viernes, agosto 18, 2006

De visita por la redacción de Berlín ---> o de cómo aprendí a odiar a Günter Grass.

Mis papás lo quisieron: se aventuraron a visitar la redacción de su hijo en Berlín y, heme aquí, haciéndolos sufrir con mi trabajo.

Cuando recibo visitas, normalmente dejo espacios para pasear a la gente, para presentarles mi ciudad, para enseñarles cómo vive un mexicano en Berlín. Siempre he tenido tiempo para todos, pero esta vez, con mis padres, todo ha sido diferente.

Los pbres llegaron al aeropuerto de Berlín el martes por la noche, la misma noche que recibí una llamada urgente de mi periódico en México. Todavía no les había dado un abrazo cuando ya tenía que estar saludando a mi editora de Cultura: los demonios de Günter Grass andan sueltos y necesito que lo reportes. Bueno, pero como de verdad era inhumano hacer algo en el aeropuerto y justo al recibir a mis papás de un gran viaje desde México, ese día no hice nada. No hubiera podido hacerlo aunque hubiera querido. La redación de Berlín quedó cerrada en ese momento.

Por si fuera poco, mis padres querían llegar a Berlín para festejar mi cumpleaños con una gran piñata. Esa tradición mexicana de colgar una olla de barro disfrazada de estrella para hacerla añicos con un par de palazos. Pero la piñata no llegó. Fue el único de cinco grandes maletas cargadas de productos mexicanos que no llegó. Asi que tuvimos que empezar a rastrearla. El estrés estaba al máximo.

Después resultó que en el aeropuerto de Londres se la quedaron para empezar a romperla ahí. Seguro que los trabajadores de Britisch Airways eran unos ilegales mexicanos que quisieron aprovechar la oportunidad. Y esto lo sé porque la piñata llegó al día siguiente hecha pedazos. Mi madre rompió en llanto, era la única esperanza que mantenía viva de Berlín después de que su hijo estaba ausente investigando sobre Grass, quien calló su secreto de pertenecer a los ejércitos paramilitares de Hitler por 61 años.

Los días han sido complicados. El buró de Berlín abre de cuando en cuando, los padres tienen también a un guía de turistas de cuando en cuando, y mi mujer también me puede disfrutar de cuando en cuando. La redacción se vuelve loca.

Yo he tenido que hacer muchas cosas a la vez y mi mamá descubrió que podría ser restauradora de arte (porque rearmó increíblemente la piñata, que sí podremos partir mañana sábado). Mi mujer tiene toda´via reservas de paciencia para mí y yo todavía tengo energías para seguir traduciendo esta sacrílega autobiografía de Günter Grass.

Pero seguro que el sábado, después de estar muy borracho, la quemaré con aceite al chipotle y después la tiraré junto con los desechos de la piñata por el WC.

Y.

miércoles, agosto 09, 2006

* Mi computadora será hombre

Anoche me llegaron unos correos. Creo que son correos para ser abiertos en el futuro. Uno tenía el año 2009 y otro, peor, el 2038. Estoy seguro de que eran algo malo porque mi correo Yahoo los acomodó inmediatamente en la "Bandeja de correo no deseado". Y, claro, ¿quién diantres va a querer recibir un correo que está fechado en el futuro? Eso sí, quien me los mandó algo habrá sabido de mí porque uno decía en la cabeza que me daban un préstamo de dinero con muy buenos intereses y otro que tenía que hacer algo con mi pene. No recuerdo exactamente qué, pero si yo vivo para esa fecha, ya será un milagro que me pueda levantar por mí mismo de la cama.

Nosé, quizás eran un virus que se activaría para esas fechas. Pero, mmmm ¿el virus del préstamo monetario? ¿o el virus del pene? Me quedo pensando. Para entonces las computadoras personales deberán de tener vida propia.

Ya lo decía algún experto informático, cuestionado respecto al aniversario del nacimiento de la computadora, o del pecé u ordenador como dicen en España: "el milagro del negocio de la microinformática no es fabricar productos de acuerdo a las necesidades del mercado o de la tecnología misma, sino alimentarse de lo que los usuarios apreciarán".

Así que alguien predijo, según la lógica billgatesiana, que mi computadora se convertirá en un macho independiente con posibilidades de padecer disfunción eréctil.

Bien, después de este pensamiento profundo sigo trabajando en el texto de la fabulosa ópera-musical Aída en Fuego (Aida on Fire), una nueva creación de un productor alemán de nuestra generación, quien nos demuestra que hasta Alemania tiende a hacer cosas como en Estados Unidos.

Y.
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