viernes, julio 22, 2011

El salvaje, salvaje Este (Ossilandia para principiantes)

Mucha gente habla de la Ostalgie como esa nostalgia de los alemanes del Este de extrañar su país que ya no existe, la República Democrática Alemana, RDA. Se habla de ella en los medios como si hubiera una gran pasión por regresar a los tiempos comunistas.

Pero la reacción a esto ha caído en un discurso tan banal que por ahí se abren bares con muebles tipo RDA, tiendas de juguetes de madera como de tiempos de la RDA, un museo donde se pueden ver productos de cocina de la RDA, un tour en Trabant por el viejo Berlín e, incluso, un hotel donde uno puede dormir con la fotografía de Honecker colgada en la pared. El hotel, para colmo, se llama Ostel, Ost en alemán de Este en español, acomodándose dentro de la palabra hostal.

Y no le quito la emoción que puedan causar algunas de estas actividades “ostálgicas” en Berlín. Se vale. Pero en realidad no hay que tener que hacer este tipo de viajes para ver que el Este, el verdadero, el salvaje, todavía existe ahí.

Para ello hay que buscar una lectura de libro de Alexander Osang. Si uno hojea el Berliner Zeitung, seguro que por ahí hay una anunciada.

Osang, otrora periodista del Berliner Zeitung y ahora del semanario Der Spiegel, se ha vuelto el portavoz de los ex habitantes de la RDA, los bien ponderados ossis. La gente lo quiere escuchar y ver como alguien que, proveniente de una clase social oprimida y con prejuicios, tuvo éxito en Alemania y el extranjero. Y donde él aparece, ahí se juntan todos.

La última vez fue la semana pasada. Leyó extractos del nuevo libro que escribió con su mujer, Anja Reich, “Wo warst du? Ein Septembertag in New York”, ¿Dónde estabas? Un día de septiembre en Nueva York, que trata sobre las aventuras de él como corresponsal en Estados Unidos del Spiegel mientras sale a cubrir el atentado a las Torres Gemelas y su mujer lo espera en casa.

Uno se da cuenta qué tipo de gente asiste al evento por cosas tan sencillas como el hecho de que Anja Reich, al describir que está en el dentista en Nueva York y éste le nota las “viejas amalgamas” de la RDA, la gente explota en risas. Anja Reich también es del Este. Todos los que están a mi alrededor son del Este. Ropa informal para el evento, hombres con cachuchas, mujeres con pelos desaliñados, y gente con pantalón y chamarra de mezclilla, algo que sólo se veía en los años ochenta.

Después me dijeron además de la forma de ver hay ciertas actitudes que distinguen a los ossis. Una de ellas es esta palabra: “drängelnde Leute”, gente que empuja. No sé si esto sea propio de ellos, pero al llegar al evento, había una fila enorme. Yo tenía mi lugar ya apartado y al querer acercarme con el portero dos mujeres que apenas podían estar de pie lograron cerrar filas contra mí. Ambas levantaron los codos para que no me colara. Sólo me vieron de reojo, nunca me confrontaron ni nada. Estaban muy fuertes (supongo que el hecho de ser original “drängelnd” les había dado fuerza).

Otra actitud es la de llegar súper temprano a apartar lugar. El evento era a las 7 y la gente estaba haciendo fila a las 6. El lugar tenía 600 lugares y a las 6:10 que abrieron las puertas ya estaba casi todo apartado. Al final éramos como 800 con toda la gente parada y sentada en el suelo.

Y bueno, a todo esto yo le veo un parecido con los mexicanos de antaño también. Quizás por eso me identifico con los ossis. En ese evento yo me sentí como una de esas asambleas del Sindicato de Electricistas a las que llegué a ir de chico. Mala luz (alguien le gritó a Osang mientras leía “hey, yo no lo veooo desde acá”. Y claro, el tipo que gritó no sólo era el número 800 de la sala, sino que la luz que debía de iluminar la cara de los panelistas no funcionaba), mal sonido de micrófono (ese sonido que te rechina hasta en las muelas) y mal aire acondicionado (“algo me está goteando aquí”, dijo Anja Reich interrumpiendo su lectura).


En fin, 22 años sin muro pero todavía con el ambiente que se vivía atrás de éste.

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