martes, enero 27, 2009

Profesión: huele mierda (o Scheiße o Kot, como se quiera)

Recuerdo que de adolescente escuhaba a un cómico mexicano llamado Polo-Polo. Él cuestionaba en uno de sus chistes de 20 minutos que si todos los seres humanos cagábamos, y todos ocupábamos mucho tiempo en ello, ¿por qué no hacíamos de ese acto un evento social? “¡¡Pero, señor, señora, si es tan normal!!”, decía Polo-Polo.

Claro, ya me imaginaba yo a mi familia sentada, dejando arrugar al suelo sus trajes Oscar de la Renta, o Versace, o lo que fuera, frente al resto de la prole para deshacerse de su porquería. Ajá.

El chiste de Polo-Polo sólo era bueno por la forma de contarlo, de ahí en fuera no había nada más. 

El asunto quedó reprimido en mi cabeza.

Pero volvió a brotar en mi cabeza la semana pasada que escuché a un cómico alemán decir algo sobre el acto de “obrar”, como dicen los pediatras mexicanos a los niños. Me pareció que no lo había escuchado bien o que, después de que lo dijo, se disculparía en público por hablar de esas cosas en la televisión, en un show transmitido nacionalmente. Pero no, no dijo nada este cómico. Y la verdad es que no recuerdo cómo iba la frase, pues la reprimí inmediatamente, pero era algo como que ‘un prominente no había “obrado” bien’. El asunto, también, se quedó fuera de mi cabeza. Hasta el domingo pasado.

Estábamos viendo el programa mensual y transmitido para todo el mundo alemán, Suiza, Austria, Luxemburgo y Alemania por supuesto, cuando el moderador, Thomas Gottschalk hizo la presentación del siguiente concurso: oler mierda.

Sí, oler mierda.

Al centro del escenario había una mesa como de restaurante y dos personas que se sentarían a ella. Ellos, hombre y mujer, tenían los ojos tapados. Al fondo del escenario, como en una especie de buffet, los espectadores podíamos ver alineadas en una mesa las fotografías de varios animales, una jirafa, un hipopótamo, un lemur, un oso, un mapache, entre otros, todo un zoológico, podría asegurar. Cada foto estaba acompañada de un plato con su mierda, cubierta con una tapa transparente.

Los participantes de la apuesta, puesto que el programa está dirigido a apostar si tal o cual persona es capaz de algo (se llama Wetten Dass…), tenían que adivinar, por la mierda, de cuál animal se trataba. Gottschalk traía las bandejas de plata, las ponía sobre la mesa y las destapaba para que ambos participantes procedieran a ‘catar’: “mmm, por el olor podría decir que…”, “este animal come de todo y por lo tanto podría ser…”.

Ambos participantes eran cuidadores de animales en un zoológico, con lo que se entiende que vean mierda cada día. Pero que de verla y/o limpiarla, tengan que reconocerla, es una gran diferencia. ¿¿¡¡Y reconocerla por el olor!!?? Hazme el favor…

Yo no sé, pero los alemanes tienen alguna relación muy profunda con la mierda. No quiero decir que tengan mierda en la cabeza, además de la palabra y los juegos de olor, porque me parece que son muy inteligentes, analíticos y conocedores de varias cosas, pero por algo existe esta relación. El hecho que la palabra Scheiße, mierda, se diga casi formalmente en cada estrato social, ya dice algo. Y que de esa palabra se formen otras construcciones como anscheißen, regañar; bescheißen, timar; o beschissen como adjetivo, también es otra cosa.

Quizás hay más pero no me dan muchas ganas de seguir recordando.

Mejor le jalamos de una vez a la taza.

jueves, enero 08, 2009

Kreuzberg y más… en invierno

Al comenzar el invierno, salí mucho a caminar por el barrio. Me gusta ver cómo cambia y me gusta, sobre todo, interactuar con la gente. Pero esta vez me pasó algo curioso: me dejé crecer la barba y fui otra persona.

Kreuzberg es un barrio de turcos. Uno de los más poblado

s por turcos en Berlín, ya desde hace algunas décadas. Algunos alemanes jóvenes y moderados lo llaman de chiste 'turquilandia'. Los adultos conservadores se pasean por sus calles con un mapa y arrugas entre la nariz y una mejilla. Y los alemanes ultraderechistas, como uno de los que entrevisté, llaman al pobre Kreuzberg 'no go area'.

Válgame: no go area, un término designado por los políticos para los lugares llenos de neonazis donde los extranjeros no podían ir. Sólo que ahora se usa revertido.

Pero la verdad es que Kreuzberg es, por decirlo de una forma, multicultural. Y, aunque con mayoría turca, con varios alemanes.

Hace unos días fui a buscar una tienda de animales para comprar un árbol para gatos, de esos que rascan, para el precioso gato negro de nombre Vader que acaba de echarse mi tercera pared. Llegué a donde debería de estar el local y, sorpresa, en su lugar me encontré un local que se hace llamar café-galería-club "México y Más". Una calaca por un lado, un judas por otro y varios sillones de la abuela. Entré y pregunté por el dueño. Salió una mujer que no habló español. Era una alemana que, junto con su novio, también alemán, decidió abrir este lugar por el cariño que tienen hacia México. No kitsch. A la vuelta hay una alemana que ofrece un Café am Kamin, un café en la chimenea. Delicioso. El único lugar donde uno entra y huele a leña quemada. Y también cerca está el café peluquería Salon Sucré, que un panadero francés y una peluquera alemana pusieron en conjunto. El que me falta ver es un local senegalés de comida que por las tardes siempre está lleno.

Y ya no menciono los italianos, turcos, gringos y más alemanes que se han establecido en 'turquilandia'.

Eso sí, multicultural, pero igual uno puede manejar códigos para sentirse parte de los turcos. La otra vez me dejé crecer la barba por varios días, y combinado con mi piel morena y mi cabello negro, la gente me confundía. O al menos eso me pareció porque los señores turcos que caminan de a parejas por las calles me saludaban, en las tiendas me recibían con un "merhaba", un hola, y los jóvenes que escupen todo el tiempo en la calle y en el metro me veían como diciendo 'no te hagas, que eres uno de los nuestros'.

Me gusta despistar a la gente, pero no por mucho tiempo. Así que me rasuré. Y así pasé el año nuevo, sin pelos.

En la cara.

La siguiente rasurada será en otra parte del cuerpo para visitar en los siguientes días el sauna que está sobre el río Spree.

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