miércoles, julio 13, 2011

El tren, escena de crimen (Tatort ICE)

Vas en un tren. A 300 kilómetros por hora se abre paso por los campos verdes de Alemania. A la distancia se ven parques de turbinas eólicas y una que otra casa idílica.

De repente, enfrenón.

Suena como si el tren sacara garras para detenerse por las vías. Muge incluso como una vaca. Todo es revoltijo. Adentro la inercia es fuerte. Algunas maletas y cosas se caen. Así es como uno se imagina cuando alguien jala un freno de emergencia. El tren tarda en parar y, entonces, huele. Goma de frenos, fierro, líquidos.

Señoras y señores, por un accidente tuvimos que parar, se escucha por los altavoces.

La gente se desespera. Ya no se confía en los trenes. Se piensa que están haciendo otras “obras de construcción”, como siempre dicen cuando se paran, pero que tratan de sacar otros pretextos para no hacerse odiar.

A mí me tocó esta situación hace poco en un tren. Al final por el altavoz se volvió a escuchar que hubo un problema con la máquina. Alivio por saber lo que pasa y que, quizás pronto el problema será franqueado y se seguirá el camino.

Pero hace poco también supe por otra persona que, al haber vivido la misma situación descrita al principio, por su altavoz salió otro mensaje. Lamentablemente, el accidente fue con nosotros.

Una persona se había tirado a las vías.

Calma, calma, que no cunda el pánico, estimado lector. Eso es algo normal en Alemania. Se dice incluso que los maquinistas trazan líneas al frente de su moderna y gris locomotora para indicar cuándos muertitos ya se han arrastrado. Lo que no es normal es que pase en pleno verano, cuando hay luz, cuando hay sol, cuando las turbinas eólicas giran al ritmo de un tranquilo día de verano.

¿Qué se hace en un tren cuando sabes que alguien lo acaba de usar para quitarse la vida?

Y, digo, la pregunta es más retórica, porque cuando el tren se queda parado en la nada, sin poder salir, por espacio de dos, tres, cuatro horas, uno tiene al menos una computadora, un teléfono celular, un vecino de quién burlarse. Y con suerte, buen aire acondicionado (si no hace mucho calor, pues la tecnología alemana no es tan buena), y un vagón restaurante con comida (si es que no se ha acabado, porque en ese viaje a un controlador de boletos se le salió decir “siempre que hay muertos se nos acaba la comida”).

Na toll, como dicen los alemanes.

¿Qué se hace, pues?

Uno lleva retraso por la muerte de alguien. Uno piensa en que ese alguien tuvo que haberse ido hasta un punto en donde pudiera tirarse a gusto a las vías para que un maquinista no lo viera a lo lejos y pudiera frenar a tiempo. Uno piensa, como no puede salir, que debajo de tu vagón (como el tren tarda en frenar) puede haber una cabeza, o una mano, o un dedo ya de perdis.

El tren se ha convertido en una escena de crimen.

Tienen que llegar peritos, policía, forenses y, claro, un nuevo maquinista. Eso es lo más importante. El anterior pone su rayita al frente de la locomotora tiene que desalojar por crisis nerviosa.

Lo que parecía un prometedor día de verano para llegar a disfrutar en casa, con amigos, con una cerveza en un jardín, o quizás hasta en un lago, se convirtió en un pic nic (sin comida) en el tren porque para alguien más un día de verano era para hacer esto.

Después hablo con un periodista japonés. Sale esta anécdota a la plática y, rápido y frío como los servicios japoneses, dice que en su país están tan bien preparados para esto que la policía, los forenses y el nuevo maquinista llegan en cuestión de minutos para levantar la escena del crimen.

Eso es servicio. Algún maquinista espera sentado ahí en un cuarto a que haya un nuevo muertito.

3 comentarios:

Diego dijo...

Me encanto el comentario del controlador. "Siempre que hay un muerto, se nos acaba la comida!" El hombre lo tiene re asumido como un echo cotidiano ;)

Genial Post!

Marta Salazar dijo...

terrible situación... pobre gente... habría que ayudarla, explicarle que tiene mucho que dar y que recibir! evitar tantos suicidios... un abrazo!

Mariam dijo...

Que blog tan feliz!
Me encanta haberlo encontrado :)
Me hiciste recordar el bahncidio de Robert Enke.
Larga vida al Hannover 96! Mi "Heimat" alemán jajajaja.
Saludos de una peruana en Berlin!
Mariam

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