lunes, agosto 25, 2008

Dentista con huevos


Mi dentista en Berlín es especial.

Hace unos tres años, cuando casi acababa de llegar a Berlín, me busqué a uno que hablara español. Mi alemán era para dar vergüenza y con el dentista no quería ni pasar vergüenzas ni gastar tiempo. Acudí al tío Google y puse "dentista, español, Berlín" y creo que la palabra "mexicano" o "México" y, tarán, que me sale una dentista mexicana relativamente cerca de donde vivo.
Saqué una cita de urgencia y ese mismo día me atendió. Cuando me recibió me dijo: "mira, las cosas no se hacen aquí así. Normalmente en Alemania hay que sacar cita con anticipación, pero ya que es una urgencia, veamos…"
Desde entonces, cada vez que me recibía, ponía música de Luis Miguel y utilizó los mejores materiales de curación. Mi seguro era privado y había que pagar primero todo en efectivo.
Pero las cosas han cambiado. En mi proceso de metamorfosis no sólo logré una licencia de manejo, sino un seguro alemán. Y ahora mi querida dentista mexicana me lo dejó saber. En mi primera cita, ya con este nuevo seguro, ella salió de su oficina y me dijo que la esperara 10 "minutitos". Bueno, pues me la aplicó, fueron 10 minutitos mexicanos: la manecilla del reloj de pared había recorrido de polo a polo. Salió, no ofreció disculpas, me atendió, esta vez sin música de Luis Miguel, y cuando terminó le pregunté por el material que usó. Sólo por curiosidad. Y me confesó que era algo que mi seguro incluía. Es decir, algo más barato, una aleación de algo con algo. "Si quieres algo como lo que te ponía, luego lo podemos cambiar pero me tienes que pagar entre 15 y 20 euros por diente", me dijo.
OK, así quedó. Además no me hizo todo lo que necesitaba y ahora tengo que volver de nuevo.

Lo peor fue que mientras yo la esperaba me quedé platicando con su secretaria, una linda señora berlinesa que, como sus congéneres, se queja por cada centavo que tiene que gastar de más. Ella me leyó la cartilla de lo que significa tener seguro en Alemania y cómo sufren los que reciben ayudas sociales. Hablamos de las diferencias con México y de repente me dice:

"¿Y la gente en México tiene seguro o cómo paga el dentista? ¿con huevos?".

¿¿¿¿¿¿??????

La próxima vez llegaré con una canasta de huevos a ver si me atienden mejor.

jueves, agosto 07, 2008

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 17. ¡Recibida!

Son las 11:44 y estoy saliendo de la oficina de licencias. El tramite no duro mucho.

Me llamaron al mostrador 1. Una senora me recibio. Me ofrecio sentarme, buen dia, buen dia contesté. Me vio y luego miro mi pasaporte. Hizo algo en la compu y sin despegar los ojos de la pantalla me dijo que se quedarian con mi licencia de México. No miento, me dolio dejarla. Antes le hice una foto de despedida, je.

Me extendio unos papeles que me hizo firmar, luego hizo una anotacion al dorso de la nueva licencia. Era la fecha de hoy.

Y me dijo: 'Herr Botello, desde hoy puede manejar en Alemania. Mejor dicho, en la Union Europea'.

El sol brilla hoy. Me voy a una playa a celebrar y luego pienso en rentar mi primer auto.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.
Capítulo 5. El temor de los lentes.
Capítulo 6. La terapia de los lentes.
Capítulo 7. El último trámite de la primera etapa.
Capítulo 8. El hoyo veraniego.
Capítulo 9. Fin de la primera parte.
Capítulo 10. Fuera la ira.
Capítulo 11. El medio ambiente y el auto.
Capítulo 12. Be-Gut-Achtung!
Capítulo 13. Señales de tránsito.
Capítulo 14. Bestanden teórico. Fin de la segunda parte.
Capítulo 15. Reflexiones interexámenes.
Capítulo 16. Bestanden práctico.

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 16. Bestanden práctico.

Esta es la puerta a la gloria.

Acabo de bajarme del auto donde un examinador bigoton y mi profesor me felicitaron por haber pasado mi examen practico de manejo.

Herzlichen Glückwunsch Herr Botello, Sie haben Ihre praktische Prüfung bestanden!

Y estrechamos las manos.

Le invité un café a mi instructor (el examinador se fue a otra prueba) y ahora me encuentro donde todo empezo hace un anio: la oficina de licencias.

La puerta de la foto tiene que abrirse a las 11 en punto y tendré mi licencia alemana.

¿Es un suenio?

Faltan 8 minutos para la gloria.

martes, agosto 05, 2008

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 15. Reflexiones interexámenes.

Cada vez me comporto más como un alemán.

No sé si fue buena idea intentar sacar esta licencia. Muchos colegas y amigos me dicen que es un trámite burocrático normal y que como tal no debo pensar demasiado en él. Otros amigos y mi familia celebran que me haya animado a hacer un trámite tan difícil, y que casi esté a punto de lograrlo. Y yo pienso ahora que quiero conservar mi personalidad mexicana, y que para ello no debí de haber iniciado el proceso de sacar una licencia de manejo alemana.

Después de haber estudiado mis casi 700 preguntas para el examen teórico y de haber tomado unas horas de manejo para practicar para el examen, siento que me estoy transformando. No sólo entiendo a los alemanes y a su país, sino que me estoy volviendo como ellos. Me explico, en términos de manejo, claro: la primera vez que me subí al auto de la escuela de manejo para mis prácticas, yo veía normal acercarme a la luz roja y casi pasármela. Era una luz roja que hacía detener a los autos a la mitad de una avenida. No era un crucero de autos. Al frente, el resto de la avenida, estaba vacío. A los lados no había peatones. Y apliqué la mexicana y me acerqué al semáforo medio frenando, pero casi listo para pasármelo. Eso en México es normal. Mi instructor me gritó y no sólo para respetar la regla sino del susto que le metí. "Me dio mucho miedo esa acción", me confesó después. (Ay, no mames, le dije con mis ojos). Luego me disculpé.

Hoy, cuatro clases de manejo después, estaba en el auto con el instructor y a todos mis movimientos me decía "Jawohl", que es una forma alemana de aprobar una acción, algo como "así, perfecto". Poner la direccional a tiempo, frenar con tanta distancia y no pasar los 30 o 50 kilómetros por hora que dictan las calles de Berlín. "29.5 sería mejor", dice mi instructor y 29.5 hice la última vez.

Este cambio en mí no es una fachada, nada de farsa, hay que pensar alemán para fluir por las calles de Berlín, para andar por la vida de Alemania.

-¿Por qué no te detienes por completo donde está la señal de Stop?

-Porque me aseguré bien y no viene ningún auto.

-Sí, tienes razón, pero eso significa que sí viste la señal de Stop ¿no? Lo que a su vez significa que no la respetaste deliberadamente, es una infracción. ¡Tenías que detenerte!

Después le pregunté a mi instructor si en la vida normal él maneja como me está obligando a mí, y me dijo que sí, que está obligado a hacerlo porque es instructor de manejo y si pierde la licencia se queda sin el pan de cada día.

Le pregunté eso porque veo que mucha gente rompe las reglas. Hay autos que me rebasan cuando yo voy a la velocidad permitida, gente que da la vuelta mal y otras cosas, aunque nada maligno, nada como en la Ciudad de México. El tránsito vehicular, como la vida en Alemania, está muy reglamentado para que funcione perfecto. Las señales están matemáticamente puestas en cada esquina y las reglas están escritas para que las entienda cualquiera. Y ahí donde parece que hay vacíos, es donde incluso entra la confianza.

-¡¿Qué haces volteando a la izquierda?! El ciclista no tiene prioridad, ¡tú la tienes!

-Pues sí, pero está casi cruzando y no lo quiero atropellar.

-Sí, pero es su culpa, no debe de cruzar.

Por eso peatones y ciclistas deberían de conocer sus propias reglas para andar en la calle. Si ellos están bien, los conductores estarán bien, y viceversa. Confianza y planeación son las palabras clave.

Cuando vaya a México ya no podré manejar como mexicano.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.
Capítulo 5. El temor de los lentes.
Capítulo 6. La terapia de los lentes.
Capítulo 7. El último trámite de la primera etapa.
Capítulo 8. El hoyo veraniego.
Capítulo 9. Fin de la primera parte.
Capítulo 10. Fuera la ira.
Capítulo 11. El medio ambiente y el auto.
Capítulo 12. Be-Gut-Achtung!
Capítulo 13. Señales de tránsito.
Capítulo 14. Bestanden teórico. Fin de la segunda parte.

Capítulo 16. Bestanden práctico.
Capítulo 17. ¡Recibida!
Apéndice 1. ¿No que sí?

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