lunes, octubre 04, 2004

Buscando a las Águilas de Filadelfia, un viaje al Oeste de Berlín.

Soy fan del futbol americano.

Al buscar un lugar donde ver los partidos de futbol americano en Berlín, en internet me encontré con algunos foros de discusión en los que las respuestas eran "¿para qué quieres ver el futbol americano en Europa?" o algo como "oye, estás en Berlín, ¿cómo diablos es que quieres ver el futbol de Estados Unidos? aprovecha tu visita y aprende otras cosas".

Que quede claro que no eran respuestas para mí, sino para algunos Amis (la forma corta en alemán de la mal usada palabra "americano" en lugar de estadounidense) que estaban a punto de viajar a Europa.

En mi caso, mientras se vive en Berlín, las cosas cambian. Sobre todo si ya van cuatro semanas de temporada regular y las Águilas de Filadelfia han estado ganando todos sus partidos.

La gran colonia de estadounidenses en Berlín, los que se quedaron por la ocupación de los aliados al final de la Segunda Guerra Mundial, han heredado a la ciudad y a sus habitantes la pasión por el futbol americano. En la ciudad no sólo existe el Thunder de Berlín, el equipo de la NFL Europa, sino otros equipos que pertenecen a una liga nacional como el Adler, con entrenamientos regulares y competencias contra otros de diferentes estados delpaís.

Sin embargo, tener pasión por este deporte y verlo por televisión son dos cosas diferentes. Como muchas cosas en Europa, esta pasión se remite a cosas locales. Quizás es por la diferencia de horario o por el hecho de que a nadie le gusta pagar un canal por cable, que es por el que se transmiten los partidos. Los bares que abren en domingo con pantallas para ver deportes no son muchos, de hecho, hasta el momento yo diría que son dos, tres cuando mucho y, peor, no son muy conocidos. Pero preguntando se llega a cualquier lugar.

Así que después de no haber encontrado nada en internet se me ocurrió preguntarle al corresponsal estadounidense. Sin dudarlo, me dijo de un lugar al sur de la ciudad, cerca de lo que era el territorio estadounidense, la Schlossstrasse, en el Berlín del Oeste.

Resulta que esa zona está ahora pasada de moda. La calle, la Schloss-ésa, está llena de tiendas, restaurantes y un camellón a medio pavimento que le da o le daba un cierto aire eliseosano. Era la zona para salir cuando todavía estaba el Muro de Berlín, cuando todavía no había un Kreuzberg, un Mitte o un Prenzlauerberg, los barrios más populares para vivir, salir y trabajar, pero que están en el Este de la ciudad.

No puedo hablar mucho más de la calle. Yo llegué ahí a las 7 de la noche y ya no había nada abierto. O quizás el hecho de que ya no haya habido nada abierto significa una de sus decadencias. Ya veremos después.

El bar, el Picker's, estaba lleno. No sólo transmiten partidos de futbol americano, sino cualquier deporte que haya en ese momento. Es un sportsbar. Entré sin estar seguro de que podría ver partidos que yo había estado acostumbrado a ver a las 12 del día o 3 de la tarde, cuando muy tarde, pero ahora eran las 7 y en domingo, y no sabía si era cierto o no. Vi a un mesero, un hombre negro con cabello en trencitas, brazos esculpidos a la griega y una altura que lo hacía ser visto en cualquier lugar del restaurante. No podía estar equivocado, este tipo no era berlinés y no se dedicaba al arte contemporáneo o a la arquitectura. Las meseras tenían también brazos de competencia y nalgas que debieron haber entrado con calzador a sus pantalones de mezclilla. Así que pregunté por la transmisión del día y para mi sorpresa no sólo había futbol americano, sino que jugaba mi equipo, las Águilas de Filadelfia.

Durante un tiempo no lo pude creer, pero con unas cervezas y al ver que toda la gente coreaba a Chicago, el contrincante, me di cuenta que estaba en lo cierto, pues nadie más en el mundo, más que Aníbal y yo, le vamos a las Águilas de Filadelfia. Estaba disfrutando un cachito de mi vieja realidad, pero en mi nueva ciudad.

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