jueves, octubre 22, 2009

Cortocircuito en el DF (y con Berlín)


Hace poco hablé con un empresario alemán que vive en México. Él promociona la energía solar ahí. Vende páneles solares y concientiza a la gente sobre los beneficios del sol. Bueno, intenta vender y concientizar. Me dice que después de casi una década de estar en México la gente no entiende qué es la energía solar, "ni siquiera los profesores de universidad", dice.

Él tiene intereses comerciales, claro, pues quiere vender sus páneles solares.

Pero más allá de la parte comercial hay una preocupación que parece no existir: el petróleo se acabará. Si los cálculos son correctos habría menos de 7 años para su fin, ¡7 años! No es nada si se piensa en incursionar en nuevas energías. Cualquier planta energética que se construya no toma menos de 5 años en hacerse realidad.

México es un enfermo energético terminal.

México, un país tropical, con gran porcentaje de sol durante todo el año para páneles solares, con áreas desérticas para plantas termosolares, lugares de viento para energía eólica, ríos para hidráulica, e incluso uranio para la energía nuclear, y está a punto de quedar en stand by.

¿Cómo es posible que no se piense en otro tipo de energías?

La única respuesta a la que llego ahora es por la subvención.

La gente que vive en el DF tiene la energía subvencionada, casi en un 50 por ciento, lo cual se ve claramente en los recibos de la ahora extinta Compañía de Luz y Fuerza bajo la leyenda de "apoyo al hogar".

Esto no sólo ha fomentado la metamorfosis del defeño en un ente neutrónico ávido de energía, que gasta cuanto le place, que se compra refrigeradores del tamaño de un clóset, que calienta con microondas hasta el aire, que deja las computadoras encendidas durante la noche y que no promueve la investigación, y quizás el cambio, del uso de energías.

Esto aplica también para la gasolina barata.

Pero claro, si uno paga poco, piensa igual.

Cuando llegué a Berlín vi que todo mundo usaba refrigeradores del tamaño de los hornos de microondas, que no usaba hornos de microondas, que se compran focos nuevos, de los que gastan menos watts; que siempre hay una opción para gastar -o pagar- menos energía.

Algo así debería de haber en México.

La compañía de Luz y Fuerza, la distribuidora de energía en México, fue cerrada a la fuerza, a manera de golpe de Estado, sí, no lo niego, pero si regresa, ya sea por vía de la demanda popular o a manera de otra administración, tiene que cambiar su concepto energético en forma y precio.

1 comentario:

Leonardo dijo...

Pues así es mi buen. Las fuentes energéticas se están acabando, o mas bien, nos las estamos acabando. Creo que además de la conciencia para administrarlas que tú bien señalas, se necesita concentrar esfuerzos en investigación de fuentes alternativas a nivel académico y gubernamental en todos los países.

Es interesante también darse cuenta que una vez que se acaben los combustibles fósiles, el orden económico tendrá que restablecerse, dónde los países con los nuevos recursos, como Bolivia en el caso del litio, podrán erigirse como potencias económicas. Hablando de litio, hace unas semanas se descubrió en México también un gran yacimiento de litio, que se estima es mayor al de Bolivia.

Existen otros intentos de fuentes alternativas, a través de la Teoría de la energía del punto cero, que proponen, contra todas las leyes y modelos físicos conocidos, crear energía de la nada.

Saludos hasta la tierra de Niels Bohr.

L.

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