miércoles, febrero 23, 2005

* El cine y los vaqueros salidos de la pantalla


Después de arduos días de trabajo durante el Festival Internacional de Cine de Berlín, conocido en el mundo cinéfilo como Berlinale, volví al mundo real. Bueno, al mundo real sin chiste porque ése que se muestra en las películas es todavía más crudo y más cierto que en el que estamos ahora y en este lugar.

Las películas tienen cada vez menos ficción, y si la tienen, son malas. Eso dicen los expertos. Lo cierto es que dos de cada tres películas que vi por día durante los 10 días que duró la Berlinale eran documentales o películas a manera de documental. Sí, sí, películas documentales es la palabra correcta para documental, pero quiero utilizar las palabras que todo el vulgo/la vulgata utiliza.

Así pues, película = ficción, documental = realidad. Entonces una película documental será para mí, en este texto, un documental con elementos de ficción que van desde la música hasta el intercambio de tiempos (o sea algo no lineal).
¿Esto es complicado o soy yo el complicado? Siento que ya no me entiendo.

Documentales como Lost Children; Männer, Helden und schwule Nazis; 2 oder 3 dinge, die ich von ihm weiß; El Inmortal, Gender X, George Michael a Different Story y muchos más son proyectos de cineastas que se han convertido en periodistas. Ellos fueron a hurgar en lugares recónditos de nuestro planeta (o aquí a la vuelta de la esquina) para presentarnos lados de nuestra sociedad que están en frente de nuestras narices sin realmente darnos cuenta.

¿Quién hubiera imaginado que había nazis gays fuera de la teoría que rodea a Adolf Hitler? peor ¿quién hubiera imaginado que entre los ahora llamados neo-nazis hay gays? ¿o que una familia común y corriente no puede lidiar con la sombre de un antepasado de ellos que perteneció a las filas del partido nazista? ¿o que otra familia durante la guerrilla nicaragüense estuvo dividida entre las balas y que dos hermanos estuvieron enfilados al mismo tiempo uno en la guerilla y otro en el ejército? ¿o que los niños de Uganda tienen que vivir con el estigma de haber pertenecido a las tropas de resistencia o, peor, que ellos mismos tienen que vivir con las marcas de mutilaciones corporales? ¿o que el mismo George Michael, a pesar de ser una persona famosa, tuvo que lidiar con la muerte de su güey mientras cantaba en el tributo a Freddie Mercury (ambos arrastrados por el SIDA)?

Todo esto en la era de internet, de la información inmediata a la mano.
Por eso las películas de ficción se quedan cada vez más atrás, a menos que nos hagan reír bien en un buen domingo de reposo.
Pues bien, esos 10 días de cine, del 10 al 20 de febrero, fueron aleccionadores para el que hace este blog y quizás para todos los asistentes a algún festival de cine.

Y ahora estamos de vuelta en una realidad donde los únicos vaqueros que están
fuera de pantalla no son nuestros héroes, hoy sobre todo que llegó George W. Bush a Berlín y cuya presencia sólo alza aquí a todos aquellos espíritus pacifistas que no quieren después encontrarse en una película documental.
Para cerrar con este día, dejo más abajo un texto que hice sobre esto último.

Yaotzin.

¿Por qué los alemanes odian a Mr. Bush?

La pequeña ciudad de Maguncia, mejor conocida en alemán como Mainz, fue transformada en una fortaleza más efectiva que cualquier búnker de antaño debido a la visita este miércoles 23 de febrero del presidente estadounidense George W. Bush.

Los alemanes no lo quieren en su país y muchos grupos manifestantes tratarán en vano hacer notar sus protestas, pero las Fuerzas Armadas de Alemania fueron declaradas en estado de alerta y blindaron en un par de días la que fue ciudad de Gutenberg.

El espacio aéreo estará cerrado casi 60 kilómetros a la redonda, los ríos Meno y Rin serán bloqueados al tráfico, así como algunas autopistas; los botes de basura, buzones y máquinas expendedoras de cigarrillos serán retiradas temporalmente y hasta se había hablado de un corte de la red de telefonía celular por espacio de dos horas, el tiempo que estará ahí el mandatario estadounidense con el Canciller alemán Gerhard Schröder.

Parecía que no se podía hacer más en esta ciudad de 200 mil habitantes al oeste de Alemania, cerca de Francfort, hasta que ayer todavía la policía se puso a cotejar el padrón de habitantes registrados con los apellidos que están escritos en los timbres afuera de las casas.

Si bien esto molestaría a los ciudadanos de cualquier parte del mundo, los alemanes ya tenían un odio exacerbado hacia George W. Bush y su política exterior.

“Bush padre impulsó la unificación alemana en una de sus visitas en 1989, pero ahora su hijo es odiado por casi cada alemán por sus ínfulas fascistas”, explicó Andreas Etges, especialista del Instituto John F. Kennedy para Estudios Norteamericanos de Berlín.

Él no es berlinés
En su viaje a Berlín de mayo del 2002, durante su primera administración, el presidente de Estados Unidos se encontró con una de las mayores manifestaciones contra la planeada guerra de Iraq, además de una frase simbólica que tuvo mucho eco: “Mr. Bush, you are not a Berliner!”.

Esa frase que en español rezaría “Sr. Bush, ¡usted no es un berlinés!” tiene su simbolismo en la que hizo célebre el ex presidente John F. Kennedy cuando vino en 1963 para ofrecer solidaridad a los entonces ciudadanos de Berlín Occidental: “Yo soy un berlinés”, que además pronunció en alemán.
“Los alemanes querían decirle en un tono sarcástico que él (Bush) no significaba para ellos lo que Kennedy y que, además, no era bienvenido”, recuerda el profesor Etges.

Y es que, de acuerdo con el especialista, en George W. Bush los alemanes ven la imagen de un vaquero arrogante que por cualquier forma quiere llegar a la guerra, un tema que en Alemania ha cuidado mucho dada la experiencia de las dos guerras mundiales.

Antes de las votaciones para su reelección presidencial en noviembre de 2004, encuestas demostraron la oposición de los europeos a un segundo mandato de Bush, en Alemania el rechazo llegó a un 80 por ciento de personas.

Entre los países que estaban en contra de la invasión estadounidense a Iraq se encontraba Alemania, que provocó una ruptura con el primer gobierno de Bush y otra famosa frase, esta vez de Condolezza Rice: "Castigar a Francia, ignorar a Alemania y perdonar a Rusia", los tres países con cuyos gobernantes ahora se reúne el presidente en su gira.

“No hay un historial de malas relaciones diplomáticas con Estados Unidos salvo la guerra de Iraq, por lo demás es una especie de vaivén: Kennedy fue muy querido, Reagan odiado por Vietnam, Bush padre querido por la unificación, Clinton popular y vitoreado, y ahora Bush hijo odiado.

“Los alemanes no odian a Estados Unidos, sino a quien esté a cargo de su administración y tiene que ver sobre todo porque después de la Segunda Guerra Mundial son reticentes a cualquier conflicto bélico, y Bush es la viva imagen de la guerra”, dijo Etges.

Esta idea se exacerba cuando se compara también de manera histórica que los alemanes del Este crecieron cerca de 40 años encerrados en un sistema comunista que les hacía ver a Estados Unidos como un poder imperialista.
Protestas a toda costa
Como parte de su gira por Europa y de sus planes de presentar su política en el segundo mandato, Bush se encontrará con Schröder para intentar limar las asperezas y, quizás, hablar de temas como la compenetración estratégica para el proceso de paz con Iraq; embargo de armas a China; cambio climático; despliegue adicional de tropas y democratización de Medio Oriente.

Su recibimiento empezó desde ayer en la noche porque la coalición alemana “Not Welcome Mr. Bush” organizó movilizaciones en 50 ciudades del país y una principal en Maguncia donde se esperan oficialmente entre 5 y 6 mil asistentes, y extraoficialmente hasta 20 mil.

“No entendemos porqué tiene esa política de invasiones militares y no queremos que venga a persuadir a nuestro gobierno de enviar más tropas a ningún lado, no somos ningunos títeres. Además la seguridad que ahora nos impide manifestarnos nosotros la pagamos con nuestros impuestos”, explicó en entrevista uno de los principales organizadores, Reiner Braun.Aunque, claro, con la fortaleza en que se ha transformado la pequeña ciudad de Gutenberg y con la única área designada para manifestaciones, la estación central de trenes, es casi seguro que Bush ni se dará cuenta que la gente no lo quiere.

3 comentarios:

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