domingo, octubre 17, 2004

Encuentro con un Oso de Berlín

Para poder asimilar la idea del siguiente texto hay que tomar en cuenta esto:

---> El oso es la mascota oficial de Berlín. Su símbolo, su animal, su referente.

Una vez dicho esto, aclaro que el verdadero título de esto sería algo como Encuentro con el tiernamente falso oso de la loca ciudad de Berlín. Lamento haber ocultado unos cuantos adjetivos...

El artista inglés Mark Wallinger vio de niño una película que fue producida en 1957 en la Alemania del Este, llamada Das singende, klingende Bäumchen (El arbolito que canta y suena). La película no era más que un cuento de hadas en el que un príncipe se convertía en oso porque su princesa no lo amaba, pero lo impactó tanto que 47 años después él transformó esa historia en una realidad, e hizo más loca a la ciudad de Berlín.



Así que Mark Wallinger llegó a Berlín con una beca de artista y logró que le prestaran la Nueva Galería Nacional para hacer su montaje. Se vistió con un traje de oso y se encerró por casi una semana en las paredes de cristal de la galería.

Esta representación tiene todavía más peso porque hace unos cuantos días, la Nueva Galería Nacional fue ocupada durante siete meses por la exposición de algunas obras del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MoMA, a la que acudió un total de un millón 200 mil personas, rompiendo todo tipo de récords. Había filas de 11 horas de espera para entrar y el museo llegó a abrir las 24 horas para atender a todo el público amante de las artes efímeras. Así que ahora la galería cuenta con el sopor de tantas almas culturales y con el prestigio de haber sido el centro de Europa por unos meses. Y ahora que está vacía se convirtió en lugar ideal para instalar el bosque encantado, consistente en nada, bueno sí, las columnas de la galería, los guardarropas vacíos y el piso. Y ahí es donde vive el oso durante esta semana entre las diez de la noche y las primeras horas de sol del siguiente día. En ese tiempo, Mark Wallinger se acuesta en el piso, se rasca la espalda en las columnas y corre a los cristales a asustar a la gente, como un oso de verdad.

Podría parecer algo ridículo, pero en esta ciudad que se aprovecha cualquier alternativa para desviar el estrés del trabajo o echar a volar la imaginación, un oso falso en una jaula de de cristal que fue el centro del mundo es algo tan tierno como chistoso, y no hay que hacer fila para verlo.


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