miércoles, mayo 18, 2011

Viajes fiscalizados – el futuro del vuelo

La escena transcurre en un aeropuerto. Estamos en una fila a punto de abordar un vuelo de EasyJet. Y justo antes de iniciar el procedimiento se escucha por el altavoz: “les recordamos que sólo se permite un equipaje de mano. Las bolsas (de las damas), las computadoras y las cámaras portátiles cuentan como un equipaje de mano”. Esto era el inicio del terror.

Después una de las mujeres que ayudan a controlar los boletos, tomó uno de esos armatostes de metal donde uno puede, debe, introducir su equipaje de mano para ver si cumple con las características. Las líneas aéreas se están volviendo cuadradas. La mujer, visiblemente más pequeña que el armatoste, lo toma y lo empieza a jalar para pasarlo al lado de toda la fila. La imagen parecía juguetona: una mujercita que lleva, a la fuerza, a su mascota de paseo. Pero no tenía nada de juguetón, al contrario. El ruido del metal de ese armatoste se escuchaba en el suelo como los dedos de metal del legendario Freddy Krueger acercándose a sus víctimas.

A quien encontrara con una maleta que no cupiera, a pagar.

La mía parecía ya todo menos mochila, tan deforme de tantas cosas que metí de última hora. Parecía que no podría calificar para maleta de EasyJet. En el mostrador de la aerolínea ya me habían hecho pagar dos kilos de sobreequipaje cuyo valor casi igualaba el precio por documentar una maleta de 20 kilos. Eran más kilos, pero algunos los pasé a la mochila.

Por eso el sonido de ese metal me llegaba hasta las amalgamas.

Parecía que el susto había pasado, cuando llegó otro colega de las empleadas de EasyJet. Alto y con una vista aguzada, se puso al lado de ellas mientras recibían los boletos de los pasajeros por abordar. Él observaba a cada uno que venía de dar su boleto. Parecía policía buscando. Y entonces quedó claro su papel cuando a un pasajero le dijo que se detuviera. Le señaló su mochila de hombros. Que estaba muy grande, me pareció verlo decir. El pasajero X se la quitó y discutió, pero la discusión se acabó cuando este agente acercó el armatoste de metal. La mochila no cupo. En un minuto el agente tenía una tarjeta de crédito en la mano y la mochila estaba camino a la panza del avión.

Mi mochila se veía similar, y sudé. Ya no quería pagar más. El precio de lo pagado ya era igual, sino es que más, del de una aerolínea comercial cualquiera. ¿Tan caro sale la kerosina por dos kilitos más de equipaje? Al parecer sí y esa es la forma en que EasyJet lo ha desglosado. ¿Estamos dispuestos a viajar dejando tantas cosas detrás? Quizás hasta ahora sólo los hombres de negocios han podido hacerlo.

La tarjeta del pasajero X tardó en pasar. Eso me salvó, creo.

Adentro del avión: “¿quiere un sándwich y una bebida refrescante por XX euros?”

7 comentarios:

Enrique G de la G dijo...

Es la antítesis de la cultura del "service", parecen inspectores detectives buscando criminales, en efecto. A mí me sacó de la fila una francesa a la que tuve que decirle que aunque era muy guapa era desagradable por comportarse como una bitch. Me lo aceptó. Pero también me salvé porque les dije que no traía efectivo y las tarjetas de débito no pasan ;-)

Yaotzin Botello dijo...

Buen intento lo de las tarjetas decrépitas, pero me temo que con este agente --que seguro venía de trabajar en Hacienda-- no hubiera funcionado.

No me gusta esta antítesis a la cultura del servicio, pero tampoco me gustan tipos como yo que se creen listos y quieren pasar cuatro maletas que ocupan el espacio de los demás.

Pero para puntos medios, sólo un buen bife.

Andy dijo...

Acojonante tío!

pedro dijo...

UN vídeo muy representativo de esta hermosa ciudad hecho por un estudiante de erasmus.

http://www.youtube.com/watch?v=EBvZxUqevRg

Anónimo dijo...

Bueno Yao aunque me comentaste tu travesía, nuevamente la viví , y lo siento creo que ahora salió más caro el caldo que las albóndigas, aunque al final salvaste la segunda maleta de pagar más. Y definitivo por unos pagamos otros y los que tienen que pagar por algo indebido ni les cobran." Suertudo"La próxima yo me llevo todo el equipaje

Francisco Miranda dijo...

No te puedes quejar si al comprar el pasaje aceptaste las condiciones de la compañía. Tienes otras opciones pero normalmente son mucho más caras.

Lo curioso es que no siempre el equipaje de cabina de todos los pasajeros cabe en la cabina...

Yaotzin Botello dijo...

Tienes toda la razón. Uno prácticamente firma un contrato, con letras chiquitas invisibles y todo eso. Pero eso no hace que la situación deje de ser absurda.

Nuestras formas de viajar se están volviendo cuadradas, literalmente. No sólo que viajamos con cosas innecesarias. Sino que después lo innecesario, y lo necesario, sólo será permitido en cuanto quepa en un armatoste cuadrado.

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