jueves, julio 11, 2013

Personajes de barrio – Tendero turco

Bahattin U.
Empezaré ahora con el proyecto de perfilar a los personajes que habitan en mi barrio o en las cercanías de éste. Son las personas que lo hacen y que me han llevado a entenderlo de una forma, también a arraigarme en él. No sé cada cuándo pueda entregar una nueva historia, pero ni yo me voy esta gente dejará de moldear el barrio.


Se trata de Kreuzberg, un barrio que durante la Guerra Fría hacía frontera con Berlín Oriental. En los años 1960 la situación económica de Alemania Occidental era tan buena que faltaba personal para continuar con el modelo. Una solución fue traer a los llamados “Gastarbeiter”, trabajadores invitados, turcos que venían con permisos temporales. Y el barrio de Kreuzberg, que entonces tenía espacio que ofrecer, se convirtió en la casa de muchos de ellos.

Hoy ya hay hasta tres generaciones de esos turcos y algunos de nueva generación que siguen llegando, como Bahattin U., un tendero turco que trabaja cerca de mi casa.

Bahattin proviene de un pueblito cerca de Anatolia, Turquía. Llegó como inmigrante a Berlín en el 2001, quería lograr lo que en su país se ve como “el sueño alemán”. Quería dinero, dinero, dinero.

A sus 45 años de edad, Bahattin trabaja en una tienda de abarrotes en Berlín, justo a la salida del metro Schlesisches Tor, una parada recurrente de muchos jóvenes y turistas que buscan diversión y comida en el barrio. Bahattin nunca supo lo que iba a hacer en Alemania, pero quiso salirse de Turquía porque su trabajo como chofer de camiones no le dejaba dinero para vivir.

“Le hacemos como los mexicanos, cruzamos la frontera para ganar más dinero. Veo esas historias muy seguido en la tele”, comenta.

La diferencia es que Turquía no está en la frontera con Alemania y para llegar aquí se necesitan varios días en tren. O dinero para abordar un vuelo directo de avión. Y también a diferencia de México, no hay un río que cruzar para estar ya “del otro lado”. Tuvo que solicitar una visa de trabajo que le costó mucho trabajo obtener. Era algo temporal. Pero cuando llegó a Alemania se casó con una mujer alemana y ahora ostenta un permiso permanente de residencia con el que puede trabajar sin problemas.

Su alemán es básico. Dice que lo aprendió en la calle, en el negocio de la venta de abarrotes. En Berlín no fue difícil encontrar trabajo. Simplemente se paseó por Kreuzberg y preguntó en los diferentes negocios de turcos por un puesto.

“No podía buscar un trabajo que no fuera de vendedor porque (para otros trabajos) siempre te piden alguna formación”, dice.

En Alemania viven cerca de un millón 600 mil turcos, de los cuales cerca de la mitad ya nació aquí (aunque conservan su pasaporte turco, por eso no se los reconoce como alemanes). En Berlín son unos 110 mil. En la capital de Alemania es la minoría más grande.

“No tengo familia aquí, ya me divorcié, pero la vida es mejor aquí y hacemos trabajos que los alemanes no hacen normalmente”, dice Bahattin.

En algo coincidimos este hombre y yo.

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