domingo, noviembre 18, 2012

Desaparición y muerte de Selene Graciano

Aquí está un texto que investigué y escribí con mi amigo y colega Aníbal Santiago. Se trata de la muerte de Selene Graciano, una turista mexicana que estaba en Split, Croacia, cuando desapareció de manera misteriosa. Un par de días después, su cuerpo fue encontrado inerte en los matorrales de un parque muy concurrido en este destino turístico de Croacia.

Su hermano --con quien Selene viajaba-- fue considerado sospechoso, los medios croatas creían que se trataba de un asesinato "al estilo narco", y hasta un serbio, eternos enemigos de los croatas, fue considerado culpable.

En el PDF que está aquí abajo se encuentra toda la historia.

viernes, noviembre 09, 2012

"El Muro cayó y seguían interrogando"


A Jorge Luis García Vázquez los sonidos de las puertas que se cierran le causan un temblor en todo el cuerpo. "Clac-clac-clac. Son sólo tres pequeños ruidos pero son inolvidables. Cuando los escucho revivo los momentos en la cárcel", recuerda.

Se trata del cierre de puertas de la cárcel de Hohenschönhausen, un complejo que estuvo en funcionamiento en tiempos de la República Democrática Alemana, la RDA o "Alemania comunista", donde este investigador cubano estuvo encerrado.

Jorge Luis García Vázquez tiene 53 años de edad. Las ansias por contar su historia se adelantan a su voz. Habla, muestra documentos, camina por los rincones de la cárcel como si todavía estuviera tratando de reconocer el lugar al que fue llevado en secreto.

Él fue capturado como disidente político por la Policía secreta de la RDA, la Stasi. De eso se cumplen ahora 25 años. Él fue encarcelado en 1987. Dos años después, el Muro de Berlín ya había caído y tanto la cárcel como la RDA comenzaron a ser historia.

"El Muro se cayó...", hace una pausa y corrige: "no, no es cierto, lo tiraron, el 9 de noviembre. Con eso se derrumbó la dictadura comunista. Pero no todo fue inmediato, era diciembre (de 1989) y algunos compañeros (ex prisioneros) cuentan que los seguían interrogando", dice. Los uniformados seguían sintiendo que debían de cumplir con un deber y, como apegados al régimen, no creían que el Muro había caído.

La cárcel de Hohenschönhausen es actualmente un museo que se encuentra en un barrio del este de Berlín. Cada año que pasa llegan más y más personas a visitarlo. No sólo alemanes, sino gente de varias nacionalidades y, sobre todo, aquellos para quienes la memoria histórica es en estos días muy importante, como españoles y argentinos.

García Vázquez comenzó a trabajar ahí en 2009. Es el único guía ex prisionero que hace recorridos en español. La mayor parte de los guías son ex prisioneros alemanes. Para muchos, incluido García Vázquez, estos recorridos son una forma de continuar con procesos terapéuticos: "Las huellas de esta dictadura comunista no se pueden ver, están todas en la sien".

Corría el año de 1987 cuando fue capturado por la Stasi en un café de la ciudad alemana donde vivía, Karl-Marx-Stadt, hoy Chemnitz. Llevaba cinco años trabajando allí para el Gobierno cubano como guía y traductor de los estudiantes que llegaban a la RDA desde la Isla caribeña. Y entonces el gobierno cubano le había pedido espiar a unos colegas. Se rehusó y trató de escapar del país. Contactó a la Embajada estadounidense. Pero la Stasi se dio cuenta de ello y comenzó a espiarlo minuciosamente. Esa forma de operar la ha ilustrado muy bien mundialmente la afamada película "La Vida de los Otros". En el acta de García Vázquez se puede leer, por ejemplo, la hora a la que tomaba un transporte público y si llevaba o no boleto para el transporte.

En la actualidad, García Vázquez carga consigo algunos extractos de su acta mientras hace los recorridos guiados. Los muestra a su grupo para que testifiquen lo que el sistema hacía con los disidentes políticos: "No se trata de demonizar al sistema, pero sí hay que reconocer que la RDA era una dictadura. Yo no robé, no violé, no cometí ninguna falta contra la ley, sólo pensaba diferente y tuve contacto con la Embajada de Estados Unidos, por eso me apresaron". Jorge Luis García Vázquez fue acusado de "intento de abandono de las funciones públicas cubanas", algo que se puede interpretar como traición a la patria.

Así que estuvo prisionero en Hohenschönhausen. Fueron siete días. En ese tiempo fue torturado sicológicamente, como se hacía con todos los prisioneros. Se les quitaba el sueño haciéndoles ruido,  encendiendo la luz, negándoles servicios y hasta pasándoles revistas de viajes para que se imaginaran en destinos paradisiacos. Después de su tiempo ahí fue trasladado a la cárcel de Villa Marista en Cuba, donde estuvo cinco años.

"Comparada con la cárcel en Cuba, la de Berlín era como un hotel en sus instalaciones, pero la tortura sicológica (en Berlín) era inaguantable", afirma.

En Hohenschönhausen, hubo más de 11 mil prisioneros entre 1959 y diciembre de 1989, casi el tiempo que duró en pie el Muro de Berlín, entre agosto de 1961 y el 9 de noviembre de 1989.

El complejo, usado previamente por el Ejército ruso como una cárcel de prisioneros políticos, el cual todavía existe y por el que García Vázquez da también un recorrido a pesar de que ni él ni sus compañeros estuvieron ahí. Por su apariencia con puertas de metal herméticas a este complejo se le apoda el "submarino".

Hasta la caída del Muro, la Stasi tenía 91 mil empleados y 350 mil colaboradores en un país de 17 millones de habitantes. 

García Vázquez regresó a vivir a Alemania en 1992. Recibió su acta de la Stasi, con sus movimientos vigilados detallados, en 1996, pero inmediatamente la escondió. Tomó un par de años de terapia y fue hasta 2007 cuando se permitió visitar la cárcel sin temores.

Ahora, además de su trabajo como guía, tiene el puesto de educador político en escuelas berlinesas, a cuyos grupos también les da un paseo en alemán por la cárcel.

Jorge Luis García Vázquez se detiene en una de las celdas. La cierra y repite el sonido de tres candados y cerrojos. Clacl-clac-clac. Los abre y repite todo de nuevo. Y una vez más. “No me imagino lo que es haberse quedado aquí mucho más tiempo”, dice.


martes, noviembre 06, 2012

Máquina cuentavotos: alemana y encontrada en Google

Schrittenlocher y su máquina cuentavotos

Una búsqueda y un poco de suerte. Ese es el lema que usa Google para encontrar algo y es un principio que aplicaron los estadounidenses para hacerse de las máquinas de conteo de votos de la elección número 57 de su país.

Después del desastroso conteo del 2000 en las elecciones de Estados Unidos que dio por ganador –en corte—a George W. Bush, se discutió cómo se podría evitar una situación de empate como esa.

Primero se pensó en discutir sobre el cambio de sistema de votación, sin embargo a éste se lo dejó impoluto y las energías se enfocaron en hacer que los votos sean contados de manera confiable.

Se creó el marco regulatorio que propició el cambio. Se hizo la Ley HAVA, Help America Vote Act (Ley Ayude a Estados Unidos a Votar) que dictaba sustituir las viejas máquinas de tarjetas perforadas por modernos escáneres.

Fue así como las autoridades estadounidenses dieron con Peter Schrittenlocher, un ingeniero alemán de 64 años de edad que tiene la empresa llamada Datawin.

La empresa es pequeña, apenas cuenta con unos 20 empleados, y está escondida entre algunos poblados boscosos del sur de Alemania.

“Nos encontraron por medio de Google. Google y un poco de suerte”, señala Schrittenlocher a un medio de información alemán.

De acuerdo con el ingeniero alemán, el mercado de Optical Mark Readers (OMR, o reconocimiento óptico de marcas) es fácilmente alcanzable.

La empresa Datawin recibió así un contrato de un millón de dólares para construir máquinas lectoras de votos que deben de cumplir con tres tareas: cada máquina debe tener la capacidad de contar grandes cantidades de papeletas dobladas; debe poder contar 300 papeletas por minuto, al derecho y al revés; y debe poder sortear las papeletas en tres depósitos diferentes, voto válido, voto no válido y votos para otros candidatos.

Por si fuera poco, las máquinas no podían ser más grandes que una fotocopiadora portátil. Y todo esto sólo lo ofrecían los alemanes.

“Para nosotros fue como un clavado en agua fría. Pero estoy convencido de que lo podemos lograr”, dice Schrittenlocher al medio alemán en una entrevista publicada a principios de noviembre.

Para esta elección están ya las primeras 75 máquinas alemanas con 500 escáneres en funcionamiento.

“Y cada uno fue hecho a mano”, presume Schrittenlocher sin dar a conocer el precio de cada una de ellas.
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