viernes, mayo 27, 2011

Un jueves 'bomba'

No pasa todos los días que alguien llega a tu departamento a decir “hay una bomba de la Segunda Guerra Mundial a la vuelta de la esquina, tome dinero y un botiquín porque hay que evacuar”.

Eso pasó ayer en mi barrio, Kreuzberg. Yo no estaba en casa, pero un buen amigo me llamó para advertirme. La policía trajo a 600 elementos a los alrededores del Oberbaumbrücke, un puente de ladrillo que une Berlín Oriental con el Berlín Occidental (donde está Kreuzberg) para evacuar a la gente en un radio de 500 metros a la redonda. A mi edificio le tocaba.

Pero yo no estaba en casa. Para colmo de males, yo me encontraba en un campo de concentración. Estaba justo en los crematorios de Sachsenhausen cuando recibí esta llamada. Era pasado el mediodía. Campo de concentración, bomba de la Segunda Guerra Mundial. Más adentro de la historia no podía haber estado.

Se trataba de una bomba británica que fue encontrada en el agua bajo el puente Oberbaumbrücke. Ahí se están haciendo trabajos de dragado para hacer un nuevo paseo al lado del río. Y ahí podría haber de hecho más bombas. “¿Sabes cuántas bombas puede haber ahí? Los aliados buscaron bombardear la infraestructura principal, y los puentes eran parte de ella”, me dijo una tendera que tuvo que ser desalojada. Pero a esta tendera poco le importó la emoción de haber encontrado una bomba, más bien este comentario salió después de una queja de minutos por “haber perdido TOOOODO el dinero de un día de trabajo. Me obligaron a cerrar”, me dijo.

Yo, de broma, cuando me enteré que la madre esa era británica, pensé que si estallaba le mandaría la factura a la embajada de Gran Bretaña en Berlín. Alguien tendría que hacerse responsable de ello.

Esta bombita era de 250 kilogramos. Y digo “bombita” porque hace un par de años entrevisté a un desactivador de bombas de la segunda guerra mundial, una profesión como los “viene-viene” de México, ajustada a la realidad local, inimaginable en otros lados. Él me dijo que entre un 5 y 15 por ciento de las bombas tiradas en Berlín no estalló. También me dijo que las hay más grandes, como una rusa de 1,000 kilos que una vez tuvo que desarmar. “Ahí sí me sudó”, más o menos me dijo, no son sus palabras textuales pero es el sentimiento que me transmitió. La entrevista y el artículo publicado de entonces está aquí abajo:


La policía no me encontró en casa y la marcó con una espantosa “X”. Los vecinos afectados se fueron a una escuela que funcionó como albergue. Les habían dicho que la desactivación sería por la tarde, tarde-noche, y que podría durar mucho tiempo, que quizás se tendría que pasar la noche en otro lado (aquí también le hubiéramos pasado el recibo a la embajada británica). Esta Segunda Guerra Mundial no se ha acabado, pensé.

Afortunadamente la desactivación fue rápida. Acabaron justo para el “Feierabend”, el fin de jornada laboral. Estos desactivadores de bombas alemanes hasta en eso son burócratas.

Y todos acabamos felices y contentos.


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