viernes, noviembre 06, 2009

Vaqueros negros, punks y 68eros.


Esta escena no habría sucedido si no se hubiera caído el Muro de Berlín.

Me subo al metro. Lo primero que veo es a un hombre como de dos metros de alto. Él iba parado en el vagón pero con la cabeza gacha, no cabía. Traía puesta una playera y un montón de pelos. Parecía que desde el 68 no se había cortado los pelos ni las barbas, todos blancos y tan largos como esta historia de hippies. La panza que le salía podría haber desafiado a la de cualquier policía de tránsito de México. Y que mi madre me perdone, pero seguro que Jesucristo se vería así hoy en día.

Apenas vi la bolsa de mercado que llevaba este monstro 68ero, me distraje con un par de perros que estaban echados al lado. El dueño de los perros iba al lado. Estaba sentado, dando tragos de cerveza en cada estación y preguntándoles a sus canes cómo se encontraban. Alles wird gut, alles wird gut, todo está bien, les decía. Otro trago. Sus pantalones tipo piel de leopardo, sus botas negras con agujetas rojas y sus tantos piercings con los que seguro no puede dormir boca abajo lo delataban como un punk. Ah, sí, y su peinado de cepillo pule zapatos.

Estaba viendo su arete izquierdo en forma de signo de interrogación y lleno de diamantes, cuando otro tipo me hizo voltear súbitamente: era un hombre que dentro del vagón se colocaba sus lentes para sol. ¿Estará muy brillante la luz de neón?, me pregunté. Quizás él es más sensible. Era un hombre tan negro como los pensamientos que yo tenía. Y por alguna razón yo sentía que esos lentes de sol no hacían sino acentuar esos pensamientos. Esos lentes añadidos a su sombrero negro de vaquero, a su chamarra de cuero, a sus botas de montador de vacas y a los guantes negros que en ese momento se comenzó a colocar. Si yo lo habría visto en Texas, pensaría que se dirigía al partido de los Dallas Cowboys porque además iba acompañado de dos vaqueritas negras que, al contrario del frío que él sentía, ellas iban con unas minifaldas tan cortas como un sueldo de periodista.

Llegamos a Alexanderplatz y nos bajamos todos. Supongo que nos bajamos ahí para manifestarnos simbólicamente por la libertad de ser. Aquí se liberó un pueblo hace 20 años y ahora lo hacíamos nosotros.

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