viernes, agosto 28, 2009

Vellito, vellito, ¿sin ti soy más bellito?


Una vez en el pueblito de Llano Grande, en la Sierra de Juárez (Oaxaca), una mujer me dijo algo que desde entonces no olvido: "aquí no estamos para juzgarnos".


Ella era mi guía temazcalera esa noche. Yo estaba a punto de entrar a un temazcal cuando mi guía me dijo esa frase. La razón fue que yo traía puesto un traje de baño (y por el pudor de ese momento sentí que el traje medía más de tres metros de largo) y se suponía que debía quitármelo para que mi cuerpo respirara mejor los aires herbales.


"Aquí no estamos para juzgarnos", fue la frase que se me activó en la cabeza cuando hice mi primer sauna en Berlín. Aquí todo mundo hace sauna desnudo y en una cabina uno se puede encontrar entre hombres y mujeres, jóvenes o viejos, bonitos y feos, pero siempre libres de ropa, así se cumple con lo saludable del baño sauna.


Varios años después de ambas experiencias, esa frase se me vuelve a activar. Esta vez por una encuesta que leí en los medios alemanes.

Resulta que los alemanes se rasuran el vello púbico. Casi 90 por ciento de las mujeres declara hacerlo contra casi un 70 por ciento de los hombres. Adolescentes y adultos, aunque más los adolescentes.


No se trata sólo de una rasurada, sino de una depilada, ¡ouch! Nada más de imaginar el dolor de alguien depilándose las zonas del bikini, ya es suficiente. Y ahora hay un dolor peor: ¿cómo demonios se depila el vello íntimo un hombre?


Y aquí la gente lo está haciendo. Hay varios centros de depilación en Berlín y en otras ciudades de Alemania. Parece un boom. Haces cita, llegas y te ponen algún mejunje de extracto de miel con alguna cera traída de no sé dónde. Y como en una peluquería, te hacen varios cortes, que si el Brazilian Waxing, el Landing Strip, las Bikini Lines, o Freestyle. De todo. Seguro habrá un estilo rasta. Dicen que la primera duele, que las demás ya no. Pero que uno se acostumbra. Ajá.


Entre los que se lo hacen y por lo que vi en los medios alemanes, unos argumentan que es por cuestiones de belleza. Que se ve más sexy. Que los arbustos dan asco. Qué sé yo. Y hay otros que argumentan cuestiones de higiene.


Me estaba costando trabajo creer esto hasta la semana pasada. Estaba en un lago y una mujer se cambió delante de mí. Ya ven, así es aquí de libre, nada de baños ni de cabinas. De reojo alcancé a ver que no tenía nada. Era una señora que se veía como bebé.

Aquí no estamos para juzgarnos, aquí no estamos para juzgarnos, me repetí.

Sé que Scarlett Johansson lo hace, salió en las noticias. Sé que Eva Longoria también. Nomás faltó yo.
¿De dónde sale esta moda de no tener pelo?

Yo vengo de un país en donde las mujeres decían que les encantaba enredar sus dedos en el pecho de un hombre. Que se viera como hombre, pues. Y ahora estoy en un país en donde dicen que les gusta todo lisito.
¿De qué se trata?

miércoles, agosto 19, 2009

Tarantino no lo dudó: acribilló a Hitler al muy estilo Pulp Fiction

Muchos directores han traído al ex dictador austríaco, Adolf Hitler, a la pantalla grande, y de varias formas. Algunos han tratado de burlarse de él y a veces funciona. La mejor de las que he visto aparece en el musical The Producers.

Pero la mayoría de las veces, si no me equivoco, con todo y la parodia, son apariciones apegadas a la realidad: hay que tratar de mostrar al demonio como es.

Ahora en su nueva película, Inglourious Basterds, Quentin Tarantino también le da un papel, sólo que a diferencia de los otros directores, de la historia, de las formalidades, hace lo que nadie se había atrevido (y que quizás muchos habrían querido hacer), lo acribilla, y con el estilo de sangre fría que lo caracteriza.

La escena es así: Hitler está en un palco en lo alto de un cine de París. Está presenciando la première de una película nazi en tiempos en que la Segunda Guerra Mundial todavía no se acaba. Es un momento en que los nazis querían regocijarse por medio de una película de los éxitos que habían tenido hasta entonces. En el cine está la crema y nata de ellos, Goebbels abajo, Goering por ahí, y Hitler arriba en su balcón, asistido por dos guardias de seguridad. Entonces aparecen dos personajes similares a los que recrearon Samuel L. Jackson y John Travolta en Pulp Fiction en 1994, pistolas en mano, y sorprenden a los guardias de seguridad y los matan. El Führer se levanta y se da la vuelta para ver qué pasa y es entonces cuando una ronda de balazos lo acribillan. Sangre por todos lados.

Hitler no es el personaje principal de la película y en realidad no hay que prestar mucha atención a lo que hace o no hace, pero es justo por esa razón que la escena de su muerte me llama más la atención. Esa necesidad de mostrar el asesinato de Hitler. Pura burla, puede ser; pura vanagloria para dejar bien claro el estilo de sus películas, puede ser; o tan sólo portavoz de los deseos de todos, también puede ser. No sé, quizás ni hay que pensar mucho sobre esto, pero la escena me sigue cosquilleando la cabeza.

La justificación de la película es excelente porque en Inglourious Basterds Tarantino recrea la historia de un grupo de judíos estadounidenses conocido bajo el nombre homónimo (Bastardos Mediocres, en español). Este grupo busca vengar a los judíos y eliminar a cuanto nazi les sea posible en la Francia ocupada. La sátira nazista está dividida en cinco capítulos donde Brad Pitt interpreta al líder de esos judíos que cazan a los nazis y coleccionan sus cabelleras. Los dos que logran llegar hasta el balcón de Hitler son dos de la decena de 'Basterds' que participan en el grupo.

"Tarantino no sólo quiere historias muy particulares, sino que quiere escribirlas para la posteridad, y hace su propio atentado contra Hitler", escribió un crítico de cine alemán, Dieter Oßwald.

Un crítico francés va un poco más hacia la reivindicación judía por medio de la ficción: "¿Es posible vengar a los judíos en la ficción, por medio del cine, con este cineasta que reclama su fé iconoclasta en el séptimo arte? ¿puede el cine salvar al mundo? Tarantino cree en todo caso que puede vengar a los judíos haciendo un filme en donde los cerdos judíos son exterminados y expuestos como marionetas", escribió Jean-Luc Douin.

La película ya fue presentada en Cannes, donde recibió el galardón al mejor actor por el papel del austriaco Christoph Waltz, el típico nazi despiadado que está logrando desenmascarar a los 'Basterds' y tratando de detenerlos. Tarantino fue nominado a la Palma de Oro, pero no la recibió.

Y aunque la historia tiene mucho de sátira, la realidad por ahí se sigue asomando. A casi 65 años de terminada la Segunda Guerra Mundial un hombre francés recibió la nacionalidad alemana. En todo este tiempo no lo habían reconocido como alemán aunque su padre lo era. En su infancia siempre fue el "hijo bastardo" o el "hijo de una puta francesa", según cuenta.

También parece que en realidad existió un grupo de tropas judías que trató de cazar a líderes de la SS y de la Gestapo. Esta semana la editorial de Der Spiegel transmitió un documental al respecto, el cual yo no vi porque fue por televisión por cable. Me gustaría saber qué tan grande y exitoso fue este grupo y si en verdad estuvo accionando en Francia también. Habrá que averiguarlo.

domingo, agosto 02, 2009

Tomatillos invaden Berlín

Creo que este post está más dirigido a los colegas mexicanos. Sobre todo a los que viven en Berlín.

Ayer que iba caminando por las calles de Kreuzberg, pasé con Hannes, un agricultor berlinés que tiene un puesto de frutas y verduras en la calle. Son las cosechas de sus parcelas y en verano siempre le voy a comprar flor de calabaza. Me parece que nadie más las compra, sólo yo. Y esta vez que andaba seleccionando mis florecitas, me llamó la atención una canasta con unas frutas. Tenían una hoja por cáscara y eran verdes.

"¿Serán tomatillos?", pensé. Pero inmediatamente me dije que no. "Debe ser alguna otra fruta exótica de su invernadero. El tomatillo no existe aquí y ya estaba más que comprobado con mis cinco años de existencia", pensé.

El tomatillo o tomate verde (no sé si exista en España o incluso en otros países de América Latina) lo ocupamos en México para hacer salsas verdes deliciosas pa echarle a los tacos o unas salsas menos o nada picantes para 'entomatar' carne de cerdo o de res.

Y yo ya estaba seguro que no se podían conseguir aquí. Busqué en todas las tiendas latinoamericanas y pregunté a varios mexicanos. Encontré chile habanero, granos para pozole, ate, hot cakes, jamaica, chile guajillo seco, en fin, todas esas cosas raras de la cocina mexicana que no siempre se hallan en otros lados, pero el tomatillo no. Ese y el epazote son dos cosas que nadie más en el mundo conoce.

Y en el puesto de este agricultor Hannes, a decir verdad pensé que se trataba de la Kapstachelbeere (en español capulí, uchuva o uvilla), una fruta amarilla que tiene también por cáscara una hoja y que es muy dulce. Al fin y al cabo tanto el tomatillo como la Kapstachelbeere son del género Physalis.

Hannes se acerca y dice "no, no es Kapstachelbeere, son unos tomatillos que me trajo una mexicana". Resulta que una mujer mexicana le dio unas semillas de tomatillo, Hannes las sembró en sus parcelas, dijo que crecen como una selva, y ahora cosechó los tomatillos.

"Ten, llévate algunos. Ve qué puedes hacer con ellos y trae unas recetas", me dijo.

Hannes no sabe qué hacer con ellos y si no tiene recetas, dejará de plantarlos. Así que, colegas de Berlín, llevémosle recetas (martes viernes y sábados en la esquina de la Lübbener Str. y la Wrangelstr.). Yo ya ando viendo en casa cómo los preparo.

¿Alguna idea?

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