que escucho es una maldición: maldito clima. Lo entiendo si afuera hay un aguacero o si hay una tormenta. Pero ella se enoja siempre por el clima. A veces incluso porque hace demasiado calor. En México es raro comenzar una plática con el clima. En Alemania siempre, quejándose. Hace no mucho estaba con mi suegra, y ella se sentía un poco mal, casi enferma. El clima, según dijo, habría estado influenciando su circulación sanguínea. Muchos alemanes creen eso.
 “Lo típico alemán es también esta cultura del debate. En la televisión siempre hay debates. Periodistas, expertos, políticos discuten sobre el tema más actual. A veces incluso hay un debate sobre otro debate existente. A mí me impresiona que hay políticos o incluso la canciller Angela Merkel en los debates por televisión en vivo. En México nunca se podría ver a un político discutiendo con sus críticos en vivo en televisión. Los políticos mexicanos más bien tuitean, y ahí no hay gran posibilidad de réplica. Es más, quien critica al gobierno fuerte podría tener problemas.
 “Algo que me ha impresionado aquí son las bodas. Los invitados preparan juegos, hacen un periódico, dan discursos. Y sin embargo se dice que los alemanes son fríos y cerrados. En las bodas a mí me ha tocado ver todo lo contrario, dan todo. Muchas veces me preguntan a mí si las bodas en México no son mejores. Pues bien, ahí van como 300 personas, hay comida rica y picante, y el tequila corre a todo momento. Pero uno nunca se acerca tanto a los novios ni a sus amigos como en una pequeña y sincera boda alemana”.

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