viernes, diciembre 07, 2012

Burocracia: Alemania vs. México

 
 
La mujer es determinante: la carta que quiero obtener del Deutsche Bank me cuesta 42 euros. Se trata de una hoja con un párrafo donde se lea que la institución asegura que alberga una cuenta a mi nombre, acompañada de dos firmas.
 
Estoy en una sucursal del Deutsche Bank en Berlín. Por mi pregunta, la mujer tuvo que recorrer dos oficinas y hablar con cuatro personas. Todo el banco se enteró que un mexicano quería una carta donde se confirmaran los datos de su cuenta.
 
Después de unos minutos, la mujer llegó de nuevo a su púlpito de servicio al cliente. Sacó unos papeles, eran una especie de manual de uso. Encontró un párrafo, se ajustó los lentes a la punta de la nariz y me leyó en voz alta: “el costo de un documento expedido por el Deutsche Bank para confirmar datos personales es deeee… -deslizó el dedo hasta el extremo derecho del párrafo-- …de 42 euros”.
 
Me la quedé viendo. Le arqueé mis cejas y le mostré toda la órbita de mis ojos. ¿En serio? Le pregunté. ¿42 euros por una carta que me pueden hacer en dos minutos? Le dije. Ella se reajustó sus lentes, me miró y me dijo, claro, mire, se trata de una carta… ¡hay que escribir algo y eso no lo hace una máquina! Además, ¿sabe?, una vez escrita hay que buscar, no sé, una, seguramente dos firmas. ¡42 euros se justifican! Me replicó.
 
En un nivel un poco más humano, la mujer me preguntó para qué quería esa carta, si para entrar a mi país o para qué. ((¿¿¿¿¿?????)) Y procedí a contestarle, pues mi respuesta era mucho más surrealista que su pensamiento:
 
Mire, le dije, como podrá notarlo, soy extranjero, y trabajo como periodista para medios de mi país. En estos ocho años que llevo en Alemania me ha ido bien con mis colaboraciones, últimamente con el tema de la crisis financiera. Pero ahora colaboré para una nueva editorial que para pagarme me pide no sólo los datos de mi cuenta en el extranjero, sino que una carta del banco al que pertenece esa cuenta para confirmar que ésta está a mi nombre.
 
¿Capito?
 
Ahora ella me arqueó sus delgadas –o pintadas- cejas y me enseñó el lado lunar de sus órbitas oculares.
 
La extrañeza por mi explicación nos unió y ambos pisábamos ahora el mismo suelo. ¿Qué, de verdad le piden eso? Me dijo, y continuó: Pues dígales que esa carta le cuesta 42 euros y que con eso usted perdería una gran parte del pago que espera. Muéstreles un estado de cuenta, ahí viene su cuenta, su nombre y nuestro logo, agregó. Y paso siguiente: me imprimió un estado de cuenta (sin costo alguno).
 
Entregué mi estado de cuenta a esta editorial mexicana para gestionar mi pago y les dije lo que esta mujer me recomendó. Y en la editorial no me hicieron más preguntas… de ese tema. El siguiente correo electrónico fue para pedirme mi número de impuestos (que no sirve para nada en un pago de México a Alemania).
 
El tercer correo fue para decirme que quieren un comprobante oficial donde se diga que se me asigna ese número de impuestos.
 
Mein Gott!

5 comentarios:

Enrique G de la G dijo...

La demonización de la burocracia bancaria es el legado más palpable de Calderón. Es casi imposible cualquier trámite, dizque para vigilar el lavado de dinero. Nos fregó a todos.

Wiebke dijo...

Entonces, ¿entre Alemania y México, quién ganó el concurso burocrático?

Yaotzin Botello dijo...

México, definitivamente.

Marta Salazar dijo...

"Por mi pregunta, la mujer tuvo que recorrer dos oficinas y hablar con cuatro personas. Todo el banco se enteró que un mexicano quería una carta donde se confirmaran los datos de su cuenta"... de Datenschutz, nada Jaja

Oh no! qué burrrocracia! Lo siento!

Yaotzin Botello dijo...

Sí, terrible. Ni hablar.

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