viernes, junio 26, 2009

Los Siete Durmientes: el día del juicio alemán

En Alemania mañana es como el día del juicio final.

Es el 27 de junio, el día de los Siete durmientes, los Siebenschläfer, un día en el que se supone que se determina el clima para las siguientes semanas. Y esto es importante. Estamos en verano y es la temporada que todo mundo espera. Todo mundo quiere sol, quiere salir temprano del trabajo e ir a las playitas del Spree, cenar afuera, tomar una cerveza en la calle.

Yo soy de esos.

Por eso estamos temblando casi. Una vez que veamos cómo amanece mañana estaremos más tranquilos. Las predicciones meteorológicas indican que estará bien, que no lloverá. Ya es ganancia. Pero para las predicciones, mi papá, quien se asomaba a la ventana, veía una nube y decía que iba a llover. Y llovía.

Se dice que si en el día de los Siete Durmientes llueve, las siguientes siete semanas lloverá: Siebenschläfer Regen - sieben Wochen Regen.

Así las cosas.

Estos últimos días ya estamos sufriendo un poco porque cada domingo vemos las predicciones de la semana que nos dicen "parcialmente nublado", "nublados", "lluvia", "tormentas" o, peor, "frío y tormentas". Algo que se llama Schafskälte, frío de ovejas (aquí un bonito texto en francés de una colega). Cuando alguien ha pasado un otoño ventusco y lluvioso, un invierno frío y tapado de nubes, y una primavera que entra que no entra, el verano es la única esperanza que queda.

Más allá de un fenómeno meteorológico, es religioso.

La leyenda dice que los Siete Durmientes datan del Siglo 5. En la tradición latina eran Constantino, Dionisio, Juan, Malco, Martiniano, Maximiano, y Serapio. Fueron perseguidos por el Káiser Decio y encerrados en una cueva. Durmieron por 195 años hasta que un 27 de junio fueron despertados por casualidad y presenciaron la resurrección de los muertos.

En Alemania el tema ha sido tema del todavía creíble semanario Der Spiegel, que hace más o menos una década investigó el tema de los Siete Durmientes y llegó a la conclusión estadística de que ocho de cada diez veranos se cumple la profecía. Es un día de juicio, pues. Más exacto (como se acostumbra por acá): un 67 por ciento de los veranos es mal clima.

Y yo, como extranjero, más o menos puedo atestiguar algo. Llegué en 2004 y ese verano, así como el del 2005, llovió. El 2006, cuando tenía que decidir si me quedaba en este país más tiempo, fue un verano espectacular. Copa mundial de futbol, 39 grados estables durante más de un mes, multiculturalidad, todo. Me quedé. Desde entonces, cada verano ha llovido.

Las corrientes polares del norte y del Mediteráneo sólo se reconcilian una vez cada ocho años, así que si mañana no está bien el clima, tendré que esperar seguramente hasta el 2014 para que, de acuerdo con la estadística, me toque un buen solecito.

Pero igual me voy a tomar mi cerveza a la calle.

martes, junio 23, 2009

¿Por qué estudiar menos?

Podría parecer una protesta estudiantil normal: "educación para todos", "alto a las cuotas", "más profesores". Eso se ve en muchos países casi todos los años. Pero en Alemania esas demandas se atan a una menos común: "más años de estudio".

La semana pasada, se armó en todo el país un movimiento que, durante cinco días consecutivos, llevó a cientos de miles de estudiantes alemanes a las calles; la protesta central tiene que ver con un regreso a la educación tradicional.

Para un alemán, la educación tradicional, con estudios universitarios concluidos, termina a los 28 años de edad en promedio, una edad en la que, por lo menos en México y Estados Unidos, mucha gente ya lleva unos seis años trabajando. Claro, suponiendo que tomaran un posgrado y que encontrara inmediatamente un puesto de trabajo.

Pero debido a unas reformas educativas, los alemanes ya no pueden terminar su universidad a una edad mayor.

Se instauraron las modalidades de bachelor y master, que implican menos años de estudio y más pago de cuotas, además de que se está recortando el periodo de la escuela preparatoria en un año.

El nuevo sistema busca unificar los criterios educativos de la Unión Europea y del mundo entero en general. Ahora, los alemanes estarían terminando la universidad dos, sino es que más, años antes.

"Nos están quitando nuestras libertades, ¿qué pasó con la educación gratuita?", decían los alemanes que salieron a manifestarse.

Quizás para el mundo no es bueno que un alemán termine a tal edad su educación, pero con ello se está privando a los alemanes de una formación educativa y personal completa.

A sus 28 años, un alemán no terminaba sólo una carrera universitaria, sino que también había logrado acomodar sus materias de tal forma que terminaba con una carrera y dos especializaciones, viajaba hasta un año por varios países para conocer otras culturas y, si mal le iba, terminaba hablando a la perfección sólo un idioma extranjero.

Ésta es la forma en que la globalización está afectando la educación alemana, la única gran materia prima de este país.

jueves, junio 18, 2009

El estigma del país tropical

Supongo que mucha gente califica esto de racismo o denigración, para mí sólo es ignorancia.

Fui al dermatólogo por una mancha roja en el tobillo. Comenzó antes de mi último viaje a México y se lo dije, pero creo que no me escuchó. Me dijo que todo estaba bien con mi sangre, "un chico súper sano", pero a mí me interesaba sólo una cosa: "oiga, ¿y la mancha del tobillo?"

Se levantó de su escritorio y me dijo que la quería ver. Me levanté el pantalón. Se puso sus anteojos y se acercó más. La tocó. Regresó a su asiento. Se acomodó la cabeza viendo a la nada, supongo que eran los nervios de su siguiente frase. Sonrió y me dijo "mmm, eso se ve mexicano".

Es decir: ¿México país de la gripe porcina y de cualquier otro virus? ¿en los libros de la escuela estará México como productor de enfermedades? Si los asistentes de dentistas piensan que pagamos con huevos, no me sorprendería.

Así que al dermatólogo le repetí, con la voz más clara y mi mirada fija en la suya: "la mancha la tengo antes de mi viaje".

Creo que puedo sacar varias conclusiones porque no se trata de una persona cualquiera, sino de un médico. Un profesional. Él tiene mis análisis de sangre en la pantalla de su computadora y podría haber establecido otro veredicto antes que un "se ve muy mexicano". Por favor. Quizás el hombre no ha viajado a esos países "del tercer mundo" donde sólo hay virus y malestares. O quizás simplemente no puede establecer buenos análisis a partir de su información, lo cual sería preocupante.

Y esto lo ligo con una información que recientemente se dio a conocer en Alemania sobre los médicos. Pronto una de las aseguradoras más grandes pedirá a sus clientes, más de 20 millones, que califiquen el servicio de los médicos que visitan. La idea es muy buena porque así uno podrá saber quiénes son los buenos y los malitos, pero claro que desató la furia de los grupos de médicos, porque, claro, ¿quién quiere que lo juzguen y, sobre todo, que lo expongan?

Yo haría mi evaluación ahora mismo.

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