lunes, julio 22, 2013

Lugares secretos - Teufelsberg, las ruinas de la NSA en Berlín


“Desde aquí se podía escuchar todo lo que los rusos hacían, absolutamente todo”, dice Mehmet, el guía que hace el recorrido por la Teufelsberg.

Mehmet está en la azotea de uno de los edificios de la Teufelsberg, la vieja central de espionaje de los estadounidenses y británicos durante la Guerra Fría que está a las afueras de Berlín, sobre una colina.

Con toda la perspectiva de Berlín desde aquí, Mehmet señala el centro de la capital alemana, distinguible por la Torre de Televisión de Alexanderplatz. Su mano hace círculos en el aire para indicar el más allá.

“Los estadounidenses podían escuchar todo lo que los comandantes rusos planeaban en Berlín. Se podía escuchar hasta Rusia”, cuenta Mehmet con la fascinación de un niño que repite historias epopéyicas.

Lo cierto es que tanto no se podía escuchar. La central de espionaje de Teufelsberg tenía cinco torres de radar que podían tener un alcance de hasta 500 kilómetros a la redonda. La entonces frontera soviética estaba a 700 kilómetros, Moscú a 2 mil.

Teufelsberg era una de las centrales más modernas de la época, entre los años 1950 y 1990, ya con equipo digital que podía hacer escuchas a teléfonos satelitales, facsímiles e incluso internet.

“La gente sabía lo que era este complejo, sabían que se espiaba, pero no sabían cuán moderno era”, explica Mehmet.

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Teufelsberg es en realidad una colina al suroeste de Berlín, ya casi saliendo de la capital.

Su nombre en español significa la “colina del diablo”, un nombre que le queda bien para su pasado histórico pero que en realidad lo tomó del lago avecinado llamado Teufelssee.

Es el punto más alto de Berlín con 115 metros de altura, una colina creada artificialmente con los escombros que dejó la devastadora Segunda Guerra Mundial. Está en medio del bosque de Grunewald y la colina misma, en su plan de construcción, fue naturalizada sembrándole más de un millón de árboles. Ahora se ve como una colina natural.

El conteo oficial dice que hay unos 26 millones de metros cúbicos de escombros, una tercera parte de las casas y departamentos de Berlín que quedaron destruidos por la guerra. A eso se añaden los restos de complejos industriales, calles y diversos objetos.

Era un sitio ideal para dejar los escombros. Aquí Hitler estaba planeando la Facultad de Defensa Tecnológica del Tercer Reich. La idea era que, junto con el arquitecto Albert Speer, la facultad fuera parte de la ciudad imperial que Hitler estaba planeando, Germania.

Pero los costos de la Segunda Guerra Mundial se elevaron y la construcción de la facultad tuvo que ser interrumpida. Columnas gigantes, bloques de concreto enormes, como todavía se puede apreciar en el Estadio Olímpico de Berlín, el Ministerio de Finanzas o el cerrado aeropuerto de Tempelhof, todas construcciones de esa Germania, tuvieron que ser empleados en cosas que los nazis consideraron en ese momento más útiles. Lo poco que quedó de la facultad fue demolido. Así comenzó el depósito de historia de la Teufelsberg.

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Mehmet es uno de los cuidadores del lugar. Trabaja para el dueño del lugar, un inversionista privado que tiene planes turísticos a futuro. Él es uno de los varios que realizan las guías turísticas dentro del complejo, que hoy en día está en ruinas. Sin las visitas guiadas, uno no puede entrar al lugar.

“Los gringos se llevaron todo. Cada tornillo, cada cable, cada computadora, no dejaron nada cuando abandonaron el lugar. No querían que nadie supiera sus secretos”, dice Mehmet.

Las visitas guiadas se realizan cada día y casi a cada hora. El interés de los locales y de turistas, sobre todo durante el verano, es muy alto. Y ahora más que en estos días de julio está un gran debate en Alemania por la revelación de los programas de espionaje de Estados Unidos y Gran Bretaña.

El complejo consta de unos cinco edificios y de cinco torres radar que parecen grandes micrófonos blancos al aire libre.

Algunos edificios están llenos de escombro y con techos resquebrajados, por eso uno necesita los consejos de un guía para no correr ningún riesgo.

“Hay habido casos de muertos y lastimados por no respetar las condiciones de seguridad”, acota Mehmet.

La visita guiada sólo permite entrar a un edificio y a la torre más alta. El edificio, de unos cuatro pisos, ha sido tomado –con permiso del dueño- por artistas graffiteros “de Berlín y toda Europa” que han pintado piezas que tienen hasta un valor de 20 mil euros. Y todo está ahí al aire libre para goce de los visitantes.

La torre que está sobre el edificio de los graffiteros, otrora el principal de las escuchas, se eleva otros cinco pisos para alcanzar los 115 metros que le dan el reconocimiento de ser el punto más elevado de Berlín. Tanto en la azotea del edificio como en la torre se pueden apreciar las estructuras que quedaron de los radares, forrados con tela blanca y que le dan una acústica nítida a cada sonido que ahí se presenta.

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Ubicada en el viejo Berlín Occidental, la parte que ocuparon algunos de los países aliados (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) después de vencer en la Segunda Guerra Mundial, la central de Teufelsberg comenzó a funcionar como tal en 1957, en el clímax de la Guerra Fría.

Occidente temía que la URSS y los países orientales y comunistas estuvieran desarrollando secretamente planes para otra guerra mundial. 

Las grandes trituradoras de papel,
para no dejar huellas
Así que estadounidenses y británicos decidieron transformar una recién inaugurada central de monitoreo del tráfico aéreo entre Berlín y Alemania Occidental. Berlín Occidental estaba entonces inmersa como una isla dentro del territorio ocupado por los soviéticos.

Desde 1957 se instalaron ahí agencias de servicios secretos de Estados Unidos y Gran Bretaña. La Agencia de Seguridad de Estados Unidos, la NSA, fue una de ellas. El programa se espionaje que realizaban se identificó con el nombre de ECHELON, del que sólo se supo oficialmente algo hasta mediados de los años 1980.

El complejo de Teufelsberg estaba equipado con un edificio donde sólo se encontraban –y todavía se pueden ver- dos grandes trituradoras de papel. Un edificio contiguo era para uso exclusivo de la incineración de todo ese papel triturado.

“No se podía tener ni una sola huella de lo que hacían los espías aquí pero sí queda la gran huella de esa gran red de espionaje, y estamos parados en ella”, dice Mehmet.

En octubre de 1992, tres años después de la caída del Muro de Berlín, estadounidenses y británicos abandonaron el área, que ahora se conoce como las “ruinas de la NSA”.




1 comentario:

Sisyphos dijo...

Yo he estado 6 veces ahi, es fascinante. Tu blog tambien lo es.

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