viernes, julio 20, 2007

Invaden los moscos Berlín. Alarma.

Dicen que los moscos inveden Berlín.

Dicen que son más de un millón con respecto del año pasado (no sé cómo los contaron).

Y dicen que fue debido a las elevadas temperaturas que se dieron el fin de semana pasado.

Ya sé, es difícil de creer, pero cuando uno está en el metro (¡¡en el metro!!) y ve a una de esas bestias colgada del brazo entrándole con enjundia a unas gotas de sangre, es cuando uno lo empieza a creer.

Su lugar preferido para atacar es el metro. A mí ya me pasó tres veces. No, bueno, quizás más, porque hoy amanecí con más ronchas de las que había contado. Tengo seis en los alrededores del pecho, pezón, bíceps y tríceps.




Hoy iré a tomarme unas cervezas para que al menos puedan disfrutar de otro sabor.

¡Salud!

Y.

miércoles, julio 18, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 7. ¿Me pedirán pa'l chesco?

Llegué ayer a las 17:55 a la Oficina de Licencias. Cerraban a las 18:00 horas. Sí, lo hice a la mexicana, pero así soy yo.

Confío en la formalidad alemana y sé que si llego antes de la hora de salida estoy en mi derecho de ser atendido. Además yo sabía que mi trámite no era muy tardado, sólo debía de entregar tres papeles, mi prueba de primeros auxilios, la del examen de la vista y mi licencia original.

Una mujer me atendió sin querer hacerlo. Yo creo que pensó que le arruinaría su Feierabend, como se dice acá, algo que se traduce literalmente como "fin de jornada laboral". Todo mundo se desea aquí un feliz fin de jornada laboral, schöne feierabend, como si fueran los buenos días de un domingo sagrado. La mujer sacó mi folder y verificó que fuera yo. Me pidió los papeles y me dijo: "ah, en unas tres semanas le estaremos respondiendo, mmmm, no, a ver, con las vacaciones de verano y todo esto, no, creo que de unas cuatro a seis semanas, ¿está bien?". Pues sí, asentí, qué más da. ¿O acaso podía decirle que moviera su oxidado trasero de burócrata para que me diera una respuesta inmediata?

Después le pregunté por las semenas en que yo recibiría una respuesta y me dijo que se trataba del tiempo que toma en verificar que mis papeles estén correctos. Ahí donde me digan que la méndiga traducción de 49 euros de mi licencia mexicana está mal, sí que me enojo. Tienen que ver si todos los documentos son originales y si mi solicitud está a tiempo, etc., etc., etc. (sólo espero que no llamen a la Oficina de Licencias de México porque justo en estos días están cambiando el reglamento allá y seguro que las licencias también. Ahora establecen un sistema de puntos y no sé cuánta madre. Sólo espero que la corrupción sea la misma y que el agente con el que hablen les diga "sí, no hay pedo con el cuate de Berlín, todo en orden, sólo deme para el chesco").

Dieron las 18:00 horas y la colega de al lado de la señora que me atendía despegó su trasero de su silla, dijo schöne Feierabend, y cruzó la puerta hacia afuera. Un minuto más tarde yo estuve listo y mi servidora pública también. Salimos juntos y un alemán estaba corriendo en el pasillo como loco buscando una oficina, tocó la puerta y nada. El pobre fue más mexicano que yo. ¿O yo más alemán que él?

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.
Capítulo 5. El temor de los lentes.
Capítulo 6. La terapia de los lentes.

Cruise, el indeseado de Berlín.


Era una medianoche calurosa del viernes 15 de junio. Tom Cruise y Katie Holmes terminaron de cenar con el director de cine Bryan Singer. La pareja de actores salió del lujoso restaurante Borchardt y se dirigió a un gran edificio de cristal en los ricos suburbios del Berlín Occidental: la central de Cienciología en Alemania.

Ahí, Cruise y Holmes vieron una pequeña exhibición sobre la historia de la Cienciología que hay en la planta baja y después desaparecieron de la vista. Casi tres horas después, a las 2:45 horas, ambos salieron en dirección a su hotel, ubicado en el Gendarmenmarkt, el centro histórico de Berlín.

Tom Cruise se rentó todo el octavo piso del hotel Regent y se trajo a su esposa Katie Holmes y su pequeña hija. Estará unos cuatro meses aquí filmando a partir de hoy miércoles la historia del que es calificado uno de los héroes alemanes más grandes de todos los tiempos, Claus Philipp Maria Graf Schenk von Stauffenberg, o en corto el conde Claus von Stauffenberg.

La película se llama Valquiria (Valkyrie, en inglés) y pretende recrear el movimiento conspiratorio que armó Stauffenberg contra los nazis, llamado en alemán ‘Operation Walküre', que culminó con un atentado fallido hacia Adolfo Hitler el 20 de julio de 1944. Hitler apenas salió dañado de un tímpano y Stauffenberg y miles de posibles desertores más fueron muertos esa noche.

En teoría, el actor hollywoodense estaría reviviendo uno de los pocos momentos heroicos que se recuerden en la historia del nacionalsocialismo, pero en la práctica Cruise es rechazado por los alemanes por su pública militancia en la llamada Iglesia de la Cienciología. Se le impidió filmar en el sitio histórico donde Stauffenberg planeó todo y luego fue ejecutado, el Bendlerblock, además de que la Policía de Berlín le negó también el permiso de utilizar sus instalaciones.

¿Cómo se debe de interpretar este rechazo? ¿es correcto guardar distancia hacia la Cienciología por el hecho de que sea vigilada por sus dudosas actividades en Alemania a la par de las organizaciones terroristas? ¿hay implícito ahí un antiamericanismo?

En el 2000 el gobierno de Estados Unidos acusó que Alemania estaba discriminando productos estadounidenses por razones de religión y el caso más notable fue el boicot aplicado al sistema operativo Windows 2000, porque un programa del sistema había sido desarrollado por una compañía cuyo director es cienciólogo. En enero del 2007 tampoco cesaron las protestas contra estos “lava cerebros” al inaugurar la sede berlinesa de la Cienciología. En encuestas desarrolladas por internet, dos de los medios informativos más grandes de Alemania, Der Spiegel y Die Welt, lanzaron la siguiente pregunta a sus lectores: “¿debe un cienciólogo hacer el papel de un héroe de la resistencia?”. Una asombrante participación en ambos medios se fue por el “no”. En Der Spiegel, 4 mil 447 personas habían participado hasta hace un par de días y el 75 por ciento de ellos contestó que no querían a Cruise en el papel de Stauffenberg. En Die Welt, de las 14 mil 530 personas, lo hizo un 32 por ciento. Un porcentaje más bajo en comparación porque el resto se repartió en otras respuestas de la misma pregunta que de alguna forma también rechazaban la actuación de la estrella estadounidense, pero no con un "no" directo.

Estos días he tenido conversaciones con varios periodistas corresponsales en Berlín sobre este rechazo y la mayoría coincide en que se le debe dejar filmar. Dicen que él no es el mejor actor que puede haber en la historia del cine, pero sí alguien que puede interpretar muy bien a Stauffenberg. Muchos de ellos se sujetan al hecho de que Alemania no debería de rechazar a nadie por sus creencias o rasgos físicos, tal y como lo dice un editorial del diario estadounidense Philadelphia Daily News: “Nosotros decimos, ¿qué mejor forma de traer a brote la era nazi que con negarle a un hombre su trabajo debido a sus creencias?” (bueno, es un diario gringo y hay que ver, además, que en ese país la Cienciología es considerada como una religión).

El problema, creo yo, es que en este caso Tom Cruise tiene casi una lucha personal contra Alemania por postura anti-cienciología que ha crecido en el país. Y que él ahora interprete el papel de alguien que se impuso a los nazis, lleva el mensaje implícito de que él y la Cienciología (porque él nunca se desprende de su papel de miembro y portavoz de su "religión") están en contra de los nazis. Y estar en contra de los nazis en una Alemania que después de 60 años del fin de la guerra no puede superar su pasado, es enarbolar un papel de heroísmo, de reconocimiento, de valor.
Se dice que Cruise ha alcanzado en el interior de su organización un rango de Thetan Operativo del Nivel VII, lo que le permitiría tener un gran dominio sobre la vida, pensamiento, materia, energía, tiempo y espacio. Y Cruise nunca separó su trabajo ni su imagen de su militancia en la Cienciología y, al contrario, siempre lo hizo notorio en entrevistas y shows televisivos.

“Si Tom Cruise hace el papel ahora del héroe más importante de la resistencia nos quiere decir con ello: ‘nosotros cienciólogos luchamos contra los nazis’. Sólo quiere hacer política”, explica Ursula Caberta, experta en sectas de la Oficina de Hamburgo para la Cienciología.

Años antes ya le había sido negado el permiso a Tom Cruise filmar en Berlín. Quería hacer escenas para su película Misión Imposible III en la cúpula del Bundestag (el Parlamento alemán) pero al final terminó filmando en República Checa. En esta ocasión no se puede atestiguar un rechazo directo al cienciólogo, pero era casi obvio. La razón que dio antes el presidente del Parlamento Wolfgang Thierse, y la que da ahora el presidente del Memorial de la Resistencia Alemana, Peter Steinbach, es la misma: "un posible daño a un lugar digno o de recogimiento". Sólo el Ministro de Defensa, Franz Josef Jung, se atreve a hacerlo más claro: “el permiso para que un alto funcionario cienciólogo filme en un edificio federal sería una forma inmediata de reconocimiento político para la secta”.

La lucha es entonces por no reconocer a esta organización como una religión ni como una iglesia ni nada parecido. Tiene, empero, 5 o 6 mil miembros en Alemania y una gran sede de 4 mil metros cuadrados en Berlín, esa que visitó Tom Cruise.

En Alemania, la Cienciología ha tratado de hacerse reconocer como una Iglesia en numerosas ocasiones ante los tribunales alemanes, pero no ha tenido éxito. Por el contrario, los servicios de inteligencia de la llamada Bundesamt für Verfassungsschutz, Oficina Federal de Protección de la Constitución, tienen bajo observación a esta “Organización de la Cienciología”, tal como lo hace con los grupos terroristas islamistas, ultraderechistas y las de extrema izquierda. La razón es que tiene ideología que daña los principios de la constitución alemana, como reducir las libertades de los individuos al acosarlos y ponerlos sujetos a demandas si de repente se giran en contra de esta organización.

Y si al final todo lo debemos de ver con los ojos de cine, pues no hay más que preguntarle al actor Thomas Kretschmann, quien interpretaría a Claus von Stauffenberg, sólo que en cuanto Tom Cruise y United Artists, del que es accionista mayoritario, tomaron la producción de la película, el estrella de Top Gun se agarró a sus pistolas y se adjudicó el papel de Stauffenberg.

Toda la discusión se vuelve absurda si vemos que el Fondo Alemán para la Promoción de Películas dará 4.8 millones de euros, pero la pregunta inicial queda: ¿debería Cruise de interpretar a Stauffenberg?

Yaotzin.

martes, julio 17, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 6. La terapia de los lentes.

¿Qué demonios hago en Berlín?

Esa fue la pregunta que me hizo la mujer encargada de practicarme el examen de la vista. Para ella era inconcebible que yo, mexicano, proveniente de un país tropical, rico en comidas y en climas, estuviera haciendo un trámite para obtener un documento alemán que me garantizaría una de mis raíces en este país europeo y frío y feo --según su punto de vista--.

"Mé-ji-co, ¿verdad?", me dijo antes de disparar la gran pregunta. Por su pronunciación se ve que la mujer hablaba español y que se había quedado fascinada con alguna historia latina. Quizás ya había estado en el país del nopal y probó unos tacos de rajas verdes con crema, o bailó unos huapangos en una tarima y sebañó en las aguas hirvientes --y sucias-- del Pacífico. O qué sé yo. Pero la mujer se quitó su alemanidad y se atrevió a preguntarme eso. Qué demonios hago en Berlín.

Bueno, aclaro, el "demonios" lo añado yo, pero la verdad es que si la mujer se hubiera tomado otra aspirina de confianza, seguro que me quita mi pasaporte y hasta me deporta a mi país. Se le notaba en los ojos. Tenia una curiosidad endemoniada por saber lo bueno de su país. "Quédese allá, donde lo rico", me habría dicho. Pero no, conservó un poco de decencia y sólo me preguntó qué hago en Berlín.

Yo quería contestarle varias cosas. Estaba muy emocionado porque ella misma me acababa de informar que estoy perfecto para manejar sin lentes. Ella no lo sabía, pero para mí, el hecho de estar pasando las pruebas para obtener mi primer documento alemán, me motiva a querer más a Alemania y a los alemanes. Si lo recibo algún día, será algo parecido a una graduación. Así que sólo le contesté que a los mexicanos siempre nos llama la atención estar en el extranjero y conocer el viejo mundo y, en particular con Alemania, aprender un idioma e integrarse con la gente. Sentirse alemán sin serlo. Mientras que a los alemanes les pasa exactamente lo mismo pero visto desde acá. Y me atrevería a decir incluso que hasta les gustaría sentirse mexicanos --o latinos, o lo que sea de latinolandia-- dejando de ser alemanes. Muchos no tienen de qué estar orgullosos de su patria, o al menos no pueden contestar esta última pregunta.

Al final me cobró 6.07 euros. Y no sé si fue por el coraje de que no estoy disfrutando mi país o porque tengo la vista tan chida que ya no pudo ganar un cliente más.

(Y la verdad es que sí necesito lentes, con trabajos puedo ver lo que escribo en este blog).

lunes, julio 16, 2007

Sexo en la ciudad

Hoy me sentí una especie de Carrie Bradshaw en Berlín.

Son nuestros primeros días del año con 34 grados y en Berlín se respira el sexo. Las mujeres salen con vestidos más chicos que mi imaginación y los hombres muestran sus cuerpos herculosos. Hoy hace un año es cuando en una de las revistas de la ciudad encontré dos anuncios, uno tras el otro, de dos personas buscándose. Una mujer de bikini rosa que buscaba a un hombre que había visto en un lago, y él buscando a la chica del bikini rosa. Así está la cosa aquí. Todo mundo se viste sexy aunque nadie se habla.

Creo que Berlín en verano se convierte en un la ciudad de los amores idílicos y, sobre todo, platónicos. Las parejas dejan de ser parejas y todos juegan a ser solteros.

Ayer una amiga de la Wika le comentó que dejaba a su novio. Parecía desesperada. Parecía que lo desconoció después de que él pintaba para ser el hombre de su vida. ¿Las razones de la separación? la verdad es que no las sé. Los hombres nunca explican esas cosas. Quizás sólo se toma la pausa del verano.

Y hoy que estaba paseando por mi barrio, me tocó ver a una pareja romper. Estaba tomando un café en la terraza de un restaurante llamado Mir, paz en ruso, y aún así esta mujer estaba envuelta en lágrimas durante una plática con su novio. Ella pedía explicaciones y él sólo veía al cielo. Los pobres tuvieron que aguantarse todavía mucho más debido a que el servicio era malo y primero tardaron en tomarles la orde, luego en traérselas y luego en cobrarles. Hubiera podido ser una plática de cinco minutos... o de menos si sumamos las palabras que él dijo.

De mi otro lado había unas mujeres gringas. Eran tres y traían cara de desveladas. Se pidieron más cafés y sin leche. Estaban platicando de sus novios. Y como los gringos hablan como si tuvieran un altavoz en la boca, no pude evitar escuchar todo. Parecían tres de las cuatro chicas que protagonizaron la serie estadounidense Sex & the City. Una le recomendaba a la otra que la próxima vez que recibiera una llamada, dijera que cobraría por el strip-tease y por las ropas que tendría que comprar para hacerlo. Ajá. Eso me dio más curiosidad. Esa otra que recomendaba se hizo una sabionda de penes y dijo que ya sabe cómo son todos los hombres, así que prefería no tener una pareja. Y como la tercera no había dicho nada, las otras dos rompieron un silencio para decirle "ahora platícanos tú de tu novio". Y, la verdad, es que no dijo nada que valiera la pena contar.

El calor estaba aumentando. Ya era casi mediodía y no podía estar más tiempo afuera, así que me vine a encerrar con los gatos para terminar de pasar el día y escribir este blog. Pero, ah qué sorpresa, cuando se me ocurre buscar uno de mis artículos en internet, resulta que lo encontré reproducido en una página gay de México. Mi texto no tenía nada que ver con la homosexualidad y la página aclara que todos los artículos reproducidos ahí tienen que ver con el tema. ¿Será que lo caliente del verano berlinés llegó hasta México e inspiró a alguien para que me clasificaran en etiquetas que no me corresponden?

"Te damos la bienvenida a
nuestro archivo hemerográfico de notas publicadas
en la prensa mexicana y la de otros países,
que dan cuenta puntual de asuntos relacionados directamente
con la comunidad gay nacional e internacional.
Diariamente actualizamos para ti la información y,
adicionalmente, enriquecemos un archivo histórico para tu consulta,
único en la red rosa mexicana."

Yaotzin.

martes, julio 10, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 5. El temor de los lentes.

Yo pensé que hacer el examen de la vista sería la parte más fácil de todo el procedimiento para obtener una licencia de manejo, pero parece que será otro de los grandes obstáculos.

Se acerca el tiempo, el 19 de julio. Ese día debo de estar en el escritorio de Frau XXX en la Oficina de Licencias y tengo que presentarle todos mis papeles. Si no lo hago, perderé el derecho de tramitar fácilmente mi licencia alemana.

Ahora me impide el hecho de que no quiero hacer el examen de la vista. No es pereza, porque ya sé dónde se tiene que hacer. Y seguro que es gratis, como en muchas partes del mundo. El problema radica en que no creo pasarlo y, obvio, me recetarán unos lentes.

Ya lo veo venir: "Sr. Botello, usted no está apto para conducir sin anteojos, así que no le podemos dar un comprobante para su trámite de licencia. Si nos compra un par de anteojos, ¡mire qué casualidad, aquí está esta bella oferta de 40 euros por el armazón más 40 por los vidrios!, entonces sí podríamos darle un comprobante".

¿Estaré en una etapa de paranoia? Quizás terminaré tan fuera de este mundo como nuestro ministro del Interior, Wolfgang Schäuble, quien por el atentado que lo dejó en silla de ruedas ya quiere reformar la constitución alemana para matar a sospechosos de terrorismo, espiar en todas las computadoras y guardar todo tipo de datos.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
Capítulo 4. Un rescate de discoteca.

lunes, julio 02, 2007

En busca de una licencia de manejo alemana. Capítulo 4. Un rescate de discoteca.

El sábado tomé mi curso de primeros auxilios. Me recordó a los días en que tenía que ir a hacer mi servicio militar. Levantarme a las siete de la mañana para estar unas ocho horas con personas que no conocía y con quienes tenía que practicar varias cosas.

Llegué con la pregunta de porqué tomar un curso cuando a lo largo de la vida he visto las diferentes técnicas, en el ejército, los scouts y la escuela. Al comenzar la clase nos dijeron que de acuerdo con la Ley, una persona que no presta ayuda de primeros auxilios es sujeta a dos años de cárcel y 25 mil euros de multa. Alles klar. Ni el café me había despertado tanto.

Dejé de pensar en soldaditos, café e incluso en la Wika. Toda la capacidad de mi memoria de disco duro y RAM estaba centrada en captar cada una de las palabras de nuestro instructor de 26 años. Me había inyectado miedo. Y eso es característico de Alemania, porque antes que tener miedo de un accidente o de ver a un accidentado, hay que tener miedo de la Ley. El factor humano queda un poco de lado.

Otra muestra de esto es que para brindar los primeros auxilios a una persona, según nuestro anti-baywatcher profesor, hay que aplicar el principio de la disco: ansehen, ansprechen, anfassen, o sea mirar, abordar y tocar. Claro, así de fácil.

A final de cuentas, el curso me dejó algo: no quiero ser una persona que rescata a otras sólo por obligación.

Capítulo 1. Una verdadera prueba de alemanidad.
Capítulo 2. La ¿aceptación?
Capítulo 3. La carta.
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